Reseña
La
cara oscura del capital erótico. Capitalización del cuerpo y
trastornos alimentarios
José Luis
Moreno Pestaña
Madrid :
Akal/pensamiento crítico 51, 2016
Escrito por Luis Roca Jusmet
Nos
encontramos frente a un ambicioso y logrado libro de José Luis
Moreno Pestaña. Para los que no lo conozcan, es un filósofo y
sociólogo español que ha destacado por la publicación de diversos
trabajos sobre Michel Foucault, filosofía política, sociología de
la filosofía, de la enfermedad mental y de los trastornos
alimentarios. En este caso podríamos decir que amplifica, profundiza
y completa un libro anterior : Moral corporal, trastornos
alimentarios y clase social ( 2010). La
formación filosófica del autor no es un inconveniente a su estudio
sociológico, ya que está muy lejos de cualquier deriva
especulativa. Muy al contrario, le da una valiosa caja de
herramientas teóricas que sabe poner al servicio de una
investigación rigurosamente empírica. Podemos situarlo dentro de la
tradición sociológica de Pierre Bordieu y Jean-Claude Passeron (
del que, por cierto, hizo una impecable traducción y un valioso
estudio preliminar de su libro El razonamiento sociológico.
El espacio comparativo de las pruebas históricas ).
Moreno Pestaña nos explica al final del libro la metodología
empleada, que es básicamente la cualitativa, etnografica, la del
trabajo de campo. Hay cincuenta y dos mujeres entrevistadas, de las
que interesa sus orígenes sociales, trayectorias personales y como
han vivido la presión corporal por la imagen y los problemas que
ello les ha suscitado. Ellas son la referencia empírica del estudio.
Si
analizamos el título del libro, vemos que de entrada nos habla del
capital erótico y de su lado oscuro. Moreno Pestaña parte, por una
parte, de las noción de capital
elaborada por Pierre Bordieu. que dividía en capital económico,
capital social y capital simbólico o cultural. Que no deja de
inspirarse en la formulación de Marx del capital variable, que es el
resultado del trabajo del asalariado que vende su mercancía para
hacer rentable el capital constante del empresario. Para Marx el
capital variable es el precio que paga el empresario pero es
diferente de las heterogéneas competencias y del trabajo vivo de
este trabajador. En el marco del neoliberalismo, aparece la noción
de capital humano como
la gestión empresarial de uno mismo en el mercado del trabajo. De
esta manera cada cual aparece como responsable de la capitalización
no solo de su capital cultural sino cada vez más de su propio
cuerpo, entendido como una inversión. Aparece entonces lo que se ha
llamado capital corporal
y, siguiendo la conceptualización de Catherine Hakim, del capital
erótico. Esta socióloga
entiende este capital erótico como un recurso femenino basado en la
seducción y en una imagen atractiva, que puede servir a las mujeres
para darles una ventaja en el mercado de trabajo. Es justamente esta
formulación idealizada la que lleva a Moreno Pestaña a hablar de
cara oscura. Porque lo
que aparece entonces es, por una parte la discriminación en función
de un modelo erótico ideal ( delgadez, vestir elegante, atractivo
visual ) y la presión laboral permanente para mantenerse ajustada a
este ideal. Esto último nos lleva precisamente a la segunda
cuestión que apunta el título, que es la de la relación entre su
capitalización y los trastornos alimentarios, que son, en su límite,
la anorexia y la bulimia. Hay un análisis muy riguroso y preciso de
los trabajos donde este capital erótico es un imperativo : a)
camareras en pubs y discotecas; dependientas y encargadas en tiendas
de moda ; ocupaciones artísticas : danza e incluso canto. Pero no
se trata únicamente de estas profesiones, aunque es en ellas en las
que resulta más claro. En las trayectorias biográficas de las
entrevistadas vemos cómo la presión por mantener esta cualificación
estética tiene un duro precio : depresiones, ansiedad y, por
supuesto, trastornos alimentarios. Pero no solo se trata del registro
profesional, ya que a nivel social, par ser reconocido en las clases
altas, hace falta una imagen de delgadez que parece ser una medida de
autocontrol, elegancia y calidad moral. Hay aquí, además, una
unificación del mercado de la belleza con la legitimación de la
delgadez desde el punto de vista sanitario.
Moreno Pestaña reivindica el papel del sociólogo no
solo como el que describe lo que hay sino como el que es capaz de
plantear su carácter contingente y no necesario y abrir, por tanto,
otros posibles. ¿ Hasta que punto estamos reduciendo nuestro cuerpo
a un capital variable ? ¿ No se ha convertido el análisis sanitario
del
peso en una ideología que va mucho más allá de lo que es
científicamente justificable ? ¿ No es hoy la gordura un estigma
laboral y social ? La propuesta del autor es clara : hay que liberar
el cuerpo de las ataduras del modelo de la dejadez, hay que dejar de
verlo como una capitalización. Para ello deberíamos volver a
actualizar algo que se apunta en nuestros orígenes griegos: la
crítica política al cuerpo como una inversión. Volver a una
percepción y a una vivencia del cuerpo entendido como algo que hay
que apreciar y disfrutar sin someterlo a modelos que lo encorsetan y
lo acaban desvalorizando. Pero esto no es solo una apuesta ética
sino también política. La belleza, la virtud cívica y la salud se
han de entender, de entrada, como tres niveles diferentes. Y hay que
actuar públicamente contra las servidumbres que nos impone el
mercado de la belleza y de su legitimación sanitaria. Mostrar, por
ejemplo, que hay más problemas de salud provocados por las dietas
que por la gordura.