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viernes, 2 de mayo de 2025

RENOVAR EL SOCIALISMO




Reseña de

La idea de socialismo. Una tentativa de actualización

Axel Honneth

(traducción de Graciela Calderón)

Ed.Katz, Buenos Aires, 2017

 Escrito por Luis Roca Jusmet

 Axel Honneth (Essen, Alemania,1949) es uno de los filósofos vivos más interesantes dedicados a la problemática éticopolítica de nuestros días. De alguna manera recoge la herencia de la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt (se doctoró bajo la dirección de Habermas). Su trabajo conceptual ha estado especialmente centrada en la noción de reconocimiento y en la ética democrática. En esta ocasión plantea el ambicioso proyecto de renovar la propuesta socialista como proyecto de futuro. Entendiendo por socialismo el conjunto de tradiciones  (anarquista, comunista, socialista en su sentido más específico) de la que se ha nutrido la izquierda. Se trata de abordar la insuficiencia teórica originaria de los socialistas fundadores para ser capaz de revitalizar el socialismo como proyecto emancipador que permita superar los peligros del tardocapitalismo neoliberal.
 Lo primero que hay que entender es que la tradición socialista viene arrastrando una limitación, ya presente desde lo que Marx llamaba el socialismo utópico (Owen, Saint Simón, Fourier, el mismo Proudhon) que consiste en entender los problemas y las soluciones desde una óptica exclusivamente económica. Para todos ellos la organización de la producción está sometida al egoísmo privado, y una vez que seamos capaces de sustituirlo por un cooperativismo, por una asociación libre de productores, entonces se transformará toda la sociedad y conseguiremos la libertad social. Los ideales de la revolución francesa (libertad, igualdad, fraternidad) se verán reflejados en esta transformación radical, que será capaz de integrar la libertad en el marco de la igualdad y la fraternidad.
Aunque Marx aportara mucha consistencia al análisis teórico  y a las propuestas prácticas, tampoco es capaz de salir de este marco teórico, analiza el autor del libro. Lo económico continúa siendo la base de análisis y de propuestas radicales de cambio. Pero además planteará dos problemas que se irán arrastrando en todas las tradiciones que le reclaman como inspirador. Por una parte la idea de que el capitalismo es producto del mercado y que su superación supone la eliminación de este último. Por otra parte el de ligar la posibilidad de cambio a un sujeto revolucionario que es la clase obrera, con lo cual el movimiento emancipatorio queda ligado al industrialismo. La victoria de una clase social se convierte entonces en la promesa de una sociedad sin explotación ni opresión.
 ¿Quiénes son capaces de cuestionar este planteamiento? Fuera del movimiento Honneth cita a John Dewey al formular que, por un lado, el socialismo está sujeto a una concepción cerrada de la historia que le impide entender y recoger las experiencias históricas y por otra entender el valor intrínseco de la cultura democrática. Dentro del propio socialismo solo Bernstein es capaz de salir de este esquema, si nos referimos a la primera mitad del siglo XX. Si vamos ya a la segunda mitad cita a Cornelius Castoriadis ( que lo inicia a partir del grupo “Socialismo y barbarie”) y más tardíamente a Jürgen Habermas. Pero lo que sugiere Honneth es que en este camino hay muchos olvidos importantes. Por una parte el mismo Hegel al plantearla como un organismo global que está subdivido en tres ámbitos: el económico, el político y el de las relaciones personales. Es justamente el haberse centrado en el económico el que le lleva a no ser capaz de recoger aportaciones muy interesantes de otras tradiciones que igualmente estaban planteando alternativas a la idea liberal de libertad. Ideal liberal que entiende la libertad social en un sentido negativo, que es la de poner limitaciones a la libertad individual desde el respeto a las otras libertades. De esta manera se pierden las aportaciones del republicanismo radical de Rousseau y de Kant, que plantean que la libertad social debe entender en un sentido más comunitario o más moral respectivamente. O el propio movimiento feminista, que cuestiona las relaciones familiares y de pareja.

lunes, 16 de agosto de 2021

DE LA ÉTICA A LA POLÍTICA


Escrito por Luis Roca Jusmet

De la ética pasamos a la política. La política debe garantizar el derecho universal. El derecho tiene como función garantizar el que cada cual pueda tener un vida material y éticamente digna. La política debe concretar el derecho en ley y hacer que esta sea efectiva. El Estado es el conjunto de instituciones que lo hace posible.

No creo que la política resuelva la cuestión ética de la buena vida, que cada cual ha de resolver, aunque sea con los otros. No creo tampoco en las promesas de un "hombre nuevo" desde la política. Mi experiencia y mi reflexión me lleva a un escepticismo moderado. Hay mejores y peores formas de gobierno, pero todas tienden al dominio, sea de súbditos ( en el peor de los casos) o de los ciudadanos ( en el mejor). No creo que la ética sea un problema político, aunque si creo que la ética necesita de la política para la emancipación del sujeto. Pienso que lo que se plantea hoy son tres cuestiones: la primera el dilema entre un Estado que se alia con los poderes económicos o un Estado que garantiza derechos a los ciudadanos. La segunda entre un Estado burocrático y un Estado democrático. La tercera entre un Estado que es una red clientelar de privilegios para los gobernantes o es una institución eficiente y transparente para los ciudadanos. Tres cuestiones que están directamente ligadas.

Las mejores referencias políticas que conozco, que están históricamente determinadas, son la Declaración Universal de Derechos Humanos y el Estado democrático y social de derecho. Me parece que recoge lo mejor del republicanismo, del liberalismo y del socialismo. Se concreta en un Estado que tiene como función la garantía de los derechos que aparecen en la declaración. Incluyen la idea del ciudadano como unidad política básica y consideran que el ciudadano es consecuencia del Estado de derecho. Implica la idea de contrato social. Por supuesto que la declaración de derechos humanos es una idea regulativa, una ficción necesaria. Se supone que tenemos estos derechos. Igual que es ficticio el contrato social: se supone que existe este contrato y que todos debemos respetarlo. No digo que no hayan otras opciones sino que son las mejores que conozco.

Tampoco me consta que exista un sistema político mejor que la democracia liberal como marco para garantizar un Estado democrático y social de derecho que garantice al máximo los derechos humanos. Pero no es suficiente. Es necesario una cultura democrática y una voluntad política de los gobernantes y de los gobernados para que sea efectiva. Es anticapitalista en su lógica, aunque exista en el capitalismo en estado de tensión, porque va contra su lógica, que es el del aumento incesante del capital. Y porque los derechos han de entrar también en la empresa .

La democracia liberal debería ser constitucionalista y republicana. Es necesaria una Constitución que blinde los derechos fundamentales y no dependa de mayorías políticas. Republicana quiere decir separación de poderes, participación política y libertades políticas. También excluye la figura de una monarquía, aunque no sea lo más importante. Hay monarquías más republicanas que supuestas "repúblicas" sin rey pero sin las condiciones importantes que he expuesto.

Es imprescindible ir hacia alguna forma de Estado mundial porque es la única manera de garantizar derechos, sobre todo laborales, y combatir las estrategias del gran capital. También para frenar la devastación de la naturaleza. La riqueza solo puede redistribuirse de manera justa con un sistema fiscal equilibrado a nivel internacional. No puede hacerse con un Estado mundial centralizado sino con formas federales y confederales.

Para mí, al contrario que en Platón como en Aristóteles, la ética no se realiza en la política. Tampoco pienso, como Epicuro, que la ética se realice al margen de la política. Pienso que la política es necesaria para que la ética sea posible. Reconozco aquí la línea de Spinoza entre los modernos y Michel Foucault entre los contemporáneos. La ética tiene un aspecto singular, porque cada cual elige el camino de su vida. Pero también está el elemento universal que señalaba Kant entre los modernos y Axel Honneth entre los contemporáneos, que lleva al reconocimiento del otro y a la universalidad de los derechos. Esto nos lleva al derecho universal. La política tiene algo de universal, en la medida en que lo que debe hacer es garantizar estos detechos, pero también algo de particular, porque las formas políticas que lo hacen no son siempre, en todo tiempo y lugar, las mismas. Pero el elemento democrático, tal como señalaba Spinoza, siempre debe estar presente.


miércoles, 30 de junio de 2021

CRISIS PERMANENTE. ENTRE LA FRATERNIDAD HUÉRFANA Y UNA DEMOCRACIA INSURGENTE

Crisis permanente. Entre la fraternidad huérfana y una democracia insurgente

Jordi Riba

Barcelona: NED, 2021.







 Escrito por Luis Roca Jusmet

 Jordi Riba es profesor de filosofía de la UAB y también investigador asociado en el laboratorio “Logiques contemporaines de la phiolosophie” de la Universidad París VIII. El libro que nos ocupa continua un conjunto de ensayos que ha ido publicando los últimos años sobre un tema central sobre el que lleva mucho tiempo reflexionando: el papel del individuo en la renovación democrática y su articulación filosófica: “Republicanismo sin república” (2015) y “Crisis, fraternidad y democracia” (2018). Pro también hay que citar su traducción de “La democracia contra el Estado (2017), libro escrito por su maestro Miguel Abensour, no hace mucho fallecido y al que le dedica este libro. Ahora bien, no creo que sea todavía “el momento de concluir” sino que es todavía, siguiendo los tiempos lacanianos, “tiempo de comprender”. Quizás porque la única conclusión posible sobre la radicalidad democrática es que no hay conclusión definitiva, ya que todas las problemáticas que despliega quedan siempre, en algún sentido, abiertas.

 El libro se inicia con el despliegue en tres escenas de las crisis de la modernidad que estamos viviendo: en primer lugar, la crisis filosófica después de la muerte de Hegel, en segundo la crisis de la reproducción social en todas sus facetas (política, económica, institucional, ecológica) y finalmente la más paradójica de todas, que es la crisis “de la crisis y su futuro”. Pero la cuestión es que no hay que tratarlas como crisis puntuales que se dan en la modernidad, sino que son estructurales a la propia modernidad es una crisis permanente. Este es el signo de estos tiempos modernos en los que continuamos estando, en el que ya no hay tradición posible a la que acogerse ni una tierra prometida a la que llegar. Y este último punto es el que lleva a considerar que el ideal ilustrado también está agotado. Jordi Riba recurre a un filósofo francés del siglo XIX, Jean-Marie Guyau, no muy conocido, pero sí muy importante (y que el autor conoce muy bien) que plantea que para acogerse radicalmente a lo que implica la noción de la modernidad y sus consecuencias, hay que entenderla como irreligión en lugar de como secularización. Porque asumir la modernidad quiere decir aceptar la incertidumbre (buen momento para recordarlo) de la falta de fundamentos, del cuestionamiento no solo del progreso sino también de la identidad. Siguiendo la metáfora (un buen recurso, nos recuerda Jordi Riba, como dijeron Blumenberg o Wittgenstein) es como si estuviéramos en una embarcación sin timón, en la que no vemos ni de dónde venimos ni adónde vamos, pero en la que hemos de evitar la deriva y, por supuesto, el naufragio. ¿De que disponemos? De Nosotros mismos. Aquí aparece la expresiva noción de “fraternidad huérfana”, felizmente rescatada por Jordi Riba. Ya hace unos años Antoni Doménech nos lo recordó en su brillante ensayo “El eclipse de la fraternidad”. Ahora, el autor del libro vuelve a hacerlo desde una perspectiva renovada. ¿Que son la igualdad y la libertad sin la fraternidad? Algo limitado, que hace perder gran fuerza de este lema que ha inspirado los movimientos emancipatorios desde la revolución francesa. Y es un concepto que no puede sustituirse por el de solidaridad (ni mucho menos por el de “empatía”, añado yo). Porque la fraternidad es, por definición algo horizontal, entre iguales que cooperan, que comparten y se ayudan.  Y esta fraternidad huérfana ya no tiene Padre. Esto me sugiere desde “la Muerte de Dios” de Nietzsche hasta los aforismos de Norman O. Brown en su inclasificable y sorprendente libro “El cuerpo del amor”, que presenta la fraternidad como la única salida a la Muerte del Patriarcado y la caída de la Autoridad.

 Visto lo anterior solo hay que dar un paso, que resulta evidente una vez lo hemos hecho, que es el de entender que la única expresión política coherente con esta fraternidad huérfana es la comunidad política democrática. Entramos aquí en los dos últimos capítulos, los más importantes en cuanto a la elaboración política de la propuesta, que son “El papel de la fraternidad huérfana en la renovación democrática” y “Pensamiento crítico y democracia insurgente”. Aquí vemos el peso inspirador que tiene el pensamiento de Abensour en la trayectoria de Jordi Riba. Pero también la presencia en ambos del imprescindible Claude Lefort. Pero la “democracia salvaje” de Lefort se transforma en la “democracia insurgente” de Abensour tomando como referencia una determinada lectura antiestatista de Marx. Abensour  insiste en el necesario impulso utópico de la democracia: democratizar la utopía y utopizar la democracia, nos sugiere. Y resulta aquí muy interesante la referencia a Enmanuel Lévinas de que el elemento utópico debe ser siempre “lo humano”, entendido como vínculo y como encuentro, tomando la amistad como referencia, no desde un humanismo abstracto. Lo imprescindible es, en esta línea, despojar a la utopía del elemento mitológico. La ilusión de la sociedad perfecta por llegar. El mismo Lefort ya nos avisó que frente a la pérdida de la tradición se abrían dos vías: la democrática y la totalitaria. Esta tierra firme imaginada es la que ha creado los totalitarismos, que vienen a ser aquello contra lo que Guyau nos prevenía: las religiones secularizadas. No, las creencias no sirven. Hemos de movernos en lo incierto, en este movimiento que nos impulsa a la emancipación colectiva. Hay que mantener el lugar vacío en el timón: en cuanto lo ocupa alguien ya restituimos la figura de Otro que nos guía.

 Pero los problemas que aparecen son muchos y profundos. Jordi Riba, afortunadamente no pretende tener la solución. No es esta la función de la filosofía, sino la de asumir el riesgo, la de abrirnos nuevos horizontes para entender el mundo en que vivimos y abrir caminos posibles, pero nunca seguros. Hablamos de una función crítica, no normativa, de la filosofía. Si aceptamos el planteamiento de Abensour y de Jordi Riba de una democracia sin Estado, entendiendo por esto último el aparato burocrático (cuestión que, por mi parte, como defensor del Estado de derecho, no acabo de compartir del todo), se presentan varias problemáticas:

1   ¿Cómo defender la comunidad política desde el respeto a la individualidad?

2  ¿Cómo transformar el movimiento democrático en institución para que pueda sostenerse sin caer un aparato estatal burocrático?

3   ¿Cuál es el papel de las leyes en esta institucionalización? ¿debe cristalizar en una Constitución? ¿Cómo garantizar su cumplimiento? ¿

   ¿Debemos considerar la sociedad civil como la sociedad política?

En todo caso hay que recoger la herencia (como hacen Lefort y Abensour) de Maquiavelo cuando plantea que las oligarquías (“los grandes”) tienden siempre a establecer relaciones de dominio y el pueblo debe estar siempre alerta para impedirlo. Me vienen aquí dos referentes complementarios, que son las de Philippe Pettit, en su definición de la libertad como no-dominación y Michel Foucault cuando reivindica los “derechos de los gobernados”. De todas maneras, xlas referencia del libro son múltiples, aparate de los citados: Habermas, Hanna Arendt, Merleau Ponty, Paul Ricoeur, Jacques Rancière, Alain Badiou, Pierre Rosanvallon… Un problema es que al no ser un libro muy extenso las alusiones a puntos sugerentes de estos pensadores no pueden ser desarrolladas.

 En todo caso, un libro muy interesante, como material de reflexión, sobre la apuesta democrática emancipatoria. Un buen libro para pensar la política desde la filosofía, no como algo de lo que deben ocuparse solo los políticos sino como algo que nos incumbe a todos. Este es el primer presupuesto de la democracia, que como nos decía Cornelius Castoriadis, no es un procedimiento formal sino una cultura.

                             

 

viernes, 8 de marzo de 2019

SOBRE LA ACTUALIDAD DE LA TEORÍA POLÍTICA DE SPINOZA


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Escrito por Luis Roca Jusmet

 Baruch Spinoza siempre estuvo interesado teórica y prácticamente por la política. Hay una propuesta ética que el mismo Spinoza considera un camino difícil y, por tanto, en el que no hay que basarse para construir una alternativa política. Por el contrario, no hemos de partir de una idea del humano más perfeccionado de lo que realmente somos. Los humanos somos sujetos sometidos las pasiones y no guiados por la razón. Este le coloca en la tradición de la política realista de Maquiavelo y Hobbes y en contra de utopías como la de Tomás Moro.
 Spinoza sufre la intransigencia religiosa de los calvinistas y la política de los Orange. Pero vive una temporada en la que el gran pensionado de Holanda es un liberal, Jan de Witt. Spinoza se posiciona a su favor y deja incluso la redacción de la Ética para escribir su Tratado teológico-político. En el libro pretende sentar las bases para la emancipación de la política de la religión y de la política de los autoritarismos. Lo que quiere defender de manera radical es la libertad de expresión. En los últimos capítulos del libro Spinoza formula su concepción sobre los fundamentos del Estado. Parte del derecho natural, como aquello a lo que nos lleva el conatus, que tendrán una orientación básicamente irracional y nos enfrentará unos con otros, Contra el derecho natural queremos, también por el conatus, conseguir seguridad para vivir sin el peligro de ser atacados por los otros, que podrían seguir un conatus irracional regido por ideas inadecuadas como la avaricia, la soberbia, la venganza o la envidia. Esto nos lleva renunciar al derecho natural a cambio del derecho civil, es decir, de la ley. Este contrato social no implica, como en Hobbes, cambiar libertad por seguridad. No lo implica porque la libertad la entiende Spinoza de una manera diferente que Hobbes. No es la libertad natural de hacer lo que queremos de manera inmediata. A esto Spinoza no lo llama libertad.  La libertad, es, por el contrario, el resultado de un trabajo de transformación. Esto tanto a nivel individual como social, es la capacidad de ser guiados por la razón y superar las pasiones. Pero a nivel política no se puede esperar que los ciudadanos superen sus pasiones. La guía racional no depende de que los ciudadanos sean racionales ni que lo sean los gobernantes. Depende de que lo sean las leyes. Para ello es importante que las leyes están elaboradas por la multitud, por la mayoría. Esto nos lleva a su Tratado político, obra ´póstuma que desgraciadamente interrumpió su muerte justo cuando estaba desarrollando el tema de la democracia Porque la primera parte de este libro es una profundización de lo que ya anticipó en el Tratado teológico-político y la segunda es un análisis de las tres formas posibles de gobierno: monarquía, aristocracia y democracia. El contrato social transforma el derecho natural. A cambio de esta renunciar al poder natural somos libres, que es un poder mejor que el anterior. Porque la libertad es la capacidad de vivir racionalmente y dentro de la racionalidad está, precisamente, el seguir las leyes que nos permiten convivir como ciudadanos. Pasamos del derecho natural al derecho civil, que son las leyes que deben cumplirse, sea por convicción o sea por miedo. Aquí el Estado debe ser la garantía última de que la ley se cumpla y que por lo tanto yo pueda ejercer mi derecho a vivir libre y tranquilo. La libertad quiere decir no ser esclavo, pero implica ser súbdito. Somos esclavos cuando nos sometemos a nuestras pasiones o al dominio de los otros y somos súbditos cuando seguimos las leyes. Libertad no quiere decir independencia, quiere decir autonomía. Los cuerpos están todos en relación y ninguno es independiente de los otros.
 La finalidad del Estado es la libertad, la seguridad y la paz. La paz lo es porque debe regir las relaciones entre los Estados, que también deben ser racionales. Esta sería la expresión del derecho civil, mientras que la del derecho natural es la guerra, en la que las relaciones de confrontación dependen del propio poder, de lo que queremos imponer al otro. La monarquía, aunque tuviera un consejo consultivo, que debería tenerlo, no es buena. No solamente porque puede derivar en tiranía sino porque es contraria a la libertad, que también debería manifestarse en la elaboración de las leyes. La aristocracia sería para Spinoza un buen sistema si se hiciera una buena selección entre los patricios, pero como estos están sujetos a las pasiones, derivaría en oligarquía. Podemos ver una cierta influencia del último Platón, el de las Leyes, y de Aristóteles. En la democracia se excluyen las mujeres y los siervos, porque no tienen autonomía para decidir. Spinoza es un precedente claro de Locke, aunque este insistirá más en el tema del derecho a la propiedad que Spinoza. La política es la constitución de la sociedad civil, que es el conjunto de los ciudadanos.

jueves, 15 de noviembre de 2018

CHARLES TILLY : UN GRAN SOCIÓLOGO- HISTORIADOR DE LA DEMOCRACIA



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Escrito por Luis Roca Jusmet

 En abril del año 2008 murió el sociólogo Charles Tilly, un científico social riguroso, tan brillante como humilde. Siempre estuvo preocupado y comprometido con su realidad social. Su trabajo se desarrolló durante medio siglo y durante este tiempo publicó 50 libros y más de 600 artículos. Su método fue madurando y finalmente considera que los factores estructurales para explicar las sociedad y sus cambios son complejos. Son las condiciones materiales; las identidades colectivas; las relaciones sociales, sobre todo las de poder ; las creencias . Como Wallernstein, Tilly creía en la unidad de las ciencias sociales y de éstas con la historia.
Entre otros temas Tilly estudió la formación del Estado Moderno y los procesos de democratización. Tilly siempre consideró que los procesos de democratización fueron resultado de luchas y no de concesiones del poder o de aplicación de una teoría. La democracia es un regimen y un proceso real y conflictivo, no un procedimiento formal.

 Explicó muy bien las luchas de los diferentes grupos por sociales por acceder al poder político. En plena polémica sobre lo que es la democracia es interesante esta formulación de sus hipótesis, no solo fundamentadas desde la reflexión teórica sino también desde lo que nos enseña la historia. Si tenemos, por supuesto, la paciencia de estudiarla con precisión y rigor y sin prejuicios. Tilly nos acepta la falsa identidad entre democracia y liberalismo. La idea de que la democracia moderna surge como fruto del movimiento popular y es una ampliación de la democracia comunal que se desarrolla en la sociedad medieval. Pero los estudios empíricos le señalan que, en algunos casos, el proceso está influenciado por el condicionamiento un país colonizador o con el que se está en guerra. Porque lo que desmonta el autor en este estudio es la consideración que la democracia es la puesta en práctica de un determinado  proyecto político, como se atribuye a la ilustración. Más bien lo que señala Tilly es la contingencia de la historia, su falta absoluta de sentido y finalidad, por lo cual que la democracia es simplemente un efecto de las luchas sociales, una consecuencia muchas veces ni buscada ni rechazada. Quizás sea esta una buena lección de materialismo en una época en que vuelven a resurgir idealismos de todo tipo en los que parece que cada sociedad es producto de las ideas dominantes. Tilly analiza en profundidad Francia, las Islas Británicas y Suiza, y algo más marginalmente la Península Ibérica y los Países Bajos. Prácticamente no entra en procesos que se dan en lugares tan importantes como lo que hoy son Alemania o Italia. Una idea muy interesante de Tilly es su planteamiento de las redes de confianza no sectarias, con la sí vincula directamente la democracia a la sociedad civil, quizás para compensar la importancia que da por otro lado al Estado, al considerar fundamental un poder que garantice la protección de los ciudadanos. 

 Plantea igualmente un análisis interesante sobre la formación del Estado Moderno. Es producto de la interacción de tres factores causales: la guerra y la preparación para la guerra; la aparición de un pode burocrático y las necesidades del capitalismo. Lo define como una organización que controla los medios coercitivos en un determinado territorio. Introduce categoría de ciudadano para agrupar a todos los que entran en esta jurisdicción. La capacidad del Estado depende del control que tiene sobre los recursos, actividades y conexiones que se dan en una sociedad determinada. El régimen de un Estado se define en función de las relaciones políticas entre ciudadanos y Estado. Un régimen es democrático si las relaciones políticas entre el Estado y los ciudadanos se demuestran con consultas vinculantes, amplias, iguales y protegidas. Vinculante quiere decir que las consultas obligan al Estado. Amplias en el sentido de una inclusión lo más general posible de la gente que está bajo esta jurisdicción. Igual en el sentido de universalidad de derechos. Protección quiere decir que el ciudadano tiene una defensa frente a la arbitrareidad del Estado. Estos aspectos implican el grado de democratización o desdemocratización de una sociedad determinada. La conclusión de Tilly es que no hay una relación directa entre democracia y capacidad del Estado, ya que una cuestión no depende directamente de la otra. Para desarrollar la democratización es importante que se den cambios en las redes de confianza, la desigualdad de categorías y los centros de poder autónomos. Las redes de confianza son grupos que, al margen del Estado, tienen un poder propio relacionado con la pertenencia a un determinado grupo y que discrimina a los que están fuera. La democratización tiene lugar cuando se da un proceso de igualdad política, es decir de participación política que integra a toda la ciudadanía. La conclusión de Tilly es que la democracia es un proceso dinámico y complejo que siempre amenazado de involución. Pero es la lucha popular y no las ideas de los gobernantes la que la sostiene.

lunes, 10 de septiembre de 2018

ÉTIENNE BALIBAR : CIUDADANÍA DEL SIGLO XXI






Escrito por Luis Roca Jusmet

 Étienne Balibar (1942) es uno de los grandes filósofos que proceden de la cantera althusseriana ( con Jacques Rancière, Alain Badiou o Pierre Macherey). Con este último, por cierto, comparte también su spinozismo.
 La revista Enrahonar número 48 aparece un interesante artículo con el título de "los dilemas históricos de la democracia y su relevancia contemporánea para la ciudadanía". 

https://www.raco.cat/index.php/enrahonar/article/viewFile/253001/339746

 El artículo en cuestión es la transcripción escrita de una ponencia que dio en el congreso celebrado los días 17 y 18 de marzo de 2008 en la Universidad de Pittsbuy sobre "La ciudadanía en el siglo XXI".
 El texto se inicia con una pregunta sobre la relación entre la idea de origen romano de ciudadanía ( civites) y la griega de ciudadanía ( politeia, demos ). Parece que para los romanos la sociedad se constituye a partir de los ciudadanos y para los griegos los ciudadanos se constituyen a partir de la comunidad política. Lo que se plantea, en el fondo, es la relación entre el individuo y la comunidad y con el territorio, el espacio donde existe. Lo cual nos conduce a la problemática de los derechos y los deberes de las personas y los colectivos y a la de la relación entre los gobernantes y los gobernados.Y si es compatible con relaciones imperialistas ( Atenas, Francia, EEUU) y con profundas desigualdades sociales. Después de esta sugerente introducción Balibar entra en una triple reflexión muy interesante.
 La primera reflexión es sobre la relación entre libertad e igualdad. Balibar no coincide con los que priorizan la libertad ( como el liberal John Rawls), que considera la libertad un valor absoluto y la igualdad un valor relativo. Pero tampoco con lo que, como Jacques Rancière, que sitúa la igualdad por encima de la libertad. Balibar formuló el concepto de "equaliberty" para expresar su posición en este tema y para delimitar el principio básico de todo su discurso político.  Para él la democracia no hay que considerarla únicamente como una forma de estado o régimen político. Hay que pensarla como un proceso, como una cultura para perservar y ampliar derechos. Es justamente lo que planteaba Spinoza en su "Tratado político", contrapuesta al totalitarismo ( tal como nos enseñó Claude Lefort). Balibar recurre al concepto de "insurgencia" o "insurrección" ( separándole, de entrada, de su sentido violento) para señalar su naturaleza ( lo cual lleva a ver su afinidad con Miguel Abensour ). Un movimiento, en definitiva, contra las estructuras oligárquicas que construye la ciudadanía universal y democratiza las instituciones. 

jueves, 15 de marzo de 2018

TONY JUDT : PENSAR EL SIGLO XX




Escrito por Luis Roca Jusmet



Tony Judt es uno de los más lúcido historiadores del siglo XX, especialmente de los acontecimientos posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Desgraciadamente murió el año 2010, a los 65 años, víctima de una de una esclerosis lateral amiotrófica. Una enfermedad devastadora que va paralizando el cuerpo hasta la muerte pero manteniendo la mente intacta. Judt, testigo impotente de sus enfermedad, aceptó en el transcurso de esta participar en una conversación con un profesor de historia de la Universidad de Yale: Timothy Snydeer. Era un historiador más joven ( nacido en 1969) pero igualmente brillante.

Esta conversación viene a ser uno de los testamentos intelectuales de Judt. En ella, de manera informal, nos muestra unas opiniones personales, pero siempre con una base científica muy consistente. De esta manera combina sus extraordinarios conocimientos con elementos biográficos y una postura de izquierdas muy clara. Pero la radicalidad de Judt le aleja, paradójicamente, de los extremos. Quiere llegar al fondo de las cuestiones, sin concesiones, y esto le lleva a un escepticismo no derrotista pero posibilista. A pesar de todo, Tony Judt, continua defendiendo la opción socialdemócrata como la mejor alternativa política.


El libro está estructurado en varias partes, todas ellas muy interesantes, que vienen a seguir un itinerario biográfico. A partir de los detalles personales de la vida de Judt vamos entrando, desde cada contexto biográfico, en problemáticas muchos más amplias. Empezamos con la infancia de un niño de la clase media-baja londinense, cuyos orígenes son judío y centroeuropeo. Ambiente de izquierdas, en la que su padre militaba en grupos marxistas radicales. Estudiante brillante de Cambrigde, cada vez más comprometido con la causas sionista. Judt participará varias temporadas en la experiencia de los kibutz. Parecía cumplir un ideal a la vez sionista y socialista. Pero el joven Judt, no dado a los fanatismo y con una gran capacidad crítica, ve dos graves problemas. El primer lugar el carácter sectario del sionismo y su racismo cultural hacia los palestinos y los árabes; y en segundo lugar el carácter opresivo del comunitarismo de los kibutz. En la reflexión paralela que realiza Judt sobre su itinerario académico señala una cuestión muy interesante. La educación comprensiva promovida por el Partido laborista con unas intenciones igualitaristas acabó dando lugar a una enseñanza más clasista. Lo que ocurrió es que se acabó la meritocracia en la que un hijo de familia trabajadora podía destacar por su capacidad, motivación y esfuerzo. La enseñanza pública pasó a ser asistencial y la promoción académica y profesional solo fue- posibles desde la enseñanza privada, donde fueron a parara todos los miembros de las clases medias.

Posteriormente Tony Judt nos hablará de sus experiencias en París y en California, en la intensa vida social de finales de los sesenta. En París desarrolla unos estudios que le llevan a un análisis muy serio y muy intempestivo sobre lo que significó el fascismo y el comunismo para los intelectuales de entreguerras. Había un desprecio común hacia el parlamentarismo y una búsqueda de opciones radicales basadas en la promesa de un hombre nuevo. Con su libro Pasado imperfecto Judt analizará a los intelectuales sin piedad a los franceses de izquierdas de esta época.

A finales de los años setenta, con el nuevo gobierno de Margareth Tatcher, Tony Judt , brillante profesor universitario e historiador, vuelve a Gran Bretaña. Aquí hay una reflexión sobre lo que ocurre en los países del socialismo real y como se enfrentan a ello los intelectuales marxistas europeos. Lo hacen, considera, de tres maneras. Uno era recurrir a figuras clásicas y críticas como Karl Korsch, Lukás, Rosa Luxemburgo o Gramsci. La segunda era volver al espíritu del joven Marx en su crítica d e la alienación. Finalmente mirar las experiencias de China y de Cuba. El liberalismo más lucido, con gente como Raymond Aron, decía que había que mirar a EEUU frente a la URSS porque era menos malo. Hay aquí todo un análisis, muy matizado, de Judt sobre las diferentes versiones del liberalismo posterior a la Segunda Guerra Mundial.

miércoles, 7 de marzo de 2018

LA DEMOCRACIA COMO EMANCIPACION en CORNELIUS CASTORIADIS


Luis Roca Jusmet




A pesar de que él sabía perfectamente que ésta no podía quedar cerrada, porque la coherencia es de suyo creación, porque él no era el único ser pensante –por mucho que a cada cual le cueste admitir eso- y porque quedan tantas preguntas por responder (una infinidad, precisamente una infinidad). Hay una de ellas en concreto que Castoriadis, con todos nosotros en Socialismo o Barbarie, hemos ignorado, no fuimos los únicos, pues ante ella el pensamiento del siglo, y en última instancia la razón humana misma, vacila o pasa de largo. Me estoy refiriendo, evidentemente, a la cuestión planteada por el hecho concentracionario, la Shoa, los genocidios, es decir el derrumbamiento, bajo los golpes del nihilismo capitalista, de la certidumbre de “questo è un uomo”. Tal vez Castoriadis hubiera debido considerar este espanto ante lo indeterminado del ser, germen de toda la locura del siglo XX, como una de las “significaciones imaginarias” (por emplear su vocabulario) centrales de la sociedad moderna, Por otra parte ¿cómo se entreteje esto con la búsqueda de la autonomía? ¿Sabremos vivir con esta angustia sin volvernos locos? ¿Seremos capaces de darle la vuelta, transformándola en goce de la libertad? Etc. Estos interrogantes –y otros, ciertamente- a los que Castoriadis no respondió dejan su obra no solamente inacabada sino abierta.
                                                                  Daniel Blanchard

  Cornelius Castoriadis (1922-1997)  griego de origen y francés de adopción es uno de los referentes contemporáneos para una democracia radical. Aquí teneis un video con una breve entrevista. Si entrais en el post podreis oirle en una más larga entrevista radiofónica y/o leer un artículo bastante amplio que he elaborado sobre este gran teórico de la izquierda creativa.











Cornelius Castoriadis fue un filósofo comprometido en un proyecto revolucionario de tipo emancipatorio. Tuvo la lucidez de desmarcarse de las concepciones dogmáticas de la izquierda y mantener como esencial del proyecto socialista la autonomía personal y la autogestión colectiva. Cada vez más insistió en que la experiencia democrática griega y europea era la única vía que recogía históricamente este proyecto de manera consecuente. La democracia es, para Castoriadis, la sociedad que se crea a sí misma a partir de la participación activa de los ciudadanos y la deliberación sobre el bien común. Lo que hoy recibe engañosamente este nombre no es más que una oligarquía liberal al servicio de una sociedad capitalista y burocrática.
Cornelius Castoriadis nace en Constantinopla el año 1922. A los 15 años se afilia a las Juventudes comunistas. Estudia Derecho y Economía y participa en la resistencia antinazi desde la ocupación de abril de 1941. Este mismo año funda un grupo clandestino para reformar el PC griego, aunque al año siguiente optará por el troskysmo, adhiriéndose a la organización liderada por Spiros Stinas.
El año 1945 llega a Francia, se afilia al PCI troskysta pero pronto funda con Claude Lefort una tendencia disidente.. En 1948, después del V congreso, rompen con el partido y fundan el grupo “Socialismo y barbarie”, activo hasta el año 1967. Los análisis teóricos del grupo serán muy innovadores en el campo de la izquierda, ya que optan por un socialismo autogestionario, criticando el papel dirigente de los partidos. Y cuestionan el papel del Estado, al que presentan como una estructura burocrática y antidemocrática. El grupo se autodisuelve y Castoriadis abandona la práctica política directa para dedicarse a la filosofía y al psicoanálisis, mientras ejerce de profesor de Filosofía en la École des Hautes Études en Sciencies Sociales entre 1980 y 1995. Murió el año 1997, a los 75 años.

lunes, 19 de febrero de 2018

ODIO A LA DEMOCRACIA




Reseña de
El odio a la democracia

Jacques Rancière
Amorrortu/editores
138 páginas, 2006

 Escrito por Luis Roca Jusmet

Jacques Rancière pertenece a la fructífera generación de filósofos franceses nacidos en los años 40 que fueron discípulos de Althusser, ajustaron cuentas con su maestro y acabaron superándolo con un elaborado trabajo crítico en la tradición de la izquierda radical ( como Balibar, Laclau, Badiou ...). Rancière llega a la conclusión, después de mayo del 68, que Althusser, con su dicotomía ciencia/ideología y su teoría del partido como vanguardia del movimiento obrero lo que está haciendo es formular una ideología del orden.
El libro que nos ocupa es un breve pero extraordinario libro de filosofía política, entendiendo este término como crítica de la opinión, de la ideología ; crítica por tanto del tópico entendido como un lugar común claramente establecido para despojar a un término de su sentido crítico y convertirlo en una pura retórica vacía. Hoy, ya lo sabemos, “todo el mundo hoy es democrático”, desde Arnaldo Otegui hasta Josep Anglada, pasando por Mariano Rajoy o José Luis Rodríguez Zapatero.
Lo que nos propone Rancière es una densa e interesante reflexión que gira en torno a tres ideas claves : 1) La democracia tiene un significado revolucionario claro y preciso al que es necesario volver ; 2) Las sociedades autoproclamadas democráticas son en realidad oligarquías con forma representativa; 3) El odio a la democracia tiene hoy un sentido nuevo y paradójico que hay que entender correctamente para combatir.

jueves, 11 de mayo de 2017

HANNAH ARENDT Y LA CRISIS DE LA AUTORIDAD






 Escrito por Luis Roca Jusmet

El tema de la Autoridad es un tema que preocupa e interesa especialmente a Hanna Arendt. Lo trata en diversos textos pero le dedica un breve y denso texto que se llama Qué es la Autoridad. Es un escrito muy interesante, claro y denso al mismo tiempo, que nos ofrece un excelente material para pensar en diversos temas fundamentales para la sociedad y la política. Planteo en primer lugar un resumen de lo que formula y en segundo una serie de reflexiones críticas
La tesis de Hanna Arendt es que la Autoridad ha desparecido en la Modernidad en el terreno político, aunque continua en contextos prepolíticos, como la familia o la escuela.. Pero la esfera importante, central, es la de la Política. Hoy, dice Hanna Arendt, ya no existe la Autoridad en la política. Hay, además, una confusión entre Autoridad, Poder y Violencia. Pero hay que entender, dice la filósofa, que son esferas diferentes. Están además en tres registros temporales diferentes : Autoridad ( referida al pasado), Poder ( al presente) y Violencia ( al futuro). La Autoridad implica obediencia, no supone ni argumentación ni tampoco violencia. El poder es horizontal, ya que se comparte una capacidad, una potencia colectiva. La violencia es un instrumento que está en función de un fin que se busca.
La Autoridad supone un reconocimiento. La Autoridad no necesita persuasión ni fuerza para imponerse. El que tiene Autoridad la basa en el lugar que ocupa, en lo que representa. Implica obediencia porque proviene de la Tradición, considerada como actualización de unos orígenes míticos. Hay algo fundacional que conservar. La Autoridad es religiosa porque es un re-ligare, nos liga a algo que está más allá, en este caso a los orígenes.
Otra distinción es entre legitimidad y justificación. La legitimad está relacionada con la Autoridad. La legitimidad se basa en la Institución ( como en el Senado romano) o en la Constitución. Su Autoridad se basa en la Tradición, es decir ene el manteniendo de algo que se fundó, a la que se ele da un carácter religioso, en en sentido de re-ligare, de constitución de la Comunidad política como tal. Un golpe de Estado no es nunca legítimo porque se funda en la división y en el ruptura de la comunidad política. Solo puede establecer regímenes autoritarios, como hizo Franco. La autoridad es diferente del totalitarismo, que se basa en su propia lógica interna, en un Partido que se otorga la totalidad de la política y que se mantiene por la violencia. El totalitarismo es la forma moderna de negación de la Autoridad.
La justificación se basa en los fines ( futuro) mientras que la legitimidad se basa en el pasado. Este pasado es en la tradición republicana se la Ley aceptada y en la dictatorial, que es básicamente la monárquica, la filiación.

sábado, 8 de abril de 2017

SOBRE LA CULTURA LIBERAL

Resultat d'imatges de diez mitos de la democracia
Reseña de

DIEZ MITOS DE LA DEMOCRACIA. Contra la demagogia y el populismo

Alfonso Galindo y Enrique Ujaldón
Córdoba, Almuzara, 2016

Alfonso Galindo y Enrique Ujaldón son dos brillantes representantes de la filosofía política que se hace hoy en nuestro país. Su originalidad consiste en la heroica empresa que se han propuesto, que no es otra que la de dignificar el liberalismo. Estamos hablando de una tradición política que, sobre todo desde el postfranquismo, ha sido tan desconocida como menospreciada. Las razones de esta situación son varias y van desde la debilidad de la tradición liberal en nuestro país hasta el dogmatismo marxista en el que que nos hemos formado muchas generaciones. A ello hay que añadirle el desprestigio que, por proximidad, le ha supuesto la hegemonía del neoliberalismo económico de Margareth Tatcher y Ronald Reagan y sus consecuencias devastadoras. Finalmente, el hecho de que en los años de democracia el liberalismo ha estado representado por corrientes del PP y de CDC, los dos partidos más corruptos de la época. Pero hay también un descrédito que le viene del "no nos representan" del 15M, cuyos dardos apuntaban a la democracia liberal como raíz de la crisis política.
Al margen de todos estos obstáculos estos dos pensadores ya publicaron el año 2014, en la editorial Tecnos, el libro La cultura política liberal. Pasado, presente y futuro, así como diversos artículos sobre el tema en revistas especializadas. El libro que nos ocupa parte de una noción de mito muy fecunda, entendiendo por ello no su abordaje como la de unas ficciones ilusorias, sino entendiéndolo como un conjunto de relatos que dan sentido a nuestros actos. Los mitos tienen, entonces, una función social que hay que valorar en cada caso. No se trata, por tanto, de desmitificar la democracia sino la de mostrar y valorar cada uno de los que aquí se presentan. La reflexión de todos y cada uno de ellos es, en todo caso, interesante, aunque algunos me parecen más conseguidos que otros. Destacaría en este sentido los de la educación, de los derechos y de la política, con los que estoy básicamente de acuerdo. Especialmente relevante me parece el relativo al derecho, muy preciso en su definición de los derechos humanos como una ficción necesaria. Igualmente es muy interesante su análisis del tema de la educación, diferenciando lo que es una educación para la ciudadanía de una transmisión de una ideología políticamente correcta. Tema delicado y complicado, por supuesto, pero del que nos brindan en este escrito una primera reflexión muy interesante. Me parece también muy necesaria su reivindicación de lo política y de lo político, evitando este cajón de sastre que reivindica sistemáticamente la descalificación de los político, con lo que se da pie a un discurso demagógico, que es el caldo de cultivo para el populismo. Es importante mantener el sentido crítico, aunque sin caer en el tópico de una generalización falaz.

viernes, 29 de julio de 2016

LA DEMOCRACIA COMO EMANCIPACION en Jacques Rancière

“Proletarios” significa, ante todo, aquel que no tiene parte, aquellos que viven sin más, y políticamente define aquellos que no son tal solo seres vivos que producen sino sujetos capaces de discutir y de decidir acerca de los asuntos de la comunidad. Así, representar la “parte de los sin parte” quiere decir precisamente vincular la cuestión del estatuto de una u otra categoría a la cuestión más general del poder de cualquiera. El corazón de la subjetividad histórica proletaria fue precisamente la capacidad, no de representar la potencia colectiva, productiva, obrera, sino la de representar la capacidad de cualquiera, la capacidad justamente, en tanto que excluido.
Jacques Rancière



  Introducción
Jacques Rancière es un pensador francés nacido en 1940 y que actualmente es profesor de la Universidad de París XII y ha publicado libros muy interesantes dedicados a la estética, al cine y a la política. Forma parte ( con Alain Badiou i Etiénne Balibar ) de la troika de los que fueron discípulos de Althusser, ajustaron cuentas con su maestro y acabaron superándolo con un elaborado trabajo crítico en la tradición de la izquierda radical. Rancière llega a la conclusión, después de mayo del 68, que Althusser, con su dicotomía ciencia/ideología y su teoría del partido como vanguardia del movimiento obrero lo que está haciendo es formular una nueva ideología del orden.
Lo que Jacques Rancière defiende básicamente es la emancipación intelectual de los trabajadores en base a su capacidad política. En su libro El maestro ignorante, se inspira en un curioso profesor del S.XVIII llamado Joseph Jacotot, que después de una experiencia inesperada llega a la conclusión que cualquier ser humano tiene la capacidad suficiente para entender y aprender una explicación clara. El Maestro tiene la función de dominar con su voluntad la inteligencia del alumno y esto no es otra cosa que animarlo a desarrollar su propia inteligencia para aplicarla a lo que quiere conocer. No es entonces el dominio de una inteligencia sobre otra, ya que esto sería manipular, como sucede en el diálogo socrático, donde el Maestro siempre lleva al interlocutor al lugar que le interesa. Lo que reivindica Rancière es la igualdad de las inteligencias, que lo único que necesitan es voluntad y atención. Y no como resultado de unas prácticas pedagógicas sino como punto de partida. La emancipación de la inteligencia es la única que puede garantizar que la población trabajadora, ilustrada o no, sea capaz de emanciparse políticamente.
Sobre la base de un análisis científico de carácter multidisciplinar sobre lo que es la sociedad capitalista A partir de aquí Marx opina políticamente sobre lo que debe hacer la población trabajadora para emanciparse y crear una sociedad más justa y más libre. Y es una verdadera opinión política que puede entender cualquiera que piense con la razón común. Y porque el pueblo tienen suficiente capacidad como para entender que está explotado sin recurrir a las ciencias sociales.
Rancière no cuestiona el valor de la ciencia pero sí que pretenda concluir en una dictadura de los expertos o un dirigismo de las supuestas vanguardias que conducen al silencio del pueblo. Porque al lado de la ciencia está la opinión, que es la que debe considerarse en política.
 La teoría política de Rancière, que es lo mismo que su teoria de la democracia como emnvipación se establece en el libro El desacuerdo. Posteriormente se completa con El odio a la democracia, las entrevistas de Tiempo de Igualdad y la recopilación de artículos en Momentos políticos.

sábado, 3 de octubre de 2015

JOHN LOCKE Y BARUCH SPINOZA : CAPITALISMO Y DEMOCRACIA






 

Escrito por Luis Roca Jusmet

 He de reconocer que me he dejado seducir dos veces por la cómoda seguridad que da el estructuralismo para explicar el capitalismo. Primero me ocurrió con el marxismo de Althusser y segundo con la teoría de la economía-mundo de Wallernstein. Son dos pensadores potentes que en modo alguno quiero subvalorar. Ellos mismos van mucho más allá que las escolásticas que generaron. Pero la visión estructuralista del capitalismo es errónea si no la entendemos en sentido nominalista. Es decir, si pretendemos que realmente hay una estructura permanente desde hace unos siglos a nivel mundial con una lógica global que explica lo que ha ocurrido en este tiempo. Nominalista quiere decir que conceptualizamos algo de manera conceptual, aunque no arbitraria, basándonos  en propiedades reales de los procesos. De esta manera capitalismo es un concepto operativo pero que, como cualquier concepto, nos sirve para aproximarnos a la complejidad de lo real.

 Con la palabra democracia ocurre lo mismo. Es una palabra que hace referencia a una serie de procesos complejos que unificamos bajo este término. Cualquier definición cerrada de democracia
es limitada. Pero en todo caso debe responder a procesos reales y no ideales. La definición que me gusta más es la del sociólogo historiador Charles Tilly. Dice : "Es una consulta amplia, protegida y vinculante a los ciudadanos".
 El capitalismo como sistema económico basado en la lógica del beneficio es, evidentemente antidemocrático. A los empresarios, grandes o pequeños, les mueve el interés de aumentar sus beneficios y no quieren consultar ni pedir permiso a nadie para hacerlo. Y menos sufrir limitaciones por parte de los políticos. Necesitan además al Estado para funcionar : infraestructuras, sistema fiscal favorables, subvenciones, policía, protección legal de la propiedad como ocurre en las patentes. Pero necesitan sobre todo seguridad. La seguridad la necesitamos todos, pero los capitalistas más que nadie, ya que no solo necesitan proteger su integridad física y su libertad de actuar, sino que necesitan además sentirse seguros respecto a sus propiedades.
 John Locke es un filósofo inglés que falleció al comenzar el siglo XVIII. Vivió una época histórica convulsa que podemos identificar, entre otras cosas, con la aparición del Estado moderno y el capitalismo en Europa ( sobre todo en su país, Gran Bretaña). Hay que decir aquí que el Estado moderno no es, en sí mismo,ni un instrumento del capitalismo porque tiene su propia lógica. Pero el Estado moderno no tiene tampoco necesariamente nada de democrático. El Estado moderno, como nos explica también Tilly basándose en datos empíricos, tiene que ver con las guerras y con otras muchas cosas diferentes al capitalismo. Genera una oligarquía propia, diferente de la capitalista, aunque pueda, en algunas circunstancias, confundirse o aliarse con ella. Los procesos son complejos.
 Locke es considerado a veces por la izquierda por un liberal, ideólogo del capitalismo y contrario a la democracia real. En primer lugar  quiero  hacer dos puntualizaciones. La primera es que  la teoría de las ideologías es muy reduccionista tanto en el caso de Althusser como en el de  Wallerstein. En segundo lugar hay que decir que el término liberalismo es posterior a Locke y por lo tanto sería anacrónico aplicárselo a él.
  Locke es el primer defensor radical del derecho a la propiedad privada, que considera sagrado. En este sentido su filosofía es favorable a la burguesía de la época. Él forma parte de esta clase y sus teorías representan al sector más progresista de ella. Pero progresista en un sentido ambiguo, ya que lo era en el sentido de avanzar contra los obstáculos de los poderes feudales y monárquicos. Porque lo que quiere la burguesía es privatizarlo todo, empezando por la tierra, que en parte era comunal y en parte pertenecía a la Iglesia, a la nobleza o a la monarquía, pero a veces tenía un uso comunal. Esto no era un progreso para la mayoría de la población, sino todo lo contrario. Quería que la tierra se entendíera como una mercancía. Locke, de todas maneras, tiene una concepción de la propiedad, sobre el papel, condicionada a una función social. No pensó nunca en el capital financiero. En este sentido no sé hasta que punto podríamos entenderlo como un ideólogo del capitalismo.
 Locke es, por el contrario, con Baruch Spinoza,uno de los teóricos modernos del poder parlamentario representativo que limita el poder monárquico.Spinoza es holandés y vive por tanto en uno de los países que más han dinamizado todos los cambios que llevarán al capitalismo y al Estado moderno.

sábado, 23 de mayo de 2015

UNA REFLEXIÓN CRÍTICA SOBRE LA DEMOCRACIA ESPÂÑOLA







Politikon

La urna rota. La crisis institucional del modelo español

Madrid : Debate, 2014

Politikon es el proyecto de un equipo de siete jóvenes, académicos unos y profesionales los otros. que desde el año 2010 están realizando análisis y propuestas en diversos campos de la realidad social, política y económica. Lo hacen desde su página www.politikon.com. Ellos son : el sociólogo Jorge Galindo, el ingeniero informático Kiko Llaneras, el economista y analista internacional Ocatvio Medina, el historiador y politólogo Jorge San Miguel, el politólogo Pablo Simón y el también politólogo Roger Sanserrich. Todos ellos han nacido en España ( exceptuando al último, que sin embargo estudió en Barcelona y Madrid) entre 1979 y 1988, es decir en la España constitucional y postfranquista. No han vivido la transición sino sus consecuencias.
La urna rota, lo digo de entrada, me parece un análisis imprescindible para entender la crisis política que vivimos, sus causas y sus posibles soluciones. Es muy riguroso, se expresa en un lenguaje claro,no tienen prejuicios y pretender aproximarse de una manera objetiva al problema y ser razonables en las propuestas. Ahora bien, hay que marcar de entrada sus límites. Me parecen que son dos. El primero es que no enmarcan la cuestión política en la economía-mundo capitalista, con lo cual se escapan cosas tan importantes como la influencia de los lobbies, las puertas giratorias y la propia dependencia del poder político del poder económico por la necesidad de endeudarse. La segunda que a nivel de soluciones no quieren salir de los planteamientos de la democracia liberal. Esto quiere decir que no hablan de posibles redes participativas, aunque indirectamente traten la necesidad de una mayor participación ciudadana. Pero queda muy en el aire y no se plantean propuestas en este sentido. Tampoco se plantean lo que que algunos analistas de la política de nuestro país, como por ejemplo José Luis Moreno Pestaña, sería la sillada fundamental a los problemas que el libro plantea, que es el sorteo y la rotación de cargos políticos. Valga este comentario no como una crítica sino como una reflexión complementaria. El libro habla de lo habla, plantea lo que plantea y lo hace bien, muy bien. Es una lástima que la aparición de Podemos, primero, y de Ciudadanos, después, fuera posterior a la publicación del libro. Las cosas cambian y lo hacen rápido. Pero Politikon nos da elementos interesantes para entender estos nuevos fenómenos políticos. Y es muy útil el análisis que hace del 15-M y del movimiento de los indignados, señalando su grandeza pero también sus limitaciones. Es una protesta activa, una experiencia interesante pero acaba dominando la minoría organizada sobre la mayoría desorganizada. Esto ya lo señaló mi amigo José Luis Moreno pestaña, al que ya he citado, en sus análisis empírico de las asambleas. Acaban dominando los que tienen más tiempo, más capital simbólico y más retórica. Sobre todo por mitos como el de las listas abiertas, que como muestra este libro tampoco es una panacea.
La primera parte del libro trata del problema y sus causas. Hace, por utilizar una metáfora médica, el diagnóstico. Considera que los problemas se pueden desglosar en cinco apartados. El primero lo llama partidos defectuosos, élites mediocres. El estudio realiza un estudio histórico de los grandes partidos españoles y su procedencia, la mayoría en la clandestinidad durante el franquismo. Aquí podrían haber afinado algo más. También encuentro a faltar un elemento importante para entender las fidelidades partidistas, que es la identificación. Es decir, como la identificación con un partido forma parte de nuestro imaginario personal y es dificil desprenderse de él. La relación de los militantes, simpatizantes o incluso parte de los votantes no es desde la distancia, como un cliente que analiza un producto que va a consumir, sino como algo que forma parte de nosotros mismos, que nos da una cierta identidad. Hay, esto sí, una crítica muy justa a ideas como la de "pueblo" o "voluntad general" en lugar de voluntad de los ciudadanos. En este sentido sí que la base liberal del análisis me parece fundamental porque sin ella no hay Estado de Derecho posible. También es importante la cuestión de la profesionalidad de los políticos. ¿ Deben existir políticos profesionales o deben ser ciudadanos que se dedican a la política ? Desde su óptica liberal nuestros analistas apuestan por la profesionalidad bajo los argumentos de la competencia y la experiencia. Entramos luego en la cuestión del sistema electoral. He de reconocer que aquí sí que la lectura de esto libro me ha resultado muy clarificadora. Sobre todo para ver que nuestro sistema electoral combina lo peor de las dos alternativas más claras. Una es la de un sistema que favorece a los partidos mayoritarios pero con listas abiertas que responsabilizan a sus candidatos delante de los votantes, con lo que es más fácil exigir cuentas a los partidos y a los candidatos. Es el sistema anglosajón. Otro es el sistema de los Países bajos o de Israel que se favorece la máxima proporcionalidad entre votos y representación, con lo cual gobiernan muchos partidos que se presentan con listas cerradas. Aquí el voto se ve más representado en el Parlamento pero las responsabilidades se diluyen y a veces un pequeño partido puede imponerse como una alianza necesaria. En la cuestión siguiente que es el del funcionamiento interno de los partidos aparece la ley señalada por Robert Michels, que es que todos los partidos tienden a la oligarquía. Los autores lo señalan como uno de los grandes problemas de nuestros partidos, en los que se valora la lealtad ( quizás sería más duro y más claro decir obediencia) por encima de otras cosas. Más bien parece que quien destaca es visto como el líder como un competidor y es, por tanto, ninguneado o expulsado. Esto ocurre por la mala combinación de un sistema electoral que beneficia a los grandes partidos y que presenta listas cerradas totalmente bloqueadas. Esto enlaza con otras cuestiones muy importantes, que nos llevan a los otros problemas graves, el de la corrupción, el de hiperpoloitización de la administración y el de la existencia de la burbuja inmobiliaria como cierre del terrible cícrulo vicioso que nos ha llevado a una crisis especialmente grave en nuestro país.

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