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miércoles, 4 de mayo de 2022

MICHEL FOUCAULT: EJERCICIOS ESPIRITUALES PARA MATERIALISTAS







Luis Roca Jusmet

 ( Artículo aparecido en el número 16 de la revista Cuestiones de filosofía, editado por la Universidad de Pedagogía y Tecnología de Colombia)

 Resumen

Se defiende una de las propuestas de Michel Foucault en sus últimos años: la de unos ejercicios espirituales para materialistas. Al respecto, se analiza la relación histórica que establece Michel Foucault entre filosofía y espiritualidad, y cómo la pérdida de la espiritualidad de la filosofía está relacionada con la influencia progresiva de la teología y no de la ciencia. También se esboza la noción de cuidado de sí, de ejercicios espirituales, desde la filosofía helenista y romana. A partir de la comparación de este planteamiento foucaultiano con el de Pierre Hadot, de quien tomara el término ejercicio espiritual para referirse a las prácticas de la filosofía antigua, se pueden contrastar sus planteamientos con los del espiritualista Hadot, y concluir que, en ningún caso, es posible entender que Foucault deriva en sus últimos años hacia alguna forma de espiritualismo. Tampoco es justo considerar que el planteamiento de Foucault se dirige hacia un dandismo de tipo esteticista. Michel Foucault siempre considerará el cuidado de sí en relación con los otros. Se trata, finalmente, de cómo equilibrar la ética con la política, es decir, el gobierno de sí y el gobierno de los otros, sin recurrir a ninguna trascendencia espiritualista.

Palabras clave: Cuidado de sí, Ejercicios espirituales, Ética, Michel Foucault, Pierre Hadot.



1. La filosofía como ejercicio espiritual

Espiritualidad es un término absolutamente impensable en la obra del Foucault anterior a los años ochenta; pero a partir del giro que da a principios de esta década, será un término que utilizará sin complejos; su influencia vendrá del término ejercicios espirituales, utilizado por Paul Rabbow y, sobre todo, por Pierre Hadot en sus estudios sobre las prácticas antiguas. La publicación del curso de 1982 del Collège de France será la clave para entender esta nueva problemática. Este curso Foucault lo tituló La hermenéutica del sujeto. Hay que constatar, de todas formas, que Foucault no considera que este desplazamiento implique una ruptura, sino que lo presenta como una nueva manera de analizar lo que siempre le ha interesado; en esta temática el hilo conductor de sus trabajos sería la relación entre el sujeto y la verdad. Foucault parte de una hipótesis fuerte formulada en el seminario anterior, que tituló, precisamente, Subjetividad y verdad; lo que afirma es que las raíces de nuestra concepción de la sexualidad no se encontrarían en la tradición judeocristiana, sino en las bases paganas (grecorromanas); por otra parte, sería también en esta época que comenzaría la subjetividad. En el mundo griego antiguo la ética se entendería como forma vida, no como relación con uno mismo, que es el significado que le da Foucault a la noción de sujeto moral.

Foucault considera que en Grecia el conócete a ti mismo aparece siempre vinculado al cuídate a ti mismo. Sócrates es el iniciador de una consideración en la que hay que conocerse para ocuparse de uno mismo. La finalidad del autoconocimiento es, de esta manera, práctica; este planteamiento está presente tanto en la filosofía antigua como en los inicios del cristianismo. La noción griega es la de epitemelia heautou e implica varias cosas: una actitud con respecto a uno mismo, con respecto a los otros y con respecto al mundo; es también una manera de atención y de mirada, se trata de trasladarlas hacia uno mismo para transformarse. Esta transfiguración se hace a través de unas acciones y de unas prácticas que denomina ejercicios espirituales. Esta es la espiritualidad de la filosofía para Foucault, la que hace del conocimiento una forma de cambio interno. La manera como la verdad transforma al sujeto en la filosofía antigua (recordemos: griega, romana y cristiana) tiene en Sócrates y en Platón la forma de iluminación a través del amor; pero también puede entenderse como un trabajo, y aquí es donde sitúa Foucault los ejercicios espirituales que proponen la filosofía helenística y romana.


Pero siglos más tarde, en lo que Foucault llama "el momento cartesiano", se rompe el vínculo entre el conocimiento de sí mismo y la transformación interna; es en este sentido que la filosofía pierde espiritualidad. El sujeto del conocimiento (tal como está formulado por Descartes) deja de estar transformado por la verdad. La filosofía se pregunta entonces por los criterios de verdad (física, moral, política), y los aplica, pero el ser del sujeto no se implica. Hay verdad, pero la hay sin conversión del sujeto. El que conoce sigue siendo el mismo, antes y después del conocer. El acceso a la verdad sí tiene condiciones, pero estas no son espirituales. El saber, el conocimiento, la verdad implican unas condiciones internas: la razón (que quiere decir no estar loco) y seguir el método correcto. Otras, son extrínsecas: tener una formación, ser honrado. No tiene nada que ver con la salvación, ni en este mundo (como se plantea en la filosofía helenístico-romana), ni en el otro (como defiende el cristianismo).

De todas maneras, Foucault considera que la ruptura que supone Descartes forma parte de un movimiento más amplio que lo precede. No tiene que ver con la aparición de la ciencia moderna, sino con algo mucho más antiguo, la teología. Y la teología, como sabemos, empieza con Aristóteles. Para Foucault, Aristóteles no es la culminación, sino la excepción de la filosofía antigua, al entenderla sin espiritualidad, sin una dimensión práctica; porque es Aristóteles el que separa los saberes teóricos de los prácticos: sitúa como máxima culminación de los primeros a la teología; posteriormente, tiene su máxima realización en la escolástica de Tomás de Aquino. Las bases de las que parte Descartes serán, por tanto, aristotélico-tomistas. Pero, en el siglo XVII, en Spinoza la cuestión de la verdad se continúa planteando en términos de espiritualidad. Hay incluso en Kant cierta tensión interna entre el mantenimiento y la separación de la espiritualidad. Esta espiritualidad se mantiene en gran parte de la filosofía moderna: Hegel, Schopenhauer, Schelling, Nietzsche, parcialmente Husserll y Heidegger.

lunes, 4 de noviembre de 2019

PIERRE HADOT Y LA INQUIETUD DE SÍ

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Escrito por Luis Roca Jusmet

 El año 1996  François Ewald le hace una entrevista muy interesante a Pierre Hadot, centrada en el concepto de "souci", que como sabemos popularizó Michel Foucault en su segundo volumen de su "Historia de la sexualidad", a la que precisamente denominó así y se tradujo como "inquietud de sí".
 Hadot empieza citando a Martin Heidegger, que señala la ambigüedad del término: inquietud, preocupación, cuidado...Pero luego vuelve a su propia genealogía desde los griegos. En Hesído el término griego si significa precoupación, inquietud, delante de determinados acontecimientos importantes. Pero en Sócrates adquiere el sentido de preocupación por uno mismo y por los otros. Pero una precoupación que significa ir a las cuestiones esenciales, a lo que realmente nos importa. Preocupación no en el sentido de inquietud sino de atención. El diálogo es entonces este abrirse a lo propio y a lo común, a lo universal, a lo racional. En Platón continua este planteamiento, siempre ligado a la Polis. 
 Con el epicureismo y el estoicismo la inquietud de sí se plantea como lo que debe eliminar la filosofía como terapia del alma, para conducirla a este estado de tranquilidad que ambos defienden. Aunque, desde luego, desde ópticas diferentes. El estoicismo ( igual que el platonismo y el neoplatonismo) ligado a algún tipo de trascendencia y el epicureismo de una manera inmanente. 
 Todo ello ligado a lo que Pierre Hadot llama los "ejercicios espirituales" necesarios para este trabajo de sí. Puntualmente incide como en el marco del medievo estos ejercicios espirituales se transforman al servicio de la vida monástica propuesta por el cristianismo.
 Finalmente llegaríamos a planteamientos de Kant en el que esta inquietud de sí vuelve a conducir a la universalidad de los principios y del deber. Más tarde Goethe volverá a los antiguos para proponer la atención en el presente para huir de la inquietud que genera el pasado o el futuro. Para Nietzsche será la afirmación, el sí a la vida. 
 La reflexión sobre "la inquietud de sí" en el último Foucault cierra la entrevista. Para Foucault la inquietud de sí es la base de la práctica de la libertad, del sujeto ético que se autoconstruye. Hadot se desmarca de este planteamiento de la estética de la existencia, de hacer de la vida una obra de arte como propone Foucault. Hadot entiende que esta propuesta está muy cerca de la psicología humanista norteamericana de la autorrealización. Le parece bien como una interpelación a la respondabilidad de cada cual pero ve el camino en abrirse a la universalidad, como proponían los antiguos, y no en centrarse en la singularidad, como plantea Foucault.

viernes, 25 de octubre de 2019

LOS ENCUENTROS DE PIERRE HADOT (2) : GOETHE

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Escrito por Luis Roca Jusmet

 " El estremecimiento sagrado, he aquí la mejor parte del hombre. Por muy caro que el mundo le haga pagar lo que experimenta, es en el sobrecogimiento donde siente profundamente la realidad prodigiosa.
 Espor el estremecimiento que existo,"
                                  "Fausto"   J. W. Goethe


 Esta es una de las citas con las que se identifica y que recoge Pierre Hadot al final de su libro "La filosofía como forma de vida"
 A lo largo de la vida de cada cual se producen muchos encuentros: con personas, con acontecimientos, con objetos... También con textos. Encuentros que, como nos enseña Spinoza, son buenos si aumentan nuestra potencia, nuestra vitalidad, si establecen un vínculo alegre y amoroso. Son malos si nos desaniman, si nos entristecen, si generan odio en cualquiera de sus formas. Encuentro es todo aquello con lo que interaccionamos y nos deja una marca.
 En el libro que Pierre Hadot le dedica y que recoge todos los escritos sobre él ("No te olvides de vivir.Goethe y la tradición de los ejercicios espirituales") dice que Goethe fue siempre uno de sus autores favoritos. Lo cierto es que los textos son tardíos : van del año 1985 al 1995 ( entre los 63 y los 73 años ). El libro lo publicó el año 2008 ( a los 86 años, dos antes de sus muerte). Explica que este especial interés por Goethe en los últimos años de su vida le vino cuando dio un giro al "memento mori" de platónicos, cristianos y románticos : "no te olvides del morir". El giro consistía en la perspectiva goethiana, heredada de Spinoza : "memento videre" ( "no te olvides del vivir"). 
 En la entrevista que le hicieron Jeanne Carlier y Arnold I. Davidson Hadot explica que se interesó por Goethe a partir de 1968. Lo entiende como alguién dividido entre el terror y la maravailla. Per le interesa, sobre todo referido al ejercicio espiritual de vivir el presente. Hadot dice que lo que hace el escritor alemán es retomar la idea, que comparten epicúreos y estoicos, de que la felicidad se encuentra en el presente. El otro ejercicio espiritual que cita es la mirada desde lo alto.
 Veamos como lo trata de manera más precisa en el libro dedicado a Goethe. El primer capítulo ("La presencia es la única diosa que adoro") trata justamente de la necesidad de concentrarse la experiencia del momento presente. Lo hace recorriendo las figuras de Fausto y de Helena, como un diálogo metafórico entre la figura simbólica de lo moderno y lo antiguo. La plenitud del presente y la inquietud de lo nostálgico. Goethe combate a los románticos modernos que huyen de la banalidad de lo cotidiano con la nostalgia del pasado o del futuro. Reivindica el valor antiguo del presente que consiste, no en huir de lo cotidiano y evadirse en quimeras, sino descubriendo su riqueza y transformándolo en algo valioso. Como proponen los epicúreos, vivir cada instante como si fuera el último. Decir cada noche : "He vivido" , como propone Marco Aurelio.Séneca nos recuerda también que hay que evitar el temor por el futuro y el recuerdo de la adversidad. Hay dos aspectos diferenciados y complemantarios : el valor del instante excepcional, el de la ocasión "brindada por los dioses" y el del instante cotidiano, la eterna presencia de las cosas en su devenir.
El segundo capítulo trata justamente del segundo ejercicio espiritual que Hadot vislumbra en Goethe : "La mirada desde lo alto y el viaje cósmico"). Nos explica la experiencia por  Goethe: sentimiento de comunión con la tierra y el cielo que se traduce en un movimiento de elevación del alma por encima de sí misma. Incluso esto se reflejaba a nivel físico en que el hombre antiguo buscaba las cumbres, los lugares elevados. La ascensión se entendía como un ejercicio espiritual de contemplación del mundo. Pero es también un ejercicio de la imaginación en la que nos imaginamos contemplándonos desde lo alto.
 El tercer capítulo trata del tercer ejercicio espiritual : la esperanza( "Las alas de la esperanza"). De entrada recupera dos nociones griegas : el Daimon y la Tyche. Daimon es el carácter individual, como algo que es a la vez lo que somos y lño que nos trasciende, lo que elegimos y lo que nos elige. No podemos liberarnos de nosotros mismos. Tyche viene a ser la Fortuna. Es el encuentro entre lo que viene de dentro y lo que viene de afuera. Aparece también Ananke, la Necesidad. Determinación y ley es la condición de toda existencia. A mí, la verdad, me suena muy spinoziano.Lo paradójico es, entonces, el papel de la Esperanza, que aparece como una potencia que supera a todas las demás, porque es el movimiento del Espíritu que trasciende la Necesidad. 
 El capítulo 4 ( "Sí a la vida") viene a ser la conclusión de los tres anteriores. Porque finalmente los tres ejercicios espirituales anteriores conllevan una forma de vida que puede resumirse en este enunciado: "El gozo de existir". Con los antiguos y contra los modernos románticos, dice Goethe. Pero hay que aceptar el devenir del ser : creación, transformación y destrucción. Hay que aceptar la muerte. Lo cual implica renunciar a la propia individualidad para abrirse a lo Universal. 
 En la conclusión del libro dice Pierre Hadot que se han mostrado los dos temas del Velo de Isis : las dimensiones cósmica y estética de la existencia. La intuición fundamental de Goethe es la de entender que la realidad es un "actuar eterno y vivo". "No te olvides de vivir" recoge a la vez la propuesta estoica ( de hacer el deber) y la epicúrea ( de gozar). 
 Hemos citado el velo de Isis y efectivamente Goethe está muy presente en este importante libro de Pierre Hadot: "El velo de Isis. Ensayo sobre la historia de la idea de Naturaleza", que publicará en el 2004 , cuatro años antes. aquí está muy presente Goethe, no solo en la línea anteriormente apuntada sino también en su concepción de la Naturaleza. La de un Mundo de Formas al que se accede por la percepción estética y que nos permite entender los fenómenos originarios : polaridad y ascensión, espiral y línea serpentina

jueves, 12 de septiembre de 2019

LA FIGURA DEL GUIA ESPIRITUAL EN LA FILOSOFIA ANTIGUA

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Escito por Luis Roca Jusmet

 Ilsetraut Marten era una filósofa alemana, estudiosa de la filosofía antigua como forma de vida y cuyo trabajo más importante fue "Séneca y la dirección espiritual". Su matrimonio con Pierre Hadot fue un fecundo encuentro personal e intelectual. A partir de entonces adoptó el nombre de Ilsetraut Hadot.
  En un libro publicado el año 2019 que recogía diferentes artículos y entrevistas de Pierre Hadot, ya fallecido, hay un postfacio muy interesante de Ilsetraut Hadot. Se llama "La figura del guia espiritual" en la Antiguedad, que es la traducción de una conferencia que dió en alemán el año 1989.
 Voy a comentar la última parte del texto, que titula "La filosofía como guía espiritual". Nos explica que en el siglo IV y III a.C. aparece la figura del filósofo como guía espiritual. El guía espiritual debe ser a la vez un maestro y un amigo. El objetivo de la filosofía antigua, no hay que olvidarlo, no era construir un sistema teórico sino enseñar un arte de vivir. La finalidad era la buena vida, la vida feliz, que se entendía casi siempre como la vida virtuosa. En el caso de los cínicos y los escépticos ni siquiera había teoría- Si la había en Platón y en Aristóteles y, en la época helenista, en los epicúreos y los estoicos. Casi todos se inspiraban en Sócrates y todos consideraban que la comunicación oral, el diálogo, superaban con mucho la comunicación escrita. El guía es el que muestra la vía y los principios debían aplicarse a la vida cotidiana. Por ello era tan importante el autoexamen, matutino y vespertino, que muchas veces se compartía con el maestro. Era uno de los ejercicios espirituales que practicaban, sobre todo los estoicos. De estos ejercicios espirituales antiguos el cristianismo hizo la transformación que los convertiría en reglas monacales o en los formulado por el fundador de los jesuitas, Ignacio de Loyola. 
 La autoridad del filósofo como guía espiritual estaba, precisamente, en que vida ejemplificaba los principios que enseñaba. Los maestros no enseñaban en el mercado sino en los lugares elegidos y seleccionaban solo a los alumnos que mostraban un esfuerzo, una intención de progresar en la virtud.
 Se trataba de interiozar, meditándolos, memorizándolos, los principios como dogmas que debían guiar la propia vida. La vida, y no otra cosa, era la prueba de su comprensión. Debían, por tanto, transformarse en hábitos. 
 Un breve pero denso texto que no hace sino complementar lo que plantea su marido, Pierre Hadot, de la filosofía como forma de vida. Ella, de alguna manera, fue su inspiradora. 

lunes, 1 de julio de 2019

MICHEL FOUCAULT Y EL ISLAM

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Escrito por Luis Roca Jusmet

 A Michel Foucault, como todos sabemos, le fascinó la revolución iraní. Básicamente por ser una sublevación contra una dictadura en la que los participantes estaban dispuestos a jugarse la vida. También por la energía desplegada, que llamó "espiritualidad política". Después del primer entusiasmo Foucault quedó decepcionado por los resultados. Pero toda la reflexión en torno al concepto de "sublevación" que elaboró a raíz de estos acontecimientos formó parte de su caja de herramientas teórica. No asumió, en cambio, el concepto de "espiritualidad política" como propio, como manifestó en más de una ocasión. Dijo que con el calvinismo ya sabíamos, por vía negativa, donde conducía la "espiritualidad política". 
 La cuestión es que a Michel Foucault se le ha vinculado al Islam. Christian Jambet publica un artículo al respecto en el libro que recogerá las intervenciones del Encuentro que tuvo lugar en París en 1988 como homenaje a Michel Foucault. Jambet es un filósofo experto en islamismo iraní, discípulo de Henri Corbin. A quién le diviertan las casualidades le diremos que Corbin es 23 años mayor que Foucault (nació en 1903)  y Jambet 23 años más joven ( nació en 1949), Comparten con Foucault una atmósfera intelectual del entorno anterior y posterior ( Foucault pertenece a la generación intermedia). Henri Corbin fue en su juventud traductor de Heidegger ( una de las inlfuencias filosóficas de Foucault) y formaba parte, con Lacan ( cuya relación con Foucault también fue importante ) los cursos de Kojève sobre Hegel. Jambet, por su parte, estuvo influenciado también por Lacan y Althusser (que tuvo una influencia directa sobre Foucault) y formó parte de la dirección del grupo maoísta “Gauche proletarienne”, que a principios de los setenta compartió algunas batallas con Foucault). Christian Jambet escribe un sugerente artículo que conduce a una conclusión errónea.
 La argumentación de Jambet se basa en un paralelismo entre Foucault y Corbin, entre la espiritualidad que defiende en el primero en su última época y la espiritualidad del islamismo iraní que defiende el segundo. 
 En primer lugar los vincula por la crítica que ambos supuestamente sostienen a lo que Jambet llama "naturalismo" y también a lo que llama "historicismo" (que en realidad es el marxismo). Contra "el naturalismo" los dos mantienen, argumenta Jambet, la historicidad de las construcciones y problematizaciones humanas (religión, espiritualidad, sexualidad). Y contra "el historicismo" el carácter autónomo de dichas problemáticas, que no podemos entender como una simple superestructura de una estructura económica. 

miércoles, 29 de mayo de 2019

SPINOZA, HADOT Y FOUCAULT


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Escrito por Luis Roca Jusmet

 Pierre Hadot plantea que hay que entender la filosofía como una forma de vida, como un ejercicio espiritual. Hadot se dedica fundamentalmente a la filosofía antigua, pero es curioso que entre los filósofos modernos, aunque cita a Spinoza como miembro de este grupo, sea un filósofo sobre el que no profundiza.
 En un escrito que aparece en el annuaire du Collège de France, 1984-1985 ( páginas 477-487) traducido como parte del libro "Ejercicios espirituales y filosofía antigua", Hadot hace una breve pero sustanciosa alusión a Spinoza. Dice varias cosas .
- La "Ética", con su apariencia sistemática y geométrica, se corresponde bien con un discurso filosófico sistemático del estoicismo.
- Esta "Ética", impregnada de filosofía antigua, enseña a transformar de manera radical el ser del hombre, con el fin de acceder a la beatitud.
 Cita una frase : " El alma del sabio apenas experimenta temor pero, consciente de sí mismo, de Dios y de las cosas, por cierta necesidad eterna no cesa de ser, encontrándose siempre en posesión del verdadero contento del alma."

 En el texto  "¿ Es la filosofía un lujo ?" ( que incorpora a al libro citado en la segunda edición de 1987 ) acaba, casi al final, citando a Spinoza : " Todo lo excelso es tan difícil como raro". 
  Michel Foucault, que en su última época estará influenciado por Hadot, tampoco profundiza en Spinoza. A diferencia de su amigo Gilles Deleuze, que publicará tres libros dedicados a Spinoza, Michel Foucault apenas cita a Spinoza. Puede tener que ver con algo apuntado por Deleuze, que es que a este le gustaba el término "deseo" mientras detestaba el de "placer", mientras que a Foucault le ocurría lo contrario. Deseo es, como sabemos, una de las nociones clave de Spinoza.

miércoles, 30 de enero de 2019

MICHEL FOUCAULT Y EL ESTOICISMO


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Escrito por Luis Roca Jusmet

Michel Foucault considerará el estoicismo tardío romano ( S. I-II d.J.C.) como la Edad de Oro del cultivo del yo : el Alto Imperio Romano ( siglo I  y II d. J.). Epicteto, Séneca y Marco Aurelio son sus representantes.
Esta Edad de Oro es la de la subjetivización, en la medida que está centrada en el doble aspecto del conocimiento de uno mismo y el trabajo sobre uno mismo.
La Epimeleisthai heautou ( el cuidado del yo) adquiere unas nuevas dimensiones :
1) 
 Dimensión universal y solución particular
 Se convierte en una propuesta universal. No una ley, como Foucault deja muy claro. Es una llamada universal, a cualquiera ( sin distinción de status, sexo u origen) pero a la que se apuntan los interesados, y lo hacen a una escuela concreta ( solución particular). Estas escuelas no son jerárquicas, hay únicamente una división operativa en función de la capacidad. Esto podemos relacionarlo con la aceptación que hace el filósofo francés de las relaciones de poder pero manteniendo la crítica a las relaciones de dominio verticales y unidireccionales. Cada escuela es una elección de vida compartida a través de la amistad.
2) 
El objetivo del cultivo del yo es ser libre
La finalidad no es el gobierno de los otros. No se buscar el gobierno de sí para poder gobernar a los otros. La finalidad es el cuidado de uno mismo. Es una cura, una liberación, una terapia del alma. Se basa en un trabajo, un esfuerzo, unas tecnologías del yo para emanciparse, para liberarse de la esclavitud de las pasiones. El cultivo del yo no se basa solo en el autoconocimiento sino en un conjunto heterogéneo de tecnologías del yo. Se trata de una determinada mirada que conduce a una transformación interna, a una metanoia, a un estado nuevo de serenidad. Hay prácticas corporales, de autoexamen. Tienen una función correctiva, terapéutica para la ética como práctica de la libertad.

viernes, 1 de diciembre de 2017

LA BUENA ASCESIS.

 Sobre el libro “Ejercicios espirituales para materialistas” de Luis Roca Jusmet



 Escrito por Javier Peteiro


¿Para qué sirve la Filosofía? Ésta es una pregunta que cualquier persona sensata despreciaría. O quizá no, porque, aunque generalmente supone un sentido pragmático en el orden comparativo con el estudio de oficios o carreras para labrarse un porvenir, es legítimo plantearla porque podría servir para lo más importante, para vivir humanamente.

Hay dos modos básicos y complementarios de entender la Filosofía. Es bueno pensar por uno mismo sobre lo que a cada cual le afecta y eso, en cierto modo, es ya un ejercicio filosófico, pero es mejor hacerlo ayudado por otros que lo han hecho a lo largo de la Historia.

Podría decirse que la Filosofía nos sirve para vivir, aunque no podamos vivir de ella. Y les ha servido a otros. Hay grandes filósofos contemporáneos que han pensado y que lo han hecho apoyándose en lo que ya pensaron otros mucho más anteriores. Dos de ellos sostienen el libro aquí reseñado. Se trata de Pierre Hadot y de Michel Foucault.
Los “ejercicios espirituales” de Hadot y el “cuidado de sí” de Foucault muestran consonancias en lo que respecta a un objetivo principal, ayudar a vivir.

Luis Roca Jusmet hace una amena revisión de estos dos filósofos, que incluye también el repaso de otros grandes como Kant, Nietzsche, Heidegger, Wittgenstein… y, sobre todo, los antiguos, esos sobre los que muestra los acuerdos y disonancias que se dieron entre Hadot y Foucault a la hora de leerlos.

Los “ejercicios espirituales” de Hadot tienen en cuenta a los estoicos, epicúreos y cínicos. Es probable (no lo he visto en el texto) que esa expresión la haya tomado Hadot a raíz de su inicial impregnación cristiana. Fue San Ignacio de Loyola quien formuló esa práctica como forma de reflexión, bien distinta a la que aquí se plantea, mirada al más allá más bien que a una vida como puede ser concebida sin la referencia a lo trascendente.

El título del libro nos previene; se trata de ejercicios espirituales para materialistas. Un enunciado que en sí ya hace reflexionar, porque con demasiada frecuencia se plantea una dicotomía entre espíritu y materia que cada vez parece más discutible.

Pero esos ejercicios en Hadot, ese “cuidado de sí” en Foucault, suponen un método que tiene analogías con el cristianismo en el sentido de que implican una ascesis que mira a la vida buena, a esa eudaimonía que a veces se confunde malamente con la felicidad.

El autor nos habla en este hermoso libro del sujeto, diferenciándolo del individuo, y contemplándolo desde las perspectivas ética y moral (con una discusión sobre la relación entre éstas), política, artística o científica.

Pero hablar del sujeto y de ejercicios para vivir acaba siendo otra cosa que una filosofía que aspira a un saber no encarnado. Y, por ello, son inevitables las relaciones de este discurso con el mítico, el religioso y el psicoanalítico. Al final es citado Lacan; no podría ser de otro modo pues de deseo se habla. También la perspectiva mística es contemplada.

Desde mi modesto punto de vista, lamentablemente no sostenido por un saber filosófico básico, todo el texto gira en torno a una pregunta, ¿qué eres? íntimamente asociada a la ética ¿qué quieres? ¿qué quieres ser? ¿cuál es tu deseo?

No es fácil la respuesta, pudiendo ser tarea de toda una vida, aunque haya grandes maestros espirituales que la han obtenido pronto (pero no podemos copiar a maestros, sólo guiarnos por ellos). Indudablemente, el psicoanálisis, que, en cierto modo es una anti-filosofía porque se fija en lo que menos racional se nos muestra, puede desvelar lo importante, ese deseo. La filosofía también puede facilitar las cosas cuando es asumida como búsqueda de lo esencial, cuando uno acepta ese “sapere aude”. Y, en ese camino, los “ejercicios espirituales” pueden ser un buen apoyo.

Luis Roca tiene la valentía y honestidad de mostrar los que a él le sirven. De ellos, yo destacaría dos. Uno, vivir el presente, algo muy distinto a lo que a veces se formula de ese modo; esa vivencia estaría facilitada en el autor por una perspectiva zen incluyendo ejercicios qigong. Otro, me parece fundamental y lo abordaré con más extensión en otra entrada de este blog. Se trata de lo que él llama “visión global”, la que nos sitúa en el mundo, confiriéndonos una perspectiva adecuada y que tantas veces ignoramos.

Estamos ante un texto que es doblemente interesante. Lo es por su contenido intrínseco, en el que discute la relación entre Hadot y Foucault, sus biografías, sus acuerdos y disonancias. Pero lo es también porque estimula al lector a practicar otro de los “ejercicios espirituales” mostrados, la lectura. No es fácil leer. García Gual hablaba en una entrevista de la necesidad de una lectura “despaciosa”. El libro de Roca Jusmet es un estímulo para ir leyendo con calma a más filósofos sin caer en la tentación de un academicismo que, por las circunstancias de cada cual, puede ser inviable.

Libro reseñado:

Roca Jusmet L. (2017) Ejercicios espirituales para materialistas. El diálogo (im)posible entre Pierre Hadot y Michel Foucault. Barcelona. España. Terra Ignota Ediciones. 

domingo, 26 de noviembre de 2017

BUDISMO ZEN Y FILOSOFÍA


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Escrito por Luis Roca Jusmet

 Lo que une al budismo zen con la filosofia es la transformación de la mirada, del sentir, del pensar y del hacer. La espiritualidad sin espiritualismo. El budismo zen y la filosofía son dos caminos, el del no-pensar y del pensar, para conseguirlo. Ambos rechazan lo que es el estado habitual de la mente humana : el vagabundeo mental, la inercia, el imaginar. Tanto uno como otro implican una disciplina mental, un trabajo interno y un cierto ascetismo. Una ética, transformadora en definitiva.
 Me gusta del budismo zen es su enfoque extraordinario de lo ordinario. Es en lo cotidiano donde hemos de afirmar el valor de la vida, su intensidad. Es el mismo planteamiento que encontramos en la filosofia antigua, 
 El budismo zen viene de China, donde el budismo que se origina en la India se combina con el taoismo. El taoismo le da fluidez y alegria a un budismo originariamente más pesimista y serio. En el Japón el zen lo hace más duro, más simple, más esencial.
 La filosofía viene de Grecia y, siguiendo lo que plantea Pierre Hadot, se entiende como una forma de vida. Luego pierde este sentido originario pero modernos como Spinoza o Nietzsche o en contemporáneos como Wittgenstein o Foucault. Y por supuesto en Pierre Hadot cuando concibe la filosofía como un ejercicio espiritual.

viernes, 10 de noviembre de 2017

NUEVA RESEÑA DE "EJERCICIOS ESPIRITUALES PARA MATERIALISTAS


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Reseña

Roca Jusmet, L. (2017). Ejercicios espirituales para materialistas. El diálogo (im) posible entre Pierre Hadot y Michel Foucault. Barcelona: Terra Ignota, 154 páginas.

Escrito por Julián Arroyo

 Roca es un gran conocedor tanto de la obra de Foucault como del pensamiento de Hadot, como ha mostrado en diversas ocasiones con sus comentarios rigurosos y tomas de posición a varios trabajos de estos dos autores. Por eso, de entrada, contamos con una buena base de confianza para leer el libro.
Puede haber lectores que sientan cierta extrañeza al encontrarse con la relación Hadot-Foucault. Quizás éstos sean los más interesados en entrar en la lectura de este trabajo, porque, precisamente, en la admiración está el comienzo de la filosofía, como bien se sabe. Aquí se encontrarán con una aportación precisa al estudio de la relación entre Hadot-Foucault.
El objetivo de Roca es claro desde el principio: quiere plantear una alternativa ante los "tiempos convulsos e inciertos" (página 9) que nos han tocado vivir. No se trata de los fundamentalismos, ni de neoliberalismo, lo que propone es adentrarse "en las artes de la existencia tal y como las propusieron los antiguos" (página 10).
En el capítulo uno propone a estos dos autores como "dos trayectorias paralelas" (página 19). Se diferencian en unos pocos años: Hadot nace en 1922 y Foucault en 1926. Por eso los contextos socio-culturales de ambos pueden ser coincidentes. Uno es de clase media-baja, el otro pertenece a la burguesía. El primero se hace sacerdote, se forma filosóficamente en el Instituto Católico de París y enseña filosofía tomista. El segundo estudia filosofía bajo la orientación de Hyppolite, es introducido en el marxismo por Altusser y milita en el partido comunista francés, aunque es muy celoso de su libertad individual. Los dos despegan a partir de 1950 (hay que corregir los puntos 1.2 de las páginas 29 y 30). Hadot deja el sacerdocio en 1952. Lo hace en parte por el integrismo de la jerarquía de Roma y también porque se enamora de Iseltrant Martin, con la que se casa, aunque el matrimonio fracasaría once años después.
Mientras tanto, Foucault se forma como filósofo y psicólogo, trabajando en varias universidades, como Nanterre y Vincennes, además de ser profesor agregado de la École Normale Supérieure. Los dos confluyen en los años 80. Sus vidas fueron diferentes, pero sus "trayectorias filosóficas paralelas" (página 36), siendo "hijos de una misma época y de una misma cultura" (página 37). Sin embargo, esto es inevitable, lo que importa es qué llevó a Foucault a ocuparse de la concepción grecorromana de la filosofía como modo de vida. Este giro no parece encajar en su pensamiento por el que era conocido. ¿Fue, acaso, una transformación de su pensamiento de los años 70? No es que lo abandone, pero sí puede haber una cierta transformación filosófica, fruto de su estudio del pensar grecorromano. Al final, como escribe Nietzsche uno se lleva su propia biografía. Ahora bien, esta evolución sólo puede extraerse de los cursos del Collège, que publicó Gallimard a partir de las grabaciones, pero que nunca fueron revisados por el autor, a causa de su muerte temprana.
El capítulo dos lo dedica Roca al análisis de Hadot, quien hizo de la filosofía una forma de vida y no "un discurso intelectual sistemático" (página 50). El sujeto tiene que ser transformado por ella. Para que esto suceda hay que aprender a leer (porque los textos nos hablan, si los dejamos), a lo que Hadot ha dedicado 80 años. La filosofía es una mirada sobre el mundo ("cada alma es lo que mira"), una percepción diferente y no la construcción de un sistema. Wittgenstein le enseñó mucho acerca de esto.
Para esto, Sócrates es el maestro indiscutible, no ofrece conocimientos, sino un modo de vivir basado en hechos y no en palabras. Lo que importa es hacer, no saber, aprender a ocuparse del alma. A esto lo denomina Hadot ejercicios espirituales, que consisten en "transformarse interiormente", llevando una forma de vida, un estilo que dé sentido a la palabra, según escribe en Exercices spirituels et philosophie antique (París, 2002, páginas367-8). Para los antiguos la filosofía era habla, oralidad, no escritura. Sócrates no escribió nada y hasta Platón se resiste a escribir ("nunca he escrito nada sobre lo que me preocupa". Carta VII). Sin embargo, nunca dejaron de dialogar, porque es el diálogo el que nos cambia, haciéndonos comprender. No se trata de decir, sino de mostrar, con Wittgenstein. No importa el cómo sea el mundo, sino que sea. Esto nos lleva también al cielo estrellado de Kant y a la ley moral. Hay que descender a lo cotidiano, en lugar de estudiar la naturaleza, que "ama ocultarse", según Heráclito, y a los seres concretos, al presente. Nadie se engañe, esto es también objetividad, dado que el sujeto se trasciende a sí mismo y se conecta con el Todo.
El capítulo tres analiza la última etapa de la vida de Foucault, en la que se ocupa del cuidado de sí, porque "sólo el que se conoce y se cuida a sí mismo es capaz de gobernar a los otros" (página 75). Para esto es necesario el autoexamen, que nos permite ver desde lo alto y mantener el silencio para construirnos como sujetos éticos.
La filosofía siempre ha pensado el presente desde la tradición cristiana. Ya va siendo hora de cambiar tal perspectiva. El máximo responsable de esto ha sido Hegel. La filosofía debe ser transmitida desde la Universidad, porque no es algo particular como en los antiguos, sino una función del Estado, del que los filósofos son sus funcionarios y tienen encomendado este oficio. Cuando la filosofía se hace una forma de vida, las cosas cambian completamente. Hegel estableció la separación tajante entre pensamiento y vida y su influencia ha sido total. Foucault se formó con Hyppolite, que no en vano fue uno de los grandes hegelianos franceses. Sin embargo, ya en El orden del discurso, de los años 70, señaló Foucault que "toda nuestra época [...] intenta escapar a Hegel", aunque no lo logró del todo.
Entre los dos pensadores franceses hay acuerdos y desacuerdos, lo cual es normal. A esto dedica Roca el capítulo cuatro y hasta se lanza a imaginar la respuesta que Foucault daría a los argumentos de Hadot. Cuando se conocen, en otoño del 80, Foucault le propone que presente su candidatura al Collège de Francia, nada menos. Ya tenía que valorarle para proponerle tal cosa. Puede que también estuviera pensando en dar un enfoque nuevo a sus trabajos en ese año, aunque podría resultar arriesgado ofrecer una respuesta firme y segura, por más que en el 82 emprende la investigación del cuidado de sí. ¿Se encuentra, quizás, aquí el último Foucault?

sábado, 4 de noviembre de 2017

LA LUCIDEZ DE LA MIRADA : POR UNA HERMENÉUTICA DE LAS ARTES DE LA EXISTENCIA

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Reseña de

Ejercicios espirituales para materialistas. El diálogo (im)posible entre Pierre Hadot y Michel Foucault

Luis Roca Jusmet
( Prólogo de Francisco Vázquez García )
Barcelona : Terra Ignota, 2017


 Escrito por Víctor Hugo López Martín

Este “libro-experiencia” de Luis Roca Jusmet, escrito desde una serena lucidez y un sobrio rigor, nos sirve como “caja de herramientas” para orientarnos en un mundo, el nuestro, sumido en un profundo nihilismo, una insoportable mediocridad y un lamentable hastío…esto es, en un mundo falto de creatividad, de inteligencia; de vida. Y es aquí donde su obra cobra sentido, en tanto que propone una relectura de las “artes de la existencia” de los filósofos antiguos, una nueva mirada a esas “artes de la vida” del mundo grecolatino, a partir de las fértiles y disímiles interpretaciones de Pierre Hadot y Michel Foucault, interpretaciones propiciadas, en parte, por el diálogo filosófico que ellos mismos mantuvieron en vida, interpretaciones, también, enriquecidas por nuestro autor, que prolonga el diálogo al imaginarlo más allá del ámbito de lo posible, poniendo en valor la afirmación de otro diálogo, esta vez el que establecen “Ernest” y “Gilbert” en “El Crítico como Artista” de Oscar Wilde, donde el literato defiende que no hay creación sin crítica, y, a su vez, que no hay crítica sin creación.
Para llevar a cabo tal empresa, primero se comparan las “aventuras filosóficas” del “estoico”, racional, paciente y meticuloso Hadot, que denominará a las artes de la vida “ejercicios espirituales” y del genial, intuitivo, transgresor y “cínico” Foucault, que rebautizará esas artes de la existencia con el nombre de “tecnologías del yo”. Irá desglosando esas aventuras, elaborando así las “biografías intelectuales” de sendos pensadores. El resultado es el cumplimiento del archiconocido dictum de Horacio, el “prodesse et delectare”, pues el autor nos brinda la oportunidad, a través de un interesante ejercicio de “sociología de la filosofía”, de profundizar en la “experiencia interior” de los dos pensadores franceses. Así las cosas, se nos recordará que el interés de Hadot por tales artes de la vida de la antigüedad clásica nace a partir del estudio de Marco Aurelio y Sócrates, siendo su formación escolástica la llave de acceso que le hará (re)descubrir la filosofía antigua, sobre todo el neoplatonismo y el estoicismo, pues realizará su tesis doctoral sobre un neoplatónico como Marco Victoriano para posteriormente sumergirse en otro como Plotino, de ahí la importancia del concepto de “conversión”, mediante la cual el “saber metafísico” nos transformaría interiormente, entrelazando así Bien y Verdad. También, que leerá la poesía de Rilke y la mística española de San Juan de la Cruz o Teresa de Ávila y que se formará en París bajo la línea filosófica neotomista de Paul Henry, línea desde la cual se abrirá a un existencialismo humanista cristiano, representado por la figura de Jacques Maritain, sin olvidar su pasión por la filosofía de Nietzsche y Heidegger, pasión compartida con Foucault y que el autor examinará pormenorizadamente.
De Michel Foucault se nos dirá que es en la década de los 80 cuando se centrará en los textos antiguos, cuando reflexionará sobre el mundo griego (sobre todo el helenístico-alejandrino), el romano y el del cristianismo primitivo. Este “último Foucault” es el que importa, pues es la época en que estudia esas artes de la existencia, esas arte de la vida, y ello a través de los cursos del Collège de France; primero con “El Gobierno de los Vivos” (1979-80), clave en tanto que nos habla de esos ejercicios espirituales en relación a la “invención de la subjetividad”, a la construcción -que no al descubrimiento- del yo, y, más tarde, con “La Hermenéutica del Sujeto”, (1982) donde relaciona el “conocimiento de sí” (gnóthi seautón) con el “cuidado de sí” (epimeleia heautou), cuidado de sí que implicará unas “tecnologías del yo”, unas técnicas y un “trabajo ascético” que no harán más que poner de relieve la cuestión de la relación entre el sujeto y la verdad, relación condicionada por “campos de saber”, mediados, a su vez, por otras “relaciones de poder”.
 Lo interesante es que, como señala el autor del libro, es en ese momento cuando Foucault lee atentamente los textos de Hadot, quien escribiera su obra “Ejercicios espirituales y Filosofía Antigua” en el año 1981, y, también, cuando establece un contacto personal que se redujo a una oferta vía telefónica para que entrara como profesor titular en el Collège de France (aceptando la Cátedra de “Pensamiento Helenístico y Romano”), amén de “uno o dos” encuentros informales. Como no podría ser de otro modo, Foucault tendrá otra manera de enfocar la cuestión de las prácticas de los filósofos de la antigüedad, pues le marcarán sus propias influencias, las del filósofo de la ciencia Georges Canguilhem, crítico con el reduccionismo del “psicologismo” y el “psiquiatrismo”, por el Heidegger de “La Cuestión de la Técnica”, por los nietzscheanos Bataille, Blanchot y Deleuze, por el historiador grecolatino Paul Veyne y por el estructuralista Georges Dumézil, que estudia los mitos y religiones indoeuropeas según esa corriente.
Luis Roca Jusmet pasa entonces a interconectar las aventuras filosóficas de los dos pensadores franceses a partir de los puntos de convergencia y divergencia que sostienen e imagina un diálogo de “filosofía-ficción” en el que Foucault daría la réplica a Hadot, para, finalmente, preguntarse si la filosofía puede considerarse hoy en día una “forma de vida”, reconociendo la respuesta afirmativa de Hadot y la negativa de Foucault, a pesar de que, para ambos, la filosofía tiene “capacidad transformadora para el sujeto”, es una “experiencia vital”. Si para Hadot la filosofía deja de ser una forma de vida cuando se distingue entre filosofía y “discurso filosófico”, si para él la actitud filosófica es la del “sabio”, donde la contemplación conllevaría una liberación, un trascender el yo, un salto a lo Absoluto (a la Humanidad, al Cosmos), para Foucault, en cambio, la filosofía deja de ser una forma de vida cuando el “sujeto ético” deviene “sujeto epistémico”, y eso desde la modernidad, desde la (auto)revelación racional de Descartes, siendo pues su actitud filosófica la del “crítico”, la de aquel que problematiza las relaciones entre el sujeto y la verdad, no para renunciar al yo, sino para forjarlo. Es la respuesta de éste último, la respuesta foucaultiana, la que defiende nuestro autor, con ayuda de una “polifónica conversación” entre diferentes autores modernos y contemporáneos, sobre todo a través del original concepto de “Tardomodernidad” y de la crucial distinción entre “filosofía antigua” y “filosofía moderna” que el filósofo español Felipe Fernández Marzoa efectúa, pues, para el pensamiento antiguo, el conocer determinaría el obrar, mientras que, para el moderno, el comprender no implicaría la acción.

jueves, 26 de octubre de 2017

SPINOZA Y ORIENTE

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Escrito por Luis Roca Jusmet

 "Oriente" es, por supuesto, un tópico. Es un significante cuyo significado no es un concepto que de manera rigurosa enuncia una forma, es decir un conjunto de propiedades comunes sino algo imaginario, poco preciso. Lo sé y lo acepto.
 Si uso el tópico es porque en nuestro imaginario europeo moderno ya desde Schopenhauer este tópico ha tenido un peso específico en nuestra mentalidad. Porque ha hecho referencia a un camino espiritual perdido por la Modernidad en Europa. Un camino de transformación interna a través de una serie prácticas y al mismo tiempo una conversión por el conocimiento. Lo que Pierre Hadot llamaba un ejercicio espiritual. 
 Lo Oriental sigue el recorrido de la India, China y Japón. El hinduismo, el taoísmo y el budismo zen. 

Aquí podemos establecer algunas analogías:

  ONTOLOGÍA :

Substancia de Spinoza con el Tao o el Vacío de los budistas.
Determinismo de Spinoza con el karma del
hinduismo. Hay una cadena causal de causas-efectos que hace que nada de lo que ocurre. La duración como un despliegue, una cierta ilusión del registro temporal.

 EPISTEMOLOGÍA  :

- Ciencia intuitiva de Spinoza con la Iluminación del budismo. La razón de Spinoza se parece a la intuición budista.

ÉTICA :

- El camino de la sabiduría es el camino de la libertad interior. La superación de las pasiones de Spinoza es la superación del deseo en el budismo. Lo que Spinoza entiende por lo que se traduce por deseo no tiene nada que ver con lo que se traduce por deseo en el budismo. El trabajo interno que propone Spinoza es similar al que plantea el budismo zen.

sábado, 2 de septiembre de 2017

PIERRE HADOT : LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES DE MARCO AURELIO




La ciudadela interior


Pierre Hadot
Prólogo de Arnold I.Davinson
( Tradución de María Cucurella Miquel)
Barcelona : Alpha decay, 2013

 Escrito por Luis Roca Jusmet

 En el imaginario cinematográfico de mi generación, Marco Aurelio era el gran actor inglés Alec Guinnes, uno de los protagonistas de La caída del Imperio Romano. En el imaginario de nuestros jóvenes es otro gran actor, igualmente inglés, Richard Harris, en Gladiator. Siempre la misma imagen, la del emperador-sabio que sucumbe frente al hijo perverso. Marco Aurelio es, para Erasmo de Rotterdam en su Elogio de la locura, el ejemplo del desastre al que conduce el filósofo-rey de Platón. No sabemos si hay que entender irónicamente o literalmente el elogio a la sinrazón de uno de los precursores de la racionalidad moderna y como hay que interpretar este juicio sobre Marco Aurelio. El lúcido y amargo Cioran, finalmente, nos dice en uno de sus aforismos que prefiere el escepticismo de un Emperador ( Marco Aurelio) que las propuestas de un soñador ( Nietzsche). Muchos han sido los análisis del que quizás fue el único Emperador-filósofo: Marco Aurelio. Nos llega con este libro un estudio sobre sus meditaciones, en el contexto de la época y del escritor, que serán dificilmente no ya superadas sino tan siquiera igualadas. El autor, uno de los grandes filósofos franceses del último tercio del siglo XX: Pierre Hadot.
 Pierre Hadot nació en 1922 y murió en 2020. Es un estudioso excepcional de la filosofía antigua que ha defendido que hay que entenderla no como un discurso sino como una forma de vida. La teoría se justifica por una práctica. Hay que saber pensar para poder pensar bien. Hay que saber actuar para poder actuar bien. La palabra que Hadot considera más adecuada para esta comprensión de la la filosofía era la de ejercicio espiritual. Sin connotaciones religiosas, ni tan solo espiritualistas, la filosofía se entiende así como una transformación interna profunda y global, no solo como un ejercicio intelectual. En este sentido hubo una proximidad en su última etapa con Michel Foucault, cuya prematura muerte impidió un debate que sin lugar a dudas hubiera sido apasionante y fecundo.
Lo primero que hay que saber para entender un texto es cual es la intención y a partir de aquí ver como podemos actualizarlo.Para Hadot está claro : la meditaciones petenece al género de lo que los antiguos llamaban hyponnemata, que quiere decir escribirse o hablarse a uno mismo. Nos podemos preguntar para que escribe uno para sí mismo. Los diarios pueden servir como un ejercicio estilístico o como una forma de autoconocimiento. Pero no es éste el sentido del que hablamos. De lo que se trataba es de escribir unos dogmas, los propios de la escuela estoica, para recordarlos de manera permanente, para tenerlos siempre presente. Como una especie de guía práctica que Marco Aurelio escribía para sí mismo, pero siempre desde la escuela a la que pertenecía, el estoicismo. No se trata de ser original ( no hay que crear conceptos, como decía Deleuze) sino de vincularse a una tradición. Esta tradición tiene unos fundadores, que son Zenón y Crisipo, el siglo III A.C. En Atenas. Su lema : vivir de acuerdo con uno mismo, de una manera coherente. Pero este uno mismo no es el yo singular, sino la Razón Universal. Hay unas reglas establecidas, unos dogmas que hay que aceptar, que son los de la escuela a la que se pertenece: el estoicismo. Lo que cambia de un filósofo a otro es el estilo personal, la manera de enseñar o la presentación de la doctrina. El estoicismo nace como fusión de la ética socrática, ka física heraclitiana y la argumentación aristotélica. Parte de la Unidad de todas las cosas marcadas por una Lógica ordenadora. El filósofo aspira a la perfección moral, a la sabiduría. Quiere hacer siempre lo más verosímil y lo más correcto. El discursos teórico sirve para orientar la acción porque su finalidad es práctica.

jueves, 22 de junio de 2017

PIERRE HADOT : LA FILOSOFIA COMO EJERCICIO ESPIRITUAL





Escrito por Luis Roca Jusmet

 Descubrí a Pierre Hadot hace unos años, ojeando un libro que me llamó la atención: "La filosofía como forma de vida". El libro era una entrevista, muy bien planteada por Arnol I Davidson y Jeanne Carlier. Arnold I.Davidson es hoy uno de los grandes conocedores de Pierre Hadot y ha realizado trabajos muy interesantes a partir de la influencia de Michel Foucault. A partir de Hadot hice una relectura de Foucault, a partir de su última etapa, que es la que me ha interesado más. He trabajado mucho la comparación entre ambos, me han publicado algunos artículos y tengo un libro en perspectiva sobre el tema.
 Me interesa su planteamiento de la filosofía como un saber transformador del sujeto. Él no utiliza el término sujeto aunque yo sí por influencia lacaniana y foucaultiana. El término clave de Hadot es el de conversión. Tiene un artículo sobre el tema, que escribió bastante joven que ya es un clásico. Conversión es la transformación, relativa o absoluta, por la verdad de un sujeto. Con su ejemplar rigor y claridad Hadot nos argumenta como este término, que asociamos a la religión, pertenece propiamente a la filosofía. Plantea que solamente en el budismo y en la religiones que Hegel llama de conciencia desgraciada ( el judaísmo, pero sobre todo el cristianismo) hay conversión. En el resto de religiones antiguas hay culto y ritos, como intercambio entre lo humano y lo divino. Es, en cambio en Grecia cuando se inicia esta transformación por la verdad a través de la filosofía. Oscila entre la epistrophes y la metanoia, que quiere decir respectivamente el retorno y el renacer. Para Hadot más bien es como un proceso complementario, que en algunos momentos insiste más en un aspecto ( Platón en el retorno)y en otros momentos en otro ( las escuelas helenísticas en el renacer). 
 En la época de Platón la conversión era de la polis. para ello hacía falta sobre todo la conversión de los filósofos, que como gobernantes debían hacer esta transformación de su alma ( reminiscencia que es un retorno). Pero en las escuelas helenístico-romanas la conversión era individual. Hadot se centra por un lado en la transformación del neoplatonismo, que da al platonismo un giro más individualista y más místico, planteando la conversión como el acceso a la experiencia unitiva, al sentimiento oceánico.

domingo, 16 de octubre de 2016

SÉNECA, LOS CHINOS Y EL NEOLIBERALISMO




Escrito por Luis Roca Jusmet



He leído la traducción de un artículo que recoge dos conferencias que Michel Foucault dió en Darmoth en otoño de 1980. Era la época en la que estaba dando el curso "subjetividad y verdad" y se preparaba para el siguiente "La hermenéutica del sujeto." El artículo se titula precisamente "Sobre el comienzo de la hermenéutica del sujeto". El traductor es Jorge Álvarez Yagüez y está recogido en el libro editado y traducido por este mismo bajo el título de La ética del pensamiento. Para una crítica de lo que somos ( Biblioteca Nueva, 2015).

Uno de los temas que aparecen en el artículo es el de un ejercicio espiritual ( término que utilizará Foucault en homenaje a Pierre Hadot) o tecnología del yo, que es el del autoexamen, el examen de conciencia que se proponen los estoicos al principio y al final del día.

Foucault quiere señalar la transformación que hay desde el estoicismo ( lo ejemplifica en Séneca) hasta el cristianismo, más específicamente la vida monástica. En este último caso el examen de conciencia tiene como doble finalidad la verdad sobre sí y la renuncia de sí. Es decir que se busca saber la verdad del propio deseo, de los propios pensamientos para neutralizarlos. Uno se convierte en el juez de sí mismo y condena los que son pecaminosos. El objetivo final es eliminar los deseos egoístas para purificarse y llegar a la contemplación de Dios. Ello enmarcado en una relación jerárquica, es decir, en la obediencia absoluta al superior en cuanto que este es el representante de Dios.

Para el estoicismo el autoexamen tiene un carácter administrativo, es como una especie de balance del día, de ganancias y pérdidas. Balance que debe servir para rectificar lo que ha ido mal, corregirlo y así mejorar una próxima acción. No hay ninguna obediencia porque el maestro es, en todo caso, alguien que nos guía temporalmente para ayudarnos a conducir nuestras vidas según unos determinados principios, que son los de la escuela, en este caso del estoicismo.

La reflexión de Foucault es que las tecnologías del yo no deben ser entendidas como tecnologías de la verdad, como un viaje hacia el descubrimiento de nuestro yo oculto. Esto es lo que plantea el cristianismo a partir de su transformación del examen de conciencia del estoicismo, en el caso que hablamos. Incluso el psicoanálisis sigue siendo para Foucault una herencia del cristianismo, ya que lo que hace es buscar este deseo oculto, inconsciente. Esto sería discutible, sobre todo en la vertiente lacaniana, pero no es el tema sobre el que quería reflexionar. Foucault se pregunta entonces como pueden plantearse hoy estas tecnologías del yo. Lo hace insinuando una vuelta a este sentido pre-cristiano y pre-psicoanalítico ( casi podríamos decir pre-psicológico) que apuntaba el estoicismo.

Foucault plantea, por otra parte y en otro lugar ( en el curso "El nacimiento de la biopolítica", que dio unos años antes) el neoliberalismo como una propuesta de entender la vida como una empresa. Se trata entonces de plantearse si este autoexamen administrativo del que habla Foucault refiriéndose a Séneca, este hacer un balance del días en términos de ganancias/pérdidas no viene a ser lo mismo. ¿ hay alguna diferencia entre la propuesta del estoicismo con ejercicios como el autoexamen de conciencia y este entender la vida como una empresa ? Si que hay una diferencia fundamental que es la diferencia entre lo cualitativo y lo cuantitativo, entre el proceso y el resultado. Es decir, que si yo me levanto pensando lo que debo hacer durante el día y como debo hacerlo y me acuesto haciendo un balance de lo que he hecho y si esta manera de hacerlo me ha ido bien o mal esto me parece un ejercicio excelente. Incluso podríamos pensar lo que hemos invertido, los recursos que tenemos... Todo esto puede sonar a empresa y es igual. Pero lo importante son dos cosas, la primera de las cuales es la diferencia, como he dicho, entre lo cualitativo-proceso y lo cuantitativo-resultado. Una empresa se valora por los resultados y estos se cuantifican. La vida humana y cualquiera de sus aspectos no puede valorarse ni por los resultados ni puede cuantificarse. La vida es un proceso y es el mismo proceso el que debe valorarse.

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