jueves, 31 de julio de 2014




El futuro es un país extraño. Una reflexión sobre la crisis social de comienzos del siglo XXI
Josep Fontana
Barcelona : ediciones del pasado y presente, 2013.

Escrito por Luis Roca Jusmet

Josep Fontana es un peso pesado entre los historiados contemporáneos. Como Eric Hobsbawn o Tony Judt se ha arriesgado a dar una interpretación de los que ha sido el mundo una vez concluida la Segunda Guerra Mundial. Es decir, en proporcionar los conocimientos históricos imprescindibles para entender nuestro presente. Con esta intención Josep Fontana escribió Por el bien del Imperio.Una historia del mundo desde 1945 ( publicado el 2011) por la misma editorial. El libro respondía a la voluntad de ofrecer al lector elementos descriptivos y conceptuales que le permitieran un análisis crítico de lo que las ideologías del sistema han justificado. La tarea del científico social es, siguiendo la propuesta de Marx, ofrecer una visión científica de los procesos y las estructuras globales que nos permitan entiende los hechos concretos. Fontana no es imparcial pero quiere ser objetivo. No es imparcial porque su perspectiva es la de un ciudadano que quiere la emancipación humana y debe interpretar lo que ocurre en función de esta exigencia. Pero que no sea imparcial no quiere decir que no sea objetivo. Se trata de explicar lo que ocurre, desmantelando las ideologías que lo ocultan o distorsionan. Este es el ambicioso empeño de Josep Fontana en su libro Por el bien del Imperio.El libro merece ser leído porque es riguroso y preciso y está escrito en un lenguaje claro y accesible. Quizás la única crítica sea una excesiva atención en el Imperio. Porque me parece, de acuerdo con otro sociológo historiador muy potente que es Wallerstein, que el capitalismo en una economía mundo y no un imperio. Ciertamente que el país hegemónico en la época que nos habla Fontana es EEUU pero esto no significa que todo el desarrollo mundial pueda explicarse a partir de su estrategia, como a veces parece sugerir el libro. En todo caso un magnífico estudio que hay que leer con atención y paciencia : ocupa más de mil páginas.
Con el libro que nos ocupa Josep Fontana quiere complementar el estudio anterior, tan elaborado, con unos apuntes sintéticos, rápidos, sobre nuestro presente, contenido en menos de 200 páginas. Tiene, eso sí, una amplísima bibliografía para profundizar en cada uno de los temas. Lo breve del diagnóstico implica que no hay una voluntad de profundizar sino de dar las claves que nos permiten orientarnos críticamente en el mundo que vivimos. El resultado es de todas formas, he de decirlo, algo decepcionante. No porque el libro no merezca la pena. Es un libro útil porque nos recuerda cuestiones que no debemos olvidar y que los mass media esconden y distorsionan. Existe la lucha de clases y lo que vivimos es una ofensiva de las clases dominantes a nivel mundial. Una estrategia que pasa por la desrregularización de la economía, la privatización y la bajada de impuestos para los ricos, el desmantelamiento de los derechos sociales y el ataca a los sindicatos. Fontana se apoya además en análisis de académicos reconocidos para dar más solvencia a algunas afirmaciones.
Pero me parece que Fontana se olvida de cuestiones esenciales. Por ejemplo de la crisis ecológicas, ausente en su análisis. Se centra demasiado en EEUU, como en su libro de historia y no tiene en cuenta que la élite dirigente mundial funciona a través de muchas redes e instituciones que casi no menciona, entre ellas la Gran Tríada del Banco Mundial, El Fondo Monetario Internacional y la Organización Mundial del Comercio. China ocupa un lugar muy poco relevante en su análisis y su visión hacia ella es bastante complaciente. Apenas menciona a Rusia y conflictos como el que ha aparecido en Ucrania resultan de esta manera invisibles. Cita muy por encima el tema de la ciberguerra y del narcotráfico mundial. El capítulo final, que trata sobre si es una crisis estructural del capitalismo, resulta bastante pobre.
Respecto a sus propuestas son solo son poco renovadoras sino también poco convincentes. ¿ Crecimiento contra austeridad ? No voy a defender las teorías del decrecimiento pero sí la necesidad de un determinado crecimiento, como han planteado por ejemplo Tim Jackson o José Manuel Naredo. No se trata de estimular el consumo sino crecer en algunos aspectos y decrecer en otros. Tampoco se trata de suvalorar la deuda pública, consecuencia en muchos aspecto del despilfarro del Estado. Cuando sabemos que en España el gran agujero ha sido de las cajas ( gestionadas desde el gobierno) y no los bancos es dificil defender incondicionalmente lo público frente a lo privado. Cuando sabemos que las obras públicas han costado miles de millones de ueros más de lo necesario y que se ha invertido en megaproyectos absurdos, es difícil defender incondicionalmente la inversión pública. Faltan matices para que el proyecto socialdemócrata, que es el que en definitiva defiende, resulte creíble. Tampoco hay propuestas políticas clara para regenerar la democracia.
Resumiendo, quizás pido demasiado a un libro que no pretende más de lo que hace, un breve diagnóstico crítico desde a izquierda del mundo en que vivimos. Pero así y todo me parece mejorable, porque en definitiva no aporta nada nuevo, ni a nivel de análisis ni de propuestas.

2 comentarios:

  1. "Algo va mal" de JUDT responde a tu desconfianza en lo público. Aquí falla la honradez de los gestores, no lo público por sí mismo. El sector público debe ocuparse de asuntos que el privado no lo va a hacer por falta de rentabilidad, y que son servicios necesarios para los ciudadnos, por ejmplo transporte público a lugares alejados y poco poblados, o escuelas o médicos en esos lugares. Precisamente esas isntituciones sirven para crear "comunidad" que es lo que se echa en falta en este mundo neoliberal, y en este país de "individualidades geniales". Lo público tiene su lugar bien gestionado, ahorra y ayuda a la construcción de una identidad cívica.

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  2. ¿ Dices mi desconfianza en lo público o es un lapsus ? Yo siemp`re he paostado y pauesto por lo público, estoy totalmente de acuerdo con lo que dices, Ana.

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