Es muy interesante ver la película de Slavoj Žižek, dirigida por Sophie Fennis, " Guia ideológica para perversos", en la que intenta explicar lo que es la ideología a partir de escenas de películas. Una de las partes más interesantes es la que muestro aquí, basada en unas escenas de la película "The live" ( "Ellos viven". Es una película de los años 80, de John Carpenter, en la que muestra como los alienígenas han ocupado los centros de poder y tras los anuncios hay mensajes subliminales. El protagonista descubre unos lentes a tarvés de los cuales ve los mensajes reales, que son los ideológicos. Marx dice en "El capital" : ellos hacen sin saber lo que hacen, pero lo hacen.El mismo Žižek tiene un libro que se llama "Porque no saben lo que hacen". No es que la ideología sea una ilusión que mos impida ver lo que hacemos, sino que lo hacemos es la ideología. La ideología es lo espontáneo. Si nos pusieramos unas gafas para ver lo que hay, veríamos la realidad, pero la realidad es la ideología. Es lo que se describe en un libro prologado por el mismo Žižek, "La servidumbre liberal".
Una de las preocupaciones de Slavoj Žižek es la de elaborar un concepto de ideología que supere la formulación althusseariana de la ideología como falsa conciencia contrapuesta a la ciencia. El filósofo esloveno encuentra en la lectura de Hegel y,sobre todo, la de Lacan, una ampliación de horizontes que le permite superar esta perspectiva. Para Žižek la ciencia teórica de la que habla Althusser ( en la que incluye el materialismo histórico y el psicoanálisis) es otra ideología, un supuesto saber. No existe un Otro simbólico con una consistencia propia, un lugar de la Verdad desde el que discriminar la ciencia de la ficción ( ideología). Todo saber es, por sí mismo, autoreferencial. No se trata de caer en un relativismo, ya que siempre elegimos un axioma del que partir ( y hay que hacerlo ) pero es una decisión teórica sin garantías. Podemos argumentarlo pero siempre será circular porque partimos de una apuesta. Pero la mayoria de los humanos viven su ideología, a partir de ella. Ellos no lo saben, pero lo hacen. La ideología es una práctica desde la que construimos la realidad.
Un campo interesante desde el que analizar toda ideología es el de la concepción psicoanalítica de la fantasía. La fantasía, decía Freud, no es un error sino una ilusión. Pero habría que ir más lejos, como hace Lacan, ya que tampoco es una ilusión en el sentido convencional del término. La fantasía es una construcción de la realidad para escapar de lo intolerable de lo Real.La realidad ya es ideológica porque es una construcción simbólica. Es decir, que la fantasía no es una forma de escapar a la realidad, sino, por el contrario, una forma de posibilitarla, ya que solo podemos acceder a la realidad desde una fantasía que nos permita simbolizarla. La realidad, por lo tanto,se sostiene, en algún sentido, desde la fantasía, ya que a partir de esta nos construimos como sujetos. La fantasía queda siempre como una respuesta a esta falta, a este vacío que se abre delante de nosotros, a lo intolerable de lo real, lo traumático. Siempre queda un resto.
Pero este resto es el que crea angustia por su proximidad a lo Real en el sentido lacaniano. Aquí hay que aclarar que Lacan elabora una teoría de los tres registros en la que divide lo Imaginario, lo Simbólico y lo Real. De manera muy simplificada diremos que lo Imaginario es lo que podemos imaginar, representar; lo Simbólico es lo que podemos decir, formular; y lo Real es lo que se resiste, lo imposible de ser representado, de ser formulado. Por lo tanto lo que entendemos por realidad es lo que puede ser simbolizado y representado, y que estaría por tanto en el plano de lo Imaginario y lo Simbólico. Lo Real lacaniano es así lo que el Hegel juvenil llamaba La Noche del Mundo, la locura que surge de la contracción del puro Yo al separarse del Mundo, la negatividad absoluta que es lo que más tarde Freud llamaría la pulsión de muerte. Es decir, que pasamos de la Naturaleza a la Cultura desde esta locura que siempre es radicalmente traumática, que es la que precede siempre necesariamente a nuestra socialización primaria.
El problema no es el de perder el principio de realidad sino el de ganarlo, saliendo así de este pasaje por la locura que surge en el tránsito de la constitución de nuestra subjetividad. Y en este tránsito en el que constituimos la realidad queda este resto del que hablábamos ( el objeto a). Este proceso hay que decirlo, no está vinculado a una determinada sociedad, a una contingencia histórica, ya que tiene un carácter estructural en cuanto que somos seres parlantes. Pero este Real es traumático, es lo traumático por excelencia y del que no podemos escapar porque es estructural a nuestra condición humana. Lo que hay de insoportable en nuestro deseo es justamente lo que nos pone en contacto con este resto cuya proximidad a este Real traumático nos produce angustia. Pero lo mismo que nos angustia, lo que Lacan llama el objeto a, es la causa innombrable del deseo, lo que lo posibilita. Y aquí interviene la fantasía., que cubre el espacio vacío dejado por el objeto natural perdido, como la construcción de la realidad desde esta pérdida, desde esta falta dejada por la naturalidad perdida. A este resto quedan ligadas las pulsiones, que expresan lo que queda del goce perdido de lo natural en los bordes del cuerpo, en las zonas erógenas. El lenguaje nos ha vaciado de goce y éste solo queda en los bordes del cuerpo, en las zonas erógenas donde aparece una pulsión sin objeto. Pulsiones que formulamos a través de la demanda simbólica. Pero es una batalla perdida porque la confluencia entre el goce y el significante (la palabra de la petición) es imposible. Este es el drama humano. Lo que pedimos, lo que formulamos cuando queremos algo, está condenado al fracaso porque cuando lo tenemos decimos: no, no era esto. Pero esta distancia entre lo que queremos y lo que encontramos es lo que mantiene el deseo.