sábado, 3 de marzo de 2018

ETA : LA BOLSA Y LA VIDA

Resultat d'imatges de la bolsa y la vida



Reseña de

La bolsa y la vida. La extorsión y la violencia de ETA contra el mundo empresarial
Josu Ugarte Gastaminza (coordinador)
La Esfera de los Libros, 2018

Escrito por Luis Roca Jusmet


Este libro cubre un vacío. Había que hacerlo y lo que se publica aquí es el resultado de cuatro años de investigación (2012-2016) de un grupo de expertos vinculados al colectivo Bakeaz (Por la paz) que asumieron el compromiso. El coordinador del libro, Josu Ugarte Gastaminza, es precisamente el que fue fundador y director de la asociación vasca, creada en 1992 y que dejó de existir en 2013. En ella participaban personas vinculadas a la izquierda y a los movimientos sociales, comprometidas con una radical defensa de los derechos humanos y la paz.
Ciertamente de lo que se trata, como dice el título, es de «La bolsa y la vida» y no «La bolsa o la vida», como dice el tópico. Porque no se trata de pagar y salvarse. Se trata de pagar sabiendo que se colabora en financiar el aparato militar que dará lugar a más muertes y extorsiones. Se trata de pagar en un clima de miedo y de acoso en los que la vida pierde calidad cívica y democrática. Siempre se pierde.
El libro se inicia con un capítulo de Gaizka Fernández Soldevilla que trata sobre los inicios de la violencia contra el mundo empresarial en ETA y cómo se mantiene en sus derivaciones minoritarias (como ETA político-militar o los Comandos Autónomos Anticapitalistas). Hay que señalar que el autor es un joven historiador que ha escrito mucho sobre ETA y el nacionalismo radical vasco (por ejemplo, los libros Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Eskerra; o La voluntad del gudari. Génesis y metástasis de la violencia de ETA), contribuyendo de una manera especialmente meritoria a establecer un relato historiográficamente solvente sobre el tema. Le sigue un capítulo de Francisco Javier Merino Pacheco (miembro del grupo de expertos de la Escuela de la Paz de Bakeaz). Es una parte especialmente interesante desde el punto de vista político que se centra sobre todo en sus luchas «ecologistas» contra la central nuclear de Lemóniz, la autovía de Leizarán y el Tren de Alta Velocidad. Luchas que tendrán unas consecuencias devastadoras no solo a nivel económico y humano, sino también político. Devastadoras contra la legitimidad del movimiento ecologista y de las instituciones democráticas.
Florencio Dominguez Iribarren, director del Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo trata sobre la financiación del terrorismo de ETA militar durante la democracia. Analiza con precisión los diversos modos de hacerlo: atracos a bancos, secuestros, extorsión. Se centra también en la extorsión que se da entre el 2001 y el 2010 y las diferentes resistencias con las que topa, entre otras cuestiones colindantes (como el dinero de los presos y los flujos económicos entre ETA y su entorno). A continuación, Doroteo Santos Diego, un agente de la Ertzaintza, experto en seguridad que colabora con asociaciones de víctimas del terrorismo y Bakeaz, pone de manifiesto las luces y las sombras en la política de seguridad de las diferentes instituciones del Estado (y su necesaria, y no siempre eficaz, coordinación). Seguidamente José María Ruiz Soroa nos escribe sobre lo que le ocurrió (frente a lo que le debía ocurrirle) al empresario extorsionado cuando se presenta ante la Justicia. Plantea la incómoda pregunta de si tiene la obligación el Estado, en cuanto que falla como garante de derechos y libertades, de asumir la solidaridad con los rescates abonados por el secuestrado y su familia. Por cierto que el autor es un doctor en Derecho coautor de un libro que me parece imprescindible: La secesión de España. Bases para un debate desde el País Vasco. Pablo Díaz Morlán, profesor de Historia Económica, entra en los tres últimos capítulos (el tercero en colaboración con Borja Sanz Montaño) en la cuestión del coste económico de la actividad terrorista y de la trama de corrupción que genera su actividad.
Tenemos finalmente las conclusiones de Josu Ugarte y, como inestimable valor añadido, un epílogo de Martín Alonso Zarza. Respecto a las conclusiones es de agradecer la claridad y la síntesis en que se formula, en dieciséis tesis, todo lo expuesto a lo largo del libro. Delimita un perfecto hilo conductor que evita que nos dispersemos en la variedad de capítulos. Señalo la undécima: «Por humanidad y por decencia cívica y democrática, las vidas y bienes de las personas extorsionadas por ETA deberían haber sido protegidas mediante un servicio policial efectivo y eficiente. Demasiadas veces y durante mucho tiempo los extorsionados estuvieron solos y fueron victimizados injustamente. Quedaron expuestos a la impunidad del chantaje terrorista, fueron secuestrados o asesinados y, salvo honrosas excepciones, ni las instituciones políticas, ni las organizaciones empresariales, ni la sociedad –con la cuota de responsabilidad que corresponda a cada una de ellas– respondieron adecuadamente en tiempo y forma…». Por esta razón, y de manera muy justa y generosa, el libro está dedicado «A los empresarios, directivos y profesionales que fueron estigmatizados, amenazados, perseguidos y, en algunos casos, secuestrados, heridos y asesinados» y «A aquellas familias que padecieron este infierno».
El epílogo de Martín Alonso (autor de la trilogía El catalanismo, del éxito al éxtasis; y de «No tenemos sueños baratos». Una historia cultural de la crisis) no tiene desperdicio. Como siempre una lúcida interpelación moral, de la que recojo las palabras finales: «Por el contrario, la luz sobre la extorsión promete iluminar la tramoya de aquella hipernormalidad en que ETA era normal –hasta necesaria– y desenmascarar a los impostores; entre ellos a quienes enfangados en su propia mistificación no han cesado de reivindicar… la normalización». Pero también unas palabras anteriores: «Sin embargo, y es parte de la paranormalidad, sectores muy influyentes de la sociedad vasca han predicado que no había más solución que el diálogo […] y han utilizado la dialéctica más dura para deslegitimar la acción del Estado. La obscenidad de llamar al diálogo con los sanguinarios del hacha y la serpiente y el intento revisionista de transmutarlos ahora en artesanos de la paz es una impostura en las antípodas de las exigencias de verdad y reparación. Y más llamativo resulta aún que esta idealización se haya extendido a parte de la izquierda española y europea; lo cual, como es obvio, ha impedido ver el carácter totalitario (miedo) y mafioso del espectro articulado en torno a ETA».
Este libro es un nuevo esfuerzo para potenciar, en palabras de Josu Ugarte, «una ética de la memoria que contribuya a establecer la verdad sobre el pasado, a enfrentarnos a las diferentes formas de negación, tergiversación, manipulación, ocultación o impostura…». Una ética, en definitiva, de la verdad, que se enfrenta a este nefasto fenómeno del llamado postmodernismo que denominamos posverdad. Los hechos se inscriben, efectivamente, dentro de un relato que los relaciona e interpreta. Esto es innegable, ya que solo pueden entenderse en un proceso y en un contexto. Ahora bien, los hechos son los que son. Y frente a ellos hay que tener (y aquí vuelvo a citar las palabras del coordinador) «una memoria política al servicio de los valores democráticos, una memoria ética al servicio de la convivencia y una memoria profiláctica como barrera o tratamiento intelectual contra la intoxicación del fanatismo».


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