¿ Reforzar o superar el yo ?
Luis Roca Jusmet
El yo es un significante cuyo significado es relativamente confuso por los múltiples enfoques desde donde puede plantearse la cuestión. Podemos entenderlo de entrada como sujeto. El sujeto es un efecto del lenguaje (simbólico) y la autoconciencia ( imaginaria). El sujeto de un cuerpo es su capacidad reflexiva y lo que posibilita su transformación. El sujeto es causa y efecto de la ley.
El yo simbólico es el de la persona, es decir el de la máscara. Es la identidad social que viene condicionado por el status o rol social. El margen que deja el yo simbólico lo ocupa el yo imaginario ( la imagen singular con la que nos identificamos). El yo simbólico que domina en las sociedades tradicionales y va declinando en la modernidad.
El yo opera también en lo imaginario. Es efecto de la autoconciencia, que nos permite reconocernos en una imagen especular. La identificación con esta imagen genera el narcisismo, que a nivel primario es necesario pero que si se fija como si fuera una entidad se convierte en una trampa, la del ego. Nos convertimos en esclavos de nuestra propia imagen, que se convierte en un ídolo que nos causa goce o sufrimiento.
Fenomenología del yo (4)
En la base del yo imaginario y el simbólico está el yo corporal. Lo podríamos definir como "la imagen que tiene el cuerpo de sí mismo", no en sentido especular o narcisista sino como capacidad perceptivas. El cuerpo como organismo autónomo implica este yo corporal.
El carácter, es decir la estructura afirmativa y defensiva de cada individuo, está en el límite entre lo simbólico, lo imaginario y lo corporal. Como dice el sociólogo Richard Sennett la sociedad líquida lleva a una corrosión del carácter, que pierde consistencia.
Algunas tradiciones espirituales ( hinduismo, budismo, taoísmo) plantean que la liberación pasa por el desprendimiento del yo ( simbólico e imaginario) y un mantenimiento del yo corporal hasta la muerte física. Pero lo que le sucede al yo corporal ocurre desde la no-identificación. El sufismo y la mística cristiana coinciden con esta perspectiva. Liberados de nuestro pequeño yo aparece el Absoluto ( llámese Dios o Conciencia). Es la no-dualidad
En todo caso, todas las corrientes que plantean superar el yo están de acuerdo en que primero hay que construirlo. Pero la clave es que hay que construir el yo sin identificarse con él, es decir sin experimentarlo cómo una entidad separada. Esto quiere decir que necesitamos un carácter sólido, consistente, para movernos de la mejor manera en este mundo. Pero que hay que saber su carácter ilusorio y no caer en la trampa narcisista de buscar la satisfacción a través del amor a la imagen que refleja.

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