jueves, 30 de diciembre de 2010

ŽIŽEK Y LA IZQUIERDA RADICAL


    Artículo escrito por Luis Roca Jusmet 

La izquierda, plantea Žižek, vive una de las peores crisis de su historia. Una de las causas es la incapacidad para enfrentarse con su propio trauma, que es el estalinismo. La izquierda no tiene una teoría de lo que fue el estalinismo, prefiere correr un tupido velo y esto le lleva a veces a utilizar el lenguaje de la derecha liberal para explicarlo. Hay en el estalinismo, dice Zizek, algo enigmático y desconocido. El estalinismo tiene algo de verdad, la de la Revolución de Octubre. Es un discurso perverso a través del cual habla el Gran Otro de la Historia. Nos convertimos en el objeto de goce de este Gran Otro, en su instrumento. Hay también un retorno de lo reprimido, que es la muerte de la Revolución de Octubre. Lo reprimido vuelve contra todo el mundo. Aquí no hay chivo expiatorio, todos son culpables y cualquiera puede ser eliminado. Es totalmente diferente que el nazismo, que es un discurso paranoico, centrado en la figura del chivo expiatorio, en la violencia irracional desencadenada contra él. El estalinismo no contiene lo que el nazismo tiene de simulacro, de mentira, de espectáculo.
La primera opción que critica es, por supuesto, la de la izquierda liberal, la de la Tercera que viene a ser una alternativa de gestión del tardocapitalismo globalizador. Žižek le reconoce una coherencia al plantear un capitalismo con rostro humano y defender mejoras dentro del propio sistema. Pero la paradoja, como hemos dicho antes, es que al someterse a las reglas del capitalismo universalista, sin defender los intereses de ningún grupo en particular, puede convertirse en el mejor gestor del sistema, puede defender su funcionamiento global mejor que la propia derecha. En esta línea Zizek critica la falsa consistencia de este universalismo en nombre del cual Rawls plantea su teoria de la justicia o Rorty sus reglas formales para salvaguardar el espacio privado de la autocreación individual. No hay individuos racionales que actuan en función de sus intereses racionales como base del contrato social. Porque estos individuos racionales, no mediados ni por el deseo ni por la fantasia, no existen.Tampoco pueden existir estas reglas formales que se convierten en ley universal ( Rorty). Todas las reglas, cualquier ley, está impregnada de goce, que es el alimento del superyo. El deber es una obcenidad, no hay ley universal que no sea patológica.

viernes, 24 de diciembre de 2010

DECRECIMIENTO Y NO-VIOLENCIA


Decrecimiento o barbarie. Para una salida noviolenta del capitalismo
Paolo Cacciari
( traducción de Stefano Puddu Crespellani)
Icaria, 2010, 150 páginas

Escrito por Luis Roca Jusmet

Lo primero que hay que decir del libro es que funciona de una manera casi telegráfica. Esto, en sí mismo, no es ni bueno ni malo. Es bueno si lo que quiere es sugerir y malo si lo que `pretende es profundizar. Si el objetivo del libro es sugerir, entonces el texto sí nos proporciona muchas ideas para desarrollar. Cada una de estas ideas está completada por abundante bibliografía y referencias en la red. Lo cual resulta muy útil para el lector italiano ( la mayoría de indicaciones lo son de libros y de páginas escritas en su lengua y que se contextualizar en experiencias de este país) y menos útil para el no lo es, que seguramente pierde la mayor parte del material. Lo cual no quiere decir que no sea interesante para los legos, ya que nos enteramos) de las múltiples experiencias alternativas vivas en Italia. Nos alegra porque quiere decir que están pasando cosas mucho más interesantes que las que deducimos por los massmedia. Pero nos entristece
constatar que no hay en el país una canalización política de todos estos movimientos y experiencias.
Las palabras decrecimiento y noviolencia funcionan un poco en el texto como mantras salvadores. Éste es un defecto del libro, el de dar un contenido tan absoluto a estas dos palabras, cuando cada una de ellas tiene que matizarse y enmarcar en un planteamiento mucho más problemático. El término decrecimiento funcionó cuando apareció como un concepto revulsivo contra el nefasto paradigma del crecimiento. Crecimiento vinculado al mito del progreso y la lógica del desarrollo capitalista. Cacciari no olvida nunca que el crecimiento que critica es producto de la lógica del capitalismo y no oculta esta palabra como hacen los ecologistas ideológicamente más ambiguos. Pero el concepto es problemático, como bien han señalado economistas críticos como Naredo, ya que más que situar la polémica entre crecer o decrecer deberíamos hacerlo sobre en que aspectos debemos crecer y en cuales decrecer. Aunque hay que reconocer que el mismo Cacciari ya plantea las consecuencias negativas que podría tener el decrecimiento entendido como recesión. Respecto a la noviolencia pasa lo mismo. La aparición de la noviolencia como movimiento fue un avance indudable pero el tema de la violencia es muy complejo, tanto desde el punto de vista de saber si es algo que hay que eliminar o canalizar, como desde la afirmación de que la transformación social será no violenta. Esto último tiene relación con la afirmación de Cacciari de que los medios deben priorizarse a los fines en el movimiento por una sociedad mejor. Está claro que los medios son fundamentales, que hay que tenerlos en cuenta como un elemento esencial pero tampoco hay que olvidar que una transformación radical puede comportar violencia de manera inevitable. El tema del poder es aquí clave y hubiera sido conveniente

SCHOPENHAUER, UN FILÓSOFO INTEMPESTIVO,




Arthur Schopenhauer

Volker Sperling
(traducción de José Antonio Molina Gómez)
Barcelona: Herder, 2010, 246 páginas

 Artículo escrito por Luis Roca Jusmet



En el cientocincuenta aniversario de la muerte de Arthur Schopenhauer vale la pena recuperar muchas reflexiones de este pensador. Aunque misógino y reaccionario no por ello no hay que valorar la riqueza filosófica de muchos de sus pensamientos. A nivel epistemológico, metafísico, antropológico, ético y estético el filósofo alemán formula pensamientos muy interesantes como material para la reflexión. Bastante ninguneado por la propia historia de la filosofía, normalmente se habla de él como a un autor menor o como precursor de Nietzsche. Pero Schopenhauer tiene un peso propio, tan sólido como el del propio Nietzsche o cualquiera de los clásicos que destaca la historia convencional de la filosofía.
Su incidencia posterior ha sido notable, tanto para la filosofía como para la literatura. No sólo por los filósofos contemporáneos que se han dedicado específicamente al estudio de su obra, como Giorgio Colli o Clemènce Rosset, sino también pensadores esenciales del S.XX como Wittgenstein o Cioran, que sin citarlo estuvieron muy influenciados por él. Escritores como Leon Tolstoi, Thomas Mann o Jorge Luis Borges fueron influenciados por él de una manera explícita y personal.
Volker Spierling (Frankfurt, 1947) es un profesor de filosofía de la Universidad de Tubinga que está considerado como uno de los máximos expertos mundiales en la obra del filósofo alemán. El libro pretende sintetizar de manera clara y rigurosa,, y lo hace bien, el pensamiento de Schopenhauer. El recorrido sigue el orden cronológico de su escritos, eligiendo como hilo conductor su pesimismo radical. Desde los escritos preparatorios ( "De la cuadrúple raíz del principio de la razón suficiente", "Sobre la visión y los colores") hasta textos inéditos, pasando por su obra principal y los escritos complementarios.
Su libro esencial, "El mundo como voluntad y representación" es una obra dificil, compleja pero muy interesante. Disponemos en castellano de una excelente versión publicada por la editorial Trotta traducida y comentada por una gran experta en el filósofo de nuestro país, Pilar Gómez de Santa María. Es curioso como Schpenhauer encaja totalmente con la provocadora afirmación del polémico filósofo esloveno Slajov Zizek cuando dice que la filosofía es dogmática, ya que los grandes pensadores lo único que hacen durante su vida es desarrollar y defender sus dos o tres grandes intuiciones juveniles. Este es el caso de Schopenhauer, que ,como él mismo afirma, tiene sus ideas fundamentales en este libro y todos sus trabajos posteriores son complementos y aclaraciones a esta obra.
"Sobre al voluntad en la naturaleza" y "Los dos problemas fundamentales de la ética" son otros textos interesantes sobre los que vale la pena trabajar. Y por supuesto su obra final, muy apreciada por él mismo y que será la que le proporcionará el éxito de público. Me refriero a "Parerga y Paralipómena", curioso título que trata de los trabajos secundarios y suplementos, que es lo que quieren decir estas extrañas palabras ( hay aquí otra excelente edición de Trotta llevada por la misma Pilar Gómez de Santa María). Hay aquí también dos textos muy interesantes de Schopenhauer. Una es su crítica, plenamente actual, contra la filosofía académica que mata el pensamiento con una arrogante mezcla de erudicción y lpedanteria. Otra sus "Aforismos sobre el arte de vivir", muy influenciada por Baltasar Gracián y que paradójicamente él mismo considerará incompatible con su filosofía `profunda, que lleva necesariamente a la conclusión que la vida es esencialmente dolor, sin salida posible.
La actualidad de Schopenhauer ( a la que ya se refirió con esta expresión Horkheimer el siglo pasado). Actualidad que se basa en su carácter intempestivo, en su capacidad para cuestionar los tópicos a los que nos tiene sometido la ideología dominante. Su hipótesis del mundo como representación abre un horizonte nuevo en la filosofía a partir de su lectura radical de Kant a partir del cual aparecerá el perspectivismo de Nietzsche, el ficcionalismo de Vahinger, el neopragamatismo de Rorty o el imaginario radical de Castoriadis. Igualmente su concepción del cuerpo como sujeto del conocimiento es fundamental para superar radicalmente el dualismo cartesiano. Asimismo la antropología schopenahueriana anticipa lo mejor del psicoanálisis a través de sus nociones sobre el inconsciente, la locura y el deseo.

domingo, 28 de noviembre de 2010

LA FELICIDAD



La Felicidad. Todo lo que debe saber al respecto y por qué no es lo más importante de la vida

Wilhelm Schmid
( traducción de Carmen Plaza y Ana R.Calero)

Pre-textos, 2010, 65 páginas

  Artículo escrito por Luis Roca Jusmet

Editorial Pre-textos nos ofrece, en su línea habitual, un libro de formato austero y elegante y de contenido interesante. Se trata de un breve ensayo de Wihelm Schmidt, profesor alemán de filosofía, nacido en 1953; anteriormente la misma editorial nos ofreció un trabajo muy profundo sobre la búsqueda de un nuevo arte de vivir a partir de la obra de Michel Foucault. Schmid, no tan conocido como el anterior o cómo Pierre Hadot , pertenece cómo ellos a una corriente potente en el seno de la tradición filosófica contemporánea que quiere recuperar el sentido originario de la filosofía cómo forma de vida.
Este pequeño ensayo es un trabajo conceptual sobre la noción de felicidad . No es una debate retórico, ya que detrás de la discusión terminológica hay un problema ontológico. Se trata de saber de qué estamos hablando, ya que aunque no se trate de una realidad física y concreta sino de la construcción de un ideal, hay que entender lo que éste representa cómo proceso real.
Schmid se acerca al término dando un inteligente rodeo que pasa por las nociones afines de suerte, bienestar y plenitud. Continúa después por el elemento paradójico que puede contener el concepto y que nos permite hablar, como aquí hace, de la felicidad de la infelicidad. Pero lo que es más interesante es la vinculación entre felicidad y sentido, ya que la primera sólo la podemos entender en el horizonte abierto por el segundo. La pregunta por el sentido es recogida de una manera muy precisa por el filósofo. Resulta igualmente sugerente la relación que hace entre la felicidad y la conexión en sus diferentes formas. El recorrido es brillante, sobre todo teniendo en cuenta su carácter sintético y la poca reflexión filosófica actual sobre el tema.
Dicho esto pasemos a una crítica explícita, que es que no podemos separar totalmente la ética de la política. En este sentido me parece que hay que recuper la tradición aristotélica que vincula necesariamente la primera a la segunda. Podemos hablar de ética específicamente, por supuesto, pero la manera de vivir no puede separar de la sociedad en la que se vive, que está condicionada por el sistema en que está enmarcada. El tardocapitalismo globalizador en que vivimos, y también su posible transformación, tiene mucho que ver con la manera cómo entendemos la felicidad y la manera cómo podemos acceder a ella. Sino reflexionamos las propuestas sobre esta base la crítica al presenta y las alternativas quedan cómo frases esperanzadoras que parecen más bien una declaración de buenas intenciones que una propuesta real y posible.
Pero el libro me hace ver también un peligro, que tiene que ver con la posibilidad de que la filosofía se convierta en una terapia más que nos continua encadenando a un Otro que nos dice lo que hay que hacer. Cuando Kant propuso el sapere aude, es decir el pensar por uno mismo como mayoría de edad del hombre, rechazó cualquier forma de tutorización de un adulto sobre otro. Smidt se defiende de esta acusación planteando que lo que separa la filosofía de los libros de autoayuda es el escepticismo de los filósofos, que nunca dan fórmulas ni certezas. Parece una buena respuesta que permite cuestionar la validez ética de las llamada consultorías filosófica. ¿ Es aceptable que el filósofo, más allá de lo que muestra con una forma de vida que podemos llamar filosófica, quiera, pueda y cobre por asesorar al otro ? ¿ Es justificable la filosofía como una terapia ?

domingo, 14 de noviembre de 2010

Žižek, el capitalismo y el Tea Party


 Artículo escrito por Luis Roca Jusmet


El capitalismo, como ya apuntó Marx, destruye todas las relaciones tradicionales ( familiares, vecinales, amistosas ) para establecer una única relación que es económica. Žižek es interesante porque continua este análisis con aportaciones posteriores, que van desde Althusser a Lacan. El capitalismo se convierte cada vez más, siguiendo su análisis, en una especie de máquina simbólica sin raíces. El horror a este vacío es el que abre paso a todo este tipo de identificaciones imaginarias, ya que los lazos orgánicos entre los humanos que crean la comunidad son eliminados progresivamente.
El capitalismo sustituye así el fetichismo de las personas por el de las mercancías. Por fetichismo de las personas entiende el dar un valor libidinal a un objeto que no lo tiene, en el que cada persona se identifica con lo que representa. Es una identificación simbólica porque nos identificamos con el papel que nos toca representar en el orden social. Es el que se establece en el Discurso del Amo, que es el que establece la dialéctica del amo y el esclavo. El fetiche de la ética pre-capitalista es el Amo, el Maestro, que intenta siempre poner un límite al exceso.
Pero el tardocapitalismo, siguiendo la lógica implacable del capitalismo, acaba destruyendo todos los vínculos, como ya apuntó Marx. En los años 60 la izquierda supuestamente radical, seguidora de Wilheim Reich, planteaba erróneament que el fundamento del capitalismo era la estructura jerárquica y autoritaria que transmitía la familia patriarcal. El tiempo ha desmentido completamente esta hipótesis. El capitalismo destruye también la familia patriarcal y las relaciones jerárquicas en las instituciones y en la empresa porque destruye al Otro, que no tiene donde sostenerse. No necesita prohibiciones, las sustituye por reglas. Sería el paso de la sociedad disciplinaria a la sociedad del control, que ya señaló Foucualt al final de sus análisi. Se acaban las órdenes desde un Otro mientras se van multiplicando las reglas no tienen límite pero no hay un Lugar Simbólico desde las que justificarlas.
Las formas de dominación del capitalismo van cambiando, en el sentido que cada vez más el poder lo ejerce el que tiene la información y la capacidad de decisión, que no tiene porque ser un capitalista ( en el sentido de detentar jurídicamente la propiedad privada de los medios de producción) . En este sentido Žižek apunta que la Unión Soviética ha dado el primer modelo de una sociedad capitalista post-propiedad, en el que la clase gobernante está definida por una burocracia que tiene el acceso directo a los medios ( informativos, administrativos) de poder y control social 
( con todos los privilegios materiales y sociales que comporta ) sin que ello implique la propiedad privada, en el sentido jurídico, de estos medios. China, con su modelo de capitalismo autoritario controlado por el partido sería un producto mixto de esta experiencia, ya que al final ha tenido que restablecer la propiedad privada.
Para Žižek la ideología del tradocapitalismo globalizador es la del discurso universitario, tal como plantea Lacan en su Seminario del año 1969-70, tras el Mayo francés. Es la recuperación que hace el capitalismo de este movimiento, desintegrando lo que tenía de subversivo  para justificar unas relaciones de poder que sustituyen al viejo discurso autoritario del Amo. Éste ya no se presenta como tal, sino como un gestor, cuya justificación es el discurso científico y las tecnologías de la conducta y del yo. Es la sociedad de la evaluación y del control. Este discurso integrará la transgresión como parte del juego establecido : la transgresión ( estética, sexual, estilo de vida) se convierte en la norma. El superyo no dice entonces "Prohibido" sino que dice "!Disfruta!"
  La biopolítica es, entonces, la administración de la vida de los individuos, manipulados para proporcionarles una vida agradable en un mercado que puede ofrecerles todo tipo de satisfacciones para sus demandas. Pero se les que se va vaciando de su condición de sujetos del deseo para convertirlos en objetos pasivos (clientes) de un sistema que los manipula en nombre de gestionarles una vida sana. También les va convirtiéndo veladamente en individuos despojados de su condición real de ciudadanos responsables. La ideología política hegemónica es la liberaldemocrática de la tolerancia, la corrección política y el multiculturalismo. Es el relativismo del todo vale que tiene la función de neutralizar cualquier acto transformador y la utilizar el término totalitarismo para criminalizar cualquier planteamiento revolucionario. Esto lleva a afirmar a Žižek que, paradójicamente, la ideología que mejor representa los intereses globales del capitalismo es hoy la de la pseudoizquierda liberal ( el paradigma era la Tercera Vía de Tony Blair ). Las opciones claras de la derecha pura y dura, como la de Bush, representan más a sectores particulares del Gran Capital ( el de EEUU ) y son menos eficientes para mantener la lógica y el equilibrio del sistema. La función de los populismos de la extrema derecha es la de hacer de complemento ideológico del liberalismo, ya que éste los demoniza para aparecer como representante de la democracia, mientras absorbe de manera “civilizada” lo que ellos proponen de forma salvaje ( por ejemplo: el control de la inmigración )
En este contexto ideológico es importante la ideología del nacionalismo, que aparece como un resto patológico de los lazos simbólicos tradicionales en la modernidad. Si la democracia moderna habla de un sujeto sin atributos ( en el sentido que no hay nada que nos diferencie del otro en esta igualdad formal de derechos) este sujeto busca identidades imaginarias con las que identificarse, una de las cuales sería la nación. Esta pasa a ser entonces una comunidad imaginaria que proporciona una identificación patológica y actúa como un fetiche que oculta los antagonismos sociales básicos ( la lucha de clases) y a la desintegración de los lazos tradicionales.Las luchas se entienden entonces como luchas por la identidad y estas cubren y ocultan el antagonismo social fundamental que es el conflicto entre clases sociales. El fascismo y el populismo no son más que fantasías autoritarias que nos muestran la ilusión imposible de mantener el Discurso del Amo en el tardocapitalismo. Intentan restablecer la fantasía de la comunidad y del orden pero no hay comunidad ni orden posible. El capitalismo tardío evita las identificaciones excesivas, pero entonces estas aparecen como síntoma ( fanatismo). Pero su cinismo deja intacta la fantasía paranoica, que se manifiesta en forma de síntoma. El universalismo del capital se complementa con el fundamentalismo irracional. Se legitima la sagregación en nombre del multiculturalismo.
El capitalismo siempre está en crisis y que cada vez parece más fuerte, que tiene una enorme capacidad de regeneración, y que puede convertir cualquier catástrofe en una nueva fuente de inversión; pero también lo es , como decía Marx , que lo que puede acabar con el capitalismo es el capitalismo mismo, es decir sus contradicciones internas, y algunas son específicas de este tardocapitalismo globalizador que nos toca vivir. Esta implosión se da en varios frentes : el principal es la paradoja de que el propio desarrollo del capitalismo vuelve obsoleta la noción de propiedad privada, ya que el poder depende en gran parte de la información, que ya no está regulado como propiedad privada. Otro es que la irracionalidad propia del sistema capitalista llega a un límite difícilmente sostenible. La bolsa, por ejemplo, se está volviendo tan virtual que lo que determina su valor ya no son las expectativas sino las expectativas de las expectativas. Las grandes corporaciones, en tercer lugar, no basan su fuerza en un mayor desarrollo tecnológico sino en su bloqueo, ya que lo hacen es comprar a las empresas pequeñas para neutralizarlas y que no puedan investigar. Pero Wallernsetein. Por ejemplo, plantea que el Capitalismo como Sistema-Mundo está llegando a su límite, que su lógica está estancada y que ya no tiene recursos para superar esta crisis. No lo sabemos. Lo que sí debemos plantearnos es la progresiva influencia del Tea Party en el país que aun sigue siendo hegemónico, EEUU. Muchos sectores del Gran Capital están financiando este movimiento. La gente se identifica con él porque proporciona identificaciones imaginarias fuertes, una fantasía social comunitaria en el capitalismo salvaje que vivimos. Por otra parte otros sectores del Gran capital, como plantea el mismo Žižek juegan a lo que él llama el capitalismo cultural, que quiere decir invertir en buenas obras, en buenas causas. ¿ Donde conducirá todo esto ? En todo caso parece que la ideología liberal de Obama, Blair o Zapatero está en crisis. El capitalismo necesita para sobrevivir alternativas duras y el Tea Party en EEUU y el triunfo de la derecha y la extrema derecha en Europa apuntan a esta vía.
La combinación de un capitalismo salvaje y un orden político autoritario con un discurso ideológico fundamentalista de tipo cristiano ( o del judaismo en Israel) en los países ricos, combinado con el fundamentalismo islámico de muchos países pobres abre un panorama inquietante. Seguramente la ideología de la tolerancia como mecanismo legitimador del tardocapitalismo ha acabado. Queda la caridad para tranquilizar las conciencias.
Si la izquierda no se renueva y plantea alternativas tan radicales como credibles el panorama es, si no apocalíptico, desolador.

martes, 9 de noviembre de 2010

La antropología como mirada crítica

Cultura, antropología y otras tonterías

Ángel Díaz de Rada

Editorial Trotta, Madrid, 2010, 291 páginas


 Artçiculo escrito por Luis Roca Jusmet

Ángel Días de Rada es un antropólogo, profesor de la UNED del que disponemos una amplia e interesante bibliografía. Su elaboración teórica se sostiene en un consistente trabajo de campo que hace que su autoconsideración de científico social no sea una proclamación retórica. Tiene además la ventaja de cuestionar la antropología como saber compartimentado y de no caer en la mixtificación del positivismo. En este aspecto, aunque no lo cita, me parece que su planteamiento es
coherente con el proyecto de Wallerenstein de buscar una ciencia social histórica unificada que supere el dogma que divide la cultura científica. En este sentido es ejemplar la capacidad del autor de este libro para establecer valoraciones directamente ligadas a afirmaciones empíricas de las ciencias sociales sabiendo establecer los pertinentes matices entre unos y otros.
El término cultura, al igual que el de sociedad son tópicos relativamente modernos, como bien ha señalado el gran sociólogo Raymond Williams. Son, siguiendo la convención, el objeto de estudio respectivo de la antropología y de la sociología, cuya diferencia es tan relativa en el terreno de lo científico como absoluta en el campo de lo académico. El esfuerzo del autor del libro por establecer una definición y una discriminación entre los dos términos es loable pero me parece que peca de excesivo, ya que me parece imposible delimitar con tanta exactitud lo que ambos significan respectivamente. Sociedad sería así para él "la vinculación concreta de agentes concretos" y cultura "la propiedad de dar una forma convencional a la acción social de los seres humanos". Evidentemente la primera definición es más simple y la segunda más elaborada, ya que a ella está dedicada prácticamente todo el libro. En este sentido me parece que la relación entre ambos términos es una cuestión tan fundamental que merecía un tratamiento más amplio que el que le da el libro, que no acaba de resolver con claridad la relación que mantienen.
Uno de los valores del ensayo es la de desmontar concepciones erróneas de lo que significa cultura, muchas de las cuales están ideológicamente consolidadas por el nefasto rendimiento político que tienen. Me parece especialmente interesante la demoledora crítica de la cultura como identidad única de una población. No existen ni la "cultura española", ni la "cultura catalana" ni "la cultura occidental" ni "la cultura china". En esta línea reivindica la influencia de un libro que también a mí me parece imprescindible : El enigma multicultural, de Gerard Baumann. Echo a faltar una referencia al libro de Amaryrta Sen, Identidad y violencia. La ilusión de un destino, tan clarividente sobre los peligros que comporta la idea de una identidad única.
La concepción que nos da el ensayo de la cultura como algo que se da en el tiempo y no en el espacio me parece algo claro y preciso. Tiempo que no es congelado y que siempre es recreado, por supuesto, en contra de lo que plantea la visión esencialista de la tradición. Me parece excelente la crítica sin concesiones a la cultura como objeto o como propiedad. No es algo que se tiene o no se tiene, no existen los "cultos" ni los "incultos"; tampoco es real ni progresista, por supuesto, una consideración elitista de la cultura.
El libro trata de múltiples cuestiones, todas muy sugerentes. Algunas, como el de la lengua y la crítica ponderada al relativismo lingüístico, me parece muy bien elaboradas. Otras, como la escuela, me parece que son despachadas de manera algo precipitada adhiriéndose a una visión interesante pero parcial sobre el tema, que por su importancia da para muchos más matices.
La metodología del autor, que muy certeramente nos plantea el libro como "una caja de herramientas" ( como diría Foucault) aunque el resultado no me acaba de resultar convincente. La metáfora de "las seis llaves " no tiene en la trayectoria del libro la eficacia que pretende y a veces resulta algo artificial. En todo caso, y esto es lo que importa, sí me parece que el libro funciona bien como esta caja de herramientas para el ciudadano crítico, que no es poco. Díaz de Rada tiene la humildad de antropólogo que, al contrario de la arrogancia infumable de algunos, quiere hacer un esfuerzo para ser entendido por los que son ajenos a su círculo de expertos. Hay además una inscripción de sus planteamientos en lo que sería un proyecto democrático de buscar una buena vida colectiva que me parece muy válido. Sabe nuestro antropólogo desfilar con criterio y con prudencia por el espinoso tema de los relativismos y me parece que sale bien parado en su análisis equilibrado.
Hay en el libro también una defensa de la opción materialista frente a concepciones dualistas, idealistas o culturalistas. Está bien pero me parece discutible que situe dentro de este grupo al emergentismo. Éste viene a decir que aunque la cultura tenga una base material, que es tanto natural como social, la cultura queda constituida como un mundo que, aunque dependiendo de sus bases materiales, tiene una cierta autonomía. Díaz de Rada, que está empeñado en entender la cultura como un aspecto de la acción social y este planteamiento me parece algo reduccionista. Lo que sí me parece muy correcto es cuestionar la diferencia entre la parte material y no material de la cultura.
El libro, en resumen, me parece muy recomendable. En primer lugar para cualquier científico social de mente abierta. En segundo para cualquier ciudadano crítico que tenga la paciencia de ir asimilando un libro complejo pero que tiene la ventaja de contar con un autor que considera, afortunadamente, que la claridad es una virtud.

viernes, 29 de octubre de 2010

Deseo (y) libertad. Una investigación sobre los presupuestos de la acción colectiva


Montserrat Galcerán

Ed. Traficantes de sueños, 2009, Madrid
205 páginas

Montserrat Galcerán Huguet, catedrática de filosofía de la UCM, es una de las promotoras de la Universidad Nómada y coordinadora de la revista virtual Youkali. Pero no sólo es un potente teórica de la izquierda real en nuestro sino también vieja militante antifranquista que se ha mantenido en el combate anticapitalista sin caer en el cinismo ni en el oportunismo. En este último libro plantea un proyecto ambicioso, que es el de buscar un concepto alternativo de libertad al que formula la ideología liberal y ligarlo a los presupuestos de la acción colecita.
La libertad es, para el individualismo atomista, la capacidad individual de elegir; los otros son básicamente el límite a nuestra libertad, aunque hemos de alcanzar entre todos pactos y acuerdos. Montserrat Galcerán nos propone buscar raíces más antiguas y más filosóficas para definir la libertad cómo la capacidad común que nos permite ver al otro como una oportunidad y no cómo un obstáculo. El otro se convierte entonces en alguien con el que compartir y no un adversario con el que negociar. Esto nos permite cuestionar el mito tardocapitalista de la independencia, tan negativo como ilusorio. Es en la autonomía y en la dependencia mutua donde podemos contemplar la libertad posible y deseable. Es en el terreno de lo común y no en el de lo individual desde dónde la libertad tiene la posibilidad de materializarse. El hilo conductor es muy interesante y da una coherencia a un escrito que de todas maneras me parece excesivamente disperso. El tema central me parece suficientemente complejo para no perderse por las ramas cómo me parece que hace la autora a lo largo del libro. Estoy de acuerdo que Spinoza es clave para entender la libertad porque es uno de los filósofos que han profundizado más y mejor sobre la libertad desde un materialismo crítico. Pero creo que Montserrat Galcerán se pierde en excesivas referencias al autor que no vienen a cuento. La genealogía de la noción de libertad me parece por otra parte muy precipitada, tanto que se olvida de sus raíces griegas y romanas. Los análisis de los planteamientos de Marx son, por el contrario, muy acertados.
La referencia a la cuestión de la mujer y de cómo ha sido excluida sistemáticamente al hablar de la libertad también es fundamental y necesaria, ya que es un tema que no se acostumbra a tener presente. Pero la simpatía de Montserrat Galcerán hacia las polémicas teorías supuestamente radicales de feministas como Judith Buttler merecen una polémica que se aparta del tema del libro. En realidad la autora del libro está demasiado inscrita en un itinerario teórico que conduce a la anterior pasando por Althusser, Deleuze y por Negri. Me parece que para algunos de los temas que trata, como el del sujeto, la identidad y el deseo se olvida de un pensador mucho más interesante, que es Lacan (y algunos de los trabajos de Zizek a partir de su inspiración). Se pierde en las especulaciones de Deleuze y Guattari en el Anti-Edipo sobre máquinas deseantes que trivializan aportaciones sugerentes del psicoanálisis y derivan en juegos retóricos. Por otra parte se olvida de Michel Foucault, el cual me parece imprescindible para entender el tema del poder y el dominio, muy ligadas al de la libertad. Esto no quita que muchas de las ideas que recoge sobre la acción colectiva sean muy productivas, como el análisis de cómo la acción colectiva no está necesariamente al servicio de un proyecto emancipador sino que también puede estarlo también al de un proyecto reaccionario.
Las nuevas propuestas a nivel de prácticas políticas, planteadas al final del libro, es el que más esfuerzo teórico y práctico requiere para la izquierda radical. Hay elementos sugerentes, como por ejemplo las reflexiones sobre la crisis de la democracia representativa, pero aquí encuentro a faltar las aportaciones teóricas de Cornelius Castoriadis o de Jacques Rancière, que permiten recuperar la democracia en un sentido emancipador. Pero este capítulo me parece que en su desarrolla queda fallido. Por una parte porque se centra demasiado en una propuesta que me parece poco consistente, que es la de la Multitud (presentada por Negri y por Virilo), olvidándose de cómo continuar enfocando hoy la lucha de clases en un contexto más complejo. Servirse de las redes informáticas y de formas organizativas más flexibles, como propone Montserrat Galcerán, es sugerente pero no podemos dejarnos seducir totalmente por ellas si no queremos caer en el peligro de un movimiento líquido que no adquiere consistencia. La manera como acaba el libro, volviendo al feminismo supuestamente radical, me parece que le hace perder profundidad en el punto final.
De todas maneras el libro es muy útil desde el planteamiento de la editorial y de la colección, que lo presentan como una carta para orientarse en el análisis y en las propuestas de la izquierda radical.

Libro de las derrotas Ensayo sobre el conflicto desde la teoría del bricolaje


Antonio Orihuela
Ed. La oveja roja
2008, 110 páginas

 Escrito por Luis Roca Jusmet


Si defino este libro como original lo hago desde la misma lógica que lo inspira, que es la de recuperar el sentido propio de las palabras frente a su sistemática demolición. Porque como el mismo autor sostiene la sociedad contemporánea, que es aquella en la cual el capitalismo se manifiesta de la forma más pura, lo degrada todo banalizándolo. Si reivindico este libro como original no lo es en el aspecto trivial de algo curioso, extravagante, sino en su sentido primigenio, fuerte, de algo propio y singular. Porque es un libro donde se capta la capacidad expresiva de un autor a partir de su experiencia que es personal pero que quiere ser compartida. Hay aquí la diferencia del que es capaz de mostrarla a partir de un lenguaje común, que es precisamente lo contrario del que la busca a través de lo privado, a través del elitismo que desprecia a la gente para marcar una supuesta superioridad que no es otra cosa que racismo cultural.
Reconozco que siempre me ha atraído esta noción de bricolaje tal como la utiliza Lévi-Strauss, entendido como una mezcla de materiales recolectados de diferentes fuentes. Me gusta que un antropólogo reconocido, tan riguroso como libre ( y por ello discutible) sea capaz de cuestionar el cientifismo estrecho que de tan rígido acaba matando aquello que quiere estudiar, que es la vida humana. No he sido nunca tan arriesgado para utilizarla porque la traducción española es menos sugerente y quizás prefiero la de reciclaje, que alumbra bastante el sentido que pienso que Orihuela le quiere dar. En todo caso, bienvenido este desconcertante bricolaje donde se mezclan análisis rigurosos de la sociedad actual con noticias varias sobre pueblos, acontecimientos puntuales de nuestra historia y un muy interesante estudio de la propaganda de los partidos políticos en las primeras contiendas electorales españolas que se dieron en la Transición. Pero la impresión de dispersión queda compensada por la coherencia de un proyecto que, sin responder deliberadamente a un plan, se va construyendo en su mismo proceso de creación. Responde a una orientación muy clara : devolver el arte a la vida cotidiana, a la gente. Y recuperar igualmente la política, en su sentido más noble, y hacerlo para la vida, que es lo que finalmente importa. La buena vida para todos, alegre, creativa, popular.
Antonio Orihuela es muy radical en sus análisis y en sus propuestas y sabe evitar lo más peligroso en posiciones como la suya : la actitud del “alma bella” del que denuncia la sociedad en su totalidad pero sin implicarse e nada y beneficiándose de ella. Porque Antonio sabe, y esto se nota en su escritura, que él forma parte de esta sociedad que denuncia y que le desgarra, que se mueve en contradicciones y que lo que intenta es resistir pero hacerlo en positivo, aportando algo más que la denuncia. Se nota que no pontifica desde un cátedra o una despacho sino que está en el meollo batallando cotidianamente para encontrar los tesoros en medio de la mierda que nos envuelve.
Reconozco con cierta vergüenza que una persona como yo, que se las da de ilustrada y de crítica, desconocía la existencia de este luchador, escritor y poeta que tiene mucho que decirnos y ya lo va haciendo desde hace años. Hay que agradecer a la editorial oveja roja que nos dé la oportunidad de conocerlo, de disfrutarlo, y como siempre en una edición tan cuidada y bella por su sencillez. La misma existencia de estas editoriales, pequeñas y combativas, son una muestra de esta lucha cultural que el autor nos propone.
El libro ni es perfecto, ni es redondo ni creo que pretenda serlo. No refleja ni busca la armonía porque lo que hay son conflictos y no hay que esconderlos, hay que darles una salida fecunda, creativa. Es un viaje que nos invita a compartir, que yo he hecho con placer y que invito a los lectores a que también hagan para transformarlo finalmente en un material más para nuestro reciclaje personal
La única crítica precisa es que no rescate la palabra democracia del embrutecimiento a la que lo han sometidos nuestros poderes fácticos. Y creo que hay que recuperarla porque es la única palabra, creo, que puede mostrar esta lucha de los sectores populares por recuperar poder en el buen sentido de la palabra, de potencia o capacidad. Llamemos al sistema que nos envuelve oligarquía liberal, que es lo que mejor la refleja, y hagamos de la democracia la palabra que refleja esta lucha porque no tenemos otra.
El combate de Antonio Orihuela es por una vida mejor, más libre, más justa y más creativa, una lucha contra la banalidad, contra el narcisismo y contra el racismo cultural. Y para ello construye un discurso que sin ser fácil, porque requiere un esfuerzo de lectura, no es selectivo porque quiere y puede compartirlo con todo el que quiera escucharle sin prejuicios. Su palabra es una palabra llena, no es una palabra vacía, no un juego retórico y estético sino una experiencia ética y política que intenta conjugar el sentimiento, el pensamiento y la acción.
Bienvenido este libro porque brilla en el desierto de la letra estéril de lo ya dicho y repetido, de los discursos vacío de los que hablan ( y a veces bien) sin tener nada que decir.

Una introducción ética al alcance de todos

Una ética para laicos
Richard Rorty
Presentación de Gianni Vattimo
( traducción de Luciano Padilla López)
Ed. Katz, 2009, 41 páginas

 Escrito por Luis Roca Jusmet

Este pequeño libro tiene la virtud de introducir de una forma clara y accesible para los no iniciados un tema de ciudadanía que académicamente pertenece a la filosofía. Personalmente no me canso de repetir que hay temas de disciplinas específicas ( como también de las ciencias sociales, por ejemplo) que no pueden quedarse en manos de los expertos porque son imprescindibles para la ciudadanía democrática activa. Por esto está bien que los que trabajan de manera rigurosa y crítica estos temas sepan darle un formato didáctico que permita a los interesados no iniciados formar un criterio propio. Esta es la condición para el imperativo ilustrado del sapere aude ( piensa por ti mismo)
Con esta óptica tenemos que aproximarnos a este libro. No es un tratado en profundidad sobre la relación entre ética y religión o sobre la polémica, más interesante aún, entre el relativismo y el universalismo moral. Pero sí puede servir como un texto introductorio de iniciación a estos temas. Tampoco nos permita entrar en polémica con la teoría ética de Richard Rorty ( 1931-2007), que es sin duda un filósofo relevante del último cuarto del siglo XX. Con Rorty, igual que con Vattimo que lo presenta, pasa una cosa muy propia de la época y del país, que es la idealizar a los pensadores de moda para luego defenestrarlos. Cuando quedaba bien ser postmodernista todo eran alabanzas y ahora que ocurre lo contrario todo son críticas. Ni tanto ni tan poco, sobre todo con Rorty ( de Vattimo no creo que quede nada en el futuro). Su primer libro reconocido, “La filosofía y el espejo de la naturaleza” fue un escrito interesante que valdría la pena recuperar con una traducción un poco más decente que la única que disponemos en castellano. “Consecuencias del pragmatismo” también fue un texto renovador de esta tradición filosófica, poco conocida en nuestro país. “Contingencia, ironía, solidaridad” era una propuesta que supo introducir una polémica fecunda sobre cuestiones de ética contemporánea y que intenta un encuentro del pragmatismo con Wittgenstein y Heidegger.
El texto de Rorty intenta recuperar lo mejor de la tradición anglosajona del liberalismo moral ( en la línea de John Suart Mill) en contra de la tradición moral católica
(representada por Benedicto XVI). Rorty defiende un relativismo ético-moral moderado que políticamente conecta con lo que llama la democracia social. El único absoluto que plantea que es la felicidad humana, lo cual me parece un buen planteamiento en contra de una fundamentación metafísica o teológica de la moral. Lo que ocurre es que hay que sacar conclusiones políticas más claras y radicales que las que extrae Rorty a causa de su liberalismo. Su desencanto por el marxismo le lleva a no atreverse cuestionar el capitalismo y las oligarquías liberales que las gestionan, cuya lógica va en contra de la felicidad común.
En este sentido volvemos al tema de las verdades y Rorty no acaba de desembarazarse del dogma positivista (al que tan bien criticó en su teoría del conocimiento) que separa los hechos de las preferencias, donde sitúa las opciones éticas, morales y políticas. Creo que podemos llegar a verdades morales pero de una naturaleza diferente, por supuesto, que las verdades científicas. Porque aquí surge otra cuestión que no plantea Rorty y que me parece clave que es la necesaria discriminación entre ética y moral, que creo que pueden corresponderse con el arte de vivir y los principios normativos hacia los otros.
La conclusión final de Rorty me parece, de todas maneras, la mejor: hay que superar la oposición entre la verdad universal y el relativismo del “todo vale”y que esta superación no la encontraremos a partir de afirmaciones abstractas sino desde una reflexión crítica basada en la historia humana. Lo que falta es una opción política crítica y radical que no se reduzca a este liberalismo abstracto que propone el mismo Rorty y que ciertamente lo desluce en relación con sus propuestas epistemológicas o éticas

¿Es conveniente engañar al pueblo?

¿Es conveniente engañar al pueblo?

Marqués de Condorcet
(traducción de Javier de Lucas)
Ed Sequitur, Madrid, 2009
93 páginas

Escrito por Luis Roca Jusmet 

Sequitur es una pequeña editorial de las que han resistido en estos tiempos difíciles en que las grandes editoriales no dejan títere con cabeza. Combina de manera inteligente la publicación de los clásicos con la de autores contemporáneos, todo ello bajo una perspectiva de pensamiento crítico.
En esta ocasión nos brinda la lectura de un texto aparentemente menor de un clásico de la Ilustración, el Marqués de Condorcet. El texto, breve y conciso, es brillante en su sencillez y es un ejercicio exquisito de sentido democrático y de racionalidad. Su argumentación es filosóficamente impecable y permite cuestionar el supuesto positivista que separa hecho y valor, que pretendería que cualquier valoración es relativa y subjetiva. La introducción de Miguel Catalán es interesante, aunque se le pueda criticar que no discrimina suficientemente entre democracia y liberalismo, que son cosas muy diferentes.
Seguramente algunos posibles lectores creerán que la respuesta a la pregunta del libro es evidentemente positiva y que por tanto el autor da unos argumentos que hoy ya están superados. Pero la cuestión es que, contrariamente a esta sospecha, el texto tiene una gran actualidad. Y no sólo para denunciar el cinismo de la derecha cuando engaña deliberadamente al pueblo para generar lo que algún analista político ha llamado un totalitarismo invertido. Sino también, y esto es más grave, porque la democracia, en el sentido efectivo de la palabra, hoy no existe en los países que se reclaman de ella. Existe una oligarquía liberal que engaña manipulando, sea o no con mentiras explícitas. Esto no sólo ocurre en las versiones de la derecha fundamentalista sino también a las formas habituales que tienen de gobernar partidos que se reclaman de la izquierda. Se utiliza la propaganda política, como si de publicidad se tratara, con el objetivo de conseguir una determinada opinión o un voto útil. Los políticos actuales son herederos burdos, pero sofisticados en sus técnicas, del maquiavelismo. Los ciudadanos críticos molestan y se prefiere gente engañada y sumisa.
También hay cuestiones más sutiles sobre las que este discurso nos permite reflexionar. Una de ellas es que los poderes constituidos consiguen volver al pueblo, por lo menos parcialmente, estúpido. Es cierto que decir que una parte del pueblo tiene una conducta estúpida no sólo es políticamente incorrecto sino también duro de escuchar para la izquierda sincera. Pero no nos engañemos, ya que aunque cueste decirlo muchas veces sabemos que es así. El ciudadano crítico sabe que cuando una parte del pueblo vota al PP o da audiencia a la telebasura se comporta de manera estúpida. Y también la que hay en esta pasión desmesurada por el fútbol, que cómo ya bien sabían los romanos conduce a la conformidad basada en el “pan y circo”. Pero como muy bien señala Condorcet son los poderes económicos, mediáticos y políticos los que han provocado deliberadamente esta situación. ¿Para qué? Pues precisamente para mejor engañar al pueblo. Pero éste ha demostrado históricamente que es capaz de generar formas culturales alternativas, aunque hoy parece difícil que estos intentos salgan hoy de su carácter marginal. La cultura de masas lo embrutece todo ( y a todos ) a conciencia. Pero esto no es ni más ni menos que consecuencia de la propia lógica del capitalismo. Sociólogos críticos como Bauman y Sennett ya han hablado de la sociedad líquida o de la corrosión del carácter a que conduce esta dinámica en la que sólo cuenta el consumo. Al capitalismo y a los poderes constituidos ya les va bien, por supuesto, engañar al pueblo. Y a todas las viejas y las nuevas formas de odio a la democracia, que diría Rancière. Pero somos nosotros, ciudadanos de izquierda, los que hemos de combatir con Condorcet cualquier justificación de engañar al pueblo. Porque el pueblo somos nosotros y sin la verdad no nos podemos emancipar. Hay una frase que dice que “la verdad no es siempre revolucionaria” que sólo puede justificarse desde la nefasta idea de una vanguardia que dirige la revolución y una masa que la sigue.
Quizás el texto de Condorcet nos parezca el de las verdades del barquero pero en los tiempos que corren sobre éstas también hay que insistir. El enemigo acecha con todo tipo de sofisticaciones ideológicas, a las que hay que contraponer, entre otras cosas, una buena argumentación.

L’escola contra el món L’optimisme és possible

Gregorio Luri
Ed La Campana
244 páginas

 Escrito por Luis Roca Jusmet

Nos encontramos nuevamente en Cataluña con otro libro sobre el tema de la educación que por su impacto previsiblemente se traducirá pronto al castellano. Un libro arropado por los mass media, con cartas de presentación a los institutos y que se presenta como la clave del diagnóstico y el remedio para la negativa situación de la enseñanza secundaria en Cataluña . En un acto multitudianario Jordi Pujol no escatima en los elogios del libro y en la crítica al actual sistema educativo, ignorando por supuesto su responsabilidad política en el estado de la cuestión, ya que lo que tenemos ahora es la continuidad de su herencia ( mal que nos pese a la profesores de izquierdas de este país). El libro también resulta aclamado por algunos sociólogos mediáticos como Salvador Cardús, que se presenta habitualmente como un sociólogo experto en el tema.
El libro tiene dos cosas importantes a su favor. La primera es que está bien escrito por una persona inteligente que conoce bien el tema por experiencia y por una sólida información.. La segunda es que quiere reflexionar sobre el tema desde el sentido común, lo cual es importante en un país en que el tema de la educación demasiado ideologizado y que la batalla entre las autoridades académicas y los sindicatos de la enseñanza nos impiden ver las cosas con sentido crítico y objetividad.
Pero la defensa deel sentido común hay que hacerla con reservas porque si bien hemos de huir de las teorías que, como la althusseriana hacen coincidir el sentido común con la ideología dominante, también hemos de hacerlo con aquellas que lo identifican con la razón crítica. Porque si bien hay una razón común que surge de la conexión entre lógica y experiencia ( en contra del dogma positivista que pretende separarlos) también es cierto que esta razón común está muy mediatizada por la ideología. Y Jordi Pujol es precisamente un ejemplo de esta simbiosis entre sentido común y ideología que supuestamente expresa la primera mientras está totalmente determinada por la segunda, que no es otra que la del nacionalismo conservador. Y esta es la perspectiva comunitarista de tipo esencialista es la que esta implícita en el libro y desde la cual se critica el relativismo y el multiculturalismo desde la defensa de la propia identidad cultural y de sus símbolos como elementos centrales de la ciudadanía. Esto hace que muchos de los que criticamos el relativismo y el multiculturalismo desde una tradición democrática radical no podamos aceptar el tipo de argumentos que presenta el autor, que por otra parte desarrolla de manera muy superficial. También que en su crítica al mercado y al consumismo ni mencione la base estructural de esta lógica, que no es otra que la del tardocapitalismo globalizador.
En el tema específicamente Luri va analizando cuestiones con razones sólidas pero nos conducen muchas veces, sin que casi nos enteremos, al huerto. A partir de una crítica de la burocratización de muchos profesores-funcionarios o de la supuesta ideología de la escuela pública en sus inicios nos introduce la defensa de los centros concertados sin discutir los argumentos actuales que la cuestionan. Incluso a nivel más anecdótico, pero significativo, no podemos de dejar de sorprendernos ante su defensa del padre marroquí islámico que prefiere llevar a sus hijos a los escolapios antes que al centro público del barrio porque en él hay muchos pakistanís ( sic).
Pero la cuestión clave a considerar es el tema central, que es el diagnóstico que Luri formula y la solución que nos plantea. Me parecen acertadas sus críticas a las teorías psicopedagógicas que han dominado en nuestro país y que son, en parte, responsables del relativo desastre actual de la enseñanza pública. Pero es igualmente cierto que muchas críticas de la pedagogía renovadora a la enseñanza tradicional pueden ser recogidas en un planteamiento integrador. También comparto su defensa de los valores del esfuerzo y de la responsabilidad y la necesidad de recuperar la autoridad del profesor pero el problema es saber cómo articulamos hoy en una sociedad como la nuestra en la que los hábitos sociales, la familia y los adolescentes no son lo que eran hace veinte años. Aquí es donde hay que buscar alternativas y me parece que por su parte no hay propuestas novedosas. Tampoco me parece adecuado que bajo el argumento de que los resultados educativos no dependen exclusivamente de los recursos económicos, lo cual es cierto, no entra en el tema de las deficiencias de infraestructuras, material y profesorado que tienen la mayoría de centros públicos en nuestro país. Igualmente evita entrar directamente en un tema fundamental que es cómo se plantea la enseñanza obligatoria hasta los dieciséis años, que es una de las cuestiones más difíciles y que necesitan nuevas ideas si queremos salir del callejón sin salida actual.
Finalmente habría que hacer una última reflexión. Luri acusa a los profesores de que teniendo unas buenas condiciones de trabajo caemos en el victimismo y en el pesimismo. No diré que no tenga parte de razón pero me parece que en general somos un colectivo al que se ha maltratado sistemáticamente desde la Administración ( ignorando nuestra opinión desde la experiencia ) y que se ha desconsiderado bastante socialmente. Aquí no me refiero a las condiciones de trabajo, que a mí también me parecen muy aceptables pero que hay que recordar que han sido producto de largas luchas de los trabajadores de la enseñanza. Hace años oí en una asamblea de profesores algo que sí es de sentido común. Decía un viejo profesor que a él le gustaba enseñar y que lo que había visto es que los que se había promocionado eran los compañeros a los que no les gustaba su trabajo. Inspectores, asesores, liberados sindicales que han huido del trabajo en el aula porque no los soportaban son los que nos dice lo hay que hacer o los que pretenden representarnos. En este libro, también Gregorio Luri, jubilado a los 53 años ( por razones de salud que no dudo en considerar justificadas) nos dice que nuestro deber moral es el optimismo. La mayoría de profesores de los centros públicos de este país superamos esta edad y la mayoría luchamos cotidianamente por la defensa de una educación de calidad para todos. Pienso que la mayoría de los que seguimos al pie del cañón necesitamos autocrítica pero ya asumimos, con creces, este “incuestionable deber moral” del que nos habla Luri.
El libro tiene, repito, muchos aciertos. Pero prefiero en esta crítica seguir el proverbio chino : “ Busca el defecto de los que todos elogian ( en este caso el libro) y el elogio de los que todos critican ( en este caso los profesores).

miércoles, 6 de octubre de 2010

UN RECUERDO PARA CARLOS CASTILLA DEL PINO

A Carlos Castilla del Pino no lo conocí personalmente, por lo cual el vínculo que me une a él es exclusivamente desde mi imaginario. La reflexión a partir de su muerte será, por tanto, más mental que emocional. Pero estará lejos de ser lo que acostumbran a ser estas necrológicas de hombres públicos : una formulación de vidas ejemplares. Sólo recuerdo a Gregorio Morán como el que tuvo el valor de criticar a un hombre público después de su muerte, mientras que los demás se deshacían en elogios, que es lo que nos pide la ideología políticamente correcta como versión actual de la hipocresía social.
Carlos Castilla del Pino me iluminó en mi primera juventud, en los años 70. A falta de maestros vivos y directos uno tiene que recurrir a la letra escrita, que aunque como decía Platón es letra muerta, no por ello nos deja de transformarnos. Y esto es lo que hizo Castilla del Pino con los libros que leí con avidez y placer. Su libro sobre “La incomunicación” fue especialmente relevante para entender mi vida cotidiana; su “Estudio sobre la depresión” que todavía recuerdo para entender este malestar tan de la época, tenía un rigor y una lucidez que todavía supera casi todo los que se ha escrito posteriormente. Su “Psicoanálisis y marxismo” fue una excelente puerta para entrar en Freud y en Marx y también para entender con un mínimo de seriedad a Marcuse, que nos entraba mal por la vía confusa de la “contracultura”. Luego he leído poco de él pero recuerdo sus extraordinarios prólogos a autores heterodoxos Grodeck o Deleuze. Me hubiera gustado leer sus memorias y espero hacerlo en algún momento, aunque como ya expliqué en otro escrito prefiero siempre los diarios, que me parecen más auténticos. Tampoco pude leer porque enseguida se descatalogó su estudio sobre el delirio, al que devolvía un estatuto de dignidad como algo propio de la condición humana y no una simple perturbación mental a eliminar. Me encantó que dijera que Cervantes fue uno de los mejores psicólogos de todos los tiempos, para escándalo del cientifismo estrecho.
Pero Carlos Castilla del Pino era muy sincero, tanto que lo que dijo en la última entrevista que dio hace pocos años en el suplemento de “El País” constituyó un escándalo. Dijo que “la muerte de su padre había sido una liberación, que le había afectado más la pérdida de una cátedra que la muerte trágica de una hija y que la muerte trágica de cinco de sus siete hijos, siempre en un proceso de autodestrucción, había sido una fatalidad de la que no se sentía culpable.” A partir de entonces lo he asociado con la paternidad en su dimensión trágica. El drama de la paternidad, tan caro a la tradición psicoanalítica que inspiró a Carlos Castilla del Pino aunque sin encadenarle a ella, se transforma en su caso tragedia. Porque es la muerte lo que resulta trágico por su carácter fatal mientras que el drama nos sitúa en un escenario en que nuestras acciones voluntarias conducen al conflicto, a la culpa y al sufrimiento. Vivir la muerte del padre como una liberación se sitúa en este drama pero resulta extraño entender la muerte de los hijos como una fatalidad sin culpa, sin conflicto, sin sufrimiento. Como él mismo dijo esta fue la parte oscura de su vida, la familiar, mientras que su parte clara la encontramos en su trabajo, en su obra, en su lucha, en su amistad.
El recuerdo final de Carlos Castilla del Pino, que me ayudó con sus escritos a avanzar en la comprensión del mundo gris en que viví mi juventud, me remite entonces a un hombre brillante pero con su parte oscura, como todos, no a un santo que seguramente ni él pretendió ser.
La muerte de Carlos Castilla del Pino no por esperada ( por edad y enfermedad) remite otra vez a la tragedia de la condición humana, este “ser-para-la muerte” ( como decía Heidegger, si me lo permiten sus inquisidores). Los animales nacen, viven y perecen. Nosotros morimos, es decir, cumplimos el plazo anunciado de nuestra finitud, del que no podemos nunca olvidarnos. Acabaré este artículo con una reseña de su último libro publicado.

Conductas y actitudes.

Carlos Castilla del Pino
Ed. Tusquets, Barcelona, 2009.
273 páginas

  Escrito por Luis Roca Jusmet

Carlos Castilla del Pino, fallecido hace pocos meses, nos iluminó a muchos de los que fuimos jóvenes en los años 70 y padecimos el desierto cultural del franquismo. Su “Psicoanálisis y marxismo” fue una excelente puerta para entrar en Freud y en Marx y también para entender con un mínimo de seriedad a Marcuse, que nos entraba mal por la vía confusa de la “contracultura”. Otros libros sobre temas cotidianos, como la incomunicación o la depresión, proporcionaron valiosas claves para entendernos mejor a nosotros y a nuestros semejantes. Con un claro compromiso político de izquierdas (que le ocasionó serias dificultades en su carrera académica) fue también una referencia para la psiquiatría renovadora en nuestro país. Tuvo la libertad de espíritu como para decir que Cervantes fue uno de los mejores psicólogos de todos los tiempos, para escándalo del cientismo más dogmático y estrecho.
“Conductas y actitudes” es un buen libro, aunque no es el testamento teórico de Castilla del Pino que muchos hubiéramos deseado. Es un conjunto de escritos interesantes pero sobre los que no hay que hacerse una expectativa desmesurada. Con un hilo conductor que es la conducta humana y sus motivaciones, recoge algunos artículos ya publicados y otros inéditos. Todos ellos merecen ser leídos y son una buena introducción para esta psicología mundana, no académica, que a todos nos interesa.
Los dos primeros (“La cara y el rostro” y “Ver y mirar”) son, de manera complementaria, muy sugerentes y originales. El tercero (Teoría del personaje. La identidad) que es el artículo más ambicioso del libro, resulta a mí entender el más fallido. El tema, extraordinariamente rico y complejo) queda resuelto de una manera parcial y algo pretenciosa. Los siguientes artículos, en cambio, teniendo menos expectativas teóricas, me parecen mucho más consistentes. El estilo claro y sintético continua con “La extravagancia”, “La impostura” y “La obscenidad”, también muy válidos en el análisis de problemáticas más específicas. El dedicado a “La sospecha, suspicacia, paranoia” vuelve, sin demasiadas aportaciones, sobre una temática ya bastante tratada desde la psicología y la psiquiatría
Los dos artículos que me parecen más potentes son los dedicados a “La envidia” y a “El odio”, ambos tratados con una profundidad y un rigor que no excluye la necesaria claridad. Son temas imprescindibles de analizar con libertad crítica, ya que la corrección política lleva a veces a ocultarlos, o a presentarlos como anomalías cuando son sentimientos humanos, que con más o menos intensidad tienen un carácter universal. Pero hay detrás de estos análisis una teoría del sujeto y de los sentimientos con los que mantengo alguna discrepancia. En primer lugar me parece que la teoría del sujeto se centra demasiado en lo imaginario, olvidando la fecunda distinción que hace Lacan entre lo simbólico y lo imaginario. Esta diferencia se basa en la consideración de que lo simbólico es el lenguaje humano y la consideración de que el sujeto es, en cierta manera, un efecto del lenguaje simbólico. Hay sujeto porque hablamos y lo hacemos incluso de nosotros mismos, del propio yo. Por otra parte Castilla del Pino identifica explícitamente los sentimientos con las emociones. Me parece que da más juego el planteamiento del gran neurocientífico Antonio Damasio, que plantea que la emoción es la reacción corporal y el sentimiento la idea y la conciencia mental de esta emoción. Diferencia que, entre otras cosas, nos permite considerar los sentimientos como específicamente humanos y las emociones como ampliables al mundo animal.
Podemos concluir esta reseña diciendo que es un libro que merece ser leído porque los temas que trata, con rigor y con claridad, interesan a cualquier sujeto humano que quiera comprenderse a sí mismo y a sus semejantes más allá de los tópicos imperantes. Castillo del Pino ha ido ganando con el tiempo en la utilización de un lenguaje más coloquial que el que utilizaba en sus primeros escritos. El lector inquieto disfrutará con esta lectura, ya que además de interesante en su contenido es un libro que, como todos los de su autor, está muy bien escrito.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Un interesante estudio empírico y una discutible propuesta política sobre la desigualdad

Desigualdad. Un análisis de la (in)felicidad colectiva

Richard Wilkinson y Kate Pickett

( traducción de Laura Vidal)

Ed. Turner ( Colección Noema), Madrid, 313 páginas

 Escrito por Luis Roca Jusmet

El libro que nos ocupa hay que analizarlo a dos niveles diferentes. El primero es cómo un trabajo empírico muy interesante por su contenido y por el rigor con que lo han tratado. Se trata de un estudio basado en un largo proceso de investigación sobre la relación entre desigualdad e infelicidad en las sociedades más ricas del mundo y en el interior de EEUU. Es evidente que la infelicidad es un término cualitativo difícil de cuantificar pero lo es también que hay unas medidas objetivas de bienestar/malestar (salud, esperanza de vida, fracaso escolar, delincuencia…). Es un trabajo conjunto entre un economista especialista en epidemiología y una antropóloga anglosajones que no han tenido reparo en interpretar y en formular propuestas a partir de los análisis objetivos. En este sentido es muy positivo el carácter interdisiciplinar del estudio y la decisión de no encerrarse en una lógica positivista que excluye las valoraciones. Ahora bien hay que criticar el plantear que lo que interesa en este análisis es el presente y no el pasado, lo que pasa y no lo que llevado a ello. Difícilmente podemos plantear un análisis sociológico global si nos olvidamos de la historia.
El primer nivel, que creo que es el más válido, ocupa las dos primeras partes del libro y trata según sus palabras del éxito material acompañado del fracaso social y del coste ( en términos de felicidad) de la desigualdad. Esta parte está fundamentada en múltiples análisis estadísticos que figuran en gráficos que relacionan la desigualdad con la infelicidad. Está bien tener estos datos empíricos para dar más solidez a lo que muchos ya sabemos: que el crecimiento económico actual contribuye a la desigualdad y no nos ofrece una vida mejor. Estos datos contrastan con alguno de los tópicos al uso, como que los ejecutivos tienen más enfermedades cardiovasculares que los obreros. Pero es sobre todo muy clarificador la constatación de que es la desigualdad interna la que repercute de manera negativa sobre toda la sociedad, aunque evidentemente de manera más dura en los sectores económicamente desfavorecidos.
Pasemos a la crítica, que hace referencia al segundo nivel. Por un lado tendríamos la conceptualización utilizada, que por supuesto no es neutra. Los autores hablan constantemente de “democracia de mercado” como si hubiera un vínculo esencial entre las dos. Aunque habla de desigualdad, de pobres y ricos, no habla nunca de clases sociales. Tampoco se refiere nunca al capitalismo como un sistema con una lógica global, a la manera de Wallernstein, sino como un conjunto de empresas que pueden elegir entre seguir o no seguir principios éticos. Con este planteamiento se atomizan tanto las empresas como los individuos, que se presentan como unos agentes racionales que se equivocan al no entender que la desigualdad nos perjudica a todos. De esta manera parece proponernos un capitalismo con rostro humano perfectamente posible a medida que aumente la conciencia de la necesidad de la igualdad como un bien para todos. Así el gramsciano “optimismo de la voluntad frente al pesimismo de la inteligencia” se convierte en un optimismo intelectual bienintencionado que no me parece que lleve a nada. Sabemos que las pasiones como la codicia y la ambición, son el material humano que se complementa con la lógica voraz de acumulación de beneficio del sistema capitalista y que contra él sólo nos queda la lucha, no la natural evolución de las conciencias.
Todo esto no quiere decir que el trabajo realizado por estos autores no sea una buena contribución para la lucha por la felicidad colectiva, la emancipación y la justicia social.
Lo único que digo es que también pude generar falsas esperanzas o expectativas sobre la propia capacidad interna del sistema para transformarse en algo radicalmente mejor. Hay que señalar también el valor de los autores para señalar a la criminalizada Cuba como el único país donde la sostenibilidad y la igualdad no son incompatibles. La pregunta es, desde luego, que entienden los autores por países igualitarios. La respuesta es que se encuentran donde hay menos diferencia entre el veinte por ciento más rico y el veinte por ciento más pobre. Este criterio es tan convencional como problemático, ya que podría ser que este veinte por ciento más rico podría esconder un tres por ciento que tiene más que el resto junto, con lo cual podrían haber una enorme desigualdad en el grupo supuestamente rico. O un nueve por ciento en los límites de la supervivencia que se escondería en este veinte por ciento que podría parecer más aceptable. En todo caso es un criterio aproximativo que hasta cierto punto es significativo y desde esta concepción en los países capitalistas más ricos los más igualitarios son Japón, Noruega, Suecia y Dinamarca. Y los más desiguales son EEUU, Reino Unido y Portugal. Está bien, en esta línea, que países tan poderosos como Reino Unido o EEUU (con sus diferencias internas) se muestren cómo lo que son. Pero al hablar de los más igualitarios lo que consideran Wikinson y Pickett

lunes, 28 de junio de 2010

LA SOCIEDAD CONTRA EL ESTADO

La sociedad contra el Estado

Pierre Clastres
(traducción de Paco Madrid)
Virus editorial, 278 páginas, 2010

 Escrito por Luis Roca Jusmet

Virus editorial ha tenido el acierto de rescatar del olvido un libro muy interesante del malogrado antropólogo francés, muerto en accidente de coche en 1978, a los 43 años de edad. Aparte de la tragedia humana se perdieron dos cosas: el trabajo científico n marcha de un antropólogo excepcional y la elaboración progresiva de un material muy valioso para las reflexiones de la izquierda radical.
Pierre Clastres era un etnógrafo que realizó un trabajo de campo entre 1963 y 1974 entre pueblos indios de Sudamérica. Desde el punto de vista de la antropología científica el libro es imprescindible. La manera como articula el trabajo de campo con reflexiones teóricas es un modelo de rigor y creatividad. También de claridad expositiva, porque como dice Beltrán Roca Martinez, autor del prólogo, Pierre Clastres es un excelente escritor, algo poco común entre los antropólogos. En este sentido hay muchas cosas a citar porque el trabajo está lleno de sugerencias. Una es la diferencia entre el jefe, el chamán y el profeta, que me ha parecido esencial para entender estas sociedades primitivas y su dinámica interna. Otra es la manera como describe el papel del jefe de la tribu al hacer de mediador, negociador portavoz de líder sin querer ni poder mandar a los miembros de su sociedad. Cómo es el jefe el que tiene obligaciones con la sociedad y no ésta con respecto a él. Igualmente el papel que da a la Palabra dentro de esta función simbólica, en un sentido casi lacaniano de Significante, ya que cómo dice Clastres lo que menos importa es lo que se dice.
El libro de Clastres, con unos cuantos artículos que llevan de manera muy coherente a una conclusión y una entrevista final, es un revulsivo contra el liberalismo y contra la escolástica marxista. Contra el liberalismo Su actitud de respeto hacia estas culturas y el deseo de aprender de ellas le llevan a enfrentarse radicalmente a cualquier eurocentrismo. En este sentido da la vuelta a su propia disciplina, constituida, como denuncia Immanuel Wallernstein, a fragmentar las ciencias sociales y constituir a los salvajes como el Otro de los civilizados. Lo que plantea Clastres es que lo que se presenta como una insuficiencia en estos pueblos, la falta de Estado, es justamente su grandeza. Contra el marxismo porque cuestiona el tópico de que el Estado es el instrumento de la clase dominante para mantener su poder. Para Clastres es el Estado el poder originario y las clases sociales su efecto. Lo que está claro es que no se trata de sustituir un axioma por otro sino de matizar la cuestión y aceptar su complejidad. No sólo referido al origen sino también a las propuestas políticas, por supuesto. El debate sobre el Estado se ha planteado en la izquierda de manera muy polarizada. La tradición marxista ha llevado en su peor versión a la deriva estalinista y el Estado se ha constituido aquí en una pesadilla para los trabajadores. Experiencias históricas como la Rusia postcomunista o la China actual nos dan también materiales de análisis muy interesantes para analizar empíricamente las posibles relaciones entre el capitalismo y Estado. Por el lado anarquista el rechazo radical del Estado ha llevado al movimiento a contradicciones, como la que se dio con la entrada de la CNT en el Gobierno del Frente Popular. La reflexión de Pierre Clastres ha tenido sin duda una gran influencia entre teóricos de la izquierda radical como Miguel Abensour (en este caso muy explícita y reconocida) o Jacques Rancière cuando defienden algo similar al identificar la política con la democracia y contraponerla al Estado. Seguramente la muerte temprana evitó que pudiera haber entrado en diálogo con pensadores como Cornelius Castoriadis, con el que estaría de acuerdo en este punto pero polemizaría en otro. Me refiero a la afirmación radical de éste último filósofo de que la democracia es un invento griego-europeo, mientras para Clastres las sociedades primitivas indios serían un modelo ejemplar de este sistema. El debate queda abierto y vale la pena retomar la aportación del antropólogo como un material muy valioso.
Llama también en el libro la manera cómo Clastres prescinde del pensamiento políticamente correcto al plantear sin posicionarse cuestiones como la tortura, la separación de sexos, a la guerra o el infanticidio. Respecto al infanticidio y la guerra hay simplemente una manera de entenderlos desde su lógica de la supervivencia y un intento de aplicar categorías morales modernas a un contexto sociocultural totalmente distinto. Pero en el caso de la separación entre hombres y mujeres sí hay una justificación al considerar que responde a criterios funcionales que no implican una relación de poder entre unos y otros. En lo que se refiere a la cuestión de la tortura esta justificación se manifiesta en uno de los artículos más sobrecogedores. Es el titulado “De la tortura en las sociedades primitivas” que explica el terrible ritual de pasaje a la edad adulta. La lectura de este capítulo no deja de tener connotaciones, como él reconoce más tarde en la entrevista, con “la Genealogía de la Moral” de Nietzsche. Lo que describe Clastres es la dureza de la violencia ejercida sistemáticamente sobre el cuerpo del iniciado para marcar la Ley de la comunidad. El cuerpo, la marca, la violencia son temas vivos y reales que hay que afrontar y entender sin mirar a otro lado porque suenan mal a nuestros delicados oídos.
Pero lo que más me ha interesado es la reflexión sobre el poder. Aquí sí que pienso que ha sido otro autor posterior, Michel Foucault, el que ha acabado de clarificar algunos puntos que en Clastres no resultan plenamente convincentes. También nuestra fantasía nos podría llevar a un diálogo imaginario entre estos dos pensadores franceses, de la misma generación, en el caso que el antropólogo no hubiera muerto tan joven. Clastres plantea que el jefe de la tribu no tenía poder y entiende este concepto como la que establece una diferencia entre los que mandan y los que obedecen. Pero en algunos momentos tiene que matizar entre sentidos diferentes de poder y en otros pone el adjetivo de coercitivo para dejar claro de que habla. Rechaza también la palabra autoridad como ejercicio un poder, aunque quizás se puede mantener para referirse a lo surge del prestigio y reconocimiento del jefe . Aquí me parece que falta una elaboración posterior que es la Michel Foucault. En su genealogía del poder el filósofo llega a la conclusión que el poder es una red que teje todas las relaciones sociales. Aquí es cuando se ve en la necesidad de diferenciar entre relación de poder, que no es necesariamente negativa, y estados de dominación, que sí lo es. La relación del jefe con la tribu, tal como la describe Clastres, sería una relación de poder basado en el prestigio y el reconocimiento, pero no jerárquica (estructura rígida y unidireccional del dominio).
Cómo curiosidad diré que aunque no cita en ningún momento a Foucault sí lo hace en dos ocasiones con Deleuze ( “Antiedipo”).
El libro es una fuente inmensa de sugerencias y por ello me parece fundamental su lectura no sólo para los antropólogos o los científicos sociales sino por cualquiera que quiera entender la sociedad humana más allá de lo que nos muestra un presente que por muy globalizado que esté no deja de ser bastante limitado.

jueves, 3 de junio de 2010

Bases teóricas para una economía crítica

El sustento del hombre

Karl Polanyi
( traducción de Ester Gómez Parro)

Ed. Capitán Saing Libros, S.L., 2009
412 páginas

 Artículo de Luis Roca Jusmet

Karl Polanyi ( 1886-1964) fue un científico social en el sentido más noble y riguroso del término. Entendió que la sociología no puede separarse de la historia y que ambas deben ofrecernos una visión global con base empírica de la sociedad humana. Fue un gran estudioso de la historia económica que combatió la falacia economicista de creer que la economía es un modelo independiente de la sociedad y puede entenderse al margen de ella. También reivindicó una sociología histórica capaz de vincularse a las problemáticas prácticas y morales del presente. En estos sentidos podemos considerarlo como una clara influencia de uno de los sociólogos históricos más brillantes de nuestra época, Immanuel Wallerstein. Éste mismo reconoce no sólo esta influencia sino también la utilización como instrumentos teórico fundamental en sus análisis de los tres comportamientos económicos descritos y explicados por Polanyi: la reciprocidad, la redistribución y el intercambio. Se abre de esta manera un horizonte mucho más amplio para la izquierda que el ofrecido por la tradición marxista más escolástica.
La gran obra de Polanyi es La Gran Transformación, escrita en 1944 y fundamental para entender la lógica real del capitalismo. Los estudios contenidos en el libro que nos ocupa lo que hacen es desarrollar los conceptos elaborados en anterior. El sustento del hombre es un trabajo muy interesante pero de interés muy desigual, ya que la primera es imprescindible para un ciudadano crítico, mientras la segunda es un estudio más específico sobre la economía de la sociedad griega. Lo que desmonta el escritor en la primera parte es lo que llama la falacia económica que considera a ésta como una teoría formal sobre el sistema de mercado. La vinculación entre comercio, mercado y dinero tiene, desde la documentación histórica objetiva, orígenes diversos y relaciones diversas y no responde a una lógica unitaria que va de lo más simple a lo más complejo, cómo pretenden los teóricos liberales. El determinismo económico que considera que el hombre se mueve por necesidad o por afán de ganancia le parece a Polanyi un axioma puramente ideológico. Lo que le interesa a nuestro autor es la economía sustantiva, que es la manera como los seres humanos buscan el sustento que necesitan. La realidad humana básica que hay detrás de esta actividad es el vínculo necesario del hombre con la naturaleza y con la sociedad, no la de individuos atomizados que compiten entre sí. La economía real es el proceso institucionalizado de interacción para satisfacer las necesidades materiales. Hay que señalar la importancia del trabajo y de la tierra, que sólo muy tardíamente aparecen como algo que se puede comprar. La economía esta insertada en la sociedad y sólo a partir del siglo XIX se entiende como algo separado.
Polanyi analiza el papel del comercio, del dinero y del mercado en lo que llama la sociedad primitiva y arcaica (a la que también podríamos llamar tradicional), es decir en las sociedades precapitalistas. Constata realidades muy diferentes a los tópicos que nos venden los ideólogos del capitalismo, como por ejemplo que el comercio exterior es anterior al interior y no la derivación natural de éste. Las diferentes funciones del dinero, una de las cuales es ser una forma de pago, no ha tenido históricamente esta sola función, cómo ocurre en el capitalismo. Tampoco los precios del mercado han fluctuado siempre entre la oferta y la demanda, ya que a veces han sido fijos. La realidad se resiste, en definitiva, a la ideología legitimadora y sólo una tergiversación histórica sistemática permite entender la historia económica tal cómo la presenta el liberalismo económico.
El debate sobre la economía socialista es uno de los más importantes y peor resueltos por la izquierda transformadora. Cómo ya han planteado teóricos imprescindibles de la izquierda radical el socialismo no es incompatible con el mercado sino con la lógica del capitalismo. Ésta, tal cómo nos ha enseñado Wallerstein, es la de acumulación de capital, que necesita el Estado para intervenir a su favor, aunque sea en contra del mercado. No tiene sentido plantear que el socialismo la defensa del Estado intervencionista y el capitalismo la defensa del Mercado libre: éste mal planteamiento conduce necesariamente a un callejón sin salida o a una mala solución, como históricamente hemos comprobado. En todo caso es mucho más rico y más valioso para la izquierda transformadora los análisis críticos y rigurosos como el de Polanyi que no las cantinelas de la izquierda dogmática.
La lectura de este libro es muy útil para entender la sociedad desde su aspecto económico y demuestra que cualquier lector interesado puede acceder a lo que algunos presentan interesadamente como modelos matemáticos sofisticados al alcance exclusivo de los supuestos expertos.


jueves, 6 de mayo de 2010

De vagos y maleantes. Michel Foucault en España

Valentín Galván
Virus editorial, Barcelona, 2010
281 páginas

 ARtículo escrito por Luis Roca Jusmet




 Jean Braudillard escribió hace tiempo un ensayo con el provocador título de Olvidar a Foucault. En su momento podía tener su sentido, ya que la moda Foucault exigía una cierta desmitificación. Pero afortunadamente Foucault ya no es una moda y sí un pensador muy potente que sobrevive al mercado de las ideas.
El presente trabajo se enmarca dentro de lo que podemos llamar sociología de la filosofía. Valentín Galván nos ofrece un estudio muy riguroso sobre el impacto de Foucault en la época de la Transición. Pero lo hace desde una hipótesis muy atractiva, que es que fue recibido en nuestro país como una caja de herramientas desde un cruce entre los sectores marginados en lucha y los medios académicos del país. En EEUU, en cambio, su influencia fue estrictamente académica y su elaboración básicamente retórica. En México, en cambio, fueron los intelectuales comprometidos en la lucha directa y radical los que lo absorbieron. Resulta sorprendente saber que Rafael Guillén, el Subcomandante Marcos, líder del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, fue un entusiasta lector de Foucault. El interés del libro, tal como está planteado y desarrollado, no sólo es sociológico sino también político. Forma parte de una reflexión necesaria sobre la otra cara de la Transición. Es una cara oculta, que ahora está empezando a aparecer en diversas ediciones y que había estado silenciada por la versión más legitimadora de la forma cómo se llevó la Transición española tras la muerte de Franco.
Personalmente viví esta época y recuerdo todas estas luchas marginales de la que nos habla Valentín Galván. Las luchas de presos, muy fuertes en u momento, han quedado totalmente relegados al olvido, al igual que las luchas de los colectivos críticos con la psiquiatría oficial. La pregunta es si los cambios que forzaron a nivel legal e institucional fueron suficientes y si no ha sido así porque han desaparecido estos movimientos. Respecto a la lucha del movimiento feminista y homosexual está claro también los cambios que se produjeron y que en la lucha interna entre reformistas y radicales ganaron los primeros. Una cuestión que me parece muy sugerente es la influencia de Foucault en la crítica radical a la institución educativa. No hace mucho escribí un artículo en El Viejo Topo sobre la relación que establecía Foucault entre la escuela y el poder, escrito que pretendía ser el inicio de una reflexión sobre el tema, al que este libro nos presenta valiosos materiales. Habría que pensar cómo la lucha contra la escuela autoritaria, la escuela como encierro ha perdido fuerza por una serie de factores que en conjunto han producido un efecto perverso. Éste efecto es que sectores críticos han sido reciclados como ideólogos de un sistema educativo que cuestionando formalmente la escuela autoritaria ha conducido al desastre actual. La consecuencia es que frente a la postura falsa y complaciente de los socioliberales que la defienden sólo parece clara la alternativa de una vuelta a los antiguos valores que los foucaltianos criticaron en su momento. Incluso supuestos sectores de la izquierda radical se han apuntado al carro y sólo algunos sectores cómo los agrupados en la Redires parecen proponer opciones que recuperen aquellas críticas.
Otro aspecto que llama la atención es que entre los sectores en lucha que fueron permeables a las propuestas de Foucault no se encuentre el sector médico. Foucault hizo una crítica muy interesante tanto a la medicina oficial como a la antimedicina (cuyo paladín era Ivan Illich) que lamentablemente no fueron recogidos por lo que podríamos llamar la izquierda radical en este sector.
Las críticas que se pueden hacer al libro son en todo caso muy personales y secundarias. Me hubiera gustado que Valentín Galán hubiera profundizado algo más en la relación entre Foucault y el psicoanálisis lacaniano, que ya tenía en aquellos momentos seguidores muy activos en nuestro país. También querría señalar la diferencia entre los autores algo oportunistas y muy volubles a las modas intelectuales (Fernando Savater, Eugenio Trías) y los althusserianos delirantes como Gabriel Albiac ( uno de los voceros actuales más patéticos de la nueva derecha en nuestro país) del profesor de filosofía Miguel Morey. Pienso que éste último fue un lector atento y sincero de Foucault, a la que muchos estudiantes de filosofía de la Universidad de Barcelona (entre los cuales me encuentro) le agradecemos el interés que nos despertó por Foucault. Y lo hizo precisamente presentándolo como esta caja de herramientas que al igual que Valentín Galván pienso que es la manera más productiva de utilizarlo. La pregunta del millón sería cual ha sido el proceso a través del cual Foucault ha dado instrumentos no sólo a intelectuales liberales como Fernando sava También me parece muy acertada su insistencia en que uno de los valores de Foucault fue su capacidad para dar la voz a los que nunca la habían tenido en lugar de aparecer como su portavoz. Mucho hemos de aprender todavía de Foucault y efectivamente no será desde lo académico. La filosofía como ontología del presente sigue viva y así la hemos de mantener. Estudios como el de Valentín Galván merecen ser reconocidos y su libro, por supuesto, ser leído. Y efectivamente lo hemos de leer con alegría y sin prejuicios, no buscando en Foucault una identidad fija, ya que según el filósofo ésta no es más que una máscara detrás de la cual están los múltiples fragmentos que muestran lo que realmente somos.





Luis Roca Jusmet lroca13@ono.com

Temas

. .LUIS ROCA JUSMET ABUSOS SEXUALES A NIÑOS ADA COLAU. AFECTO AGUSTIN BASAVE AGUSTIN GARCIA CALVO AGUSTIN GARCIA CALVO. AJOBLANCO ALAIN BADIOU ALBERT CAMUS ALBERTO MONTERO ALEGRÍA; DOLOR ALEJANDRO TEITELBAUM ALEXANDER KÒJEVE ALEXANDER NEHEMAS ALFONSO GALINDO ALFRED HITCHCOCK AMADOR FERNANDEZ-SAVATER AMARTYA SEN AMOR AMSTERDAM ANA AZANZA ANALISI POLïTICO ANALISIS POLITICO ANDRÉ MALRAUX ANDREA GREPPI ANGEL DIAZ DE RADA ANNA QUINTANAS ANTONIO DAMASIO ANTONIO J. ANTON FERNANDEZ ANTONIO MUÑOZ MOLINA ANTONIO ORIHUELA ANTROPOLOGIA ARISTOTELES ARISTÓTELESARISTOTELES ARLIE RUSSELL HOCHSCHILD ARNOLD i. DAVIDSCON ARNOLD i. DAVIDSON ARTE ARTES MARCIALES ARTHUR ROSENBERG ATEISMO AUTOBIOGRAFIA AUTORIDAD BALTASAR GRACIAN BANSKY. BARCELONA BELLEZA BERLIN BERTRAND RUSSELL. BIOETICA BIOPOLITICA BRIAN GOLDWIN BRUCE ROSENBLUM BRUNO BETTELHEIM BUDAPEST BUDISMO CARL J. JUNG ) CARLO SAVIANI CARLOS CASTILLA DEL PINO CATHERINE MILLOT CESAR RENDUELES CHANTAL MOUFÉE CHARLES TAYLOR CHARLES TILLY CHINA CHRISTINE ANGOT CIBERESPACIO CIBERGUERRA CIBERSEXO CINE CINISMO CIORAN CIUDADANO BIOLOGICO CLAUDE LEFORT CLAUDIO NARANJO CLEMENCE ROSSET CLEMENCE ROSSET. ClÉMENT ROSSET COMUNISMO CONFUCIO CORNELIUS CASTORIADIS COSMOPOLITISMO CUERPO CULPA DANIEL BLANCHARD DANIEL COHEN DANIEL GOLEMAN DANIEL KAHNEMAN DARIAN LEADER DAVID H. FINKENSTEIN DAVID HELD DAVID HUME DAVID HUME. DAVID LYNCH DELIRIO DEMOCRACIA DEPORTE DERECHO DERECHOS HUMANOS DESCARTES DESEO DIANA S. RAVINOVICH DIDACTICA DE LA FILOSOFIA DIGNIDAD DOLOR DOLOR. SLAVOJ ŽIZEK DOLORES PAYÁS DOMENICO MORO ECONOMIA CRITICA EDUARDO GALEANO EDUCACION EJERCICIOS ESPIRITUALES EL CUIDADO DE SI EL VIEJO TOPO ELEANOR ROSCH EMOCIONES ENEAGRAMA ENRIQUE UJALDÓN ENSAYO EPICTETO. EPICUREISMO EPISTEMOLOGIA ERASMO DE ROTTERDAM ERICH FROMM ERNESTO LUCLAU ERNST CASSIRER. ERNST JÜNGER ESCRITURA ESCUELA DE KYOTO ESQUIZOFRENIA ESTADIO DEL ESPEJO ESTADO ESTETICA ESTOICISMO ETA EUGENIO TRÍAS EUSKADIKO EZQUERRA EUTANASIA EVA ILLOUZ EVAN THOMPSON EXPERIENCIA FALANGE FASCISMO FELICIDAD FELIPE MARTINEZ MARZOA FÉLIX GUATARI FELIX GUATTARI FÉLIX OVEJERO. FERNANDO DIAZ FERNANDO SAVATER FILOSOFIA FILOSOFIA DE LA CIENCIA FILOSOFIA DE LA CIENCIA. FILOSOFIA DE LA CULTURA FILOSOFIA DEL CUERPO FILOSOFIA DEL LENGUAJE FILOSOFIA ESPAÑOLA FILOSOFIA MORAL FILOSOFIA MORAL. FILOSOFIA Y CHINA FILOSOFIA Y FISICA FILOSOFIA Y LOCURA FILOSOFIA Y MEDICINA FILOSOFIA Y PSICOANALISIS FRANCESC TOSQUELLES FRANCISCO J. VARELA FRANCISCO VAZQUEZ GARCIA FRANÇOIS ANSERMET FRANÇOIS CHENG FRANÇOIS JULLIEN FRANÇOISE DOLTO FRED KUTTNER FREUD FREUD. FRITZ PERLS GAIZKA FERNANDEZ SOLDEVILA GEOGRAFIA GEORGES BATAILLE GEORGES BATAILLE.ELISABETH ROUDINESCO GEORGES CANGUILHEM GEORGES DIDI-HUBERMAN GERARD GUILLERAULT GERARD MENDEL GERARDO PISARELLO GERD BAUMANN GILLAD ATZMON GILLES DELEUZE GILLES LIVOPETSKY GIOGIO COLLI GIORGIO AGAMBEN GIORGIO COLLI GIOVANNI ARRIGHI GLOBALIZACION GOETHE GONÇAL MAYOS GREGORIO LURI GUILLEM MARTINEZ GUINEA ECUATORIAL GUSTAVO BUENO GUY DEUTSCHER HAIKU HANNA ARENDT HAQ HEGEL HERVE TANQUERELLE HISTORIA HOBBES HOLANDA HOLDERLIN HUMBERTO MARTURANA. IAN HACKING IAN PARKER IDENTIDAD IDENTIFICACIÓN IDEOLOGIA IDEOLOGÍA IGNASI ALBADI ILLYA PRIGOGINE IMAGINACIÓN IMAGINARIO IMMANUEL KANT IMMANUEL WALLERNSTEIN INDIA INTELIGENCIA EMOCIONAL INTELIGENCIAS MÚLTIPLES INTERCULTURALISMO INVIERNO JACOBO MUÑOZ JACQUES LACAN JACQUES LACAN; SLAVOJ ŽIZEK JACQUES LACAN. JACQUES RANCIÈRE JAIME PASTOR JAVIER PÉREZ ANDÚJAR JAVIER PETEIRO JEAN ALLOUCH. JEAN FRANÇOIS BILLETER JEAN MARIE GUYAU JEAN OURY JEAN PAUL SARTRE JEAN-LOIS BEAUVOIS JEREMY CORBIN JEROME KAGAN JESÚS ESQUERRA GÓMEZ JOAQUIN ABELLAN JOHN GRAY JOHN LOCKE JOHN NART JOHN READ JOHN SCOTT JOHN STUART MILL JOHN STURAT MILL JORDI AMAT JORDI RIBA JORDI ROCA JUSMET JORGE ALVAREZ YAGÚE JORGE LUIS BORGES JOSÉ ALVAREZ JUNCO JOSE ANGEL RODRIGUEZ RIBA JOSE ANTONIO CERRILLO JOSE ANTONIO PEREZ TAPIAS JOSE LUIS MONEREO JOSE LUIS MORENO PESTAÑA JOSE MANUEL ROCA JOSE Mº TORTOSA JOSEBA ARREGI JOSEP FONTANA JOSEP MOYA JUAN CARLOS USÓ. DROGAS JUAN COLOMAR JUAN MANUEL NAREDO JUDITH SHAKLAR JULIAN MARÏAS JUNG JUSTICIA KANT KAREN AMSTRONG KARL MARX KARL POLANYI KATE PICKETT KIERKEGAARD KOJIN KARATANI KWAME ANTHONY APPIAH KWANE A. APPIAH LEIBNITZ LEIBNIZ LEON BLUM LEOPARDI LESLIE JAMISON LEY LIBERALISMO LIBERTAD LIGA COMUNISTA LIGA COMUNISTA REVOLUCIONARIA LIONEL SHRIVER LO REAL LOCURA LOGICA LOREN M.MOSHER LOUIS ALTHUSSER. LUDWIG WITTGENSTEIN LUIS ROCA JUSMET LUIS ROCA JUSMET LUIS ROCA JUSMET. LUIS VEGA REÑÓN LYNNE RAMSAY MANUEL ATIENZA MANUEL FERNANDEZ BLANCO MANUEL SACRISTAN MAQUIAVELO MARC PERELMAN MARCO AURELIO; MARGARITA VON TROTTA MARIO IZCOVICH MARIO MONTINARI MARK FISCHER MARQUES DE CONDORCET MARTIN ALONSO MARTIN GARDNER MARTIN HEIDEGGER MARX. MASSIMO RECALCATI MATTHEW STEWART MAURICE MERLAU PONTY MAURICE MERLEAU PONTY MECANICISMO MENCIO MICHEL FOUCAULT MICHEL FOUCAULT. MICHEL J.SANDEL MIGUEL ABENSOUR MIGUEL BASSOLS MIGUEL MOREY MIGUEL POVEDA MIQUEL BASSOLS MIRCEA ELIADE MONTAIGNE MONTSERRAT GALCERAN MONTSERRAT RODRIGUEZ MULTICULTURALISMO MULTINACIONALES MUNDOS PARALELOS MÚSICA NACIONALISMO NAZISMO NEOLIBERALISMO NEPAL NEUROCIENCIAS NICOLAS SANCHEZ VARELA NIETZSCHE NIKOLAS ROSE OCTAVE MANNONI ODIO ONTOLOGIA OPUS DEI ORTEGA Y GASSET PABLO CIACCIARI PABLO IGLESIAS. PACO FERNANDEZ BUEY PARANOIA PARRESIA PASIOMES. PATERNIDAD PAUL RICOUER PAUL THOMAS ANDERSON PECADOS CAPITALES PEDAGOGIA PEDRO LAIN ENTRALGO PERCEPCIÓN PERE SABORIT PERE SABORIT. PEREZA PERSONA. PERVERSiÖN PHILIP PETTIT PHILIPPE PETTIT PIERRE BAYLE PIERRE CLASTRES PIERRE HADOT PIERRE MAGISTRETTI PLACER PLATON PLATON. PODEMOS PODEMOS UNIDOS PODER PASTORAL PODER; LIBERTAD POESIA POPPER POPULISMO: PRIMAVERA PSC PSICOANALISIS PSICOANALISIS Y MEDICINA PSICOANALISIS Y NEUROCIENCIAS PSICOANALISIS Y POLITICA PSICOANALISIS. PSICOLOGIA PSICOSIS PULSION PULSIÓN DE MUERTE QUENTIN MEILLLASOUX RAFAEL BURGOS RAFAEL DIAZ SALAZAR RAFAEL LÓPEZ ROMO RAMON CASARES RAMON RODIGUEZ PRADA RAYMOND ARON RAYMOND DEPARDON RECONOCIENTO REMO BODEI REPUBLICANISMO RESPETO RESPONSABILIDAD RICARDO ESPINOZA RICHARD A. CLARKE RICHARD P. BENTALL RICHARD PEET RICHARD RORTY RICHARD RORTY. RICHARD SENNETT RICHARD WIKINSON ROBERT K. KNAKE ROBERTO AUGUSTO ROBERTO ESPOSITO ROBERTO MUSIL ROBERTO SAVIANA ROGER BARTRA ROUSSEAU RUDIGER DAHLKE SALVADOR LOPEZ ARNAL SAMI-ALI SAMURAI SANDOR MARAI SANTIAGO CASTELLANOS SANTIAGO LOPEZ PETIT SCHOPENHAUER SENECA SENSACIONES SENTIMIENTOS SEXUALIDAD SHAKESPEARE SHELDON S.WOLIN SIGMUND FREUD SIMBOLICO SIMONE WEIL SISTEMA ELECTORAL. SLAVOJ ŽIZEK SOCIALDEMOCRACIA SOCIEDAD SOCIOLOGIA SOCIOLOGIA. SOCRATES SÓCRATES. SPINOZA STEVEN B. SMITH SUICIDIO SUJETO SUPERYO. SYRIZA TAISEN DESHIMARU TAOISMO TEORIA POLITICA TEORÍA POLíTICA TERAPIA GESTALT TERRY EAGLETON THORDWARLD DETHLESFSEN TIEMPO TIM JACKSON TOMAS R. VILLASANTE TONY JUDT TOTALITARISMO TRANSICION TRASTORNOS ALIMENTARIOS TRSTEZA TTIP TZEVAN TODOROV TZVETAN TODOROV VALENTIN GALVAN VEJEZ VERDAD VERGUENZA VIAJES VICENTE SERRANO LOBATO VIENÇ NAVARRO VIOLENCIA VITALISMO W.O. QUINE WALTER BENJAMIN WALTER SCHIMID WITTGENSTEIN YAMAMOTO TSUNETOMO. ZYGMUND BAUMAN