viernes, 2 de mayo de 2025
RENOVAR EL SOCIALISMO
lunes, 16 de agosto de 2021
DE LA ÉTICA A LA POLÍTICA
Escrito por Luis Roca Jusmet
De la ética pasamos a la política. La política debe garantizar el derecho universal. El derecho tiene como función garantizar el que cada cual pueda tener un vida material y éticamente digna. La política debe concretar el derecho en ley y hacer que esta sea efectiva. El Estado es el conjunto de instituciones que lo hace posible.
No creo que la política resuelva la cuestión ética de la buena vida, que cada cual ha de resolver, aunque sea con los otros. No creo tampoco en las promesas de un "hombre nuevo" desde la política. Mi experiencia y mi reflexión me lleva a un escepticismo moderado. Hay mejores y peores formas de gobierno, pero todas tienden al dominio, sea de súbditos ( en el peor de los casos) o de los ciudadanos ( en el mejor). No creo que la ética sea un problema político, aunque si creo que la ética necesita de la política para la emancipación del sujeto. Pienso que lo que se plantea hoy son tres cuestiones: la primera el dilema entre un Estado que se alia con los poderes económicos o un Estado que garantiza derechos a los ciudadanos. La segunda entre un Estado burocrático y un Estado democrático. La tercera entre un Estado que es una red clientelar de privilegios para los gobernantes o es una institución eficiente y transparente para los ciudadanos. Tres cuestiones que están directamente ligadas.
Las mejores referencias políticas que conozco, que están históricamente determinadas, son la Declaración Universal de Derechos Humanos y el Estado democrático y social de derecho. Me parece que recoge lo mejor del republicanismo, del liberalismo y del socialismo. Se concreta en un Estado que tiene como función la garantía de los derechos que aparecen en la declaración. Incluyen la idea del ciudadano como unidad política básica y consideran que el ciudadano es consecuencia del Estado de derecho. Implica la idea de contrato social. Por supuesto que la declaración de derechos humanos es una idea regulativa, una ficción necesaria. Se supone que tenemos estos derechos. Igual que es ficticio el contrato social: se supone que existe este contrato y que todos debemos respetarlo. No digo que no hayan otras opciones sino que son las mejores que conozco.
Tampoco me consta que exista un sistema político mejor que la democracia liberal como marco para garantizar un Estado democrático y social de derecho que garantice al máximo los derechos humanos. Pero no es suficiente. Es necesario una cultura democrática y una voluntad política de los gobernantes y de los gobernados para que sea efectiva. Es anticapitalista en su lógica, aunque exista en el capitalismo en estado de tensión, porque va contra su lógica, que es el del aumento incesante del capital. Y porque los derechos han de entrar también en la empresa .
La democracia liberal debería ser constitucionalista y republicana. Es necesaria una Constitución que blinde los derechos fundamentales y no dependa de mayorías políticas. Republicana quiere decir separación de poderes, participación política y libertades políticas. También excluye la figura de una monarquía, aunque no sea lo más importante. Hay monarquías más republicanas que supuestas "repúblicas" sin rey pero sin las condiciones importantes que he expuesto.
Es imprescindible ir hacia alguna forma de Estado mundial porque es la única manera de garantizar derechos, sobre todo laborales, y combatir las estrategias del gran capital. También para frenar la devastación de la naturaleza. La riqueza solo puede redistribuirse de manera justa con un sistema fiscal equilibrado a nivel internacional. No puede hacerse con un Estado mundial centralizado sino con formas federales y confederales.
Para mí, al contrario que en Platón como en Aristóteles, la ética no se realiza en la política. Tampoco pienso, como Epicuro, que la ética se realice al margen de la política. Pienso que la política es necesaria para que la ética sea posible. Reconozco aquí la línea de Spinoza entre los modernos y Michel Foucault entre los contemporáneos. La ética tiene un aspecto singular, porque cada cual elige el camino de su vida. Pero también está el elemento universal que señalaba Kant entre los modernos y Axel Honneth entre los contemporáneos, que lleva al reconocimiento del otro y a la universalidad de los derechos. Esto nos lleva al derecho universal. La política tiene algo de universal, en la medida en que lo que debe hacer es garantizar estos detechos, pero también algo de particular, porque las formas políticas que lo hacen no son siempre, en todo tiempo y lugar, las mismas. Pero el elemento democrático, tal como señalaba Spinoza, siempre debe estar presente.
miércoles, 30 de junio de 2021
CRISIS PERMANENTE. ENTRE LA FRATERNIDAD HUÉRFANA Y UNA DEMOCRACIA INSURGENTE
Crisis permanente. Entre la fraternidad huérfana y una
democracia insurgente
Jordi Riba
Barcelona: NED, 2021.
Escrito por Luis Roca Jusmet
Jordi Riba es
profesor de filosofía de la UAB y también investigador asociado en el
laboratorio “Logiques contemporaines de la phiolosophie” de la Universidad
París VIII. El libro que nos ocupa continua un conjunto de ensayos que ha ido
publicando los últimos años sobre un tema central sobre el que lleva mucho
tiempo reflexionando: el papel del individuo en la renovación democrática y su
articulación filosófica: “Republicanismo sin república” (2015) y “Crisis,
fraternidad y democracia” (2018). Pro también hay que citar su traducción de “La
democracia contra el Estado (2017), libro escrito por su maestro Miguel
Abensour, no hace mucho fallecido y al que le dedica este libro. Ahora bien, no
creo que sea todavía “el momento de concluir” sino que es todavía, siguiendo
los tiempos lacanianos, “tiempo de comprender”. Quizás porque la única
conclusión posible sobre la radicalidad democrática es que no hay conclusión
definitiva, ya que todas las problemáticas que despliega quedan siempre, en
algún sentido, abiertas.
El libro se inicia
con el despliegue en tres escenas de las crisis de la modernidad que estamos viviendo:
en primer lugar, la crisis filosófica después de la muerte de Hegel, en segundo
la crisis de la reproducción social en todas sus facetas (política, económica,
institucional, ecológica) y finalmente la más paradójica de todas, que es la
crisis “de la crisis y su futuro”. Pero la cuestión es que no hay que tratarlas
como crisis puntuales que se dan en la modernidad, sino que son estructurales a
la propia modernidad es una crisis permanente. Este es el signo de estos
tiempos modernos en los que continuamos estando, en el que ya no hay tradición
posible a la que acogerse ni una tierra prometida a la que llegar. Y este
último punto es el que lleva a considerar que el ideal ilustrado también está
agotado. Jordi Riba recurre a un filósofo francés del siglo XIX, Jean-Marie
Guyau, no muy conocido, pero sí muy importante (y que el autor conoce muy bien)
que plantea que para acogerse radicalmente a lo que implica la noción de la
modernidad y sus consecuencias, hay que entenderla como irreligión en lugar de
como secularización. Porque asumir la modernidad quiere decir aceptar la
incertidumbre (buen momento para recordarlo) de la falta de fundamentos, del
cuestionamiento no solo del progreso sino también de la identidad. Siguiendo la
metáfora (un buen recurso, nos recuerda Jordi Riba, como dijeron Blumenberg o
Wittgenstein) es como si estuviéramos en una embarcación sin timón, en la que
no vemos ni de dónde venimos ni adónde vamos, pero en la que hemos de evitar la
deriva y, por supuesto, el naufragio. ¿De que disponemos? De Nosotros mismos.
Aquí aparece la expresiva noción de “fraternidad huérfana”, felizmente
rescatada por Jordi Riba. Ya hace unos años Antoni Doménech nos lo recordó en
su brillante ensayo “El eclipse de la fraternidad”. Ahora, el autor del libro
vuelve a hacerlo desde una perspectiva renovada. ¿Que son la igualdad y la
libertad sin la fraternidad? Algo limitado, que hace perder gran fuerza de este
lema que ha inspirado los movimientos emancipatorios desde la revolución
francesa. Y es un concepto que no puede sustituirse por el de solidaridad (ni
mucho menos por el de “empatía”, añado yo). Porque la fraternidad es, por
definición algo horizontal, entre iguales que cooperan, que comparten y se
ayudan. Y esta fraternidad huérfana ya
no tiene Padre. Esto me sugiere desde “la Muerte de Dios” de Nietzsche hasta
los aforismos de Norman O. Brown en su inclasificable y sorprendente libro “El
cuerpo del amor”, que presenta la fraternidad como la única salida a la Muerte
del Patriarcado y la caída de la Autoridad.
Visto lo anterior
solo hay que dar un paso, que resulta evidente una vez lo hemos hecho, que es
el de entender que la única expresión política coherente con esta fraternidad
huérfana es la comunidad política democrática. Entramos aquí en los dos últimos
capítulos, los más importantes en cuanto a la elaboración política de la
propuesta, que son “El papel de la fraternidad huérfana en la renovación
democrática” y “Pensamiento crítico y democracia insurgente”. Aquí vemos el
peso inspirador que tiene el pensamiento de Abensour en la trayectoria de Jordi
Riba. Pero también la presencia en ambos del imprescindible Claude Lefort. Pero
la “democracia salvaje” de Lefort se transforma en la “democracia insurgente”
de Abensour tomando como referencia una determinada lectura antiestatista de
Marx. Abensour insiste en el necesario
impulso utópico de la democracia: democratizar la utopía y utopizar la
democracia, nos sugiere. Y resulta aquí muy interesante la referencia a
Enmanuel Lévinas de que el elemento utópico debe ser siempre “lo humano”,
entendido como vínculo y como encuentro, tomando la amistad como referencia, no
desde un humanismo abstracto. Lo imprescindible es, en esta línea, despojar a
la utopía del elemento mitológico. La ilusión de la sociedad perfecta por
llegar. El mismo Lefort ya nos avisó que frente a la pérdida de la tradición se
abrían dos vías: la democrática y la totalitaria. Esta tierra firme imaginada
es la que ha creado los totalitarismos, que vienen a ser aquello contra lo que
Guyau nos prevenía: las religiones secularizadas. No, las creencias no sirven.
Hemos de movernos en lo incierto, en este movimiento que nos impulsa a la
emancipación colectiva. Hay que mantener el lugar vacío en el timón: en cuanto
lo ocupa alguien ya restituimos la figura de Otro que nos guía.
Pero los problemas
que aparecen son muchos y profundos. Jordi Riba, afortunadamente no pretende
tener la solución. No es esta la función de la filosofía, sino la de asumir el
riesgo, la de abrirnos nuevos horizontes para entender el mundo en que vivimos
y abrir caminos posibles, pero nunca seguros. Hablamos de una función crítica,
no normativa, de la filosofía. Si aceptamos el planteamiento de Abensour y de
Jordi Riba de una democracia sin Estado, entendiendo por esto último el aparato
burocrático (cuestión que, por mi parte, como defensor del Estado de derecho,
no acabo de compartir del todo), se presentan varias problemáticas:
1 ¿Cómo defender la comunidad política desde el
respeto a la individualidad?
2 ¿Cómo transformar el movimiento democrático en
institución para que pueda sostenerse sin caer un aparato estatal burocrático?
3 ¿Cuál es el papel de las leyes en esta institucionalización?
¿debe cristalizar en una Constitución? ¿Cómo garantizar su cumplimiento? ¿
¿Debemos
considerar la sociedad civil como la sociedad política?
En todo caso hay que recoger la herencia (como hacen Lefort
y Abensour) de Maquiavelo cuando plantea que las oligarquías (“los grandes”)
tienden siempre a establecer relaciones de dominio y el pueblo debe estar
siempre alerta para impedirlo. Me vienen aquí dos referentes complementarios,
que son las de Philippe Pettit, en su definición de la libertad como no-dominación
y Michel Foucault cuando reivindica los “derechos de los gobernados”. De todas maneras,
xlas referencia del libro son múltiples, aparate de los citados: Habermas,
Hanna Arendt, Merleau Ponty, Paul Ricoeur, Jacques Rancière, Alain Badiou, Pierre
Rosanvallon… Un problema es que al no ser un libro muy extenso las alusiones a
puntos sugerentes de estos pensadores no pueden ser desarrolladas.
En todo caso, un
libro muy interesante, como material de reflexión, sobre la apuesta democrática
emancipatoria. Un buen libro para pensar la política desde la filosofía, no
como algo de lo que deben ocuparse solo los políticos sino como algo que nos
incumbe a todos. Este es el primer presupuesto de la democracia, que como nos
decía Cornelius Castoriadis, no es un procedimiento formal sino una cultura.
viernes, 8 de marzo de 2019
SOBRE LA ACTUALIDAD DE LA TEORÍA POLÍTICA DE SPINOZA

Escrito por Luis Roca Jusmet
Baruch Spinoza siempre estuvo interesado teórica y prácticamente por la política. Hay una propuesta ética que el mismo Spinoza considera un camino difícil y, por tanto, en el que no hay que basarse para construir una alternativa política. Por el contrario, no hemos de partir de una idea del humano más perfeccionado de lo que realmente somos. Los humanos somos sujetos sometidos las pasiones y no guiados por la razón. Este le coloca en la tradición de la política realista de Maquiavelo y Hobbes y en contra de utopías como la de Tomás Moro.
jueves, 15 de noviembre de 2018
CHARLES TILLY : UN GRAN SOCIÓLOGO- HISTORIADOR DE LA DEMOCRACIA
Entre otros temas Tilly estudió la formación del Estado Moderno y los procesos de democratización. Tilly siempre consideró que los procesos de democratización fueron resultado de luchas y no de concesiones del poder o de aplicación de una teoría. La democracia es un regimen y un proceso real y conflictivo, no un procedimiento formal.
lunes, 10 de septiembre de 2018
ÉTIENNE BALIBAR : CIUDADANÍA DEL SIGLO XXI
Escrito por Luis Roca Jusmet
Étienne Balibar (1942) es uno de los grandes filósofos que proceden de la cantera althusseriana ( con Jacques Rancière, Alain Badiou o Pierre Macherey). Con este último, por cierto, comparte también su spinozismo.
La revista Enrahonar número 48 aparece un interesante artículo con el título de "los dilemas históricos de la democracia y su relevancia contemporánea para la ciudadanía".
https://www.raco.cat/index.php/enrahonar/article/viewFile/253001/339746
El artículo en cuestión es la transcripción escrita de una ponencia que dio en el congreso celebrado los días 17 y 18 de marzo de 2008 en la Universidad de Pittsbuy sobre "La ciudadanía en el siglo XXI".
El texto se inicia con una pregunta sobre la relación entre la idea de origen romano de ciudadanía ( civites) y la griega de ciudadanía ( politeia, demos ). Parece que para los romanos la sociedad se constituye a partir de los ciudadanos y para los griegos los ciudadanos se constituyen a partir de la comunidad política. Lo que se plantea, en el fondo, es la relación entre el individuo y la comunidad y con el territorio, el espacio donde existe. Lo cual nos conduce a la problemática de los derechos y los deberes de las personas y los colectivos y a la de la relación entre los gobernantes y los gobernados.Y si es compatible con relaciones imperialistas ( Atenas, Francia, EEUU) y con profundas desigualdades sociales. Después de esta sugerente introducción Balibar entra en una triple reflexión muy interesante.
La primera reflexión es sobre la relación entre libertad e igualdad. Balibar no coincide con los que priorizan la libertad ( como el liberal John Rawls), que considera la libertad un valor absoluto y la igualdad un valor relativo. Pero tampoco con lo que, como Jacques Rancière, que sitúa la igualdad por encima de la libertad. Balibar formuló el concepto de "equaliberty" para expresar su posición en este tema y para delimitar el principio básico de todo su discurso político. Para él la democracia no hay que considerarla únicamente como una forma de estado o régimen político. Hay que pensarla como un proceso, como una cultura para perservar y ampliar derechos. Es justamente lo que planteaba Spinoza en su "Tratado político", contrapuesta al totalitarismo ( tal como nos enseñó Claude Lefort). Balibar recurre al concepto de "insurgencia" o "insurrección" ( separándole, de entrada, de su sentido violento) para señalar su naturaleza ( lo cual lleva a ver su afinidad con Miguel Abensour ). Un movimiento, en definitiva, contra las estructuras oligárquicas que construye la ciudadanía universal y democratiza las instituciones.
jueves, 15 de marzo de 2018
TONY JUDT : PENSAR EL SIGLO XX
miércoles, 7 de marzo de 2018
LA DEMOCRACIA COMO EMANCIPACION en CORNELIUS CASTORIADIS
Cornelius Castoriadis (1922-1997) griego de origen y francés de adopción es uno de los referentes contemporáneos para una democracia radical. Aquí teneis un video con una breve entrevista. Si entrais en el post podreis oirle en una más larga entrevista radiofónica y/o leer un artículo bastante amplio que he elaborado sobre este gran teórico de la izquierda creativa.
lunes, 19 de febrero de 2018
ODIO A LA DEMOCRACIA
Reseña de
El odio a la democracia
Jacques Rancière
Amorrortu/editores
138 páginas, 2006
Escrito por Luis Roca Jusmet
Jacques Rancière pertenece a la fructífera generación de filósofos franceses nacidos en los años 40 que fueron discípulos de Althusser, ajustaron cuentas con su maestro y acabaron superándolo con un elaborado trabajo crítico en la tradición de la izquierda radical ( como Balibar, Laclau, Badiou ...). Rancière llega a la conclusión, después de mayo del 68, que Althusser, con su dicotomía ciencia/ideología y su teoría del partido como vanguardia del movimiento obrero lo que está haciendo es formular una ideología del orden.
El libro que nos ocupa es un breve pero extraordinario libro de filosofía política, entendiendo este término como crítica de la opinión, de la ideología ; crítica por tanto del tópico entendido como un lugar común claramente establecido para despojar a un término de su sentido crítico y convertirlo en una pura retórica vacía. Hoy, ya lo sabemos, “todo el mundo hoy es democrático”, desde Arnaldo Otegui hasta Josep Anglada, pasando por Mariano Rajoy o José Luis Rodríguez Zapatero.
Lo que nos propone Rancière es una densa e interesante reflexión que gira en torno a tres ideas claves : 1) La democracia tiene un significado revolucionario claro y preciso al que es necesario volver ; 2) Las sociedades autoproclamadas democráticas son en realidad oligarquías con forma representativa; 3) El odio a la democracia tiene hoy un sentido nuevo y paradójico que hay que entender correctamente para combatir.
jueves, 11 de mayo de 2017
HANNAH ARENDT Y LA CRISIS DE LA AUTORIDAD
sábado, 8 de abril de 2017
SOBRE LA CULTURA LIBERAL

viernes, 29 de julio de 2016
LA DEMOCRACIA COMO EMANCIPACION en Jacques Rancière
La teoría política de Rancière, que es lo mismo que su teoria de la democracia como emnvipación se establece en el libro El desacuerdo. Posteriormente se completa con El odio a la democracia, las entrevistas de Tiempo de Igualdad y la recopilación de artículos en Momentos políticos.
sábado, 3 de octubre de 2015
JOHN LOCKE Y BARUCH SPINOZA : CAPITALISMO Y DEMOCRACIA
Escrito por Luis Roca Jusmet
He de reconocer que me he dejado seducir dos veces por la cómoda seguridad que da el estructuralismo para explicar el capitalismo. Primero me ocurrió con el marxismo de Althusser y segundo con la teoría de la economía-mundo de Wallernstein. Son dos pensadores potentes que en modo alguno quiero subvalorar. Ellos mismos van mucho más allá que las escolásticas que generaron. Pero la visión estructuralista del capitalismo es errónea si no la entendemos en sentido nominalista. Es decir, si pretendemos que realmente hay una estructura permanente desde hace unos siglos a nivel mundial con una lógica global que explica lo que ha ocurrido en este tiempo. Nominalista quiere decir que conceptualizamos algo de manera conceptual, aunque no arbitraria, basándonos en propiedades reales de los procesos. De esta manera capitalismo es un concepto operativo pero que, como cualquier concepto, nos sirve para aproximarnos a la complejidad de lo real.
Con la palabra democracia ocurre lo mismo. Es una palabra que hace referencia a una serie de procesos complejos que unificamos bajo este término. Cualquier definición cerrada de democracia
es limitada. Pero en todo caso debe responder a procesos reales y no ideales. La definición que me gusta más es la del sociólogo historiador Charles Tilly. Dice : "Es una consulta amplia, protegida y vinculante a los ciudadanos".
El capitalismo como sistema económico basado en la lógica del beneficio es, evidentemente antidemocrático. A los empresarios, grandes o pequeños, les mueve el interés de aumentar sus beneficios y no quieren consultar ni pedir permiso a nadie para hacerlo. Y menos sufrir limitaciones por parte de los políticos. Necesitan además al Estado para funcionar : infraestructuras, sistema fiscal favorables, subvenciones, policía, protección legal de la propiedad como ocurre en las patentes. Pero necesitan sobre todo seguridad. La seguridad la necesitamos todos, pero los capitalistas más que nadie, ya que no solo necesitan proteger su integridad física y su libertad de actuar, sino que necesitan además sentirse seguros respecto a sus propiedades.
John Locke es un filósofo inglés que falleció al comenzar el siglo XVIII. Vivió una época histórica convulsa que podemos identificar, entre otras cosas, con la aparición del Estado moderno y el capitalismo en Europa ( sobre todo en su país, Gran Bretaña). Hay que decir aquí que el Estado moderno no es, en sí mismo,ni un instrumento del capitalismo porque tiene su propia lógica. Pero el Estado moderno no tiene tampoco necesariamente nada de democrático. El Estado moderno, como nos explica también Tilly basándose en datos empíricos, tiene que ver con las guerras y con otras muchas cosas diferentes al capitalismo. Genera una oligarquía propia, diferente de la capitalista, aunque pueda, en algunas circunstancias, confundirse o aliarse con ella. Los procesos son complejos.
Locke es considerado a veces por la izquierda por un liberal, ideólogo del capitalismo y contrario a la democracia real. En primer lugar quiero hacer dos puntualizaciones. La primera es que la teoría de las ideologías es muy reduccionista tanto en el caso de Althusser como en el de Wallerstein. En segundo lugar hay que decir que el término liberalismo es posterior a Locke y por lo tanto sería anacrónico aplicárselo a él.
Locke es el primer defensor radical del derecho a la propiedad privada, que considera sagrado. En este sentido su filosofía es favorable a la burguesía de la época. Él forma parte de esta clase y sus teorías representan al sector más progresista de ella. Pero progresista en un sentido ambiguo, ya que lo era en el sentido de avanzar contra los obstáculos de los poderes feudales y monárquicos. Porque lo que quiere la burguesía es privatizarlo todo, empezando por la tierra, que en parte era comunal y en parte pertenecía a la Iglesia, a la nobleza o a la monarquía, pero a veces tenía un uso comunal. Esto no era un progreso para la mayoría de la población, sino todo lo contrario. Quería que la tierra se entendíera como una mercancía. Locke, de todas maneras, tiene una concepción de la propiedad, sobre el papel, condicionada a una función social. No pensó nunca en el capital financiero. En este sentido no sé hasta que punto podríamos entenderlo como un ideólogo del capitalismo.
Locke es, por el contrario, con Baruch Spinoza,uno de los teóricos modernos del poder parlamentario representativo que limita el poder monárquico.Spinoza es holandés y vive por tanto en uno de los países que más han dinamizado todos los cambios que llevarán al capitalismo y al Estado moderno.
sábado, 23 de mayo de 2015
UNA REFLEXIÓN CRÍTICA SOBRE LA DEMOCRACIA ESPÂÑOLA
Politikon
Madrid : Debate, 2014

