Por José Antonio Cerrillo y Luis Roca Jusmet
Introducción
La noción de jerarquía está reprimida en la ideología políticamente correcta. La sociedad que vivimos está fuertemente jerárquica a nivel económico y político y éste es el conflicto social básico que se quiere La función de la ideología, como siempre, es la de ocultar los antagonismos sociales.
Según Joan Corominas, el origen etimológico de la palabra alude a colectivos poseedores de la verdad, como sucede en las jerarquías eclesiásticas. No en vano es una derivación del término griego que se utilizaba para nombrar los jeroglíficos egipcios, un lenguaje supuestamente sagrado al que sólo tenían acceso los sacerdotes .
Jerarquía quiere decir que hay una distribución desigual del poder en función del lugar simbólico que se ocupa. La sociedad capitalista a nivel global, a nivel nacional, local y empresarial lo son. Pero no hablaremos ahora de la dimensión económica sino de la dimensión política. Y lo contrario de la jerarquía es la democracia en el sentido genuino de la palabra. Quiere decir que cualquiera puede gobernar y que son los ciudadanos en su conjunto los que deben hacerlo. La idea surge con la idea de ciudadanía y aparece en la Atenas clásica. Luego es recuperada con la idea de ciudadanía que surge de la Revolución Francesa, en la Revolución Americana y continuada por múltiples movimientos reivindicativos que aparecen en diversas sociedades. Movimientos obreros, de mujeres, de negros.... La lectura de la obra de Artr Rosenberg nos permite entender que la aparición de la democracia en Atenas fue una conquista de los trabajadores libres pero pobres en contra de la nobleza y los propietarios. El riguroso estudio desde la sociología histórica de Charles Tilly posibilita la comprensión de cómo se da este proceso en Europa.
En el momento en que alguien tiene la capacidad de decidir sobre cuestiones públicos ya tiene un poder, ya se establece una jerarquía. El único planteamiento realista es el de defender la democracia contra la jerarquía, no el de plantear una sociedad idealizada plenamente democrática. Se trata entonces de defender un movimiento reivindicativo, emancipatorio que está siempre en marcha, siempre inacabado. Jacques Rancière ya nos ha insistido también con su brillantez habitual que la democracia significa siempre el acceso al poder de los excluidos, los “sin-parte”.
No hay un determinado modelo social que lo garantice porque cualquiera puede cristalizar en nuevas formas jerárquicas. Esto lo hemos visto en el comunismo en el siglo XX. Vale la pena repasar el incansable análisis crítico de Cornelius Castoriadis, ya desde los años 60, para comprobar como los países que se llamaban comunistas van estructurando una fuerte jerarquía basada en un estricta separación entre dirigentes y dirigidos. El socialismo sólo puede ser autogestionario y democrático y el mismo Castoriadis ha trabajado en profunidad para esclarecer lo que esto significa.
Se trata entonces de que los movimientos de izquierdas, emancipatorios luchen siempre siempre contra la tendencia opuesta a la jerarquía. No se trata de modelos sino de movimientos en pugna y nuestro trabajo tiene que ser luchar por la autonomía de los ciudadanos, su capacidad para resolver sus propias cuestiones privadas y participar en la resolución de las cuestiones públicas. Defender a la vez la libertad de los antiguos ( política) y de los modernos ( individual). Una sociedad democrática debe buscar formas de participación directa de los ciudadanos y de compromiso de los elegidos con los electores. Hay que reducir al mínimo la capacidad de los dirigentes de decidir por sí mismos en cuestiones políticas, sólo deben concretar las lineas que entre todos se han decidido. La izquierda no puede promover y teorizar planteamientos jerárquicos. Debe organizarse políticamente de forma democrática si quiere ser coherente con sí misma, con lo que quiere desarrollar.
Introducción
La noción de jerarquía está reprimida en la ideología políticamente correcta. La sociedad que vivimos está fuertemente jerárquica a nivel económico y político y éste es el conflicto social básico que se quiere La función de la ideología, como siempre, es la de ocultar los antagonismos sociales.
Según Joan Corominas, el origen etimológico de la palabra alude a colectivos poseedores de la verdad, como sucede en las jerarquías eclesiásticas. No en vano es una derivación del término griego que se utilizaba para nombrar los jeroglíficos egipcios, un lenguaje supuestamente sagrado al que sólo tenían acceso los sacerdotes .
Jerarquía quiere decir que hay una distribución desigual del poder en función del lugar simbólico que se ocupa. La sociedad capitalista a nivel global, a nivel nacional, local y empresarial lo son. Pero no hablaremos ahora de la dimensión económica sino de la dimensión política. Y lo contrario de la jerarquía es la democracia en el sentido genuino de la palabra. Quiere decir que cualquiera puede gobernar y que son los ciudadanos en su conjunto los que deben hacerlo. La idea surge con la idea de ciudadanía y aparece en la Atenas clásica. Luego es recuperada con la idea de ciudadanía que surge de la Revolución Francesa, en la Revolución Americana y continuada por múltiples movimientos reivindicativos que aparecen en diversas sociedades. Movimientos obreros, de mujeres, de negros.... La lectura de la obra de Artr Rosenberg nos permite entender que la aparición de la democracia en Atenas fue una conquista de los trabajadores libres pero pobres en contra de la nobleza y los propietarios. El riguroso estudio desde la sociología histórica de Charles Tilly posibilita la comprensión de cómo se da este proceso en Europa.
En el momento en que alguien tiene la capacidad de decidir sobre cuestiones públicos ya tiene un poder, ya se establece una jerarquía. El único planteamiento realista es el de defender la democracia contra la jerarquía, no el de plantear una sociedad idealizada plenamente democrática. Se trata entonces de defender un movimiento reivindicativo, emancipatorio que está siempre en marcha, siempre inacabado. Jacques Rancière ya nos ha insistido también con su brillantez habitual que la democracia significa siempre el acceso al poder de los excluidos, los “sin-parte”.
No hay un determinado modelo social que lo garantice porque cualquiera puede cristalizar en nuevas formas jerárquicas. Esto lo hemos visto en el comunismo en el siglo XX. Vale la pena repasar el incansable análisis crítico de Cornelius Castoriadis, ya desde los años 60, para comprobar como los países que se llamaban comunistas van estructurando una fuerte jerarquía basada en un estricta separación entre dirigentes y dirigidos. El socialismo sólo puede ser autogestionario y democrático y el mismo Castoriadis ha trabajado en profunidad para esclarecer lo que esto significa.
Se trata entonces de que los movimientos de izquierdas, emancipatorios luchen siempre siempre contra la tendencia opuesta a la jerarquía. No se trata de modelos sino de movimientos en pugna y nuestro trabajo tiene que ser luchar por la autonomía de los ciudadanos, su capacidad para resolver sus propias cuestiones privadas y participar en la resolución de las cuestiones públicas. Defender a la vez la libertad de los antiguos ( política) y de los modernos ( individual). Una sociedad democrática debe buscar formas de participación directa de los ciudadanos y de compromiso de los elegidos con los electores. Hay que reducir al mínimo la capacidad de los dirigentes de decidir por sí mismos en cuestiones políticas, sólo deben concretar las lineas que entre todos se han decidido. La izquierda no puede promover y teorizar planteamientos jerárquicos. Debe organizarse políticamente de forma democrática si quiere ser coherente con sí misma, con lo que quiere desarrollar.