En mi trayectoria bío-filosófica tengo una sombra que se llama René Guenón. La tengo desde hace más de cuarenta años. Desde entonces voy leyéndolo puntualmente, comprando libros suyos y esperando el momento de profundizar en su obra. Guenón me atrae y me interpela aunque representa lo contrario de lo que han sido mis intereses. Es la tradición, el dogma, la revelación, la certeza. Pero me llama siempre al diá-logo, que al final siempre es con lo más diferente para que sea fecundo. Pero Guenón es una sombra, casi un tabú, para el pensamiento contemporáneo. Está totalmente excluido de lo académico, es casi un tabú. Aunque fundó una escuela, la del esoterismo tradicional, de la que formaron parte pensadores sí reconocidos desde un punto de vista académico, como Ananda Coomaraswamy. Es interesante que escritores tan alejados de lo que representa se sintieran impactados por su lectura: André Breton, André Gide, Simone Weil, María Zambrano…
Otra de mis sombras es Cioran. Me niego a seguirle en su nihilis
mo radical. Me niego a caer en su desesperanza. Pero desde hace décadas me acompaña con esta lucidez que derrumba todos los ídolos. Su estilo fragmentario, sus verdades incómodas me interpelan y vuelvo a él de vez en cuando. Pero lo administro siempre en pequeñas dosis.
Ernst Jünger me ilumina. Hace casi cuarenta años descubrí sus Tempestades de acero, su diario escrito en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, cuando tenía veintipocos años. Luego fui leyendo sus novelas (Heliópolis; Los acantilados de mármol; Las abejas de cristal ), sus ensayos (La emboscadura; La tijera) y, sobre todo, su de diarios de la Segunda Guerra Mundial (Radiaciones). Jünger, con todo lo que pueda discrepar de él, es para mí un referente ético imprescindible y su lectura siempre me resulta estimulante.
Escrito por Luis Roca Jusmet Frente a esto, los tormentos personales que
constituyen el tema de “Edad de hombre” son, sin duda, poca cosa:
cualquiera que haya sido en el mejor de los casos, su fuerza y
sinceridad, el sufrimiento íntimo del poeta no tiene el peso frente
a los horrores de la guerra y se parece a un dolor de muelas del que
no estaría bien quejarse. ¿ Qué puede representar, en la enorme
confusión torturada del mundo, ese humilde gemido referido a
dificultades estrictamente humanas e individuales
Michel Leiris
Los
escritos autobiográficos quizás son un intento de transformar la
propia vida en literatura, en un relato, como decíamos interesante.
Sin pretender formular una teoría sobre una posible raíz cristiana
de este tipo de escritos si podríamos vincularlo a esta tradición,
tanto desde el punto de vista de la confesión ( Agustín de Hipona)
como de la dramatización de la propia existencia ( lo cual nos
podría remontar a Grecia).
Los
escritos autobiográficos son una manera de transformar la propia vida en literatura. Los típicos son el diarios y las memorias.
Personalmente prefiero los diarios. Las memorias tienen para mí un
doble defecto : una que muchas veces tienen el carácter pretencioso
de presentarse como testimonio de una época y otro el de la
idealización que posibilita el que uno filtre su propio pasado. Esto
no quita que haya que negar el carácter efectivo de testimonio que
tienen unas memorias inteligentes ( un ejemplo claro sería Un
mundo de ayer
de Stefan Zweig ) y que en otros casos el carácter trágico de unas
memorias borren cualquier idealización ( como El
porvenir es largo
en el que Althusser intenta explicarse a sí mismo con una
desgarradora sinceridad). Pero siempre se escriben para darles
publicidad y por tanto de justificarse a uno mismo delante de los
otros, o de Otro indeterminado.
Pero
los diarios tienen una frescura y una autenticidad porque no se
escriben, en principio, para publicarlos.. Pero lo que me interesa
más de los diarios es que son un registro de lo cotidiano. Josep
Pla, en sus famosos dietarios de juventud recogidos en El
quadern gris nos
da el ejemplo de un estilo claro y seco, muy descriptivo y poco
intimista. Pla habla de su experiencia pero desde el punto de vista
de las cosas que le pasan. Las cosas que le pasan quiere decir quiere
decir los paisajes rurales y urbanos que ve, del tiempo y del clima
del día que hace, de las cosas que come. También describe los
personajes, próximos o extraños, con los que se cruce,
reproduciendo a veces sus conversaciones y formulando, siempre como
nota al margen y sin excesos, sus interpretaciones o comentarios. A
veces lo que piensa, sea de temas personales, locales o de alta
política. Pla representa el estilo más descriptivo del diario, en
el que sin caer en una falsa neutralidad quiere registrar lo que ve
desde la sencillez y el sentido común del hombre de campo, apegado a
la tierra y a lo material, que observa con una cierta ironía la
condición humana y una cierta estupidez que se desprende de su
vanidad. Podríamos contraponerlo a Fernando Pessoa, igualmente
escéptico y solitario, pero que expresa en su Libro
del desasosiego
un registro entre intimista y metafísico, casi impresionista en el
sentido que sus notas son solo un registro subjetivo en el que
cualquier acontecimiento, por otra parte tan cotidiano como el de
Pla, sirve para expresar su interioridad.
Pero
mi maestro en el arte de la autobiografía es Ernst Jünger. Su obra
autobiográfica comienza con un testimonio
estremecedor de la Primera Guerra Mundial vivida desde las trincheras
: Tempestades de Acero. Un Jünger juvenil, de veintipocos
años, nos describe con una frialdad sobrecogedora su experiencia
romántica de la guerra. Un relato cotidiano, heroico y trágico, de
la cercanía de la muerte, de la lucha directa en el frente vivida
como experiencia iniciática, de la que sobrevivirá con un cuerpo
atravesado por las balas. Podríamos cruzar este diario de guerra con
uno de paz que se desarrolla en el mismo contexto pero en el bando
contrario. Es el de André Gide, que en sus diarios de 1914-1918, que
ocupan por tanto los de la misma época que los posteriores de Jünger
que profundizaré : entre los cuarenta y cinco y los cuarenta y nueva
años. Gide, es una de las referencias jungerianas en el género del
diario pero mantiene una relación paradójica con esta escritura, ya
que algunos estudiosos del autor piensan que podrían tener una
cierta artificialidad en la medida que el autor los escribe con la
secreta opinión de publicarlos. Gide es un contrapunto con el
Jünger de la época ( pero no tanto con el Jünger del que luego
hablaremos, que a su edad escribe sobre las vivencias de la segunda
guerra mundial). sobre una guerra que le afecta como un peligro
externo y del que vive indirectamente sus nefastas consecuencias.
Todo esto mientras vive atormentado por sus conflictos internos. El
diario de Gide combina el intimismo con que vive estas tensiones con
los comentarios y las reflexiones críticas sobre el nacionalismo
irracional, fanático que se vive en Francia.
El "caso Jünger" es muy interesante, ya que presenta un caso muy sugerente y paradójica de nuestra mitología moderna. Si entendemos el mito como un modelo ejemplar, entonces Ernst Jünger
lo fue y lo es para muchas generaciones desde un espectro político-ideológico
extraordinariamente amplio y contradictorio. No sólo para los extremos (que para algunos se
tocan) sino también para el centro. El neofascismo se entusiasmó con Jünger (como
podimos comprobar en muchas de sus publicaciones, como la desaparecida "Punto y
coma") pero también lo hizo un sector de intelectuales heterodoxos
procedentes de la izquierda radical (como verificamos igualmente en antiguos
números de revistas también desaparecidas como "Archipiélago" o
"Ajoblanco"). Lo sorprendente es que también los grandes estadistas de la
socialdemocracia europea, como François Mitterand o Felipe Gónzalez visitaron a Jünger en su
mansión de la Selva Negra con la única intención de conocerle y conversar
con él.
¿Por qué nos sedujo Jünger ? En primer lugar,por su legendaria y romántica figura de
superviviente, de hombre que había recorrido un siglo después de curtirse en mil batallas.
Su talante aventurero, que se inicia en la adolescencia cuando huye de su casa burguesa para enrolarse en la Legión Extranjera (experiencia que describirá en su novela
"Juegos africanos"). Luego, su legendaria participación en la Primera Guerra
Mundial, donde escribió desde las trincheras sus impresionantes
"Tempestades de acero". Experiencia intensa, desde las trincheras, que le supuso varias balas en su
propio cuerpo. Libro polémico en la medida en que reivindica la guerra como experiencia-límite. Posteriormente su experimentación con drogas alucinógenas, al lado de Albert Hoffman, el inventor
de la LSD. Siempre buscando ampliar las puertas de la percepción, lo que le
llevó a escribir tanto uno de los mejores estudios teóricos sobre las drogas ( Acercamientos )
como un relato breve denso y muy sugerente (Visita a
Godenhom) Su carácter indomable, su libertad interior le hizo ser respetado al
mismo tiempo por Bertolt Brech y por Hitler, que paraban respectivamente a
"las huestes comunistas y nazis que lo querían colgar". Movilizado en la Segunda Guerra Mundial en un puesto burocrático en el París ocupado Jünger escribe un valioso testimonio en sus "Radiaciones". Sospechoso
de haber colaborado en un atentado contra Hitler lo movilizaron como oficial al
frente ruso pensando que les esperaba una muerte segura, que por muy anunciada no se cumplió.
Un hombre inquieto, entusiasta, lleno de energía, pero capaz de mantener su
serenidad en las situaciones más difíciles. Una especie de samurai europeo, un
ronin "sin señor al que someterse". Un emboscado, como se
definía, que resistía la uniformidad del mundo burgués, la lógica de la
mercantilización.
¿Quién fue realmente Jünger ? No cabe duda que Jünger formó parte en
su juventud de la revolución conservadora alemana, aristocrática, nacionalista
y guerrera. Que no fue un oportunista y que se mantuvo al margen del nazismo,
con todos los peligros que comportaba, aunque manteniendo una posición política
ambigua bajo el lema de la lealtad a su patria. Que a la larga se convirtió en
un escéptico que mantuvo un espíritu muy crítico con el mundo en que
vivía. ¿Desde que posición? Yo diría que desde una serenidad
aristocrática, nietzscheana, que despreciaba lo plebeyo, que no soportaba a las
masas y que sentía nostalgia por un pasado de caballero heroico que seguramente
nunca existió y que queda reflejado en su novela Abejas de Cristal y en su
ensayo La emboscadura. Como diría Jacques Rancière, tuvo odio a la democracia, al poder de
cualquiera. Al igual que Nietzsche, por cierto. Pero, en todo caso, inclasificable.
¿Qué queda de aprovechable de Jünger, una vez "muerto el
mito" ? Muchas cosas, por supuesto. Sus parábolas políticas contra el totalitarismo, como
"Heliópolis","Los acantilados de mármol" o
"Eumeswill", que vale la pena revisar. Quizás una lectura bien
crítica de sus libros teóricos, como "El trabajador". Sus reflexiones
sobre lo que llamaba "la era de los titanes"o la
discusión que mantuvo con su amigo Martín Heidegger sobre el nihilismo son
todavía interesantes.Sus novelas, como justamente le reconoció el Premio
Goethe, tienen valor propio. Igualmente libros muy potentes de aforismos (como
"La tijera" y "la emboscadura" ).
Pero lo que yo salvaría incondicionalmente de Jünger son sus
diarios. Radiaciones y Pasados los setenta, los
diarios que fue escribiendo y se fueron publicando a lo largo de su vida.
Reconozco mi debilidad por esta escritura sobre uno mismo, mucho más sincera y
directa que las memorias autobiográficas, que siempre pasan un filtro que los
hacen menos sinceros. Los diarios de Jünger me parecen extraordinarios y son un
testimonio humano e histórico impagable. También hay que reconocer el
valor que continúa teniendo hoy el testimonio reflejado en las inteligentes entrevistas de
los italianos Antonio Gnoli y Franco Volpi (Los titanes venideros) o
el francés Julien Hervier (Conversaciones con Ernst Jünger), ambas
dirigidas a un viejo Jünger que, desde una perspectiva serena sobre su propia biografía
nos ofrece un valioso recorrido de todo el siglo XX.
Me gustaría invitar a estas lecturas
porque son un material inestimable para cualquiera que quiera pensar el mundo
en que vivimos. Lectura crítica, por supuesto, como en cualquier otro caso.
Formarse un criterio es, muchas veces, leer y dialogar con aquellos que,
estando ideológicamente en nuestras antípodas, nos hacen pensar desde una
experiencia vital enormemente rica. Porque uno de los peores síntomas de la
banalidad de nuestra época es que no existen adultos, es decir personas capaces
de interpelarnos desde sus propias
experiencias.Vivimos en un mundo donde ya no hay experiencia, decía Walter
Benjamín. Hay que recuperarla, y Ernst Jünger es un maestro para mostrar el
camino. Júnger fue también un adulto, un hombre capaz de responsabilizarse de su vida y de sus actos. "Ya no quedan hombres mayores", digo alguien hace unas décadas. Jünger lo fue.
Escrito por Luis Roca Jusmet Hace tres décadas Giorgio Agamben escribió un libro muy interesante, que vale la pena recuperar, que se llama "Infancia e historia. Destrucción de la experiencia y origen de la historia". El libro, que consta de varios ensayos, trata de varios temas muy actuales. Uno es lo que llama "la destrucción de su experiencia", Por cierto que hay escrita una réplica, también muy estimulante de Georges Didi-Huberman en su el el capítulo "¿ Apocalipsis ? ) de su libro Supervivencia de las luciérnagas. Parte de una reflexión de Walter Benjamin ( uno de sus maestros, del que él ha sido traductor de sus libros al italiano) sobre "la pobreza de la experiencia" del hombre contemporáneo. Hablaba de los años treinta del siglo pasado. Señalaba que este enmudecimiento de la experiencia se había producido a partir de la generación que regresó de la Primera Guerra Mundial, enmudecida por la catástrofe que había vivido, que superaba lo que podía asimilar. Diré aquí entre paréntesis que Ernst Jünger , que siempre me ha fascinado, fue la excepción. Incluso fue capaz de transformar en experiencia lo que vivió en primera línea, en las trincheras en la gran guerra, como podemos constatar leyendo sus "Tempestades de acero". Pero Waltre Benjamín señala que el hombre actual no ha sido expropiado de la experiencia por la catástrofe, sino por otras dos causas. Una es "la banalidad de lo cotidiano", ya señalada por Heidegger. Otra es el domino de la ciencia en el conocimiento ( y la técnica, con lo cual volvemos, aunque Aganbem no lo cite en este sentido, a Heidegger). Para los antiguos ( digámoslo así ), dice, es la experiencia la que da sentido a lo cotidiano. Es decir, es la capacidad de transformar lo cotidiano en experiencia, de hacer de ello una articulación lingüística que podamos contar, a nosotros mismos o al otro), lo que da sentido y valor a nuestra existencia. Se habla de la experiencia, de lo que se va aprendiendo de ella, y a partir de aquí va surgiendo un poso de sabiduría. Pero el hombre de hoy no soporta lo cotidiano, lo vive mecánicamente, rutinariamente, sin emoción ni interés. No tiene nada que decir al acabar el día. Solo puede contar anécdotas ( lo extraordinario a su más bajo nivel ) o noticias, informaciones de moda. Esto quiere decir, siguiendo la expresión de Malraux en sus "Antimemorias " ( y también recogida por Lacan ) de que ya no quedan "hombres mayores". Porque "hombre mayor" es el sujeto responsable de sí mismos, el adulto, el que va asumiendo su experiencia y sabe transmitirla. ¿ Qué es sino lo de distingue a un adulto de un adolescente ? Es la sabiduría que le da su experiencia, un tiempo vivido del que es consciente y sabe explicarlo. Esto tiene que ver igualmente con la idea de Hanna Arendt de la necesidad de una autoridad vinculada a la sabiduría, a la experiencia que se va acumulando, transmitiendo y enriqueciendo. A una tradición, a una herencia cultural en el mejor sentido de la palabra. Si no hay "hombres mayores", si no hay adultos capaces de transmitir experiencias, entonces no hay autoridad posible que reconocer.
Escrito por Luis Roca Jusmet Horkheimer escribió hace tiempo un texto sobre la actualidad de Schopenhauer. Preguntarse hoy por la actualidad de Schopenhauer quiere decir saber hasta qué punto su obra escrita nos puede interpelar a nuestra manera de pensar y de vivir. ¿Cuál es la verdad sobre nosotros mismos que nos puede transmitir Schopenhauer hoy? Preguntarse por la actualidad de un filósofo es siempre, paradójicamente, preguntarse por su inactualidad
La filosofía debe ser intempestiva, debe cuestionar lo que hay, lo que se cree y en este sentido debe ir contracorriente. Schopenhauer sigue siendo rechazado porque lo que dice cuestiona ilusiones fundamentales de la ideología contemporánea: la ilusión del libre albedrío, el dogma del positivismo, la negación del dolor de existir, la reificación de la locura. También se intempestivo su rigor y la paciencia de su trabajo en una época en que buscamos salidas fáciles que nos tranquilizan. Es igualmente intempestiva su crítica sin concesiones a la filosofía académica y sus miserias. Pero Schopenhauer no es capaz de desmontar ficciones como la de la Voluntad, la libertad o el yo. Otros lo harán.
Schopenhauer no es muy citado en las historia de la filosofía, pero es capaz de despertar un interés apasionado por parte de algunos filósofos claves del siglo XX. Los casos más evidentes son Ludwig Wittgenstein, Emile Cioran, Giorgio Colli o Clement Rosset. Parece que aunque él tuviera claro el carácter filosófico de su obra, la repercusión ha sido mayor en el mundo de la literatura : Thomas Mann, Jorge Borges, León Tolstoi. Igualmente me parece clave la influencia del filósofo sobre un escritor imprescindible e inclasificable como Ernest Jünger. Como sabemos Schopenhauer considera que tiene un único pensamiento filosófico y que éste está desarrollado totalmente en su obra principal: El mundo como voluntad y representación. Acabado en 1818, a los treinta años ( aunque lo ampliará unos años más tarde con el segundo volumen) Schopenhauer podría ser el paradigma de la escandalosa afirmación del filósofo esloveno Slajov Žižek de que la filosofía es dogmática por naturaleza, ya que los grandes filósofos hacen es elaborar durante toda su vida las dos ideas fundamentales intuidas en su juventud. Estas intuiciones básicas de Schopenhauer son dos:
1) El mundo es una representación del sujeto, que lo crea como objeto.
2) Más allá del representado por el sujeto el mundo es voluntad.
El filósofo italiano Giorgio Colli plantea una valoración interesante de la obra de Schopenhauer y de su actualidad. La basa en tres afirmaciones: Primera . Su teoría del conocimiento es genial, aunque elaborada con prisas. Primera. Su teoría del mundo como Voluntad es ingenua y poco sólida. La Voluntad es una noción muy confusa que debería caer con más facilidad que algunas otras muchas ilusiones desenmascaradas por Schopenhauer Cuando dice que la esencia del mundo es la Voluntad y transformar este impulso de vivir en un principio metafísico es inconsistente Tercera. La auténtica veracidad de Schopenhauer se encuentra en su visión trágica de que la vida humana es esencialmente dolor.
Seguiremos el planteamiento de Colli y desarrollaremos los aspectos primero y tercero para ver el impacto que ha tenido en el pensamiento contemporáneo.
La teoría de que “conocer es representar” no es original de Schopenhauer pero radicaliza el planteamiento de Kant. Schopenhauer plantea que no hay una percepción a partir de la cual surge una representación ( imagen, concepto) sino que la percepción misma es una representación. Volvemos aquí a las influencias de Locke y de Berkeley en la filosofía de Schopenhauer, que son los caminos del realismo y del idealismo. Aunque el filósofo alemán reconoce la influencia de Berkeley también descarta la salida solipsista de decir que sólo existimos como cuerpo y que el mundo como representación es una ilusión. Lo que plantea Schopenhauer es el camino de Locke cuando dice que lo único que experimentamos son los efectos del mundo físico sobre nosotros mismos y que este mundo físico lo transformamos en representaciones , El sujeto es trascendental porque queda fuera de la representación, afirma siguiendo la línea de Kant : El sujeto y el objeto son una construcción simultánea. El sujeto que conoce constituye el objeto del conocimiento en el proceso cognitivo : la objetividad es una mirada del sujeto. La radicalidad de Schopenhauer pasa por integrar la percepción en la propia representación. No representamos para volver a hacer presente lo que está físicamente ausente sino que la misma imagen perceptiva es ya una representación. Las influencias de esta planteamiento son muchas . Por una parte la encontramos en el perspectivismo de Nietzsche y en el ficcionalismo de Vahinger. Asimismo es claro en el neopragamatismo de Rorty y el imaginario radical de Cornellius Castoriadis son diferentes manera de desarrollar este planteamiento. Todas lo hacen siguiendo un elemento clave introducido por Schopenhauer, qué es el del lenguaje como elemento configurador del conocer.. Resulta muy sugerente una influencia menos evidente, que es la que ejerció sobre Wittgenstein cuando éste dice metafóricamente al hablar del conocimiento que el ojo no puede ser visto. También en el planteamiento wittgensteniano de que el sujeto no puede ser objetivo y que los y límites de su mundo (como representación) son los límites de su lenguaje. Igualmente podríamos decir que Schopenhauer formula intuitivamente aspectos que luego desarrollarán desde el método empírico neurocientíficos como Antonio Damasio.
Escrito por Luis Roca Jusmet El dolor es algo que sentimos los humanos como emoción y como sensación, el primero más interno y el segundo más externo. Cuando es emocional es un fenómeno mental y cuando es un dolor físico lo transformamos, como sensación, también en algo mental. En ambos casos son conscientes. Lo cual quiere decir que no solamente sentimos dolor sino que además somos conscientes de que somos los sujetos, de que nos pasa a nosotros. Somos, por tanto, a diferencia de los animales, sujetos del dolor. A veces se confunde el sufrimiento con el dolor, pero se puede marcar una diferencia radical. El dolor es punzante, grita. El sufrimiento es sordo, silencioso. El sufrimiento se soporta, el dolor puede ser insoportable por su intensidad. Solemos referirnos a lo emocional como sufrimiento, a menos que sea un grito, pero como sensación siempre hablamos de dolor. Ernst Jünger escribe el año 1934 un texto que se llama "Sobre el dolor" y dice de él que es "el examen más duro de esta cadena de exámenes que es la vida". Es, efectivamente, una prueba muy dura y, como sigue diciendo Jünger, la que pone más en cuestión la propia fuerza, la propia resistencia, el propio carácter. Que la vida es dolor es el mensaje fundamental de la filosofía de Schopenhauer.
Nietzsche ya vio muy claramente que apostar por la vida es aceptar la parte de dolor que comporta. No porque sea bueno, que Nietzsche nunca lo dijo, sino porque el placer y el dolor son manifestaciones de la vida y no puedes eliminaros, ni uno ni otro, sin eliminar la propia vida. La única salida es la anestesia. Pero Nietzsche también dijo que el dolor era más profundo que el placer, porque quería permanecer. Para Nietzsche el nihilismo que ya entrevía en su época, bien avanzado el siglo XIX, si no se superaba daría lugar a lo que llamaba "el último hombre". Este último hombre encuentra absurda la vida pero se ha adaptado a este sinsentido. Se limita a ir tirando, a vivir de la manera más cómoda posible y, sobre todo, a evitar el dolor. ¿ No anticipó realmente al hombre de la sociedad tardocapitalista contemporánea ? ¿ No es el prototipo de la sociedades liberales actuales ? Mucho me temo que nos hemos vuelto incapaces de asumir el dolor. Cuando tenemos una pérdida vamos a que nos receten algo contra el malestar. La farmacología contra el dolor, tanto físico como mental, es uno de los grandes negocios de las multinacionales farmacéuticas.
Escrito por Luis Roca Jusmet Horkheimer
escribió hace tiempo un texto sobre la actualidad de Schopenhauer.
Preguntarse hoy por la actualidad de Schopenhauer quiere decir saber
hasta qué punto su obra escrita nos puede interpelar a nuestra
manera de pensar y de vivir. ¿Cuál es la verdad sobre nosotros
mismos que nos puede transmitir Schopenhauer hoy? Preguntarse por la
actualidad de un filósofo es siempre, paradójicamente, preguntarse
por su inactualidad
La filosofía debe ser intempestiva, debe
cuestionar lo que hay, lo que se cree y en este sentido debe ir
contracorriente. Schopenhauer sigue siendo rechazado porque lo que
dice cuestiona ilusiones fundamentales de la ideología
contemporánea: la ilusión del libre albedrío, el dogma del
positivismo, la negación del dolor de existir, la reificación de la
locura. También se intempestivo su rigor y la paciencia de su
trabajo en una época en que buscamos salidas fáciles que nos
tranquilizan. Es igualmente intempestiva su crítica sin concesiones
a la filosofía académica y sus miserias. Pero Schopenhauer no es
capaz de desmontar ficciones como la de la Voluntad, la libertad o el
yo. Otros lo harán.
Schopenhauer
no es muy citado en las historia de la filosofia, pero es capaz de
despertar un interés apasionado por parte de algunos filósofos
claves del siglo XX. Los casos más evidentes son Ludwig
Wittgenstein, Emile Cioran, Giorgio Colli o Clément Rossett. Parece
que aunque él tuviera claro el carácter filosófico de su obra, la
repercusión ha sido mayor en el mundo de la literatura : Thomas
Mann, Jorge Luis Borges, León Tolstoi. Igualmente me parece clave la
influencia del filósofo sobre un escritor imprescindible e
inclasificable como Ernest Jünger. Como sabemos
Schopenhauer considera que tiene un único pensamiento filosófico y
que éste está desarrollado totalmente en su obra principal: El
mundo como voluntad y representación. Acabado
en 1818, a los treinta años ( aunque lo ampliará unos años más
tarde con el segundo volumen) Schopenhauer podría ser el paradigma
de la escandalosa afirmación del filósofo esloveno Slajov Žižek
de que la filosofía es
dogmática por naturaleza, ya que los grandes filósofos hacen es
elaborar durante toda su vida las dos ideas fundamentales intuidas en
su juventud. Estas intuiciones básicas de Schopenhauer son dos:
1)
El mundo es una representación del sujeto, que lo crea como objeto.
2)
Más allá del representado por el sujeto el mundo es voluntad.