Luis Roca Jusmet
Podemos entender la ética como el arte de los encuentros. Buscar los buenos encuentros y potenciarlos. Evitar los malos encuentros y protegernos de ellos cuando son inevitables. Encuentros con los otros, que son individuos humanos y no humanos, que nos alimentan y nos intoxican. Y con lo otro: lugares y artificios (libros, dispositivos electrónicos…). Pero hay elementos ambivalentes, momentos diferentes que hacen a veces ambiguas y complejas estas selecciones. Y la dificultad de romper con aquello que, aunque nos intoxica o destruye, nos crea adicción. Solo con la propia experiencia y con las prácticas adecuadas podemos ir avanzando.
La experiencia sigue siendo lo que nos humaniza de manera singular. La experiencia implica vivir algo y ser capaz de asimilarlo y transformarlo en un saber. La experiencia es la capacidad de aprendizaje de cada cual, como cuerpo pensante y hablante que se relaciona con otros y que vive situaciones diversas. Me temo que la banalización, el consumismo y la superficialidad con que pasamos por este mundo tan líquido nos está privando de la experiencia y nos uniformiza bajo los tópicos hegemónicos del imaginario social.
La identidad de cualquier sujeto humano es de su vida, entendida como totalidad. Por lo tanto no podemos determinarla hasta el momento de la muerte, que es el final. El comienzo es más difícil de determinar : la concepción, el nacimiento… somos animales prematuros y completamente desamparados. Poco a poco vamos ganado autonomía y responsabilidad de lo que somos, aunque no hayamos decidido ni nacer ni haber nacido cómo lo hemos hecho. Nadie se elige a sí mismo pero hemos de responder de nosotros mismos y de lo que hacemos a partir del momento en que somos conscientes de ello y de sus consecuencias. Pero hemos de tener la valentía de asumir toda nuestra biografía, por mucho que haya aspectos que quisiéramos, ilusioriamente, borrar. La identidad, en todo caso, es un proceso, no algo sustantivo
El deseo de reconocimiento es bueno. Porque quiere decir que estamos abiertos a los otros y que compartimos con ellos. Damos y queremos recibir. Esto es lo deseable. Los que dicen que dan sin querer recibir mienten o se engañan. Por supuesto que este deseo no puede ser una fijación porque entonces si caemos en este exceso nefasto que es la vanidad y que es tan negativo en la relación con otros y tan tramposo en la propia
El deseo es la canalización de lo pulsional. La pulsión humana es como el instinto descabezado por la irrupción de la lengua y de la ley. El deseo nos humaniza pero también puede deshumanizarnos si no somos capaces de reconocer al otro como sujeto del deseo y lo reducimos a la condición de objeto. El deseo puede ser consciente o inconsciente Puede darnos una pista de un anhelo genuino o puede dejarse llevar por simulacros. No se trata, por tanto, de seguir o no seguir el deseo sino del trabajo para reconocerlo para saber su verdad o falsedad. Verdad o falsedad en el mismo sentido en que diríanos que una moneda es verdadera o falsa.

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