Luis Roca
Jusmet
( Artículo aparecido en el número 16 de la revista Cuestiones de filosofía, editado por la Universidad de Pedagogía y Tecnología de Colombia)
Resumen
Se defiende una de las propuestas de Michel
Foucault en sus últimos años: la de unos ejercicios espirituales para
materialistas. Al respecto, se analiza la relación histórica que establece
Michel Foucault entre filosofía y espiritualidad, y cómo la pérdida de la
espiritualidad de la filosofía está relacionada con la influencia progresiva de
la teología y no de la ciencia. También se esboza la noción de cuidado de sí, de ejercicios espirituales, desde
la filosofía helenista y romana. A partir de la comparación de este
planteamiento foucaultiano con el de Pierre Hadot, de quien tomara el término ejercicio espiritual para referirse a
las prácticas de la filosofía antigua, se pueden contrastar sus planteamientos
con los del espiritualista Hadot, y concluir que, en ningún caso, es posible
entender que Foucault deriva en sus últimos años hacia alguna forma de
espiritualismo. Tampoco es justo considerar que el planteamiento de Foucault se
dirige hacia un dandismo de tipo esteticista. Michel Foucault siempre
considerará el cuidado de sí en
relación con los otros. Se trata, finalmente, de cómo equilibrar la ética con
la política, es decir, el gobierno de sí y el gobierno de los otros, sin
recurrir a ninguna trascendencia espiritualista.
Palabras
clave: Cuidado de sí, Ejercicios espirituales, Ética, Michel Foucault,
Pierre Hadot.
1. La filosofía como ejercicio espiritual
Espiritualidad
es un término absolutamente impensable en la obra del Foucault anterior a
los años ochenta; pero a partir del giro que da a principios de esta década,
será un término que utilizará sin complejos; su influencia vendrá del término ejercicios espirituales, utilizado por
Paul Rabbow y, sobre todo, por Pierre Hadot en sus estudios sobre las prácticas
antiguas. La publicación del curso de 1982 del Collège de France será la clave
para entender esta nueva problemática. Este curso Foucault lo tituló La hermenéutica del sujeto. Hay que constatar, de todas formas, que Foucault no
considera que este desplazamiento implique una ruptura, sino que lo presenta
como una nueva manera de analizar lo que siempre le ha interesado; en esta
temática el hilo conductor de sus trabajos sería la relación entre el sujeto y
la verdad. Foucault parte de una hipótesis fuerte formulada en el seminario
anterior, que tituló, precisamente, Subjetividad
y verdad; lo que afirma es que las raíces de nuestra concepción de la
sexualidad no se encontrarían en la tradición judeocristiana, sino en las bases
paganas (grecorromanas); por otra parte, sería también en esta época que
comenzaría la subjetividad. En el mundo griego antiguo la ética se entendería
como forma vida, no como relación con uno mismo, que es el significado que le
da Foucault a la noción de sujeto moral.
Foucault considera que en Grecia el conócete a ti mismo aparece siempre
vinculado al cuídate a ti mismo. Sócrates
es el iniciador de una consideración en la que hay que conocerse para ocuparse de uno mismo. La finalidad del
autoconocimiento es, de esta manera, práctica; este planteamiento está presente
tanto en la filosofía antigua como en los inicios del cristianismo. La noción
griega es la de epitemelia heautou e
implica varias cosas: una actitud con respecto a uno mismo, con respecto a los
otros y con respecto al mundo; es también una manera de atención y de mirada,
se trata de trasladarlas hacia uno mismo para transformarse. Esta
transfiguración se hace a través de unas acciones y de unas prácticas que
denomina ejercicios espirituales. Esta
es la espiritualidad de la filosofía para Foucault, la que hace del
conocimiento una forma de cambio interno. La manera como la verdad transforma
al sujeto en la filosofía antigua (recordemos: griega, romana y cristiana)
tiene en Sócrates y en Platón la forma de iluminación a través del amor; pero
también puede entenderse como un trabajo, y aquí es donde sitúa Foucault los
ejercicios espirituales que proponen la filosofía helenística y romana.
De todas maneras,
Foucault considera que la ruptura que supone Descartes forma parte de un
movimiento más amplio que lo precede. No tiene que ver con la aparición de la
ciencia moderna, sino con algo mucho más antiguo, la teología. Y la teología,
como sabemos, empieza con Aristóteles. Para Foucault, Aristóteles no es la
culminación, sino la excepción de la filosofía antigua, al entenderla sin
espiritualidad, sin una dimensión práctica; porque es Aristóteles el que separa
los saberes teóricos de los prácticos: sitúa como máxima culminación de los primeros
a la teología; posteriormente, tiene su máxima realización en la escolástica de
Tomás de Aquino. Las bases de las que parte Descartes serán, por tanto,
aristotélico-tomistas. Pero, en el siglo XVII, en Spinoza la cuestión de la
verdad se continúa planteando en términos de espiritualidad. Hay incluso en
Kant cierta tensión interna entre el mantenimiento y la separación de la
espiritualidad. Esta espiritualidad se mantiene en gran parte de la filosofía
moderna: Hegel, Schopenhauer, Schelling, Nietzsche, parcialmente Husserll y
Heidegger.





