
Escrito por Luis Roca Jusmet
El
apoyo de Michel Foucault dio a la
revuelta de Irán le generó todo tipo de críticas, tanto entre sus detractores
como entre sus seguidores. Entre el grupo de los primeros destaca por su
agresividad Jean-Marc Mandosio, que sostendrá que la posición de Foucault en el
tema del Irán es coherente con su impostura radical. Considera que esta es
producto de un discurso irracional fascinado por la dimensión mítica del
compromiso y que busca un oscuro retorno a lo sagrado (en la línea que, según
su visión,ya apuntó Batalle )[1]. Pero
también fueron múltiples las voces de condena entre sus admiradores, que
preferieron correr un tupido velo frente a este episodio. Pocos fueron los que se
resistieron a esta descalificación.
Lo que voy a plantear en este texto es que
el análisis que realizó del movimiento insurreccional que se levantó en Irán
contra el Sha de Persia tuvo un efecto muy interesante en la trayectoria
filosófica y política de Foucault. Efecto fecundo que incidió notablemente en
el horizonte teórico que se le abrió a Michel Foucault a partir de 1976, que es
el de un trabajo crítico que no solo es un diagnóstico del presente sino que
abre camino a nuevas formas de subjetivación. Se trata de un proyecto ético
que, en la medida que implica una resistencia a los campos del saber y las
redes del poder, es decir a los dispositivos establecidos, implica una lucha
política. Foucault verá cada vez más claro que las relaciones de poder tienen
siempre tendencia a convertirse en formas de dominio intolerables a las que hay
que resistirse siempre. Pero que hay maneras de transformar la sujeción en
subjetivización libre.
Gilles Deleuze, amigo y buen conocedor de
Michel Foucault, afirma que a partir de 1976, año de la publicación de "La
voluntad de saber" (primer volumen de su Historia de la sexualidad,
Foucault entra en una crisis personal, filosófica y política[2]. Por su
parte Michel Senellart, en su artículo "Situación de los cursos"[3] traza una buena descripción del contexto
personal y político. David Macey, uno de los biógrafos más reconocidos de
Foucault, sitúa su experiencia en Irán dentro del capítulo
"Disidente"[4] . A principios de 1978 Foucault había publicado un breve escrito,
"Poderes y estrategias"[5] con un
mensaje muy claro : el Gulag es una consecuencia del discurso de Marx y de
Lenin. Pero al mismo tiempo en que afirma esto también Foucault se desmarca del
fenómeno mediático de los nuevos filósofos, que habían pasado del izquierdismo
al anticomunismo y al liberalismo. Foucault no es un converso como ellos pero
tampoco acepta las versiones trotskistas o maoístas que consideraban que lo que
ocurría en la URSS y en los Países del Este era una especie de degeneración del comunismo, una desviación
de la propuesta de Marx y de Lenin. Aquí Foucault hace una crítica materialista
a los marxistas, a los que tacha de idealistas. En "Nacimiento de la
biopolítica", el curso de 1978-9, Foucault planteará muy claramente que el
socialismo no tiene una teoría gubernamental ( aunque sí de Estado), lo que le
lleva a aplicar la gubernamentalidad liberal (caso de la socialdemocracia) o la
disciplinaria ( caso del comunismo).[6] Justo
antes, el mes de abril de 1978, después de acabar el anterior curso,
"Seguridad, territorio y población", Foucault tendrá una importante
conversación con el filósofo R.Yoshimoto en su viaje al Japón que publicará con
el significativo título de "Metodología para el conocimiento del mundo :
cómo deshacerse del marxismo"[7] Este texto puede considerarse como la
definitiva ruptura con el marxismo, al que definirá como un discurso
pseudocientífico, profético y de poder). Es decir, un campo del saber y una red
del poder responsable de la aridez del pensamiento de la izquierda en el siglo
XX. A esto hay que añadir, por supuesto, su denuncia al Gulag y la persecución
de disidentes en los países del Este, especialmente en Polonia.
En todo caso, lo que está elaborando Michel
Foucault entre los años 1977 y 1979, es una nueva caja de herramientas teórica
para entender el paso de una sociedad disciplinaria a una sociedad de control.
Lo hace a través de los conceptos de biopoder, biopolítica, gubernamentalidad y
poder pastoral. Es sobre todo en el curso "Seguridad, territorio,
población" donde empieza a establecer de una manera clara y precisa estas
teorizaciones. Fundamental será también la conferencia dada en Berkeley, al
acabar el curso citado: "Omnes et singulatum. Hacia una crítica de la
razón política".[8] Otro hecho significativo del momento, aparte
de su defensa de los disidentes políticos de los países comunistas, son los
contactos de Foucault con la izquierda alternativa alemana y su apoyo a Klauss
Croissant, abogado de los militantes del grupo terrorista Baader, al solicitar
asilo político en Francia.
Pero rechazará el terrorismo como forma de lucha política.
Este es el contexto en el cual Michel Foucault
acepta, en septiembre de 1978, colaborar como periodista con el diario milanés
El Corrière della Sera. Se trataba de escribir, sobre el terreno, una serie
de artículos sobre lo que estaba pasando en Irán. En septiembre y octubre hizo
dos breves visitas a Irán. La primera visita la hizo del 16 al 24 de
septiembre, poco después del llamado "viernes negro". El ejército disparó,
el 8 de septiembre contra una muchedumbre que se reunió en la plaza Djaleh para
protestar contra el régimen, provocando entre 2000 y 4000 muertos. A
continuación de lo cual el gobierno instauró la ley marcial. Foucault habló con
intelectuales, militares, opositores y, sobre todo, con gente del pueblo iraní.
No oyó a nadie utilizar la palabra "revolución" pero sí a casi todos
de la exigencia de un gobierno islámico[9] Habló con
el ayatolá Madari y con el que sería su interlocutor fundamental, Mehdi
Bazargran. La segunda visita fue del 9 al 15 de octubre. Publicó cuatro artículos en los que analizaba
la situación y al mismo tiempo manifestaba su simpatía por el movimiento
islámico que quería derrocar al Sha, lo cual ya abrió las puertas de la
polémica.
Hay toda una serie de cuestiones muy
interesantes que plantea esta experiencia de Foucault. Kamal Cumislle, por
ejemplo, lo hace desde una consideración filosófica de lo que llama
"Reportajes de ideas"[10] Lo que yo
voy a trabajar, como ya he apuntado anteriormente, son dos conceptos que
elaborará Foucault a partir de su análisis del levantamiento iraní. Uno es el
de sublevación, basándome en los materiales que escribió el mismo
Foucault sobre el tema.
Tomaré como punto de partida su artículo
"¿ Con que sueñan los iraníes ?"[12] La primera
cuestión interesante que plantea Foucault en este texto periodístico de garan
contenido teórico es la pregunta que él mismo
hizo a la gente de Irán ¿ Qué queréis ?
La aplastante respuesta mayoritaria fue "Un gobierno
islámico". Justamente esta respuesta se plantea en un país, el Irán, que
nunca ha tenido voluntad expansionista, ni panislámica ni panarábica. Representa
el Islam chiita: ausencia de jerarquía en el clero e importancia de la
autoridad espiritual. El ayatollah Sharjat Madari le explica a Foucault que
esperan la vuelta del imán pero que al mismo tiempo quieren un buen gobierno.
Se lo dijo al lado de los miembros del Comité Pro Derechos del Hombre en el
Irán. Un deseo de volver a los orígenes de lo que fue el Islam en la época del
Profeta. Le define cuáles son las directrices del Islam: valoración del
trabajo; defensa de lo común; respeto a las libertades y a las minorías.
Políticamente se muestra favorable a la igualdad de derechos entre hombres y
mujeres (aunque reconociendo su diferencia de naturaleza). Gobierno que debe
respetar las decisiones mayoritarias y que debe plegarse a la voluntad del pueblo
(como formula el Corán). Frente a las dudas que plantea Foucault respecto a
donde ha conducido la democracia liberal, el imán Madari le plantea que el
Corán ya había establecido estos principios igualitarios antes que el
pensamiento político europeo. Y si el Occidente industrializado lo ha
deteriorado, el Islam sabrá recuperarlo.
La segunda cuestión es el tema de la
espiritualidad, ya que es un movimiento que es receptáculo, ocasión y fermento
de la misma. En este sentido Ali Sharattiti, muerto hace poco, era como el
invisible presente que representaba esta espiritualidad.
Finalmente hay una tercera cuestión, que es
sobre la voluntad política que hay detrás del movimiento islámico. El artículo
tuvo muchas críticas, entre las que destaca la carta que envió al diario una
mujer iraní, que firmó Atoussa H., en la que esta criticaba lo que llamaba la
ligereza con que
la izquierda francesa trataba la posibilidad d eun gobierno islámico en Irán.
Agregaba que si Michel Foucault quiere tener una idea de lo que significa la
espiritualidad del Corán aplicada por Jomeini para las mujeres debía leer lo
que dice el Corán al varón: "tu mujer es como tu tierra, úsala cuando
quieras." Ahora, dice Atoussa, las mujeres deben obedecer y llevar velo.
El filósofo francés le
contestó con acritud que ella no se había leído el artículo y le acusaba de
planteamientos que nunca había hecho. Finalmente subraya que no es con odio
como debemos confrontarnos a los movimientos islámicos, que predice que será
expansivos.[13]