lunes, 18 de julio de 2016

SOBRE LA LIBERTAD EXTERNA




 Escrito por Luis Roca Jusmet

 La libertad interna, por muy condicionada que esté, depende de uno mismo. La libertad externa, en cambio, depende de la sociedad en la que vivimos. Si la primera era la capacidad de decidir y de llevar a término lo que queremos la libertad social es el marco de posibilidades que te da la sociedad para elegir. Evidentemente cuando hablamos de que la libertad interna quiere decir hacer lo que queremos este querer está limitado por unas limitaciones físicas y por los otros. Es el principio de realidad. Lo que se plantea a partir de aquí es un problema político. la ética y la moral apuntan siempre el compromiso con nosotros mismos o con los otros. Es nuestro compromiso, es nuestra responsabilidad. Se trata de asumir las consecuencias que nuestros actos tienen en relación con nosotros mismos y con los otros. Pero es nuestro compromiso y nosotros mismos somos los jueces. Si actuamos mal nos sentimos culpables.
Por otra parte es evidente que la sociedad debe limitar la libertad individual. Se elaboran unas leyes para regular la libertad de todos porque la libertad de todos solo es posible si cada cual respeta la de los otros. 
 Me parece que la mejor formulación de como debe plantearse esta libertad externa la han hecho John Stuart Mill y Philip Pettitt. Mill separa lo privado de lo público para afirmar que la libertad solamente puede ser limitada si afecta a la libertad del otro. En el momento en que mi libertad coacciona la del otro las leyes deben intervenir. Con lo cual las leyes lo que hacen no es limitar la libertad, sino la de cada uno para favorecer la de todos. No van contra la libertad sino que se ponen a su servicio. 

 Pero esta idea, que resume el mejor liberalismo, debe ser complementada por otra. Es la necesidad de vincular la libertad social con la idea de justicia. Es decir, que a veces las leyes deben limitar la libertad en nombre de un valor diferente que es el de la justicia. La cuestión es, por supuesto, que entendemos por justicia y como mantener este equilibrio entre un Estado justo y la defensa de las libertades individuales. Para mí se resumiría hoy en lo que recoge la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Es decir que la libertad individual debe estar vinculada a la necesidad de garantizar unos derechos sociales para todos. Esto justifica la necesidad de imponer impuestos a todo el mundo y en los términos que decide el Estado. Pasamos entonces del liberalismo a la socialdemocracia o a liberalismo social. Philip Pettit lo ha teorizado muy bien en su concepto de libertad como no-dominación.
 Pero hay que entender también la libertad externa como libertad política. La libertad política es la de expresarse, asociarse, reunirse y manifestarse libremente. Es lo que podríamos llamar libertad republicana. Pero esta libertad republicana cierra el círculo con la libertad interna. Porque solamente los ciudadanos con información y con criterio pueden dar contenido a una democracia. Es decir, que son las virtudes cívicas las que necesitamos para que esta democracia sea no solo un procedimiento formal sino también una cultura. Esto nos lleva nuevamente a la sociedad, a la educación, a los medios de formación y de información
 La conclusión es que la libertad interna y la externa no pueden separarse y que todo lo humano tiene una dimensión social. La sociedad hace al individuo y el individuo hace la sociedad. Cada cual ha de asumir la responsabilidad que tiene en que sea posible "una buena vida, compartida con los otros y en el marco de unas instituciones justas.

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