jueves, 10 de abril de 2014

Francisco Vázquez García : El encuentro fallido ( y fecundo) entre Foucault y los historiadores





Escrito por Luis Roca Jusmet

Francisco Vázquez García escribió el año 1988 el libro Foucault y los historiadores ( editado el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz ) este libro sobre Michel Foucault, si no me equivoco, fue el segundo trabajo riguroso que se escribió en nuestro país sobre el filósofo francés. El anterior, escrito cuatro años antes, fue Lectura de Foucault. Entre los dos realizaron un buen balance de lo que hasta el momento era la obra escrita de Foucault. No se disponía todavía de Dits i escrits y de la transcripción de los seminarios del Collège de France. El punto de vista de Morey era ( y es) más literario y nietzscheano, y el de Vázquez García más canguilhemeano, más analítico.
El libro de Francisco Vázquez García, a diferencia del libro de Morey, más global, se centra en el método arqueológicogenealógico y más concretamente en lo que éste puede aportar a los historiadores. En este colectivo incluye en primer lugar a los epistemólogos de la ciencia, como Bachelard, Cavaillés y sobre todo Canguilhem. Pero también a los historiadores, en el sentido más amplio del término, sobre todos a los que pertenecen a la Escuela de Annales.
 El libro de Vázquez García es muy interesante y uno de sus méritos  es que no quiere entrar en polémicas estériles y sin salida. La relación Foucault/historiadores es compleja y heterogéneos y hay quen ir a los matices. Para ello parte de lo que dice Foucault sobre los historiadores de los Annales y los epistemólogos y también de sus encuentros institucionales. Pero sobre todo del propio material de historiadores Foucault basa sus investigaciones y en los diálogos públicos que Foucault establece con ellos. En sentido contrario también utiliza los artículos y recensiones que los mismos historiadores hacen de los libros escritos por Foucault.
 Vázquez García va desgranando de manera minuciosa los libros que escribió Foucault. La idea básica planteada por Foucault y su método arqueológicogenealógico es que los objetos de conocimiento se construyen a partir de las prácticas sociales ( la enfermedad, la locura, la delincuencia, la sexualidad). Los saberes son la manera como los construimos a partir de unas prácticas. 
 El autor del libro hace un estudio muy interesante de las influencias de Georges Dumeziel y Georges Canguilhem sobre Foucault. Una idea muy fecunda es que lo que propone Foucault no es, como sí hace la ciencia, poner de manifiesto los procesos invisibles que hay detrás de lo visible. Se trata, por el contrario, de estudiar las estructuras que delimitan en cada contexto lo que es visible y lo que es invisible. 
 Los análisis de Canguilhem son la principal referencia de Foucault. Se trata de analizar y estudiar las transformaciones conceptuales. Hay una voluntad de criticar las ilusiones, siguiendo lo que en su momento se llamaron los maestros de la sospecha ( Marx, Freud, Nietzsche)
a los que Foucault dedicó, como sabemos, un pequeño texto. La influencia de Nietzsche también es analizada por Vázquez García en su justa medida, sin sobrevalorarla ni negarla.
 El orden del discurso, la conferencia con la que Foucault inicia sus seminarios en el Collège de France, es el punto de inflexión entre lo arqueológico y lo genealógico. Pero para Vázquez García no hay una entre las dos etapas, sino una variación dentro de un mismo hilo conductor metodólogico. Foucault sigue la misma línea pero con gran exigencia autocrítica , que le lleva a transformaciones y replanteamientos constantes. Lo que se inicia entonces es una etapa en la que se centra inicialmente en la normalización a través de las instituciones disciplinarias, cuyo libro paradigmático es Vigilar y castigar.
  El método genealógico dará lugar a múltiples estudios a finales de los 70 ( realizados por Meyer, Castel, Dozelot, Ewald). La genealogía se centrará en la construcción de objetos. Esta será la diferencia con los historiadores, que ya presuponen que hay algo que estudian independientemente del saber. Aquí es donde Foucault marca la diferencia. Puede aceptar críticas concretas que la harán de manera implacable por falta de consistencia empírica ( el caso más claro es Pierre Vilar). El genealogista se distancia de la familiaridad de los objetos, no los presupone. Esta es su aportación y estos son los horizontes que abre, con sus estudios. No se trata de comparar lo que hace Foucault con lo que hacen los epistemólogos ni los historiadores. Lo que hay que hacer es ver como podemos cruzar de manera fecunda sus trabajos, reconociendo lo que hay de fallido, en el sentido que nunca será ( ni puede ni debe ser) un encaje armónico. 
 Algunos grandes historiadores, como Braudel, lo entendieron desde el principio. Otros, como Paul Veyne, mantuvieron con Michel Foucault una sólida amistas y una interacción intelctual permanente muy fructífera.

4 comentarios:

  1. Al margen de interpretaciones, está claro que Foucault es una mina a cielo abierto y yo al menos no me canso de descubrir e intentar enterarme. Es muy atípico en sus propuestas, por ello que hay que hay que hacerse a su atmósfera poco a poco.

    Sobre Nietzsche, sin Nietzsche no hay Foucault, me parece innegable.
    Estoy en el nivel "Kindergarten" de Foucault, pero me parece que me he enterado de que el sujeto venerado desde Descartes es una construcción cuyos elementos básicos son difíciles de descifrar. En eso F sigue a N. Y estamos en el método genealógico. También es nietzscheano el rechazo de lo verdadero/lo aparente y su apostar por "lo que hay", el "acontecimiento", que suele ser un cruce de caminos...entre duraciones, perspectivas...

    Sobre el tema "historiadores en relación con Foucault", creo que es lo de siempre: el choque del "empirirsmo" con el "teórico" que se lanza al vuelo. Son arriesgadas las cosas que dice F. Hay que reconocer que sugiere mucho y tiene la valentía de ver el pasado, la sociedad de un modo único.
    Lo de la mirada que tanto trabaja en "Las palabras y las cosas" es fundamental. La mirada que le echemos al mundo lo cambia todo, y F. tiene una forma de mirar muy particular.

    Siguiendo con sus innovaciones: "espacio", F. reconoce que cuando se llevaba el hegelianismo, marxismo y por tanto el tiempo y la dialéctica de la historia, los Blanchot, y compañeros estructuralistas sacaron a la luz el "espacio", algo que él ha trabajado a raíz del "encierro de los locos".

    A propósito de la historia de la ciencia, F. se centra en las condiciones exteriores a la ciencia que producen la ciencia, no tanto en lo interno de la ciencia, si he entendido bien.

    Todo esto lo voy sacando de Estética, ética y hermenéutica, que me está resultando de gran ayuda para entender mejor. O eso creo.

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  2. Hay una influencia clara de Nietzsche en Foucault, esto es indiscutible. Pero también hay muchas diferencias. F. no comparte ni la epistemología, ni la ética ni la pol´tica de N.,aunque coge los elementos que le interesan. Pero el materialismo de F. no se remite solo a N.
    Pero la influencia de Canguilhem también es innegable. El N. de F. está, por otra parte, muy mediatizado por la lectura que hacen de él Bataille y Blanchot, me parece.
    Un abrazo

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  3. El problema en Foucault es su tendencia a erigir un discurso que desborda a lo epistemológico y lo historiográfico. Es un discurso que se enmaraña en sí mismo -desde luego que en diálogo con otros filósofos- y que traza sus propios callejones sin salida. En los aportes de Foucault, hay mas preguntas que respuestas, hay mas rupturas que tejidos, hay mas desencantos que fascinaciones. Foucualt nos lleva a pensar objetos culturales -que serían muchísimo mas que objetos, vitalidades- que se forman complejamente en tramas atravesadas por el saber, por el poder y, sobre todo, por intencionalidades que nos resulta incómodo develar. Después de darnos cuenta de la densidad con la existen el control de los discursos, el poder sobre los cuerpos individuales y los cuerpos colectivos. Después de enterarnos de que estos condicionamientos histórico-epistemológicos nos son inherentes, no son insalvables de una u otra forma, ¿qué sigue entonces? Foucault nos desnuda, muestra nuestras vísceras, nuestras ámpulas de las que mana pus y hediondez. Nos damos cuenta de la maldad que existe ahí, una maldad que Foucault descubre y narra de una forma descarnada y bella. Pero somos mucho mas que espectadores de esa pus y hediondez. Somos los lacerados de ello, los hundidos en ello. Los que tocan sus heridas como demasiado reales y angustiantes. El aparato teórico de Foucault, sus formas complicadísimas y rebuscadas, parece advertirnos que mas allá de los hallazgos oscuros y complejos que puede descubrirse en los anudamientos del saber y el poder, hay un territorio abierto para pensarnos en toda la desnudez de lo que somos. Aunque esto nos lleve a una angustia infinita. Una angustia que no hubiera podido ser pensada desde los cánones históricos y epistemológicos que preciedieron a Foucault. Una angustia Foucaultiana -que no es lo mismo que una angustia posmoderna-. Cuya única posibilidad para salir es no quedarse quieto ni en silencio. Es buscar y re-buscar, aunque en esto se nos vayan la vida y el pensamiento...

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  4. Excelente comentario, amigo Leonardo. un abrazo

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