Escrito por Luis Roca Jusmet
Si seguimos las indicaciones de Nicolás
Abbagano en su Diccionario de Filosofía
podemos considerar que la diferencia entre imaginación y fantasía
se basa en una distinción moderna establecida por los racionalistas
franceses en su lógica de Port Royal, que pasan a considerar la fantasía como una
imaginación sin regla o freno. Kant, en esta misma línea consideraría que
la fantasía es la imaginación en cuanto que produce imágenes sin
quererlo. Desde el polo opuesto, el romanticismo exalta la fantasía en su
carácter de imaginación creadora. Podemos constatar en todos los casos
un elemento común, que es atribuir a la fantasía un carácter transgresor con
respecto a las reglas ordinarias del conocer. Esta cuestión se valora
negativamente desde una epistemología realista en su versión más clásica, en la medida en que considera
que se quiere sustituir el mundo real por otro irreal.

Pero lo que centrará mi trabajo teórico sobre la
fantasía es la vinculación que podemos establecer a través de ella entre
las nociones de imaginario, de simbólico y de deseo. La
tradición psiconalítica es la que ha elaborado más esta noción de fantasía,
y esto desde el nuevo horizonte abierto por Freud hasta las brillantes
aportaciones de Melaine Klein, Jacques Lacan o Jean Laplanche .
Se la concibe
en esta línea como un elemento estructurante de la vida del sujeto, en
el sentido de que su actividad es la que
modela y organiza el psiquismo desde el deseo. Para entrar en este
planteamiento de la fantasía y sus vicisitudes, nos orientaremos por lo
que dicen Jean Laplanche y Jean-Bertrand Pontalis en su riguroso y clarificador
Diccionario de psicoanálisis.
Lo primero que sugieren es la dificultad de traducción al francés del término
alemán phantasie ( que es el originario freudiano), porque éste tiene un
sentido excesivamente amplio que le da una cierta ambigüedad, ya que se refiere
a la vez a la facultad y al producto de la actividad. La
traducción francesa elegida mayoritariamente es fantasme, que le da al
término una resonancia más limitada pero más específicamente psicoanalítica y
que quedó plenamente consolidada por la
corriente lacaniana ( en contra de la opinión de Daniel Lagache, que quería
traducirlo por fantasie, que refleja mejor para él este doble aspecto
de actividad creadora y de sus
producciones). La definición propuesta por Laplanche y Pontalis es muy
interesante: " Guión imaginario en el que se halla presente el sujeto y
que representa, en forma más o menos deformada por los procesos defensivos, la
realización de un deseo y, en último término, un deseo inconsciente. La
fantasía se presenta bajo distintas modalidades: fantasías conscientes o
sueños diurnos; fantasías inconscientes que descubre el análisis
como estructuras subyacentes a un contenido manifiesto, y fantasías
originarias."
La teoría psicoanalítica habla de lo que Freud
llamaba la novela familiar del neurótico, que es el resultado de la
narración imaginaria que el neurótico se inventa sobre su historia familiar, es
decir, que siendo una verdad-a-medias adquiere desde el punto de vista psíquico
un peso absoluto en el psiquismo del sujeto. Los factores que intervienen en la
formación de esta narración son variados: deseo edípico, confrontación con el
progenitor del mismo sexo, rivalidad fraterna. Pero no sólo el neurótico
sintomático el que realiza esta novela imaginaria, sino cualquier ser humano en la solución
subjetiva de su devenir edípico. Esto nos lleva a la formulación radical
del psicoanálisis, planteada por Freud y por Lacan, de cuestionar los límites entre el sujeto
psíquicamente normal y el sujeto anormal, para acabar afirmando que
todos tenemos una estructura clínica que, latente o manifiesta, siempre estará
presente. La implicación es que incluso los sujetos supuestamente
normales tienen una estructura
neurótica ( histérica, obsesiva o fóbica) perversa o psicótica ( esquizofrénica,
paranoica o melancólica). La estructura puede manifestarse o no, según la
determinación biografía de cada sujeto, pero desde esta planteamiento todos arrastramos,
en mayor o menor medida, alguna ficción sobre nuestra propia historia familiar,
que sería uno de los aspectos que configurará nuestra fantasía personal.