miércoles, 22 de febrero de 2017

PERSONAS, COSAS Y CUERPOS


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Reseña de

Las personas y las cosas

Roberto Espósito 
( traducción de Federico Villegas )

Madrid : Katz, 2016

 Escrito por Luis Roca Jusmet

Roberto Espósito ( Nápoles, 1950 ) es uno de los filósofos italianos vivos más interesantes,al igual que Giorgio Aganbem. Ambos están etiquetados como pensadores de la biopolítica y están influenciados por Michel Foucault. Aunque todo esto es cierto, tanto en un caso como en otro tienen una personalidad propia y una problemática mucho más amplia que la que se puede catalogar dentro de este concepto.
El libro que nos ocupa, breve pero muy denso, y tiene como precedente otro libro anterior titulado El dispositivo de la persona. Espósito nos plantea en este ensayo que el jurista romano Gayo, basa el derecho en tres categorías jurídicas que son las de personas, cosas y acciones. Es decir, en la existencia de personas que realizan acciones y que son propietarios de cosas. El concepto de persona, como ya había apuntado en el libro anterior, es un concepto excluyente, que solo se reconoce a algunos seres humanos y durante un tiempo. Pero es también excluyente con el propio cuerpo vivo de los humanos. En realidad no es solo el derecho romano el que instituye esta concepción desencarnada del sujeto humano, sino que también lo hacen la metafísica griega y la teología cristiana. En el derecho romano persona se refiere más al concepto de rol social que de máscara ( sentido griego). Heidegger nos hablará posteriormente de cómo las cosas se transforman en objetos. Pero antes Hegel ya había apuntado que el lenguaje es el asesinato de la cosa, ya que con el lenguaje nos relacionamos con los conceptos que se refieren a lo real y no con la realidad viva inmediata. Marx también nos mostrará como la cosa a la mercancía, a su valor de cambio. Pero hay otra tradición diferente, que se centra en el cuerpo viviente, que busca un enlace entre el logos y el bios, separados y distorsionados por la noción de persona. Se refiere a Espinosa, a Rico, a Nietastro y a la fenomenología, sobre todo la francesa ( Marc el, Rastre, Merla-Ponty...). La noción de cuerpo es la vía que nos permite salir de este sujeto abstracto que es el sujeto del derecho. El cuerpo es un complejo conjunto tejido por nexos simbólicos y hay que entenderlo además en su conexión con otros cuerpos. Toda esta reflexión le lleva a Espósito a una reflexión política. Es el cuerpo político de la multitud, como espacio de cuerpos vivientes que cuestionan la propia noción de representación y que plantean una exigencia de renovación radical de la política.

La verdad es que la reflexión de Espósito plantea un cuestión fundamental que es el de la constitución del sujeto del derecho. Si son las personas ¿ qué es una persona ? ¿ podemos considerar que cualquier ser humano es sujeto de derecho ? ¿ Lo es un feto, un niño, un enfermo mental, un ser humano en coma, un viejo con Alzheimer ? Espósito apunta que según la concepción moral de utilitaristas como Peter Singer si lo que define a un ser humano es ser una persona y la persona es un ser que piensa y actúa entonces todos estos casos harían referencia a seres humanos que no son personas .Si son cuerpos pero no personas ¿ hemos de considerarlos cosas ? Porque ciertamente que el dualismo de nuestra sociedad conduce a estos callejones sin salida. Tenemos por otra parte la cuestión de los derechos de los animales. ¿ Los consideraremos cosas ? Finalmente toda la cuestión compleja que plantea la bioética referida a la biopolítica. ¿ Qué es lo que ocurre con los vientres de alquiler o con los órganos que pueden darse o venderse ? ¿ Podemos considerar que las partes del cuerpo no forman parte del sujeto y que son cosas, es decir objetos o mercancías para intercambiar ? De todas maneras me parece que, aunque Expósito plantea críticas interesantes no acaba de enfocar bien la cuestión, en términos políticos y jurídicos. Me parece que el Estado moderno está influenciado por el derecho romano pero también rompe con él. Con la hipótesis del contrato social aparece el ciudadano como efecto del Estado de derecho, lo cual es una novedad. No es la persona con atributos sino un sujeto que se va universalizando hasta tener como único atributo es la capacidad de decidir. Cierto que se excluyen los que no se consideran adultos o los que no tienen facultades mentales. Es un sujeto abstracto porque si le damos atributos vamos excluyendo a los que no los tienen. Pero que el sujeto político o de derecho sea universal no quiere decir que nos olvidemos que luego se concreta en un cuerpo viviente. La palabra persona puede referirse a este sujeto universal, que en este contexto no tiene nada que ver con la máscara, ni con el rol social ni con una supuesta espiritualidad. Persona es un ser humano al que le atribuimos una dignidad y unos derechos. De hecho es el punto de partida de Kant y de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. No acabo de ver adonde conduce lo que él llama una política positiva. Su idea de cuerpo político, como la cooperación de los cuerpos vivos de los ciudadanos es sugerente. Viene de Spinoza y de su idea de multitud. Pero no hay que fetichizar esta palabra, como han hecho muchos. Y falta articularla en propuestas políticas democráticas concretas.

Pero la función de la filosofía es problematizar, hacer pensar, abrir horizontes y no dar respuestas. En este sentido me parece que este es un buen libro de filosofía, que merece la pena leer.


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