Luis Roca Jusmet
Hablar del «sistema», de sus defensores o de sus críticos, los «anti-sistema», solo sirve para ocultar la complejidad de lo real. El mundo humano ( y cada submundo) es un conjunto de múltiples estructuras y procesos. Cada cual ocupa un lugar (objetivo) y tiene una posición (subjetiva) en una red de relaciones. Pero todos estamos, de una forma o de otra, en el sistema. La cuestión es hacer lo que podemos para mejorar el mundo en el que vivimos.Saber lo que hay que conservar y lo que hay que transformar.
El marxismo y el populismo son incompatibles con la democracia liberal. El marxismo se basa en la lucha de clases : el dominio político del supuesto representante de la clase obrera y la eliminación de los supuestos representantes de las otras clases. El populismo se basa en el gobierno del supuesto representante del pueblo y la eliminación de los representantes de las supuestas élites. Son totalitarios, incompatibles con el pluralismo. La democracia liberal se basa en la división de poderes, en las libertades políticas, en las elecciones y en la aceptación del pluralismo. Aceptar el pluralismo quiere decir que aceptas a los otros grupos políticos como adversarios.
La democracia real solamente es posible en una sociedad de ciudadanos adultos, con criterio y responsabilidad. Si esto no se da, que cómo sabemos es el caso, entonces tenemos una democracia liberal solamente formal. Que quizás es un simulacro de democracia, pero aún así lo prefiero a cualquier forma de dictadura, que es la única alternativa posible. Nuestra tarea es potenciar las condiciones que hagan posible la cultura democrática.
No soy partidario de las identidades. Puedo decir que soy europeo y lo digo en términos relativos, no de identidades absolutas. Soy europeo cómo soy otras cosas. No me avergüenzo de serlo. Europa tiene sombras cómo tiene luces Me parece que ha hecho grandes aportaciones a la historia cultural de la humanidad y deberíamos conservarlas, renovarlas y transmitirlas. No me gusta demasiado cómo funciona la Unión Europea ni los EEUU de Trump, pero me gustan mucho menos los regímenes que hay en China, India, Rusia, Corea del Norte, Irán o en cualquier país árabe. No perdamos la perspectiva de cuáles son los peligros de la geo-política actual.
El planteamiento de Isaiah Berlín sobre libertad negativa y libertad positiva es interesante. La libertad negativa trata de las puertas que tengo abiertas y la positiva de quién me gobierna. Esto quiere decir que la libertad negativa no es solo que no te repriman sino también que tengas oportunidades. En cambio la libertad positiva es la capacidad de gobernarse a tí mismo, de autodeterminarse y de participar en la vida pública. La primera es más externa y la segunda más interna pero están ligadas y dependen las dos de las condiciones sociales, económicas y políticas. Hay que recuperar a estos liberales clásicos, tan cercanos al proyecto de un Estado democrático y social de Derecho y al mismo tiempo tan defensores de la libertad de cada cual de poder decidir sobre su proyecto de vida.
La base de la Declaración Universal de Derechos Humanos es una ficción. Ni nacemos libres ni nacemos iguales. La libertad y la igualdad (de derechos y de oportunidades, no de capacidades innatas) son ideales emancipatorios. Es algo que debemos esforzarnos en lograr, una apuesta que debe ser a la vez ética y política. La dignidad que asigna a los humanos es también un supuesto ideal que vale la pena mantener como tal pero que nada tiene que ver con la condición natural de los humanos, una especie biológica a la que, para bien y para mal, solo podemos atribuir una mayor complejidad. Pero aún así vale como una propuesta política que ha conseguido universalizar los derechos.
El marxismo continúa imponiendo sus prejuicios. Hay dos que son interesantes: 1) que no hay clase media y 2) que el centro político no existe. Su discurso dice que el motor de la historia es la lucha de clases, las clases son la burguesía y el proletariado (y, marginalmente, la pequeña burguesía); las clases, en el capitalismo, se definen en función de la propiedad o no propiedad de los medios de producción; los partidos políticos o defienden los intereses de la burguesía o del proletariado. Pues no. Castoriadis ya mostró que las clases hay que entenderlas hoy desde la estructura jerárquica de la tecno-burocracia. Y en esta división determinada por el poder hay sectores intermedios Y los partidos políticos no representan una clase social, sino a grupos que funcionan en parte como una secta y en parte como una empresa. En este contexto defender la idea de centro político podría ser defender una alternativa que salga de las retóricas estandarizadas de las llamadas izquierdas y derechas, de una polarización que, finalmente, no conduce a nada bueno. Centro político basado en una idea del ciudadano como sujeto en un Estado efectivo (no solo nominal) de derecho. Es decir que recupere lo mejor del liberalismo político. En el sentido solidario de Amartya Sen, Richard Rorty, Marta Nussbaum. Tan opuesto a lo que hoy llamamos neoliberalismo como a los populismos y fundamentalismos.

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