1) El suicidio es una muerte violenta. Esto es un juicio de valor, no de hecho. Muerte violenta es cuando hay una agresión hacia alguien que le provoca la muerte. ¿ es un suicidio una autoagresión ? Depende. Lo será cuando un impulso agresivo hacia uno mismo le lleva a la muerte. no lo será cuando es producto de una decisión.
2) El suicidio no es problema filosófico, es un problema de salud pública. Evidentemente esto parte del discurso psiquiátrico como parte del discurso médico. El suicida es un enfermo mental ( algunas veces se ha formulado en estos términos tan claros). Pero el discurso psiquiátrico es un discurso confuso e ideológico. la psiquiatría no es una ciencia, es una técnica que se basa en una ideología. esta ideología formula un criterio de normalidad y sobre ella se establece lo que es anormal. Lo anormal es una patología mental. Se mezclan el concepto de trastorno con conjeturas sobre el origen neurológico de los trastornos. El suicidio no es un problema de salud público. Ni siquiera es un problema. Es un acto desesperado. El acto de quién no espera nada, de quien no quiere nada.
3) Es posible que tenga relación con la crisis. Cualquier razonamiento psicológico o sociológico pone de manifiesto que la relación es evidente. La desesperación se da en una situación personal en la que la falta de recursos económicos en una sociedad, la capitalista, en la que casi todo se compra es evidente.
No voy a hacer una apología romántica del suicidio. Detrás del suicidio están lo que Spinoza llamaba con tanta precisión las pasiones tristes. Y como él mismo decía la tristeza es el mal y la alegría es el bien. Pero el dolor de existir es real. Schopenhauer, Sartre, Camus, Cioran lo han descrito de manera lúcida.
El suicidio es entonces un resultado negativo, necesariamente. Es el resultado de que la vida no merece ser vivida. Pero como los humanos somos conscientes de que estamos vivos y tenemos una posición delante de la vida podemos decidir que no vale la pena vivir. Entonces es una solución, pero al problema de vivir sin quererlo. Cioran decía que la posibilidad del suicidio era lo que le permitía seguir viviendo. Consideremos que es sincero. Lo que dice tiene mucho sentido porque la vida no es entonces una fatalidad. Uno puede decidir acabarla.
