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miércoles, 16 de septiembre de 2020

LA DERIVA POPULISTA DEL NACIONALISMO CATALÁN

 




Luis Roca Jusmet ( artículo publicado en la revista Grand Place )

 

 

 La gran pregunta, por tanto, es por qué de la existencia de unos rasgos culturales diferenciados debemos deducir que al grupo humano portador de tales rasgos ha de corresponder la gobernación del territorio en el que habita.

                        

                                                          José Álvarez Junco (2016)

 Pienso que el verdadero problema es que cuando a la gente le preocupa ante todo su nacionalidad o identidad étnica particular, empieza a examinar cada pronunciamiento político y cada acontecimiento local en busca de las implicaciones para dicha identidad. Con ese estado de ánimo, todos los debates sobre impuestos, o sobre líneas de trenes de alta velocidad, o sobre adjudicaciones del agua, o sobre derechos de gestión de costas, o sobre subvenciones a los museos de arte o las salas de conciertos, etcétera, se convierten automáticamente en debates que implican a "nuestra cultura" y a "nuestra identidad"[…] No tengo ni idea del porcentaje de personas que, como yo, piensan que su identidad consiste en sus creencias políticas y morales, en sus preferencias estéticas, en sus gustos y aptitudes acumulados y en las muchas imágenes de sus primeros años de vida que han establecido esos principios y esos gustos, la mayoría de los cuales no tienen nada que ver ni con la raza ni con la nacionalidad. Probablemente el porcentaje será muy pequeño. De otro modo, los nacionalismos no tendrían ni remotamente la fuerza que tienen. Pero, a menos que exista algún elemento de nacionalismo oculto entre los componentes de mi identidad personal, tengo que insistir contundentemente en que no todos somos nacionalistas de algún tipo.

Gabriel Jackson (2000)

 

 

 

  Mi hipótesis es que tanto el nacionalismo y el populismo son movimientos modernos de carácter reaccionario. Lo son porque van en contra de lo más progresista de la modernidad, que es la potenciación de un sujeto emancipado en una sociedad democrática. Es decir, contra el presupuesto de que cada ciudadano tiene la capacidad de gestionar su vida en relación con los otros. Es la doble dimensión de la autonomía personal y de la exigencia de la convivencia social, que supone el respeto al otro como un igual. Ello nos lleva al reconocimiento de la conquista histórica de los ideales de la libertad, la igualdad y la fraternidad, que hoy se concretan en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Lo cual se concreta políticamente, a mi modo de ver,  en la puesta en marcha del Estado democrático y social de derecho. Es decir, a la creencia de que somos ciudadanos en un territorio en el que el Estado garantiza el cumplimiento de los derechos civiles, políticos y sociales, a cambio del cumplimiento de las leyes y obligaciones sociales. Justamente la función de la política es hacerlo posible. Estos son, para mí, los presupuestos de la izquierda democrática. Cornelius Castoriaidis señalaba además que la gran aportación de Grecia y de la Europa moderna es la idea de que cada sociedad tienen autonomía para transformar sus leyes y sus instituciones.

Esto se contrapone a la sacralización de la tradición y a las concepciones esencialistas de la sociedad. Cada sociedad puede cambiar lo que decide en cada momento, siempre y cuando respete los principios de igualdad de derechos. La idea de la Constitución es que se recojan estos principios, que deberían ser universales, y que este ha de ser el único límite para los cambios.

Tanto en el caso del nacionalismo como en el del populismo, podemos decir que son reacciones contra esta defensa complementaria de la autonomía individual y del Estado de derecho. Son reaccionarios porque se basan en lo identitario, en lo tribal. Este aferrarse a lo propio del grupo (en el sentido que compete solo a una parte de los humanos), se opone tanto a la autonomía singular como a los principios universales de igualdad de derechos. Por una parte, quiere mantener la homogeneidad, la uniformidad interna, lo cual le lleva a oponerse a la crítica y, menos aún, la disidencia de un sujeto que forme parte del grupo. Por otra opone también al universalismo de lo humano, porque, al igual que incluye a unos (el “nosotros”) también excluye y separa a los otros (el “ellos”).  En sus peores manifestaciones, segrega y, en el límite, quiere eliminar al otro, al que ve como un adversario a destruir. Fácilmente el nacionalismo se convierte en una cultura del odio. Amartya Sen ha escrito un magnífico ensayo denunciando todos los discursos basados en la identidad única. Hay una tendencia tribal en los humanos que hace que esta doble conquista, la de las dimensiones singular y universal, de la emancipación sea tan difícil. Por una parte, tenemos el miedo a la libertad, que nos hace buscar un líder, un guía, que nos dirija, un grupo que nos proteja. Es lo que se ha llamado la servidumbre voluntaria. Su otra cara es la del rechazo del diferente, la del racismo o la xenofobia. La mejor definición de nación  la dio, a mi modo de ver, Benedict Anderson, al definirla como “una comunidad imaginada”. Es decir, que se basa en la identificación con una serie de elementos simbólicos y culturales que conforman un grupo supuestamente homogéneo, No es el que el Estado moderno se construya sobre la base de una nación preexistente. Es que Estado se inventa la nación. Esto no quiere decir que sea imaginario, en el sentido de irreal. Simplemente lo que se hace es potenciar la identificación particular, de grupo, sobre la base con una serie de elementos que pueden ser más o menos comunes, más o menos importantes. Anne-Marie Thiesse lo precisa: “El verdadero nacimiento de una nación es el momento en que un puñado de individuos declara que existe y se empeña en probarlo. Esta voluntad política se logra cuando se tiene el plebiscito del “Pueblo”. El culto a los antepasados (la tradición), desde el Mito fundacional de la nación, es el que debe mantenerse a través de un relato histórico que continua hasta el presente y le da sentido. Hay que crear un patrimonio cultural y difundir el culto. Es un trabajo de bricolaje: reconstruir de manera más o menos fiel el pasado, distorsionarlo si hace falta, inventarlo incluso si es necesario. Fabricar una identidad colectiva, una ficción a la que hay que adherirse. ¿Para qué? Para convertirse en un “dios útil” al servicio del poder. O para los que ya lo tienen o para los que lo quieren tener. Los ciudadanos se identifican con la nación en términos emocionales. Slavoj Zizek ya planteó que el nacionalismo es la patología de la democracia liberal. Porque la democracia formal es un sistema formal en que los ciudadanos son sujetos sin atributos. Cualquiera que vive en un Estado y es reconocido como formando parte de él es un ciudadano al que se le reconocen unos derechos y que debe cumplir unas leyes. Es la invención de la sociedad civil, la de los ciudadanos que, en un marco de igualdad, deben decidir sobre sus vidas. Pero, como nos enseñó Spinoza, los humanos nos movemos, sobre todo, por pasiones más que por sus razones. El ciudadano ideal que definió Kant, el del “sapere aude”, capaz de tener un criterio y pensar por sí mismo, capaz de construir un proyecto propio de vida, compartido por los otros, es difícil.

 El término populismo se ha puesto de moda y lo hace de una manera muy ambigua, englobando movimientos que son heterogéneos. Hay, por tanto, que intentar precisar al máximo el término sino queremos perdernos en la confusión. Algunos de estos movimientos proceden del fascismo (Frente Nacional) y otros del marxismo (las conceptualizaciones de Ernesto Laclau), junto a los que revindican la “antipolítica” (Movimiento cinco estrellas) o la irrupción de los no políticos en la política (Trump).  ¿Qué es lo que hay en común en este populismo del siglo XXI?. En primer lugar, la oposición "pueblo"/antipueblo”. El “antipueblo” se presenta como la oligarquía, que se identifica básicamente con la élite política. Hay a veces un chivo expiatorio (diferente del “antipueblo”) que es el que se ve como causa de todos los males: en el populismo de derechas son los inmigrantes. Se busca un líder carismático que moviliza a partir de un mensaje demagógico basado la configuración de una contradicción “pueblo/antipueblo”. Busca la movilización en la calle y defiende las propuestas plebiscitarias, en contra del pluralismo democrático y del valor y de la autoridad de las instituciones y las leyes. Su demagogia está en que reduce y simplifica la complejidad de intereses y conflictos sociales a la de un grupo que llama "pueblo" que se opone a una casta política, culpable de todos los males sociales que sufre este pueblo. Se distorsiona por tanto la descripción de lo real para adecuarlo a la coherencia de una narración que tiene un objetivo político. Se dice también lo que la gente quiere hoy, a nivel de propuestas, sabiendo que no es posible. Los populismos comparten una lógica narrativa que se basa en una idealización de una comunidad imaginada, a la que se llama pueblo, Se da aquí lo que Freud llamaba “el narcisismo de las pequeñas diferencias”. que no coincide nunca con el colectivo heterogéneo al que se refiere. Por otra parte, la oligarquía, el “antipueblo”, es otra simplificación, basada en este caso en una idealización negativa. Y no digamos cuando buscan un chivo expiatorio. El análisis político es totalmente reduccionista y, por tanto, falso. Nos movemos en la postverdad, en la negación de una exigencia de veracidad. Cuando hablamos de sus propuestas nos encontramos con su imposibilidad. No hay nunca en el populismo un conjunto de propuestas concretas y realizables sino unas vaguedades que nunca se llevan a la práctica pero que recogen las aspiraciones de aquellos a los que se dirigen. Se crea un imaginario muy cerrado basado en lo emocional, en imágenes primarias que crean identificaciones y rechazos.

  El nacionalismo catalán ha sido política y culturalmente hegemónico en Cataluña desde la instauración de un régimen democrático en España. Jordi Pujol tenía, desde el principio, un proyecto de “catalanización” de la sociedad. Esto quería decir una voluntad política construir una nación, dentro de España, sobre bases étnicas, es decir, culturales. En primer lugar, y como tema básico, el de la lengua como marca de identidad cultural. Bajo la retórica de “normalizar el catalán” (con la justificación de que era una lengua minoritaria oprimida). En realidad, lo que quería hacer era sustituir el español por el catalán. En segundo lugar, la creación de unos medios de comunicación al servicio de la causa nacionalista. En tercer lugar, la de construir una escuela catalana en la que se hablara únicamente catalán (el castellano se daría con el inglés, como lenguas extranjeras), en la que se refiriera siempre a Cataluña como un país, en la que se montara una historia de Cataluña separada de España y en la que se tratara a esta como un Estado opresor. En cuarto lugar, el proyecto de potenciar a base de subvenciones públicas todo lo que se pudiera considerar como diferencial de la cultura catalana: sardana, castellers, fiestas tradicionales. Hacer del 11 de septiembre la fiesta nacional y el símbolo de la libertad catalana frente al dominio español. En definitiva, ir transmitiendo de manera subliminal el mensaje clave: Cataluña es una nación soberana oprimida políticamente, colonizada culturalmente y explotada económicamente por el Estado español. Generaciones de catalanes se han formado con este mensaje. Crear un sentimiento identitario en el que ser catalán quiere decir hablar catalán e interiorizar este relato nacionalista. Para conseguir este objetivo utilizó todos los recursos y fondos públicos directa o para conseguirlo. Consiguió concesiones de los gobiernos del PSOE y del PP a cambio de su apoyo. Lo único que le faltaba era el reconocimiento de la soberanía de Cataluña y de que una nación tiene derecho a un Estado. Pujol era un corredor de fondo y sabía que no podía precipitarse. Cuando se dice que Pujol no era independentista se incurre en una confusión. Pujol era nacionalista, y por tanto soberanista, y como tal aspiraba a un Estado propio. Un largo camino que debía seguirse sin prisas, pero sin pausas.

 El tema de la soberanía es aquí central. Porque soberanía quiere decir que se considera que Cataluña es una nación. Esto supone implícitamente reconocer que si Cataluña es una nación tiene derecho a un Estado propio. Pero esta nación únicamente puede formularse en términos identitarios: una lengua, una cultura, una historia. La nación se convierte entonces en el significante-uno del que derivan todos los demás. Este significante se basa en una identificación imaginaria (“yo soy catalán”) que está por encima de cualquier elemento singular (me diluyo en el grupo) o universal (nosotros contra ellos. Pujol se convierte en el líder carismático del proceso. Los hijos políticos de Pujol (Mas, Oriol Pujol) aceleran la propuesta hacia el soberanismo y se alían con ERC, mientras sus nietos (CUP) mezclan este ideal con consignas antisistema. Las torpezas del PP solo son pretextos para ir avanzando en el proyecto. Martín Alonso, en los tres volúmenes de su preciso y riguroso libro “Catalanismo: del éxito al éxtasis” lo explica muy bien. Se consagra “el derecho a decidir”. Y por un mecanismo de mimetismo poco a poco una gran parte de la sociedad catalana interioriza esta propuesta. Se va instaurando lo que Alexis de Tocqueville consideraba el peligro de la democracia: “La tiranía de la mayoría”.

 Poco a poco el movimiento va adquiriendo cada vez un carácter más populista y antidemocrático. Aparecerán otros líderes que se pretenden carismáticos ( como Puigdemont y Torrà) )  como representantes únicos, directos, del “pueblo catalán”, sin mediación ni de las instituciones ni de la legalidad. Con una idea de la “democracia” totalmente identitaria y plebsicitaria. Se pasa a hacer política en la calle y se crean organizaciones de masas (ANC Omnium Cultural) y para enfrentarse al dominio del Estado español.”De esta manera el ciudadano ya no es un sujeto universal, un sujeto vacío de derechos, sino el que se identifica con un relato. El que no lo hace, es un “botifler”, un traidor a su pueblo. Hay un cierto supremacismo, en el sentido de lo que Freud llamaba “el narcisismo de las pequeñas diferencias”.

 Lo básico del populismo se cumple. Por una parte, la reducción simplificadora pueblo/antipueblo se cumple. El pueblo es entonces "el poble catalá," que es una idealización de una entidad que realmente no existe, por lo que acaba identificándose con los que se identifican con ella. El “antipueblo” es entonces "España" que viene a ser una idealización negativa absolutamente confusa: El Estado español, el gobierno del PP, Madrid, los andaluces. Hay cada vez más más una movilización en la calle que se considera más representativa que los votos, aunque también se utilicen cuando interesa. La propuesta es igualmente ilusoria. Primero por plantear una independencia que no es posible y segundo por la imagen que se da de una Cataluña independiente. El relato es cada vez más distorsionado y el discurso más demagógico. Esta es, precisamente, la fuerza hipnótica del nacionalismo como populismo. Todo ello llevó al delirio que estaba en la base del movimiento, dirigidos por políticos irresponsables ( primero Mas, después Puigdemont y Oriol Junqueras) que condujo al desastre de la declaración unilateral que todos conocemos. Y hoy Torra, aunque en un proceso en el que se quiere convertir cada vez más a Puigdemont en este líder carismático tan necesario para el populismo. En la figura que encarna la idea con la que se identifican las masas, como bien nos explicó Freud.

 Resulta especialmente penoso la manera como este movimiento ha fagocitado a la izquierda en Cataluña. Esto teniendo en cuenta que los valores de la izquierda democrática son claramente incompatibles con los planteamientos del nacionalismo y del populismo. Pero en el caso de España se ha dado una perversa alianza ente los partidos que se reclaman de la izquierda

  Debemos referirnos a la lucha antifranquista para entender las dinámicas con respecto “al problema catalán” de los que fueron inicialmente los grupos más importantes de la Cataluña postfranquista: el PSUC y el PSC. Empezaré por el PSUC, claramente hegemónico en la lucha antifranquista. Fue un partido creado el año 1936 a partir d la fusión de cuatro partidos de ámbito catalán: la federación catalana del PSOE, el Partit Comunista de Catalunya, la Unió Socialista de Catalunya y el Partit Català Proletari. Ya tenía, de entrada, un carácter catalanista, aunque no nacionalista. Jugó, en el franquismo, un papel integrador de los obreros procedentes de otras partes de España y los integró en la exigencia de reivindicaciones catalanistas, como la exigencia del estatuto de Autonomía o la normalización del catalán. En las tres primeras elecciones los resultados fueron buenos (sobre el 18%) pero dese 1982 hasta su disolución bajó en picado. Del PSUC surgieron ICV y EUiA (antes se había escindido el PCC). La postura, frente al nacionalismo hegemónico del pujolismo, fue de un cierto seguidismo. Aunque criticaban la política derechista de Pujol y sus acólitos fueron cediendo a sus continuas reivindicaciones nacionalistas y presentándose como partidos “nacionales” catalanes, aceptando que el catalán era la lengua propia de los catalanes, que Cataluña era una nación y reduciendo a España a un Estado ajeno. Todo ello propìciado, básicamente, por dirigentes procedentes de familias catalanas y con unos cuadros y unas bases obreras que, poco a poco, iban asumiendo esta dinámica como natural para ser plenamente integrados en Cataluña. Al disolverse ICV e integrarse en els Comuns este discurso nacionalista se fue acentuando, sobre todo al ir identificando cada vez a España con el gobierno del PP y la defensa del Estado de derecho con un rancio nacionalismo español. Al aparecer el famoso “derecho a decidir” impulsado por los nacionalistas catalanes lo que se pretendía consolidar era la soberanía de Cataluña. Tanto ICV como EUiA y luego los Comuns defendieron este soberanismo sin entender lo que estaba en juego, que era establecer la soberanía de un pueblo definido en términos étnicos. El Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC-PSOE) , por su parte, se había formado a partir de la fusión del PSC-Congrés con la Federación Catalana del PSOE. El primer grupo era el claramente mayoritario y había surgido de la fusión de diversos grupos socialistas catalanistas. El PSC-PSOE cada vez se presentaba más como el PSC, tenía Congresos propios y se definía como un partido catalanista. Cuando se forma el gobierno Tripartito del PSC-ICV y ERC como alternativa al pujolismo lo que se plantea es un cambio del eje izquierda-derecha, no un cuestionamiento de su línea nacionalista. No podía ser de otra manera, si ERC estaba en el gobierno y los dirigentes del PSC y de ICV había interiorizado tanto el discurso nacionalista que sentían pavor por ser tildados de “españolistas” o “anticatalanistas”. La propuesta de nuevo Estatut fue un tremendo error, ya que hablaba de Cataluña en términos claramente soberanistas. El PSC se apuntó así al soberanismo, en la medida que aceptaba la necesidad de un referéndum vinculante, es decir la soberanía catalana. De hecho, siempre se había hablado de las “dos almas” del PSC con respecto al problema catalán, aunque la hegemonía la tenían los catalanistas. A medida que la situación se polarizaba el PSC tuvo dos escisiones. Una primera en que algunos cuadros y dirigentes fueron a Ciudadanos. Y una segunda en la que dirigentes, cuadros y militantes acabaron en la órbita abiertamente nacionalista. Pero el PSC, finalmente optó por una posición soberanista y defensora de una España Federal. Otra cosa es que el discurso dominante del PSC no haya roto totalmente de las influencias del nacionalismo catalán a partir de su definición como catalanista. Pero está claro que dentro del espacio institucional catalán es la única referencia, si se quiere imperfecta, de una alternativa socialista democrática al nacionalismo que ya ha presentado su verdadera cara, la secesionista. Respecto a lo que podríamos llamar extrema izquierda hay que decir que se mueve en el espacio soberanista. La influencia de Jaime Pastor, histórico dirigente troskista y férreo defensor del derecho de autodeterminación de las naciones periféricas del “Estado español”.

Tenemos finalmente el caso de las CUP, grupos asamblearios que adoptan una retórica izquierdista radical pero que en realidad solo funcionan como una opción nacionalista radical, por lo tanto extremadamente dogmática y sectaria.

Ciudadanos apareció en el 2006 como una posible alternativa. Yo mismo escribí en la revista el Viejo Topo un artículo titulado “¿Una nueva alternativa de izquierdas en Cataluña?”. Se trataba de saber si este movimiento cívico, transversal que criticaba al nacionalismo catalán podía tener una orientación progresista, ya que se definía en un espectro que iba del liberalismo igualitario a la socialdemocracia. La historia desmintió esta posibilidad y Ciudadanos ha tenido una deriva cada vez más clara hacia la derecha liberal e incluso el nacionalismo españolista.

Hay que señalar que se han dado en los últimos años algunos intentos de crear una izquierda no nacionalista, más allá del PSC y els Comuns. Se formó un pequeño grupo que quiso coordinar estos esfuerzos, llamado ASEC/ASIC (Asamblea social de la izquierda en Cataluña), se intentó montar un partido( Izquierda en positivo) pero que no cuajó en una alternativa consistente desde el punto de vista electoral. Me parece más razonable y realista buscar en la unión del PSC, en los Federalistas que están en Común y en alguna plataforma que pueda reunir todos estos pequeños grupos, una alternativa de izquierda no soberanista en Cataluña. Que ha de ser federal pero cuestionando conceptos que no tienen nada que ver con el discurso de la izquierda como “derechos históricos”. Un federalismo que ceda competencias pero que se base en una idea clara de lealtad. No en una profundización de la lógica de los reinos de taifas ni en un planteamiento nacionalista-populista que, para mí, es la negación del federalismo democrático de izquierdas. Ni tampoco en la interesada confusión entre federalismo y confederalismo. Por muy compartidas que sean hoy las soberanías la referencia siempre es el Estado de derecho, que decide ceder competencias a nivel interno y llegar a acuerdos a nivel externo. Y este Estado de derecho es al que le corresponde, en sentido cívico, el nombre de nación. Nación cívica que es culturalmente plural, por supuesto. Pero por una diversidad heterogénea, no porque esté formado por supuestas comunidades culturales homogéneas que solo existen en la ideología de los nacionalistas. Estado democrático y social de derecho que sea capaz de garantizar los derechos cívicos, políticos y económicos a la ciudadanía.

BIbilografía:

ALONSO, Martín (2014) El catalanismo, del éxito al éxtasis: I: La génesis del problema social    Barcelona: El Viejo topo.

ALONSO, Martín (2015) El catalanismo, del éxito al éxtasis. II: La intelectualidad del “proceso:  Barcelona: El Viejo Topo.

ALONSO, Martín (2016) El catalanismo, del éxito al éxtasis. III: Impostura, impunidad y desestimiento   Barcelona: El Viejo Topo.

ÁLVAREZ JUNCO, José Álvarez   Dioses útiles. Naciones y nacionalismos

Barcelona : Galaxia Gutenberg.

ANDERSON, Benedict (2007) Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo   México: FCE.

BLANCO VALDÉS, Roberto L. (2012)   Los rostros del federalismo Madrid: Alianza editorial.

CANDEL, Miguel y LÓPEZ, Salvador (2017)   Derechos torcidos. Conversaciones sobre “el derecho a decidir”, la soberanía, la libre determinación y la España federal   Barcelona: El Viejo Topo.

JIMENEZ VILLAREJO, Carlos   Catalunya. Mitos y resistencias   Barcelona: El Viejo Topo.

jueves, 3 de octubre de 2019

POR UN RELATO VERAZ SOBRE EL TERRORISMO EN EL PAÍS VASCO




Gestos frente al miedo.
Irene Moreno Bibiloni
(Prólogo de Eduardo González Calleja)
Tecnos: Madrid, 2019

   Escrito por Luis Roca Jusmet

 Voy a empezar la reseña con dos preguntas:  La primera es ¿Cuándo dejamos de hacer sociología del presente y pasado a hacer memoria histórica? . La segunda,  ¿Es posible un relato objetivo de unos acontecimientos sociales recientes, cuando las heridas aún siguen abiertas? Creo que ninguna de las dos preguntas puede tener una respuesta absoluta. Las dos exigen una argumentación matizada.
 En el primer caso es evidente que el corte entre el presente y el pasado es arbitrario. Arbitrario no en el sentido de que es convencional, que depende del arbitrio, del acuerdo humano.  El libro que nos ocupa se refiere a unos acontecimientos ocurridos entre 1975 y 2013. El inicio coincide con la muerte de Franco y a partir de aquí el inicio de la transición política que supone el paso del fraquismo a una monarquía constitucional de carácter democrático. Proceso complejo que no tiene un final que podamos precisar con exactitud, pero que se toma como referencia habitual el año 1982, año en el que sale elegido Felipe González como presidente del gobierno ; lo hace  tras la victoria del PSOE, partido que no tuvo nada que ver con el franquismo. El final de la etapa estudiada (2013) se corresponde con el cierre de Gesto por la Paz. Es en este momento cuando la autora del libro, Irene Moreno Bibiloni, decide iniciar un riguroso estudio ( que le llevará cuatro años) sobre el movimiento ciudadano que en el País Vasco plantó cara al terrorismo de ETA. Dos años antes ETA abandona las armas. Podemos afirmar que  “habían decidido dejar de matar” porque toda su actividad terrorista se correspondía con la decisión de matar para conseguir la independencia. Vale la pena señalar lo que acabo de decir para no caer en la ilusión que ETA era una organización armada que se creó para enfrentarse a una Dictadura. La propia historia de ETA desmiente esta idea: una vez acabado el franquismo continúan matando para conseguir su único objetivo: la secesión de España y la creación de un Estado propio. Volvemos a la pregunta inicial: cuando hablamos de la transición ¿estamos hablando del presente que todavía vivimos o de una historia ya pasada? No hay respuesta clara, ya que nos movemos en esta frontera ambigua entre la historia y la sociología. Aunque la solución quizás sea, como señaló el gran  Immanuel Walernstein, en una sociología histórica capaz de integrar diferentes disciplinas en una misma visión de conjunto.
 La segunda pregunta es impertinente, lo reconozco. ¿Puede un historiador que bordea una situación que todavía está abierta pretender hacer un relato objetivo? O incluso podríamos preguntarnos si la expresión relato objetivo no es un oxímoron. El tema es complejo. ¿se dedican los historiadores a hacer relatos y estos pueden ser imparciales? Mi opinión es que es muy difícil, si no imposible, ser imparcial cuando son hechos de consecuencias trágicas frente a los que hay posturas muy polarizadas. Hay que elaborar un relato ciertamente porque se seleccionan y se relacionan hechos desde una determinada perspectiva. Pero lo que debe exigirse a este relato es que sea veraz. La veracidad es imprescindible en estos tiempos en que el relativismo cognitivo puede llevar a teorías tan disparadas como los de la post-verdad. Los hechos son lo que son y no pueden ocultarse ni distorsionarse
 En estas estamos. Irene Moreno Bibiloni no es imparcial. Ella se posiciona contra el terrorismo de ETA. Sin reservas, sin vacilaciones. Como una ciudadana indignada frente a lo intolerable. Aquí está su motivación, pero tenemos también a una historiadora rigurosa que quiere ser veraz. Y lo es. Nos quiere explicar, y lo hace muy bien, quienes fueron aquellos que tuvieron el valor y la dignidad de enfrentarse al terrorismo. Que superaron el miedo pero quizás algo más difícil todavía: el mimetismos social, el conformismo, la exclusión.
 La autora hace un recorrido que va empieza en la transición (1975-1982). Los años de plomo de ETA y el miedo, ciertamente, y esta percepción social tan terrible del “Algo habrá hecho”. Pero también el momento en que aparecen las primeras reacciones contra la locura terrorista, ahora que se había quitado la careta, tanto de partidos (está bien que nos recuerde que fueron de la izquierda: el PCE y el PSOE. Que continua, entre los años 1982-1985, con el inicio de movilizaciones ciudadanas y de los inicios del Grupo por la Paz a partir de grupos cristianos de base y de colectivos pacifistas. Después, entre 1986 y 1989, las primeras concentraciones silenciosas y la aparición de la Asociación por la Paz de Euskal Herria (“¿Por qué no la Paz? Un silencio contra la violencia. Entre los años 1989-1991 hay un salto cualitativo con el pacto de Ajurai Enea como unidad consensuada contra el terrorismo (sobre todo a partir del salvaje atentado de Hipercor). Por otra parte el crecimiento importante del Gesto por la Paz y la aparición de una crisis interna que daría lugar a escisiones, que fueron aprovechadas para desprestigiarles desde la prensa abertzale de Egin. Fue, de todas maneras, la época de consolidación del pacifismo vasco. La década de los noventa supuso la consolidación de los referentes morales del Gesto por la Paz: la separación del conflicto violento y el político ( que también dio lugar a una fecunda polémica), la defensa de la dignidad y el reconocimiento de todas las víctimas a partir de la aparición del GAL. En el año 1993 aparecerá el lazo azul como símbolo unitario de todos los que denunciaron el secuestro del empresario Julio Iglesias ( y todo lo que representaba la violencia etarra). La izquierda abertzale comienza, a partir del año 1995, su campaña de “socialización del sufrimiento” y el reforzamiento de la acción de la “kale borroka”, iniciada unos años antes. Los asesinatos, a finales de los noventa, de Gregorio Ordoñez y de Miguel Angel Blanco aumentaron el rechazo social al terrorismo de ETA. Al grito de “Basta Ya” el colectivo de este nombre consiguió una manifestación masiva de indignación, no únicamente en el País vasco sino en muchas ciudades españolas. Muchas cosas cambiaron, como la denuncia del nacionalismo y la radicalización del PNV, que rompió el consenso y buscó la alianzas de los partidos nacionalista a través del Pacto de Estella. Entre el 2008-13 sería el final de ETA y con él el del Gesto por la Paz.

jueves, 18 de julio de 2019

CATALUNYA : MITOS Y RESISTENCIA


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Reseña de 


CATALUNYA. Mitos y resistencia

Carlos Jiménez Villarejo
(Prólogo de Joan Botella )
El Viejo Topo, ediciones de intervención cultural, 2018
216 páginas

Escrito por Luis Roca Jusmet

Me voy a permitir considerar que este libro cierra la estupenda trilogía que ha dedicado la editorial El Viejo Topo a mostrar que aún hay en Cataluña una perspectiva de izquierdas no contaminada por el discurso nacionalista. Difícil posición de resistencia frente a la izquierda
institucional ( Podem, Comuns, ICV, EUiA), que hecho, como dijo certera y ácidamente Paco Frutos, actúa de “palanganero del nacionalismo”. Afortunadamente el PSC se ha desmarcado en su última etapa (aunque quizás no del todo) de este discurso. Al hablar de trilogía excluyo
aquí, y no por falta de interés, los libros de Félix Ovejero. Aunque Ovejero es una referenciaimprescindible ha publicado en muchas otras editoriales, aparte del Viejo Topo, y afortunadamente se ha ganado un merecido prestigio como “mosca cojonera” de esta izquierda reaccionaria, como gusta llamarla. Me refiero entonces a que Carlos Jiménez
Villarejo completaría lo que había iniciado Martín Alonso y continuado Miguel Candel y Salvador López Arnal en esta editorial. Resalto aquí el impresionante trabajo, distribuido en
tres volúmenes, de Martín Alonso: “El catalanismo, del éxito al éxtasis”. Imprescindible para desmantelar las ficciones que enturbian una visión clara de lo que fue “el proceso”. Miguel Candel y Salvador López Arnal, por su parte, en su “Derechos torcidos. Conversaciones sobre el derecho a decidir, la soberanía, la libre determinación y la España federal”, hacen una aproximación más teórica a la cuestión. Y con este libro Carlos Jiménez Villarejo recoge, con un
hilo conductor histórico muy coherente, la permanente reflexión crítica que hizo desde varios periódicos del “procés”.
 Seguramente no hace falta presentar a Carlos Jíménez Villarejo (Málaga, 1935) fiscal afincado desde hace mucho tiempo en Cataluña, sancionado durante el franquismo por no renunciar a sus principios y comprometido siempre con los valores de la izquierda. Larga y coherente
trayectoria desde su militancia clandestina en el PSUC hasta su acta como eurodiputado de Podemos en 2014. Aunque pronto comprobó las imposturas de este grupo en el problema que nos ocupa y renunció al acta al vínculo que tenía con el grupo. A falta de una alternativa clara
de izquierdas en Cataluña ha colaborado con grupos como ASDEC/ASIC e Izquierda en positivo, aceptó formar parte de las listas del PSC para las elecciones autonómicas y ha colaborado en actos de Societat civil catalana. Un auténtico intempestivo para esta esta izquierda que hace
guiños permanentes al nacionalismo.
 Carlos Jiménez Villarejo siempre lo ha tenido claro: la izquierda debe defender el Estado
democrático y social de derecho que es la base de nuestra Constitución. También el Estatutode autonomía, progresista aunque mejorable (como la misma Constitución, por supuesto) y la independencia del poder judicial. No se anda con remilgos en su denuncia a los responsables
del procés” ni diluye sus responsabilidades. No solamente no los considera “presos políticos” sino que considera que está plenamente el juicio y las acusaciones de rebelión o sedición sino también su prisión provisional. Los artículos van desde octubre de 2013 hasta mayo del 2018.

lunes, 24 de junio de 2019

DONATELLA DI CESARE : TERRORISMO COMO GUERRA CIVIL GLOBAL

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Terrorismo. Una guerra civil global
Donatella Di Cesare
(traducción de Francisco Amella Vela)
Barcelona: Gedisa, 2017

   Escrito por Luis Roca Jusmet

 La filósofa italiana Donatella Di Cesare (Roma,1956) es profesora de filosofía teorética en la Universidad de Roma “La Sapieza” y colaboradora habitual del periódico Il corriere della sera. Comprometida con la acción política (en más de una ocasión ha manifestado que la filosofía, afortunadamente, ha vuelto a la Polis) ha escrito en profundidad sobre temas relacionados con Heidegger y el judaísmo, la deshumanización de la Shoa y la tortura. En este libro se plantea abordar el significado actual del fenómeno terrorista, más específicamente el terrorismo yihadista. Su objetivo, nos dice la propia autora en el prólogo, no es plantear soluciones sino ver todas las perspectivas para abordar un fenómeno extraordinariamente complejo (si huimos de los tópicos, claro) que constituye uno de los grandes peligros de los tiempos actuales. No basta con condenar el terrorismo, hay que entenderlo. Pero para hacerlo hay que dejar muy claro que entenderlo no es justificarlo.
 El primer capítulo trata del terror planetario desde un punto de vista teórico y global. El 11 de septiembre de 2001 se plantea como el punto de partida de “la guerra ilimitada e infinita” que, en algún sentido, puede llamarse una “guerra total”. Es una especie de continuidad de “estados de violencia” que aparecen de manera dispersa. Una Tercera Guerra Mundial no es posible en este escenario: lo que hay es otra cosa, más difuminada pero muy inquietante y que podemos llamar “La Primera Guerra Global”. Un escenario geopolítico cuajado de innumerables conflictos de baja intensidad: teatros de operaciones por tierra, mar y aire desterritorializada que a veces se trasladan a los satélites del espacio interplanetario. Los conflictos están al margen de los enfrentamientos entre Estados y su expresión más feroz es justamente el terrorismo yihadista. La autora señala cómo después del atentado del 22 de septiembre la reflexión filosófico-política se hace desde Europa. Entre los debates apuntados señalo por su interés el de Derrida-Habermas. Es el viejo debate entre considerar el terror como síntoma de la Modernidad o, por el contrario, como regresión antiliustrada y antimoderna. Sugerente también la aportación de Baudrillard en su análisis del acto terrorista como violencia simbólica causada por la hipermodernidad. Analiza también fenómenos terroristas ultraizquierdistas como los de las Brigadas Rojas en Italia o la Fracción del Ejército Rojo en la RFA. La metafísica del atentado no es la de la revolución, aunque también pretenda ser un acto soberano.
 El capítulo segundo trata de “Terror, revolución, soberanía”.  ¿Cómo entender el fenómeno terrorista contemporáneo?  Hay dos líneas de investigación abiertas. Una es la de Walter Laquer, que lo considera una “forma enmascarada de violencia” perpetrada por motivos políticos. La considera demasiado vaga, y peligrosa al incluir a todas las formas de violencia ilegal. Luego tenemos la orientación de Gérard Chaliand que plantea la relatividad del término, en el sentido que el terrorista de ayer puede ser el estadista de hoy. El hilo conductor no puede ser otro que la técnica utilizada. Lo cual cae en el error de centrarse en los medios exclusivamente. Se olvida el objetivo y el destinatario. Nos encontramos con la primera dificultad de una definición, que nos permita un abordaje histórico coherente. De entrada, terrorismo ya es una descalificación que incluso parece condenar la comprensión. Pasa a continuación a unas anotaciones sobre el miedo, la angustia y el terror como sentimientos asociados, pasando por consideraciones de Hobbes, Hegel, Heidegger o Hanna Arendt. Hay un análisis interesante sobre el Terror revolucionario, desmarcándolo del terrorismo contemporáneo, aunque señalando que este no es nihilista. Saltamos al anarquismo para llegar a Lenin, que lo condena políticamente ( no desde el moralismo pequeñoburgués) al considerarlo ineficaz porque sustituye la acción revolucionaria de masas, que por supuesto será violenta para conseguir y mantener el poder soberano. Acaba con una reflexión sobre el análisis de Carl Scmitt sobre la figura del partisano desde su dialéctica del amigo/enemigo. El partisano como figura del combatiente irregular que desvirtúa la guerra legal. El filósofo alemán llega a intuir la figura de un “cosmopartisano” adaptado al frenesí técnico que puede tener una fuerza devastadora.
 En el capítulo tercero ya entra directamente en el tema principal, que es el del terrorismo yihadista, y lo hace en el capítulo que titula “Yihadismo y modernidad”. Lo inicia con un estudio del fenómeno de la radicalización señalando que una hay un nexo claro con el terrorismo yihadista, en el sentido que el primero no conduce necesariamente al segundo. Cita aquí un estudio muy interesante sobre el tema de Frahad Khosrokhavar. Hay toda una sugerente reflexión sobre lo que implica el término “radicalización”.  Entra luego en el tema fundamental de la teología política del neocalifato planetario. Todo un análisis sobre la relación histórica entre teología y política en el islam. Señala especialmente que en el mundo islámico la política no ha estado nunca separada de la religión. Especial interés tiene recordar lo que se abre en el S.XX con la fundación de un Estado laico en un país tradicionalmente islámico, la fundación de la organización Hermanos Musulmanes, la revolución iraní, la toma del poder por los musulmanes en Afganistán. El estado islámico, basado en la sharía, como expresión más estricta del radicalismo islámico. El islamismo que no deja de ser una reacción a la modernidad occidental. Todo un recorrido desde Sayid Qutb, ahorcado en 1966 por Nasser, hasta Osama Bin Landen pasando por Ibn Taimiyya. Aquí la radicalización conduce a una ascesis de regeneración, de renacimiento que promete la salvación eterna. Pero esto ocurre en un contexto tecnológico que posibilita el paso al terrorismo yihadista, que es el de la Red. Aparece el ciberterrorismo, que es la captación a través de la web. Se crea una red en la que la comunidad virtual de la yidah hace libre a cualquiera de sus participantes y les da autorización para pasar al siguiente ataque. Aparece un fenómeno destructivo sin precedentes, que siguiendo a Roberto Expósito podemos llamar la “tannatopolítica yihadista”, que es la figura del terrorista suicida. Son las bombas vivientes del siglo XXi, que no es que acepten el riesgo de morir sino que van a dar el abrazo a la muerte; es el neomártir que se afirma negándose: matando y muriendo. La adhesión a la yidah da sentido a la vida : ofrece dignidad y esperanza, aunque sea más allá de este mundo. Los media clásicos y los nuevos medios se convierten, sin quererlo, en sus propagandistas, lo hacen publicitario, les ayudan a cumplir su objetivo. La esperanza compartida en un mundo mejor se va diluyendo, desvaneciendo. El futuro se presenta terriblemente amenazador. Entre otras cosas porque todos somo víctimas potenciales de estos golpes terroristas. Todos nos volvemos vulnerables.

lunes, 30 de julio de 2018

UNA REFLEXIÓN CRÍTICA SOBRE "LA LUCHA POR BARCELONA.CLASE, CULTURA Y CONFLICTO 1898-1937

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 Escrito por Luis Roca Jusmet

 El libro que me ocupa lo escribió el historiador británico Chris Ealham el año 2005 y distribuido por Alianza editorial esta misma fecha. El historiador, nacido en 1965, explica en una revista una biografía que me parece interesante, poco convencional. De un barrio obrero, educado en un centro público con profesorado poco estimulante, se inicia en la cultura y la política a través del punk. Luego le proponen una beca para cursar estudios de historia. Con el tiempo es un alumno aventajado de Paul Preston  y se dedica al estudio del movimiento libertario en Barcelona de principios del siglo XX. No solo esto sino que plantea un método interdisciplinario basado en lo que llama "la historia desde abajo". Como puede intuirse consiste en dar la palabra a los que hacen la historia desde los movimientos sociales emancipatorios.
 Su libro intenta mostrar como la CNT es la organización que recoge las demandas y las energías de los sectores más desfavorecidos que vivían en Barcelona. Antes de entrar en el tema nos ofrece además un estudio preciso de como la estructura urbanística de la ciudad se va configurando en función de los intereses y las necesidades de las clases dominantes. Como un plan urbanísitico, el Pla Cerdà, que se proyectó como racionalista, integrador e interclasista, se convertía en el espacio protegido de la burguesía barcelonesa. Como la primera remesa de inmigrantes españoles llegaban a Cataluña y formaban el primer cinturón obrero ( Poble Nou, Poble Sec, Paral·lel, Sants...) y la segunda ( años veinte ) el segundo ( Hospitalet, Santa Coloma...). Como se construían las casa baratas sin condiciones higiénicas mínimas, sin servicios... Una ciudad realmente dividida, un espacio proletario periférico protegido del centro burgués. Este es el escenario. A partir de aquí nos va explicando como la CNT y el movimiento anarquista va tejiendo una red educativa, de autoayuda, de cultura obrera en los barrios. Y como se van creando una subclase social sin derechos no condiciones : los parados y los inmigrantes recién llegados que debían aceptar los peores y más precarios trabajos. 
 Una vez situado el contexto Chris Ealham nos sitúa en la lucha de clases urbana que se desarrolla en la república ( la etapa anterior parece más bien un precedente). República que atraviesa, como sabemos, diferentes etapas, tanto en España como en Cataluña, cuestión que el autor presenta de una manera algo tendencial. Más bien parece reducirlo a un esquema simple : los gobiernos republicanos ( no solo el bienio conservador), los partidos republicanos, el PSOE y la UGT contra la CNT, que presenta como única defensora de los intereses de los obreros, por lo menos los más desfavorecidos. ERC, más allá de su primera retórico, es, como los anteriores, el partido del orden. El nacionalismo de ERC tiene, a los ojos de Ealham, elementos de xenofobia hacia los inmigrantes ( a quienes acusa de ser la primera causa del paro) y podemos encontrar en él incluso un alaca claramente racista ( representada por los hermanos Dencàs) . Esto sin contar que la Lliga es el auténtico partido de la alta burguesía, claro. Solo en la etapa del Frente Popular el análisis es más matizado. Pero en el caso de Cataluña sitúa a ERC-UGT pero sobre todo al PSUC como los partidos contrarrevolucionarios, sobre todo a partir de los hechos de mayo del 37.
 Respecto a la CNT, auténtica protagonista del estudio, se analizan varias cuestiones. Las tensiones internas entre el grupo Nosaltres de Durruti, la FAI y los anarcosindicalistas treintistas. Las estrategias de autoayuda y de acción directa, incluidas las más violentas. Y el fracaso de los dirigentes de la CNT y de la FAI por no haber sido capaces de transformar todo el potencial obrero, sobre todo una vez declarada la Guerra Civil, en potencial revolucionario.

martes, 1 de mayo de 2018

BIOPOLÍTICA : GOBERNAR LA CONDUCTA EN LA ÉPOCA DEL CEREBRO ( NIKOLAS ROSE )




Escrito por Luis Roca Jusmet


 Este texto es el resumen del visionado por vídeo de la conferencia de Nikolas Rose el año 2011 en la Universidad Pedagógica de Buenos Aires. Escrito por Luis Roca Jusmet
 La pregunta que se hace Rose es ¿ qué clase de seres humanos pensamos que somos ? ¿ Como se gobierna la conducta en función de esto ?
 Rose considera que la característica de nuestra época es el dominio de las neurociencias. Pero hay que contextualizarlo en la dinámica de la biopolítica. La biopolítica es un fenómeno moderno de gobierno que consiste en que la vida ha ingresado en la política. Se trata de gestionar la vitalidad. Biopolítica es biopoder. Se trata de una maximilización del bienestar. Lo hace a través de la somatocracia: la salud se convierte en una obligación política y económica. Desde finales del siglo XIX los gobiernos se hacen cargo de la salud de la población. Inicialmente la cuestión se plantea en términos físicos, cuya preocupación central es la degeneración de la raza. A partir del siglo XX la preocupación es la de la salud mental. Se trata de gestionar la salud mental en todos los ámbitos cotidianos :familia, trabajo, educación, ocio. Se inicia el dominio de las disciplinas psi ( psicología, psiquiatría, psicoanálisis...). los seres humanos se convierten en sujetos psicológicos, cuyos estados pueden ser regulados. También hay que preocuparse de la salud mental de los carceleros, los trabajadores sociales, los policías...

miércoles, 25 de abril de 2018

NO TENEMOS SUEÑOS BARATOS



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"No tenemos sueños baratos". Una historia cultural de la crisis
Martin Alonso
Barcelona : Anthropos editorial, 2015

Luis Roca Jusmet


 Martin Alonso es uno de nuestros científicos sociales más interesantes e interdisciplinarios, además de un ciudadano comprometido desde hace décadas por una sociedad más justa y democrática. 
 En este libro lucha, como otras veces, contra las ilusiones, estas que se van construyendo socialmente para justificar las servidumbres voluntarias, contra los relatos que no dejan de ser estos cuentos que nos cuentan para tenernos bien engañados.  La crisis que vivimos, de la que formamos parte, es radical. No es solamente una crisis económica, ecológica, política o moral, es global, es también cultural . Porque es todo nuestro universo simbólico, de sentido, el de la significación que nos damos a nosotros y al mundo, el que está en crisis. Es nuestra manera de pensar la también que debe emanciparse, lo cual implica tener la lucidez y el valor de ver las cosas como son, de ver lo que realmente somos hoy los humanos en esta sociedad que vivimos. Mirar de cara la verdad de las cosas, sin patrañas como las ideologías de la post-verdad. Porque solo esto nos permitirá pensar, imaginar otras acciones posibles, otras realidades posibles.
 El gran mal de nuestro tiempo, señala Martin Alonso, es la desigualdad en todas sus formas. Desigualdad de bienes, de recursos y de poder que, en su límite, lleva a la miseria, a la destrucción y a la muerte. También a la corrupción, que es una destrucción de índole moral. Lo grave es que todo ello es que está legitimado por una liturgia, por un relato que justifica, diluye o niega los crímenes que se cometen y que exculpan a sus responsables.
Este relato hegemónico actual, del que habla Martin Alonso, es el del neoliberalismo. No olvidemos que su principal ideólogo, Hayek, lo que hace es utilizar demagógicamente los efectos trágicos del estalinismo y del nazismo  para vender un mensaje supuestamente 
 antitotalitario que en realidad no va contra el nacionalismo, sino contra el estatismo. De esta manera se creará el fundamentalismo del mercado y de la nueva servidumbre voluntaria del consumismo. La pedagogía de Auschwitz era la de los derechos humanos y la justicia, no la del libre mercado en que quiere convertirla. En nombre de este nuevo fundamentalismo neoliberal lo que se atacará no serán estos totalitarismos sino los principios de la revolución francesa. Será la contrarrevolución neoliberal que acabará con la coincidencia necesaria entre democracia y bienestar, que asaltará a los sindicatos y recortará el gasto social. Se refuerzan nuevamente las jerarquías sociales, aparecerán nuevas élites dirigentes basadas en el poder del dinero. La desigualdad se empieza a ver como un bien económico, como una marca del crecimiento y el éxito económico. Contra la ética protestante del ahorro y la austeridad tenemos ahora el consumismo basado en un endeudamiento sin límites. Un orden mundial con un mercado cada vez más desrregularizado y liberalizado, donde los países cada vez privatizan más y precarizan el mercado laboral. La codicia de los tiburones saquea todo lo que puede, mientras el estado los ayuda a la vez que va recortando los derechos sociales. Contra las fuerza de las cosas, que crea creciente desigualdad, ya no tenemos la fuerza de la ley.

jueves, 15 de marzo de 2018

TONY JUDT : PENSAR EL SIGLO XX




Escrito por Luis Roca Jusmet



Tony Judt es uno de los más lúcido historiadores del siglo XX, especialmente de los acontecimientos posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Desgraciadamente murió el año 2010, a los 65 años, víctima de una de una esclerosis lateral amiotrófica. Una enfermedad devastadora que va paralizando el cuerpo hasta la muerte pero manteniendo la mente intacta. Judt, testigo impotente de sus enfermedad, aceptó en el transcurso de esta participar en una conversación con un profesor de historia de la Universidad de Yale: Timothy Snydeer. Era un historiador más joven ( nacido en 1969) pero igualmente brillante.

Esta conversación viene a ser uno de los testamentos intelectuales de Judt. En ella, de manera informal, nos muestra unas opiniones personales, pero siempre con una base científica muy consistente. De esta manera combina sus extraordinarios conocimientos con elementos biográficos y una postura de izquierdas muy clara. Pero la radicalidad de Judt le aleja, paradójicamente, de los extremos. Quiere llegar al fondo de las cuestiones, sin concesiones, y esto le lleva a un escepticismo no derrotista pero posibilista. A pesar de todo, Tony Judt, continua defendiendo la opción socialdemócrata como la mejor alternativa política.


El libro está estructurado en varias partes, todas ellas muy interesantes, que vienen a seguir un itinerario biográfico. A partir de los detalles personales de la vida de Judt vamos entrando, desde cada contexto biográfico, en problemáticas muchos más amplias. Empezamos con la infancia de un niño de la clase media-baja londinense, cuyos orígenes son judío y centroeuropeo. Ambiente de izquierdas, en la que su padre militaba en grupos marxistas radicales. Estudiante brillante de Cambrigde, cada vez más comprometido con la causas sionista. Judt participará varias temporadas en la experiencia de los kibutz. Parecía cumplir un ideal a la vez sionista y socialista. Pero el joven Judt, no dado a los fanatismo y con una gran capacidad crítica, ve dos graves problemas. El primer lugar el carácter sectario del sionismo y su racismo cultural hacia los palestinos y los árabes; y en segundo lugar el carácter opresivo del comunitarismo de los kibutz. En la reflexión paralela que realiza Judt sobre su itinerario académico señala una cuestión muy interesante. La educación comprensiva promovida por el Partido laborista con unas intenciones igualitaristas acabó dando lugar a una enseñanza más clasista. Lo que ocurrió es que se acabó la meritocracia en la que un hijo de familia trabajadora podía destacar por su capacidad, motivación y esfuerzo. La enseñanza pública pasó a ser asistencial y la promoción académica y profesional solo fue- posibles desde la enseñanza privada, donde fueron a parara todos los miembros de las clases medias.

Posteriormente Tony Judt nos hablará de sus experiencias en París y en California, en la intensa vida social de finales de los sesenta. En París desarrolla unos estudios que le llevan a un análisis muy serio y muy intempestivo sobre lo que significó el fascismo y el comunismo para los intelectuales de entreguerras. Había un desprecio común hacia el parlamentarismo y una búsqueda de opciones radicales basadas en la promesa de un hombre nuevo. Con su libro Pasado imperfecto Judt analizará a los intelectuales sin piedad a los franceses de izquierdas de esta época.

A finales de los años setenta, con el nuevo gobierno de Margareth Tatcher, Tony Judt , brillante profesor universitario e historiador, vuelve a Gran Bretaña. Aquí hay una reflexión sobre lo que ocurre en los países del socialismo real y como se enfrentan a ello los intelectuales marxistas europeos. Lo hacen, considera, de tres maneras. Uno era recurrir a figuras clásicas y críticas como Karl Korsch, Lukás, Rosa Luxemburgo o Gramsci. La segunda era volver al espíritu del joven Marx en su crítica d e la alienación. Finalmente mirar las experiencias de China y de Cuba. El liberalismo más lucido, con gente como Raymond Aron, decía que había que mirar a EEUU frente a la URSS porque era menos malo. Hay aquí todo un análisis, muy matizado, de Judt sobre las diferentes versiones del liberalismo posterior a la Segunda Guerra Mundial.

viernes, 2 de marzo de 2018

DE LAS HAZAÑAS BÉLICAS A LA LUCHA POLÍTICA

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Reseña de
 
Héroes, heterodoxos y traidores. Historia de Euskadiko Ezkerra (1974-1994)
Gaizka Fernández Soldevilla ( Prólogo de José Luis de la Granja Sainz)
Madrid : Tecnos, 2013

Escrita por Luis Roca Jusmet

Este libro presenta un análisis muy fecundo para entender lo que está ocurriendo políticamente en nuestro país. Y esto a muchos niveles. A primera vista puede parecer que Euskadiko Ezkerra es, simplemente, un pequeño partido del País Vasco que siempre fue minoritario. Sería entonces un estudio particular dirigido a un público muy restringido. Pero no es así. Gaizka Fernández Soldevilla, joven y brillante historiador vasco, ha sabido dar a su ensayo una dimensión ética y política que toca muchos de los temas fundamentales que hoy están sobre la mesa en nuestra vida política.
El libro presenta, de entrada, algunas cuestiones referidas al trabajo del historiador. ¿ Se puede hacer historia de un pasado tan inmediato ? ¿ Puede ser objetivo el historiador que está tan inmerso en los efectos de los hechos de los que habla ?. Personalmente pienso que al historiador, como al sociólogo, se le puede y debe pedir objetividad, pero no imparcialidad. ¿ Qué quiero decir con esto ? Quiero decir que el científico social tiene la exigencia ética de presentar los hechos e interpretarlos más allá de las preferencias subjetivas. Es un ideal difícil pero al que hay que tender. Se trata de no ocultar ni distorsionar los hechos, mostrar lo más relevante, guste o no al investigador. Seleccionar lo más importante. La interpretación es siempre una manera de relacionar estos hechos situándolos en un proceso que sea comprensible. Es todavía más difícil pero es un esfuerzo necesario. Me parece que Gaizka Fernández Soldevilla cumple con rigor con este imperativo. ¿ Es imparcial ? No lo es porque adopta la perspectiva de la ciudadanía democrática y del respeto a los derechos humanos. Desde aquí cuestiona ética y políticamente muchos de las decisiones de los grupos de los que habla. Pero lo hace siempre de manera transparente. Muy en la línea del Tony Judt, al que cita en alguna ocasión.
¿ De que grupos habla ? Inicialmente de ETA, luego de su rama político-militar y finalmente de EIA y Euskadiko Ezkerra) . El primer capítulo, que ocupa una parte muy pequeña del libro, junto a algún anexo que aparece al final del libro, resume la formación y la lógica del nacionalismo vasco radical. Como el relato de Sabino Arana se transforma en el de ETA. El nacionalismo de Sabino Arana era claramente reaccionario, comunitario en el peor sentido de la palabra, y racista. Es el que adopta el PNV con más o menos matices según el momento. Es un relato mítico basada en la lucha de razas : los invasores españoles contra los nativos vascos. Una historia, como todas las del mismo estilo, de agravios, resentimientos y odios. Ideal utópico, segregador y excluyente. La aparición de ETA es compleja y transforma este modelo de pasado glorioso/presente en decadencia/futuro utópico sustituyendo la retórica reaccionaria por una revolucionaria. Pasamos así del relato aranista al relato "del conflicto vasco". Pero el discurso continua siendo ultranacionalista y pasa a ser militarista: ETA continua las hazañas bélicas de los gudaris y estos los de los carlistas. El autor del libro ha estudiado el tema en múltiples estudios y sabe sintetizar bien el proceso. Quizás le falte un término, que es el de totalitarismo. Personalmente me gusta más que el de religión política. Lo cual quiere decir que lo que ocurrió en Euskadi es que se identifica con este planteamiento al pueblo con una opción ideológica (la que acepta este relato del "conflicto vasco") y se criminaliza al adversario, considerándolo, como un enemigo del pueblo al que exterminar. En el caso de ETA esta lógica es literal. El libro nos permite entender de manera clara y sintética las múltiples tensiones y rupturas a partir de la doble naturaleza ultranacionalista/socialista que irá adquiriendo. Socialismo que adoptará, siguiendo el curso del tiempo, una formulación marxista-leninista radical. Así hay que añadir que diversas escisiones se constituyeron en núcleos de muchos partidos de la extrema izquierda, como ETA berri con el MCE y ETAVI con LCR. Esto explica, en parte, la postura de la extrema izquierda en el tema soberanista.

ETA Y EL NACIONALISMO VASCO RADICAL ( 1958-2011)


 

Reseña de

Sangre, votos, manifestaciones : ETA y el nacionalismo vasco radical ( 1958-2011)

Gaizka Fernández Soldevilla y Raúl López Romo.

Madrid : Tecnos, 2012

Escrito por Luis Roca Jusmet

José Luis de la Granja Sainz, señala en su excelente introducción la importancia que tiene este libro. No sólo por la claridad y el rigor del estudio sino también por el valor de esta nueva generación de historiadores vascos que se atreven con un tema tabú : la historia de los últimos y turbulentos años del País Vasco. El esfuerzo vale la pena. El punto de vista de los jóvenes historiadores es el de entender porque apareció y se consolidó con tanta fuerza la violencia política en Euskadi del nacionalismo radical. Y también cómo este nacionalismo radical fagocitó a todos los grupos de la extrema izquierda y a todos los movimientos y las luchas obreras, antinucleares y de mujeres. Pero más allá de todo ello cómo un determinado relato mítico, iniciado por Sabino Arana y continuado por ETA acabó dominando el imaginario del pueblo vasco. Cómo se impuso un mensaje racista ( que primero se definía en términos de raza, luego de lengua y finalmente de ideología) que acabó eliminando física o simbólicamente a un sector del pueblo vasco.
Los autores se preguntan el porqué de la aparición de ETA y saben que la respuesta no es fácil. Por supuesto que la Dictadura franquista fue un campo abonado para su aparición por su política represiva en general y por la exclusión de la lengua vasca al ámibito privado. Pero no es una relación de causa-efecto. Otro elemento fue que los jóvenes tenían los seminarios, las parroquias, las cuadrillas, las fiestas locales como un espacio no controlado por la policía para desarrollar sus discusiones y elaborar sus documentos. Al mismo tiempo a finales de los cincuenta y principios de los sesenta aparecieron muchas luchas anticoloniales, con sus ideólogos correspondientes, que sedujeron a estos jóvenes y les llevaron a un mimetismo. Lo mismo ocurrió con el IRA irlandés, que a pesar de ciertas similitudes presentaba una situación social, económica y política totalmente diferente de la de Euskadi. Euskadi nunca fue una colonia ni un país ocupado, pero el relato les gustó y a partir de él distorsionaron totalmente los procesos

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