El fenomenólogo, historiador y hermeneuta de las religiones Mircea Elíade, mantenía y celebraba, hace ya unas décadas, que estuviésemos asistiendo a un auge del simbolismo. Uno de los factores que, según él, explicaban este acontecimiento era el descubrimiento del inconsciente, que supuestamente se manifiesta a través de imágenes, figuras y escenarios que no deben entenderse en sentido nominal sino simbólico. Otro elemento era el surgimiento del arte abstracto y del surrealismo, cuya significación sólo se podía descifrar en términos simbólicos. Un tercero eran las investigaciones antropológicas, que abrían un horizonte para el estudio de una mentalidad primitiva, que se descubría fundamentada en el mito y el símbolo. Finalmente el proceso se universalizaba al incluir en último lugar a la lingüística, la epistemología, y, sobre todo, a la filosofía. El hombre pasa a ser considerado como un animal simbólico, según la clásica definición de Cassirer, entendiendo así el símbolo como una donación humana de sentido, presente en todas las formas culturales (Mito, religión, lenguaje, arte, ciencia.). Elíade saludaba este auge como una buena nueva, ya que según sus palabras: “Uno no puede como menos que congratularse ante estas investigaciones, emprendidas desde diferentes puntos de vista y que atañen a un tema tan importante en su propio campo de trabajo. Gracias a la solidaridad de todas las ciencias del hombre, todo descubrimiento importante realizado en un sector repercute sobre disciplinas afines. Cuanto la psicología o la semántica pueda enseñarnos sobre la función del símbolo interesa, sin duda alguna, a la ciencia de las religiones. Porque, en el fondo, ¿ acaso la materia no es la misma?.”
miércoles, 4 de mayo de 2022
EL HOMBRE COMO ANIMAL SIMBÓLICO
El fenomenólogo, historiador y hermeneuta de las religiones Mircea Elíade, mantenía y celebraba, hace ya unas décadas, que estuviésemos asistiendo a un auge del simbolismo. Uno de los factores que, según él, explicaban este acontecimiento era el descubrimiento del inconsciente, que supuestamente se manifiesta a través de imágenes, figuras y escenarios que no deben entenderse en sentido nominal sino simbólico. Otro elemento era el surgimiento del arte abstracto y del surrealismo, cuya significación sólo se podía descifrar en términos simbólicos. Un tercero eran las investigaciones antropológicas, que abrían un horizonte para el estudio de una mentalidad primitiva, que se descubría fundamentada en el mito y el símbolo. Finalmente el proceso se universalizaba al incluir en último lugar a la lingüística, la epistemología, y, sobre todo, a la filosofía. El hombre pasa a ser considerado como un animal simbólico, según la clásica definición de Cassirer, entendiendo así el símbolo como una donación humana de sentido, presente en todas las formas culturales (Mito, religión, lenguaje, arte, ciencia.). Elíade saludaba este auge como una buena nueva, ya que según sus palabras: “Uno no puede como menos que congratularse ante estas investigaciones, emprendidas desde diferentes puntos de vista y que atañen a un tema tan importante en su propio campo de trabajo. Gracias a la solidaridad de todas las ciencias del hombre, todo descubrimiento importante realizado en un sector repercute sobre disciplinas afines. Cuanto la psicología o la semántica pueda enseñarnos sobre la función del símbolo interesa, sin duda alguna, a la ciencia de las religiones. Porque, en el fondo, ¿ acaso la materia no es la misma?.”
LO VISIBLE Y LO INVISIBLE

LOS EFECTOS DE LA PANDEMIA DEL COVID-19 EN EL IMAGINARIO SOCIAL DE LAS SOCIEDADES LIBERALES.
Escrito
por Luis Roca Jusmet
La expansión de la epidemia del coronavirus
también ha provocado una amplia proliferación de virus ideológicos que ya
estaban latentes en nuestras sociedades : noticias falsas, teorías
conspirativas, estallidos de racismo. La necesidad de cuarentenas, bien
establecida desde un punto de vista médico, ha encontrado un eco en la presión
ideológica para delimitar unas fronteras claras y poner en cuarentena a los
enemigos que amenazan nuestra identidad.
Slavoj Zizek
Lo que voy a hacer , para empezar, es explicar
el sentido del título y la problematización que implica. Empezaré en sentido
inverso, abordando lo que entiendo por “sociedad liberal”. Me parece que quién
mejor lo ha planteado ha sido Michel Foucault [1]. El Estado moderno, dice,
empieza a constituirse como un poder disciplinario que actuaba sobre los
cuerpos para domesticarlos y hacerlos productivos, todo en el marco de la Economía-mundo capitalista
(término que no es de Foucault sino de Immanuel Wallerstein)[2]. El poder disciplinario,
muy prescriptivo, va transformándose en un poder liberal basado en el control,
pero que necesita que los ciudadanos tengan un margen de libertad. Lo que
establece entonces el Estado liberal son los límites de la libertad para
garantizar la seguridad de la población, que es lo que justifica su existencia.
Aparece ya desde el inicio de la modernidad una cierta tensión entre estos
poderes nacionales (la nación es su invento del Estado moderno que actúa
paradójicamente en una economía que funciona a nivel mundial, que es la
dimensión del sistema capitalista. Aunque haya instituciones internacionales
(FMI a la ONU) las decisiones políticas se toman a nivel nacional, al margen de
las posibles y reales alianzas que sus gobernantes puedan tener con estos
poderes multinacionales. El Estado
garantiza la seguridad estableciendo la normalidad estadística desde unos
límites que el gobierno marca de manera arbitraria. Las prisiones existirán,
supuestamente, para prevenir y supuestamente rehabilitar a los que no se
sometan a la racionalidad política. Hablamos, por tanto, de sociedades
liberales.
España
es una sociedad liberal que ocupa un lugar semiperiférico en esta
economía-mundo capitalista. Nos encontramos
así en una sociedad que comparte los problemas que, antes de la aparición de la
pandemia del covid-19, afectan a esta economía-mundo en general y a cada uno de
sus países en particular. Un capitalismo agresivo, el neoliberal, que está
desmontando desde hace ya cincuenta años todo lo que puede el Estado del Bienestar
creado a través del pactos sociales de la postguerra. Un capitalismo cada vez
más parasitario y menos productivo, que crea ciudadanos y países cada vez más
endeudados. Que crea desigualdades cada vez más profundas entre países y dentro
de los países. Un capitalismo, y esta es la parte que nos interesa más, devastador
del planeta (cambio climático, agotamiento recursos naturales, deforestación),
que genera una sociedad consumista y nihilista, cada vez más dependiente de los
dispositivos electrónicos. Que está produciendo como reacción en movimientos populistas de todo tipo que en
lugar de centrar los problemas los derivan hacia el peor escenario posible.
Este es el siniestro panorama que había a principios del año en que vivimos,
antes de que apareciera la pandemia. Tomemos nota de que, a pesar de la
urgencia del cambio climático y sus consecuencias, ningún Estado consideraba
que se hubieran de tomar medidas excepcionales para paliarlo. Los intereses
económicos estaban por encima de cualquier medida política.
El imaginario social es una noción que inventó
Cornelius Castoriadis para referirse a este fondo no racional, formado por un
flujo de representaciones ligadas a afectos que son el sustrato que nos
condiciona más que los discursos ideológicos[3]. Pero entendiendo, como
nos enseñó Louis Althusser, ideología en un sentido amplio, que incluye las
prácticas, por ejemplo, incluye también este imaginario social[4]. Claro que el imaginario
existe a nivel mental y, por tanto, individual y no colectivo. Pero también es
cierto que nuestras mentes están colonizadas, y no solo por lo que Althusser
llamaba aparatos ideológicos del Estado y medios de comunicación, sino cada vez
más por las redes sociales. Redes sociales que potencian mucho, no lo
olvidemos, este elemento imaginario. Como sabemos hace décadas que se va
tejiendo una fuerte influencia de lo que se ha llamado neoliberalismo,
seguramente hegemónico en las sociedades liberales y más. El neoliberalismo
potencia determinadas imágenes: la empresa como modelo para todo (incluso la
vida); el ser humano autosuficiente, emprendedor, individualista y
competitivo); lo privado como funcionamiento eficiente. Degrada también otras:
lo público, que se ve como burocrático, ineficiente y corrupto; la
vulnerabilidad y la precariedad como resultado de la falta de recursos personal
En este estado de cosas, pasa algo
imprevisible y disruptivo, lo que podemos llamar un acontecimiento. Se inicia
con un mal encuentro entre un hombre y un animal, que le transmite un virus y a
partir de aquí se multiplican de una manera descontrolada a nivel mundial. ¿Un
hecho fortuito de mala suerte? Aunque excluyamos de entrada las teorías
conspirativas, por irracionales y paranoicas, esto no quiere decir que no
analicemos la cuestión y busquemos posibles causas. El animal que transmite a
los humanos el coronavirus es un murciélago. En condiciones normales, los
coronavirus viven en circunstancias naturales con huéspedes a los que a veces
ni siquiera perjudica. Los murciélagos, por otra parte, son muy resistentes a
los agentes patógenos, pero deforestaciones provoca que tengan que salir de su
cobijo; esto les crea una situación de stress crónica, ya que deben estar volando
constantemente para solucionar su supervivencia e ir bordeando los
imprevisibles peligros que aparecen, siendo mucho más vulnerables a las
infecciones. En el nuevo milenio se ha dado un salto cualitativo en la
deforestación de selvas tropicales para la obtención de productos básicos. Hoy
sabemos, además, que a menor diversidad más peligro de transmisión zoonótica
(transmisión de coronavirus a murciélagos).[5] Al mismo tiempo también
sabemos que China, seguido por EEUU, es el segundo mayor mercado ilegal de
tráfico de animales salvajes. Esto respecto al origen; vayamos a la difusión. Tenemos
una forma de multiplicación de las infecciones sin parangón hasta el presente porque
los medios de transporte actuales forman una superautopista aérea en la que los
virus se multiplican de manera increíblemente acelerada en el espacio y en el
tiempo. Podemos hablar metafóricamente de una especie de autopista viral.
La aparición de la pandemia, pasado el primer
mecanismo de defensa de negación del problema (”es como una gripe) hace que los
gobernantes perciban el auténtico problema social y político, que es que el
rápido contagio puede conducir a un colapso del sistema sanitario. Comparemos
esta pandemia, con una anterior, la del SIDA, que pasó hace unos cuarenta años.
Fijémonos que la conocemos como SIDA, no como pandemia ni como el nombre del
virus (VIH) a diferencia de la actual. La diferencia más importante, en
relación con lo que tratamos, fue que en las sociedades liberales centrales o
semiperiféricas, en ningún momento amenazó con colapsar. Esto quiere decir que entonces
el miedo lo tuvo la población más que los gobernantes, que no tuvieron miedo a
perder el control de la situación ni a que se pusiera de manifiesto que el
sistema sanitario no estaba preparado para una eventualidad inesperada. No se
la jugaban, en definitiva. Cierto que el SIDA no fue tan devastador en las
sociedades de las que hablamos como la pandemia del Covid-19, pero hubo
millones de infectados y de muertos. Pero se sabía que, tomando medidas de
prevención, las decisiones de los posibles afectados podían evitar contagios. Entre
el SIDA y el covid-19 aparecieron otros contagios importantes, cuyo origen era
también el contacto de los humanos con el mundo animal. Primero fue el virus
Nipah, detectado en Malasia en 1998; luego el virus del Nilo Occidental que
llegó a Nueva York en 1999. Pero todos se controlaron, hasta el primer aviso
serio a nivel mundial, que fue el coronavirus responsable del SARS en el 2002.
Al cabo de diez años el coronavirus responsable del MERS, que recorrió en
Oriente Próximo, y más tarde, el 2014, el ébola, con devastadoras consecuencias
en África Occidental en 2014. Luego, un año más tarde, el zika, que se extendió
por América Latina y el Caribe. Al mismo tiempo reaparecían nuevas enfermedades
infecciosas y gripes con nuevas cepas[6].Pero no llegaron a ser
pandemias y afectaban sobre todo a sociedades periféricas.
El
gobierno español en ocasiones anteriores utilizó las medidas propias de la
gubernamentalidad y del poder pastoral y no tuvo que recurrir, como ha sucedido
ahora al poder disciplinario. El poder pastoral, como nos enseñó Michel
Foucault, es una herencia del poder de la Iglesia, que conduciendo las almas
conducía al rebaño de cara a su salvación. Ahora es el gobierno el que
administra la vida de los ciudadanos y le orienta para salvar su
seguridad. Prevención, estadísticas,
estas son las medidas de la sociedad de control y las que se utilizaron y se
siguen utilizando. Pero con la pandemia del covid-19 los gobiernos se asustaron
y esto llevó, como en España, a adoptar medidas disciplinarias. Es decir, a
actuar sobre los cuerpos confinándolos en sus casas, obligándoles a llevar
mascarilla, a mantener las distancias, aplicando toques de queda..
Los
gobiernos, ya nos lo avisó el mismo Foucault, tienden siempre a excederse en su
poder y a convertirlo en dominio. En este caso se deslegitimó cualquier
cuestionamiento de sus medidas. No hubo debate público. El recurso a “los expertos”
es una falacia, ya que no están de acuerdo y cada cual utiliza el punto de
vista del que le interesa. Es importante recalcar como se ha bombardeado el
imaginario social. Por una parte, con imágenes muy catastrofistas; por otra con
un imperativo a la obediencia y a la aceptación de medidas disciplinarias en
una sociedad liberal como si fueran inevitables; en tercer lugar, con una
especie de apología del personal sanitario; en cuarto lugar, con una
formulación del problema en unos términos estadísticos. Todo ello ocultaba una
serie de cuestiones: en primer lugar, que los gobiernos y sus expertos no
supieron prever el problema; en segundo que no tenemos un sistema público de
salud preparado para garantizar la salud de la población, la tercera la
necesidad de un debate público sobre este tipo de medidas en una sociedad
democrática. las consecuencias de estas medidas son muy negativas: a nivel
psicológico, económico y escolar.
Los efectos en el
imaginario social no son solo los del acontecimiento como tal. Lo son también de
la manera cómo los poderes establecidos presentan este acontecimiento. Pero
también lo son de los efectos de las medidas que adoptan los gobiernos. Los
efectos económicos han sido graves. Esto ha hecho que al miedo provocado por la
enfermedad, muerte o dolor por el virus le añadamos el miedo al paro, al cierre
de pequeños negocios. Los trabajadores y los pequeños negociantes son los que
lo han pagado. Las élites económicas lo han soportado bien. El miedo nos vuelve
más obedientes y desconfiados, más normativos. El futuro se ve muy incierto.
Todo esto afecta al imaginario social.
Una mala metáfora utilizada es la de la guerra[7]. Porque lo que ocurre
entonces es que el lenguaje militar invade nuestro imaginario: armas, enemigos,
ejércitos, héroes, víctimas. Pero se puede plantear de otra manera: imaginar
que es la acción capitalista en la Naturaleza la que ha causado una alteración
en el equilibrio ecológico, cuyo síntoma es una infección zoonítica, que la
autopista viral ha diseminado por todo el mundo. Frente a ello, a nivel
inmediato, lo que hemos de hacer es protegernos del virus, no eliminarlo ( es
un objetivo imposible). Hemos de poner en marcha los recursos necesarios y las
medidas razonables. Podemos entonces planear acciones a medio y largo plazo
para recuperar este equilibrio perdido. Son efectos diferentes en el imaginario
social.
Otro elemento que me parece interesante
resaltar, también en cuanto a sus efectos en el imaginario, es el de la imagen
del otro. Si, como decía Lacan, un cuerpo es un organismo más una imagen, lo
que está quedando es la imagen. En el contexto de la influencia cada vez más
grande del dispositivo electrónico y de la importancia cada vez mayor de las
pantallas y la relación con la imagen en nuestras vidas, uno de los efectos de
la pandemia ha sido multiplicar este fenómeno. Esto por una doble razón. Por
una parte, porque el encierro ha llevado a cambios de hábitos en el trabajo, en
la escuela y en la relación que se ha tenido que sustituir la relación entre
cuerpos por relación entre imágenes. Por otra porque el cuerpo del otro aparece
como amenazador.
Cierto que este acontecimiento cuestiona las imágenes
que nos había vendido (con éxito) el neoliberalismo: individuo autosuficiente,
confianza en el mercado, la empresa y el mercado. Cierto que se ha visto como
los seres humanos somos frágiles, vulnerables y dependientes. Cierto que se ha
comprobado que solo un sistema público de salud puede solucionar pandemias (que
contrariamente a la imagen de que eran algo superado son un peligro real)
Si hacemos una lectura desde una perspectiva
progresista, entendiendo por ello lo que supone un progreso global de la vida
humana, estos cambios en el imaginario pueden predisponer hacia algo peor o
quizás, a algo mejor. Como se suele decir, esta crisis puede ser un peligro o
una oportunidad. El peligro es, ciertamente, empujarnos aún más hacia un
capitalismo digital y financiero parasitario, con unos ciudadanos pasivos,
desconfiados, obedientes y descorporizados, que irían hacia un desastre
planetario. La oportunidad sería que los ciudadanos tomáramos conciencia que la
pandemia es un síntoma más de un problema estructural sostenido por una
ideología que lo legitima en favor de las élites. Es decir que deberíamos
cambiar nuestra imagen de lo que es una pandemia y de lo que es el cambio
climático. Entender varias cosas. La primera es que uno y otro están
vinculados, ya que el primero es un síntoma del segundo. La segunda es que el
cambio climático no es una amenaza futura sino una amenaza real. No solo por
las pandemias que aparecieron, aparecen y aparecerá. Porque ya en muchos
lugares de los países periféricos lo están padeciendo en forma actual y
dramática, como por ejemplo las plagas de langostas. Por lo tanto, imaginar
esta pandemia como un aviso que debe conducir a transformaciones éticas y
políticas. Es importante entender que hay que eliminar nuestro dualismo
sociedad/naturaleza. No entender la sociedad como algo separado de la
naturaleza sino como algo que existe en la naturaleza, en la trama de la vida[8] En este sentido no
deberíamos ir más allá del término Antropoceno para describir la etapa en que
el ser humano ha intervenido directamente en la Naturaleza sino de Capitaloceno.
Esta es la tercera idea, la que el problema radical es, sin duda, el
capitalismo y su lógica parasitaria y devastadora, sobre todo en la actual fase
del neoliberalismo. En tercer lugar, hay que imaginar que el capitalismo puede
superarse. O mejor dicho, que es una estructura social que ha durado siglos y
que como todas las estructuras tienen un principio y un fin. Que el capitalismo
está agotando sus propios recursos y que se abrirán diversas opciones. La
apuesta progresista es la del socialismo democrático, que hemos de entender como
un camino posible.[9]
Una alternativa donde se combinen lo común, lo social y lo público en contra de
la privatización y la mercantilización a la que estamos cada vez más sometidos.
Lo común en la manera de abordar los problemas colectivos y compartir lo
natural. Social en una economía sostenible con fines útiles basado en
cooperativas o cogestionada. Públicas las leyes que regulan la economía y los
servicios básicos.
Hemos de imaginar, por tanto, no solamente
como estamos mejor preparados para la próxima pandemia. Ciertamente hay que
fortalecer la sanidad pública, pero no solo esto. Hay que imaginar y pensar
cuales son las causas y cuáles son las soluciones. Cambiar nuestras conductas,
por supuesto, pero también cambiar el sistema. Se trata, por tanto, de la necesidad
de un cambio a la vez ético y político. Pero esto no solo debe ser u discurso
intelectual, sino que debe ser más profundo, debe llegar a lo afectivo y a lo
más vital del imaginario social.
BIBLIOGRAFÍA:
CASTORIADIS,
Cornelius La institución imaginaria de la sociedad Tusquets, Barcelona,
1989.
FOUCAULT,
Michel Seguridad, territorio, población Akal, Madrid, 2008.
MALM,
Andreas El murciélago y el capital. Coronavirus, cambio climático y guerra
social Errata naturae, Madrid,
2020.
MOORE,
Jason W. El capitalismo en la trama de la vida. Ecología y acumulación de
capital. Traficantes de sueños, Madrid, 2020
QUAMMEN,
David Contagio. La evolución de las
pandemias Debate, 2020, Barcelona.
SOARES
DE MOURA COSTA MATOS, Andiyyas y GARCÍA COLLADO, Francis El virus como filosofía. La filosofia
como virus Bellaterra, Barcelona, 2020.
TOMÁS
CAMARA, Dulcinea (comp.) Covidosofía.
Reflexiones para el mundo pospandemia Paidós, Madrid, 2020.
WRIGTH,
Erik Olin Cómo ser anticapitalista en el siglo XXI
Akal,
Madrid, 2020,
WALLERSTEIN,
Immanuel El capitalismo histórico
Siglo XXI, 2012, Madrid.
ZIZEK,
Slavoj Pandémia. La covid-19
estremece el mundo Anagrama, Barcelona, 2020.
ZIZEK,
Slavoj (comp.) Ideología. Un mapa de la cuestión FCE, Buenos
Aires, 2004.
[1] Para
profundizar en el análisis FOUCAULT, Michel Seguridad,
territorio, población Akal, Madrid, 2008.
[2] Para una
visión sintética WALLERSTEIN, Immanuel El capitalismo histórico Siglo XXI, Madrid, 2012.
[3] Para
entrar en el tema CASTORIADIS, Cornelius La institución imaginaria de la
sociedad Tusquets, Barcelona, 1989.
[4]
Para ver diferentes concepciones de ideología, incluida la de Althusser ZIZEK, Slavoj
(comp.) Ideología. Un mapa de la
cuestión FCE, Buenos Aires, 2004.
[5] Todo
este proceso está explicado de manera precisa y rigurosa en MALM, Andreas El murciélago y el capital. Coronavirus,
cambio climático y guerra social Errata
naturae, Madrid, 2020.
[6]
Importante consultar QUAMMEN, David Contagio.
La evolución de las pandemias Debate, 2020, Barcelona.
[7] Una
certera crítica la de ARROYO, Nantu “Ceci nést pas une guerre. Alternativas al
uso de una metáfora bélica” en TOMÁS CÁMARA, Dulcinea (comp.) en Covidosofía. Reflexiones
filosóficas para el mundo de la pospandemia
Paidós, Madrid, 2020.
[8]
Imprescindible la lectura de MOORE, Jason W. El
capitalismo en la trama de la vida. Ecología y acumulación de capital.
Traficantes de sueños, Madrid, 2020.
[9]
Interesante en cuanto a análisis y propuestas WRIGTH, Erik Olin Cómo ser
anticapitalista en el siglo XXI
Akal, 2020, Madrid.
ALGUNOS COMENTARIOS SOBRE LAS EPÍSTOLAS DE SÉNECA A LUCILIO
Las epístolas de Séneca a Lucilio hacen de este género un extraordinario medio de expresión filosófica o, como diría Pierre Hadot, de ejercicio espiritual. A diferencia de las cartas, que se consideraban algo privado, las epístolas se entendían como algo a compartir porque suponían unas enseñanzas que tenían un valor universal.
En su primera epístola Séneca le transmite a Lucilio la necesidad de aprovechar el tiempo. El tiempo nos lo toman, nos lo roban, huye o simplemente pasa por negligencia.¿ Qué entiende Séneca por ganar y por perder el tiempo? Ganar quiere decir para él dedicarnos a lo que mucho más tarde Pierre Hadot llamaría ejercicios espirituales. Dialogar, escribir, leer, pero sobre todo vivir. Vivir de manera atenta, consciente, serena. Es la propia vida lo que está en juego, lo único que importa. Es en lo ordinario, es en lo cotidiano donde hemos de aprovechar el tiempo. En cada una de nuestras prácticas. François Jullien lo llama "vivir existiendo". El tiempo nos lo roban o nos lo quitan cuando nos vemos obligados a emplearlo en prácticas que no tienen sentido para nosotros. El tiempo huye en porque la vida pasa demasiado rápida, es muy breve. Pero sobre todo es la negligencia. Es la indolencia, este ir haciendo, la rutina que nos embota. Kant decía que la pereza, junto al miedo, eran los dos grandes obstáculos para que el ser humano fuera capaz de emanciparse, de responsabilizarse de sí mismo. Séneca critica en otros textos en lo que los antiguos de llamaban la stulticia. Es una actitud dispersa, del veleta que se deja un llevar por los otros., del que pasa superficialmente de una cosa a otra. Es también lo que Nietzsche anunció como el último hombre: el nihilista que se adapta a la falta de valor y sentido de su vida, que va tirando y que lo único que busca es pasar el tiempo y evitar el dolor.
Séneca no se presenta aquí como el hombre perfecto. Reconoce sus pérdidas. El tiempo es lo único que tenemos dice y hay que aprovecharlo. No se trata de lo mismo que dicen los neoliberales cuando proponen entender la propia vida como una empresa. La rentabilidad de la que habla Séneca no es económica, es ética.
La segunda epístola de Séneca a Lucilio trata sobre la necesidad de centrarse. Aunque habla, aparentemente, de los viajes y de las lecturas, Séneca critica la falta de un hilo conductor en la vida, de un centro a partir del cual podamos saber lo que queremos y seguir una línea de conducta. Hoy en día se vive lo contrario, en este imperio de lo efímero en que vivimos, en este "usar y tirar", vivir en lo efímero. Quizás el problema de las nuevas generaciones no es que estén vacías, es que están demasiado llenas :de estímulos, de imágenes de opiniones...Los psicoanalistas lacanianos también hablan de este goce inmediato que imposibilita la falta y, por tanto el deseo. La superficialidad, la dispersión, la curiosidad por la anécdota, todo nos lleva a la línea que apunta Séneca. Peto también el mito neoliberal de que un individuo si quiere, lo puede todo. Esta epístola también vale en para señalar los límites del individuo, en el espacio y en el tiempo. Seleccionemos lo que nos interesa, dediquemos a ello nuestro esfuerzo. No se trata de cerrarse, se trata de centrarse.
En la epístola 5 de Séneca a Lucilio le plantea la necesidad de vivir el presente y no el futuro.¿ Pero qué quiere decir Séneca cuando dice "presente" y cuando dice "futuro"? El presente no es este instante que al final se desvanece. Tampoco es el "carpe diem", el vivir el día sin vivir en función de proyectos futuros. El futuro tampoco es el porvenir. El presente no deja de ser el paso del futuro al pasado, es decir un proceso. Séneca se refiere a la necesidad de poner atención en lo que hacemos, en aprovechar de este tiempo que disponemos ahora, de ocuparnos de lo que estamos viviendo en las circunstancias actuales. El futuro son sobre todo lo que imaginamos que vendrá, sea perjudicial o benéfico. En el primer caso es temor o ansiedad, en el segundo deseo, siempre vinculado a la falta. El gran filósofo español del siglo XX Agustín García Calvo ya nos avisaba que vivir para el futuro es una forma de administrar la muerte. Tampoco es bueno centrarse demasiado en el pasado, sea como nostalgia o como culpa. La imaginación y la memoria pueden volverse contra el propio ser humano si no sabe administrarla bien.
En la epístola 6, lo que dice Séneca a Lucilio es breve pero muy interesante. La primera idea es sobre el carácter transformador que tiene el conocimiento de uno mismo. La segunda idea es sobre el inmenso valor de la amistad, entendida en su sentido más pleno. La tercera idea es que lo que nos enseña no son los discursos sino las prácticas. La última idea es que lo más importante es ser amigo de uno mismo, que quiere decir aceptarse y quererse. Únicamente el que es amigo de sí mismo puede serlo de los otros. Y esta persona siempre estará acompañada por él mismo.Estará solo, pero no se sentirá solo.
En la epístola 12, Séneca nos habla de las ventajas de la vejez. Partimos que la vejez es una necesidad natural de la vida humana. Todos envejecemos porque estamos vivos. El primer ejercicio está en la base del estoicismo y consiste en aceptar lo inevitable. El segundo ejercicio consiste en entender que la vejez lleva algunas ventajas y por tanto hemos de acogerla con alegría.¿Cuáles son las ventajas de la que nos habla Séneca? : la serenidad, la sabiduría que conlleva la experiencia, la tranquilidad de la declinación de la urgencia del deseo. El tercer ejercicio consiste en vivir cada día como si fuera el último, aprovechándolo al máximo y dando sentido al conjunto de nuestra vida. Séneca nos recuerda del absurdo de angustiarse por considerar que tenemos la muerte cerca. ¡Todos tenemos la muerte delante! seamos jóvenes o viejos. "Amanece que no es poco", como dice el título de aquella estupenda española.
La epístola 16 trata sobre el discurso verdadero. De entrada hay que puntualizar que para Séneca la filosofía es una forma de vida y, por lo tanto el discurso siempre está orientado a la práctica. La palabra que transmite verdad debe ser, para Séneca, lenta y no precipitada. Ha de ser sencilla, clara y austera. La filosofía no es retórica, no pretende seducir ni impresionar al que la oye. Quiere transmitir verdades. Esta carta me recuerda la contraposición que hace Michel Foucault en su " Hermenéutica del sujeto" entre filosofía y retórica. También, por supuesto, la noción de parrhesís o el coraje de decir la verdad, que Foucault plantea en este curso pero que desarrollará en los dos posteriores, que por cierto fueron los últimos.
La epístola 49 es muy importante: trata sobre la necesidad de aprovechar la brevedad de la vida. Algunas joyas conceptuales contenidas en ella: " Infinita es la velocidad del tiempo, más visible a los que dirigen la mirada hacia atrás. Porque él engaña a los que atienden solo al presente, tan breve es el paso de su precipitada fuga".
"Enséñame algo contra estos males. Haz que no huya de la muerte y la vida no se me escape. Procúrame exhortaciones contra los males inevitables; ensancha las angosturas de mi tiempo. Enséñame que el bien de la vida no radica en su extensión, sino en su uso y que puede pasar, y muchas veces ocurre, que el que ha vivido mucho haya vivido poco."
La epístola 75 trataobre la sencillez en el estilo, que quiere decir que hemos de expresar lo que sentimos y sentir lo que expresamos, sin adornos ni fllorituras. El filósofo es como un terapeuta del alma y, al igual que al médico lo que queremos es que sepa curar. Si se expresa con elegancia será un valor añadido, pero no es lo importante. Los enfermos del alma son los que acaban cronificando sus pasiones, transformándolas en actitudes y conductas, es decir en hábitos. Séneca aquí habla con realismo, recalcando los matices. Algunos tienen pasiones en pero no las cronifican, otros se liberan de unas pero no de otras. El ideal es ser libre. Volvemos a ver la afinidad con Spinoza .Pero también con Michel Foucault en su reivindicación del sujeto ético.
La epístola 91 tiene una gran actualidad. Trata sobre los desastres imprevisibles y de la importancia que nuestro espíritu esté preparado para encajarlos. Se trata de la fortuna, que viene a ser todo lo que nos ocurre y nos afecta pero que no depende de nosotros, de nuestros actos. Lo primero a que nos interpela Séneca es a estar preparados. Ser conscientes de lo vulnerables que somos y lo frágil que es todo lo que queremos. Todo lo que se ha construido puede ser destruido. Todo es efímero, impermanente, como dicen los budistas. Una vez ocurre lo peor hay que mantenerse sereno. Claro que nos afectará, que nos dolerá. Pero debemos mantener la serenidad, estar a la altura de las circunstancias, que estas no nos superen ni nos hundan.Y quién sabe, como decía un cuento taoísta, de lo peor puede venir lo mejor porque el tiempo es el que nos dirá las consecuencias finales de cada acontecimiento
La epístola 93 de Séneca a Lucilio trata sobre el valor de la vida. Parte de la premisa, que a veces queremos olvidar, que la vida es mortal. la. Lo cual quiere decir que hay que valorar la vida aceptando la muerte. En esto se parece a Epicuro y Spinoza a los dos : "Hay que pensar en la vida, no en la muerte". Pero no perdiendo de vista nuestra finitud. Lo que importa no es la duración sino la intensidad, no lo cuantitativo sino lo cualitativo, no el cuánto sino el cómo. Los años que vamos a vivir, dice, no depende de nosotros, sino lo que hacemos en este tiempo. Por supuesto muy condicionados, pero depende de nosotros la actitud frente a lo inevitable y, sobre todo, nuestras decisiones frente a lo que está por venir. El valor se lo damos nosotros, sea cual sea su duración. Es lo que importa éticamente.
En la epístola 101 nos propone que vivamos cada día con plenitud por la conciencia de nuestra finitud. Séneca nos interpela a vivir el presente y no vivir para el futuro, sea por esperanzas o por cálculos. Me recuerda lo que decía Agustín García Calvo cuando decía que " el vivir para el futuro" era una forma de "administración de la Muerte". Muy oportuna, en estos tiempos de pandemia, esta reflexión sobre la incertidumbre del porvenir. Lo que importa, además, no es vivir mucho, sino vivir bien. La intensidad de lo vivido, el no desperdiciar ninguno de los días que vivimos. Podemos relacionarlo también con Montaigne, cuando contestaba a un amigo que le CV decía que no le había escrito porque no le había pasado nada.” ¿ No has vivido estos días ?" le dice Montaigne. ¿Te parece poco? Si vivir es lo más importante de lo que nos ocurre. Hacer que cada día sea un reto, este es el desafío. La vida es la prueba para la filosofía entendida como una práctica
En la epístola 116 a Lucilio, Séneca plantea la necesidad de suprimir las pasiones. Pero vale la pena aclarar que es lo que debemos entender, en este contexto, por pasiones. Desde luego no los deseos o los afectos. Séneca no nos propone un mundo sin deseos ni afectos sino un mundo en el que estos no te atrapan. Aquí también hay una similitud con Spinoza. La pasión es un deseo o un afecto que va creciendo apoderándose del que lo padece. La defensa que tenemos frente a esta dinámica es la distancia que nos permite la razón. La pasión nos proporciona un goce y por esto no queremos abandonarla. Pero debemos entender que nos esclaviza y que si queremos ser libres hay que renunciar a este goce.
Es una selección arbitraria pero en todo caso son las que me han insipirado a comentar.
EL HOMBRE DESCORPORIZADO DEL MUNDO VIRTUAL
Escrito por Luis Roca Jusmet, filósofo
“Detrás de tus pensamientos y sentimientos, hermano mío, se encuentra un
soberano poderoso, un sabio desconocido- llámase sí-mismo. En tu cuerpo habita,
es tu cuerpo.”
Friedrich Nietzsche
Lo que se pierde con lo virtual es el cuerpo, queda la imagen, pero no hay cuerpo.
Perdiendo el cuerpo perdemos la vida en su sentido fuerte. Vivir es experimentar
desde el cuerpo, gozar y sufrir desde el cuerpo. El cuerpo sintiente, pensante y
hablante. Perdemos la experiencia y esta queda reducida a una versión plana,
superficial y también ilusoria.
Pero en lo virtual queda la imagen, la que nos hace sentir, pensar y hablar.
Pero , no nos engañemos : es un simulacro. El cibersexo es un buen ejemplo.
Si alguien se masturba contemplando una escena erótica puede experimentar
una eyaculación y un orgasmo. Tiene una interacción manual con su cuerpo,
cierto. La imagen que contempla también es real, incluso desde el punto de
vista físico, pero todos sabemos que es un simulacro de relación sexual porque
no hay una relación entre cuerpos. Si uno habla con una persona querida por
Skype sabe perfectamente que este contacto es un sucedáneo de lo que sería
un encuentro entre cuerpos. Una clase virtual no permite la interacción entre
profesor/alumno, que está en la base de la buena comunicación entre ellos, por
mucho que a veces parece que se niegue.
Francisco J.Varela, Evan Thompson y Eleanor Rosch escribieron hace unos
años un libro muy interesante, cuyo título inglés “The Embodied Min, que
fue traducido con el equívoco título de “De cuerpo presente”. Equívoco
porque esta expresión se utiliza par el difunto, pero que hoy recupera su valor.
Porque lo presencial, que oponemos hoy a lo virtual, es la presencia corporal. E
ensayo defiende la eneacción, entendida como cognición corporizada. La idea
es que la percepción está guiada por los modelos sensorio-motores del cuerpo.
Es el cuerpo en acción el que percibe. La psicología genética de Jean Piaget
sería una prueba empírica de este enunciado, a través de la observación de l
proceso cognitivo desde la infancia. Conocer es el acoplamiento corporal que
hace emerger un mundo a través de una red que consiste en múltiples niveles
de subredes sensorio-motores conectadas entre sí. La cognición funciona en la
medida en que transformamos el entorno, ya que es nuestro cuerpo el que nos
el criterio de lo real. Entender la percepción como la captación, por parte de un
sujeto, de un determinado objeto, el que se muestra a través de la imagen, es
un error de planteamiento. Un elemento interesante es que Valera intenta
vincular esta concepción de la cognición corporizada con la vía media del
budismo. Quién esté familiarizado con el budismo zen, sobre todo la escuela
Soto de Dôgen, saben que la experiencia básica que proponen, que es el
zazen, es una meditación sentado donde la postura corporal y la respiración
son fundamentales.
El mismo Martín Heidegger puso de manifiesto lo ilusorio de este
planteamiento . El Dasein es el ente que puede preguntarse por el Ser, pero lo
hace desde la comprensión del mundo circundante en el que opera.
Es desde nuestro cuerpo que interactúa que nos hacemos las preguntas
del mundo del que formamos parte. Por su parte Nietzsche dice :“Dios ha muerto”
que quiere decir que los Valores, el ideal que había determinado la civilización
europea está en declive final. Civilización europea que surge de los valores
negativos del cristianismo, que combina el platonismo con el judaísmo para
darnos una concepción negativa de la vida. Esto se plasma en la negación de
este mundo, en función de otro que vendrá; y la negación del cuerpo en función
del alma. Subordinarse, en definitiva, a ficciones que justifican el poder del
sacerdote, que con sus valores niegan la vida y el cuerpo, las dimensiones
reales de nuestra experiencia en el mundo. Pero esta crisis, la provocada por
“La Muerte de Dios”, no da lugar a una afirmación de la vida y del cuerpo, como
podría pensarse. Porque después de siglos en que nos hemos acostumbrado a
pensar que el sentido de la vida está en lo que la trasciende, al caer la Idea de
Dios y (los Valores absolutos a él ligados), entonces la vida se nos aparece
como absurda, como sin sentido. Pasamos entonces de la voluntad de
negación a la negación de la voluntad. No es un juego de palabras. Quiere
decir que la voluntad del cristianismo era una voluntad contra la vida y que lo
que viene ahora, el nihilismo, es la negación de la voluntad, es decir de la
propia vida. Nietzsche planteará entonces que la única alternativa es la
transformación del nihilismo pasivo en uno activo, en que sea un tránsito para
crear valores afirmativos de la vida. Hemos de ser capaces de una apuesta
radical por la vida desde la inmanencia, hacer que la se justifique desde sí
misma, la propia experiencia, que pasa por el cuerpo gozante y sintiente. Cierto
que somos entes que piensan y que hablan, pero lo somos desde nuestros
cuerpos. Solamente desde la reivindicación del cuerpo podemos afirmar la vida
con plenitud. Si el cristianismo niega el cuerpo defendiendo una entidad
imaginaria que es el alma. ¿Cómo lo niega el nihilismo? Pues afirmando que la
vida no tiene sentido y, por tanto, no tiene valor. Nietzsche nos avisa del peligro
de la consolidación del nihilismo, de que el ser humano acabe acomodándose
a esta posición. Pasaríamos entonces de un nihilismo trágico al reino de la
insignificancia.
Hay que ver entonces como niega el cuerpo hoy este “último hombre” que
expresaría este nihilismo banal que Nietzsche intuía como el peor escenario
futuro. Estamos ahora en este futuro que anunciaba con pesar Nietzsche.
¿Cómo es este “último hombre” del siglo XXI? Vayamos al libro paradigmático
del filósofo alemán, “Así habló Zaratustra”. En el prólogo nos lo define en varias
características. “Nosotros hemos inventado la felicidad” dicen. “Un poco de
veneno de vez en cuando”, esto proporciona sueños agradables”.
¿De qué nos habla? Anticipaba así nuestra vida llena de antidepresivos y
ansiolíticos, que son por cierto el gran negocio de los mercados farmacéuticos.
Para anestesiarnos así el cuerpo pensante y sintiente. Se trata, entonces,de
vivir a mínimos, sin gozar ni sufrir demasiado. La vida no tiene sentido, pero
eliminemos el dolor (y con él la alegría y el placer en sentido fuerte). En otro
capítulo nos vuelve a hablar del último hombre: “De la virtud
empequeñecedora”. “Todo se ha vuelto más pequeño” dice Zaratustra
contemplando a este “último hombre por venir”.
Me quiero referir ahora a cómo este “último hombre” se ha convertido también,
por una vía diferente del cristianismo, en lo que Nietzsche llama, en otro
capítulo de su Zaratustra, “un despreciador del cuerpo”. La descorporización
del “último hombre” en los tiempos actuales. tuvo una primera fase que
consistía en anestesiar el cuerpo o en domesticarlo, utilizando desde los
sedantes hasta el culturismo. La segunda fase, que es la que nos encontramos,
pasa por el dominio de los dispositivos electrónicos y a través de ellos en
experimentar el mundo a través de las pantallas. Encerrarse con una pantalla
para gozar con los video juegos, sustituir la sexualidad como encuentro de
cuerpos por el cibersexo… Pero con la pandemia estamos dando un salto
cualitativo porque el cuerpo aparece directamente como peligroso y se van
potenciando a nivel laboral y educativo El teletrabajo y las clases virtuales
parece que han aprovechado la coyuntura para quedarse. En el campo
educativo me parece terrible. Ya lo fue la moda de los power points, que
sustituían muchas veces la clase auténticamente presencial por una mucho
más mortecina. Pero ahora se está perdiendo lo que el alma de la educación,
que es esta comunicación entre un cuerpo que habla y transmite y un cuerpo
que escucha. Algo vivo. Este hombre descorporizado va a ser la nueva
formulación de este nihilismo tecnológico y banal en el que vivimos. En lo
virtual el cuerpo queda reducido a su sombra. Cierto que también pasa cuando
leemos, escuchamos música o vemos una película. Pero estas experiencias las
recibe el cuerpo en un momento concreto y se enriquece para continuar con
sus encuentros, que siempre lo son del cuerpo. De lo que hablamos ahora es
de algo muy diferente: la transformación del sujeto corporal en un sujeto vitual.
Por aquí vamos, si no hacemos algo para evitarlo. Un proyecto ético
emancipador tiene que pasar hoy por la reivindicación del cuerpo.
ANÁLISIS DE CONCEPTOS : EL CUERPO
Escrito por Luis Roca
Jusmet
La discusión sobre si somos o tenemos un
cuerpo es muchas veces equívoca y cansina. Pero me gustaría hacer una pequeña
aportación para concluir que efectivamente somos un cuerpo. Es decir, que con
esta afirmación entendemos mejor nuestra condición que con la contraria, que
afirma que tenemos un cuerpo.
La sociedad griega
parece que entendía que cuando nos moríamos la psyque continuaba un tiempo en
un proceso de evaporación progresiva, hasta que desparecía. Pero frente a esta
opinión imprecisa aparecen dos formulaciones claras: una dualista y otra
materialista. La dualista es la pitagórica-platónica: somos una alma eterna e
indivisible que moramos en un cuerpo divisible. Hay que decir, de todas maneras,
que aquí “cuerpo” quiere decir una estructura física que recibe la vida del
alma. Es decir, el cuerpo vivo es un cuerpo animado. La teoría materialista
procede del atomismo y el que la elaborará Epicuro y posteriormente Lucrecio en
la época romana. Como sabemos nuestra civilización europea surge del encuentro entre
esta tradición grecorromana y el cristianismo, que viene a ser una reforma del
judaísmo y que procede del Próximo Oriente. El cristianismo habla de la carne y
el espíritu pero la formulación claramente dualista la hará a partir del
planteamiento platónico. Queda entonces una concepción dualista basada en la
diferencia entre alma y cuerpo, espíritu y materia.
Pero será Descartes el
que formulará este dualismo en términos modernos. Somos una substancia pensante
y una substancia extensa. Pero Descartes introducía una importante variación
con respecto a Platón. El cuerpo no continúa siendo un cuerpo muerto, como en
Platón, sino un cuerpo vivo, ya que se entiende como algo que es mecánico y la
vida es un mecanismo. El vitalismo va perdiendo la vida frente al mecanicismo y
la medicina se planteará en estos términos de arreglar piezas y mecanismos.
Cuerpo muerto, cuerpo mecánico. Finalmente pienso que el mecanicismo se ha
superado por la propia ciencia y hoy existe una concepción vitalista que
diferencia radicalmente lo vivo de lo no vivo.
Spinoza
planteará otra opción. La Substancia, es decir la Realidad infinita, se
manifiesta a través de dos atributos finitos: pensamiento y extensión, alma y
cuerpo. El cuerpo recibe así la misma dignidad que el alma. El alma es la idea
del cuerpo, es decir ilumina el cuerpo. El ser humano es libre en la medida en
que este cuerpo recibe una idea adecuada de sí mismo. Lo singular de cada
individuo es el acto existencial de un cuerpo pensante. Lo que hace la mente es
conocer el cuerpo a través de sus afectos.
Serán
Schopenhauer y Nietzsche los que darán la prioridad al cuerpo. El cuerpo es
voluntad de poder, es un campo de fuerzas. Schopenhauer lo valorará
negativamente y Nietzsche positivamente pero no importa, no es esto de lo que
hablamos. El cuerpo se convierte en algo vivo del que la conciencia (“el alma”)
es su elemento más superficial.
El espíritu, lo mejor
del hombre, es expresión de este cuerpo, de esta estructura dinámica y
compleja. Foucault y Deleuze serán los filósofos contemporáneos que elaborarán,
de alguna manera, una filosofía del cuerpo.
Las
neurociencias han intentado en algo caso, como el de John Eccles, mantener una
postura dualista. Otros lo han hecho en términos materialistas, como Antonio
Damasio. Considera el cuerpo como algo separado del cerebro y a la mente como su
producto. El cerebro es un aspecto del cuerpo y la mente es una red de
representaciones cargadas emocionalmente. Francisco J. Varela dice que somo un cuerpo
eneactivo, una cognición corporizada. Porque el cuerpo no es mecánico, el
cuerpo es un campo de significaciones y afectos. Valera busca en el budismo una
afinidad. Lo hace desde el budismo indio de Najarjuna y la tradición
Madhyamika. Pero a mí me recuerda sobre todo la tradición soto del budismo zen
de Taisen Deshimaru y su hincapié en el cuerpo. La actitud correcta, la
respiración correcta, la postura correcta. Desde el cuerpo. El sinólogo y filósofo
suizo Jean François Billeter habla de Zhuangzi y dice que se centra en el
cuerpo entendido como un conjunto de capacidades, recursos y fuerzas.
Pasemos al
análisis del cuerpo desde el psicoanálisis de Jacques Lacan. Está el cuerpo
simbólico, que es el cuerpo tal como lo articulamos desde el lenguaje, como un
conjunto de significantes. Cualquier cosa que diga sobre mi cuerpo (ser o
tener, no importa) es posible porque hay un sujeto que habla. En este sentido
“no somos un cuerpo” porque esto es una afirmación que hacemos desde el
lenguaje. Hay después el cuerpo imaginario, que es la imagen superficial
nuestra y del otro, la que vemos reflejada a través de la percepción y la
imaginación, que es como se nos aparece el cuerpo del otro. Este es el cuerpo
con el que nos identificamos. Está, finalmente el cuerpo del goce, que es el
cuerpo que siente y que sufre. Pero está más allá de lo que podemos decir e
imaginar.
El psicoanalista François Ansermet y el
neurocientífico Pierre Magistretti han intentado buscar un encuentro entre las
dos disciplinas en su magnífico libro “A cada cual su cerebro. Plasticidad
neuronal e inconsciente”.
Nuestra
identidad viene del cuerpo porque es cuerpo es esta estructura dinámica que
experimenta. El cuerpo es el sujeto de la experiencia, en el sentido que es el
cuerpo es que experimenta. Experimentamos desde nuestro cuerpo. Otra cuestión
es que desde el cuerpo-cerebro emerge una realidad diferente que es la psíquica.
Y que hayamos construido algo que es la lengua. Somos sujetos porque somos autoconscientes,
pensantes y hablantes. En este sentido no podemos decir ni que somos cuerpo ni
que tenemos cuerpo. Somos cuerpos subjetivados.
EL IMAGINARIO Y LO SIMBÓLICO : UNA COMPLEJA RELACIÓN
Escrito por Luis Roca Jusmet
Los términos simbólico e imaginario empiezan a adquirir prestigio a partir de los años 40. Pero lo hacen de manera independiente. Por una parte tenemos al filósofo alemán neokantiano Ernst Cassirer que elaborará una teoría de lo simbólico como lo específicamente humano. El Logos aristotélico será el símbolo. Cassirer partirá de concepciones biológicas para definir el animal no humano como encadenado a un círculo funcional. El animal se adapta a partir de unas pautas reactivas ( podemos llamarle instinto) que le hacen reaccionar de una manera concreta delante una señal. Si es capaz de aprender ( no todos los animales tienen esta capacidad) entonces incorpora nuevas pautas frente a nuevas señales. El caso del hombre es diferente. El hombre es un animal prematura, deficitario instintivamente, pero que tiene la capacidad de inventar símbolos, que son representaciones abstractas de las cosas. Estos símbolos serán la mediación entre él y el mundo. El hombre no vivirá de manera inmediata como el resto de animales sino de forma mediata. Su percepción será a través del símbolo, cuyo significado es el concepto, que le permite significar el mundo y desde este significado distanciarse de él. Su acción será también mediata porque el concepto le permite distanciarse de la respuesta automática y decidir de manera reflexiva. El caso de la niña sordomuda Hellen Keller y su impresionante historia le permiten a Cassirer explicar el paso de humanización a través del símbolo. Desde el símbolo el ser humano estructurará sus formas de relación con el mundo : filosofía, mito, religión, ciencia. El lenguaje será la base de todo ello, ya que es propiamente lo simbólico. Podemos concluir que para Cassirer lo simbólico es entonces algo social y algo individual. La sociedad construye sus símbolos y los individuos los interiorizan. Los humanos hacemos los símbolos y los símbolos nos constituyen como humanos.
Paralelamente a esta elaboración hay en Francia dos pensadores que tratan sobre el imaginario en un sentido diferente de como se había tratado, que era el producto de la imaginación. Son el filósofo Jean-Paul Sartre y el psiquiatra Jacques Lacan. Para Sartre lo imaginario es un campo que tiene que ver con el conocimiento de lo que llama los objetos mentales ( frente a la percepción que sería el de los objetos físicos) y tiene que ver también con el mundo de los posibles que constituye la base de la libertad humana. Somos libres porque podemos imaginar diferentes opciones de acción. Lacan formulará su teoría sobre lo imaginaria antes del retorno a Freud y a recibir la influencia de la teoría del signo lingüístico de Saussure y el planteamiento estructuralista de Levi-Strauss.El imaginario tiene que ver con la imagen especular que vemos en el espejo y que nos da una imagen de completud que todavía no tenemos. El imaginario tiene que ver con el narcisismo, con la relación con el otro como semejante y nuestra afirmación delante de él. Con el narcisismo, en definitiva, como imagen propia y del otro. pero posteriormente, en 1953, Lacan dará la conferencia sobre los tres registros y será el primero que ligará lo imaginario con lo simbólico. hay entonces una influencia progresiva de lo simbólico, entendido como el significante ( frente a la prioridad que daba Cassirer al significado Lacan se lo dará al significante) y como orden. Althusser lo definirá muy bien: lo Simbólico es el Orden creado por la Ley de la Cultura. Lo simbólico adquiere a partir de aquí una solidez, una estructura. Será la que nos permite entrar en la sociedad a través de su interiorización. Básicamente a través de lenguaje y de la ley.
Hay otro itinerario que partirá de una determinada lectura de Cassirer, de Jung y de Mircea Elíade que se llamará la hermenéutica simbólica. Partirá de que lo fundamental es el símbolo pero contraponiendo símbolo a palabra-concepto, ya que se considerará que este es muy limitado y reduccionista. El símbolo a través de la imagen es en cambio mucho más potente por su carácter analógico. Gilbert Durand será el principal representante. Pero me parece que es una tradición que se desmiente a sí misma porque están constantemente explicándose y teorizándose a través de conceptos.
Aparece luego Cornelius Castoriadis con sus nociones centrales de imaginario radical e imaginario social. que representa la concepción de figuras/formas/imágenes de aquello que los sujetos llamamos “realidad”, sentido común o racionalidad en una sociedad. Esta “realidad” es construida, interpretada, leída por cada sujeto en un momento histórico social determinado
Capacidad de la psique de crear un flujo constante de representaciones, deseos y afectos. Es radical en tanto es fuente de creación. Esta noción se diferencia de toda idea de la imaginación como señuelo, engaño. Lo simbòlico es entonces un aspecto del imaginario social, el que hace relación a lo normativo.La institución es así una red simbólica, socialmente sancionada, en la que se combinan, en proporción y relación variables, un componente funcional y un componente imaginario. La institución se expresa y se encarna en la materialidad de la vida social y como imaginario instituyente. Está hecha de múltiples instituciones particulares que forman un todo coherente, una unidad total, que da cohesión de una red casi infinita de significaciones que tienen una dirección de sentido para los diversos sujetos e instituciones que componen la sociedad. Esta red imaginaria es el magma que da unidad, cuerpo y orden a lo que parece fragmentado y caótico. Las significaciones no son necesariamente explícitas, aunque dan lugar a las representaciones, afectos y acciones típicos de una sociedad. Son lo que forma a los individuos sociales y imposible explicar cómo emergen: son creación de las significaciones imaginarias sociales que deben encarnarse en las instituciones. No pueden ser explicadas por parámetros lógicos. Así dirá que las instituciones tienen una significación imaginaria, que es la radical, y también una significación lógica, que es la del concepto.
Dicho todo esto intentaré concluir alguna manera de enfocar la cuestión que evite las ambigüedades teóricas, las confusiones lingüísticas y que nos permita entender mejor aquello de lo que hablamos.




