jueves, 3 de septiembre de 2026

FENOMENOLOGÍA DEL TIEMPO





 Luis Roca Jusmet

 Aristóteles definía el tiempo como la medida del cambio. En China, en cambio, entienden toda la realidad como un proceso de transformaciones, no tienen un ideograma que signifique tiempo, ni tampoco tiempos verbales. Pero si tenían formas mecánicas de medir el tiempo. La diferencia es que en China no se da un sentido ontológico a la diferencia entre pasado, presente y futuro cómo ha ocurrido en Occidente.

 El tiempo como experiencia subjetiva y sus implicaciones ontológicas es una cuestión interesante. Por una parte porque lleva al error de considerar que lo único real es un instante fugaz, es decir un presente desligado del proceso. Por otra parte porque considera el futuro como algo irreal, algo que aparece desde la nada. Pero lo real es todo el proceso y su continuidad en la transformación.

 En China se entiende que todo forma parte de un proceso global donde se conservan unas cosas y se transforman otras. Las transformaciones son casi siempre silenciosas, lo cual significa que cuando aparecen se producen son resultado de un proceso lento del que podemos no ser conscientes. Los cambios se van sucediendo hasta que al final aparece algo que es lo. opuesto de lo que había al inicio.

 Decir que el tiempo no existe no significa negar que lo real sea un proceso, sino cuestionar el carácter ontológico que tiene, es decir la diferencia real entre pasado, presente y futuro. Esta diferencia es la que experimentamos como sujetos humanos, aunque lo real es que lo que existe es una continuidad, en la que lo que lo que para nosotros es futuro está tan determinado como lo que vivimos como presente o recordamos como pasado. Dicho de otra manera: la película está rodada de principio a fin, aunque nuestra visión del conjunto sea solo parcial.

 François Jullien plantea una idea interesante que viene de la occidelengua y de la cultura china : pensar las experiencias y los procesos en términos de "momento" y "duración". El momento es la situación que vivimos y que tiene una duración determinada. Cambia el momento cuando se transforma a situación y se inicia algo diferente. Porque siempre hay cambio y siempre hay continuidad  La transformación se da en términos relativos y siempre con respecto a algo. Hay que saber cuando cambia el momento, es decir cuando cambia una situación porque algo significativo se ha modificado

 Relativizar la temporalidad quiere decir que los procesos existen en su globalidad y que entenderlos en términos de pasado, presente o futuro es solamente situarlos en nuestra experiencia subjetiva. Tan real es lo que pasó, lo que está pasando y lo que pasará.

 Pero todo lo anterior forma parte de lo fenoménico. Más allá de lo fenoménico está lo que podemos llamar lo Absoluto, Conciencia o Dios. Seguramente la tradición que mejor lo ha expresado es el Vedanta. Esta Realidad es eterna, lo que significa que está fuera de la temporalidad. En los inicios del camino de nuestra tradición occidental ha sido contemplado, desde Parménides hasta Spinoza pasando por Platón, Aristóteles el estoicismo, Agustín de Hipona o Eckhart. Para captar esta realidad eterna es necesaria una intuición intelectual, más allá de lo racional y de la imaginación. Pero ya desde el nominalismo esta intuición ha sido cuestionada, hasta llegar a Hume y a Kant, que la niegan completamente.


FENOMENOLOGÍA DEL YO

 ¿ Reforzar o superar el yo ?











Luis Roca Jusmet


El yo es un significante cuyo significado es relativamente confuso por los múltiples enfoques desde donde puede plantearse  la cuestión. Podemos entenderlo de entrada como sujeto. El sujeto es un efecto del lenguaje (simbólico) y la autoconciencia ( imaginaria). El sujeto de un cuerpo es su capacidad reflexiva y lo que posibilita su transformación. El sujeto es causa y efecto de la ley. 

 El yo simbólico es el de la persona, es decir el de la máscara. Es la identidad social que viene condicionado por el status o rol social. El margen que deja el yo simbólico lo ocupa el yo imaginario ( la imagen singular con la que nos identificamos). El yo simbólico que domina en las sociedades tradicionales y va declinando en la modernidad.

 El yo opera también en lo imaginario. Es efecto de la autoconciencia, que nos permite reconocernos en una imagen especular. La identificación con esta imagen genera el narcisismo, que a nivel primario es necesario pero que si se fija como si fuera una entidad se convierte en una trampa, la del ego. Nos convertimos en esclavos de nuestra propia imagen, que se convierte en un ídolo que nos causa goce o sufrimiento.

Fenomenología del yo (4)

 En la base del yo imaginario y el simbólico está el yo corporal. Lo podríamos definir como "la imagen que tiene el cuerpo de sí mismo", no en sentido especular o narcisista sino como capacidad perceptivas. El cuerpo como organismo autónomo implica este yo corporal.

 El carácter, es decir la estructura afirmativa y defensiva de cada individuo, está en el límite entre lo simbólico, lo imaginario y lo corporal. Como dice el sociólogo Richard Sennett la sociedad líquida lleva a una corrosión del carácter, que pierde consistencia.

  Algunas tradiciones espirituales ( hinduismo, budismo, taoísmo) plantean que la liberación pasa por el desprendimiento del yo ( simbólico e imaginario) y un mantenimiento del yo corporal hasta la muerte física. Pero lo que le sucede al yo corporal ocurre desde la no-identificación. El sufismo y la mística cristiana coinciden con esta perspectiva. Liberados de nuestro pequeño yo aparece el Absoluto ( llámese Dios o Conciencia). Es la no-dualidad

 En todo caso, todas las corrientes que plantean superar el yo están de acuerdo en que primero hay que construirlo. Pero la clave es que hay que construir el yo sin identificarse con él, es decir sin experimentarlo cómo una entidad separada. Esto quiere decir que necesitamos un carácter sólido, consistente, para movernos de la mejor manera en este mundo. Pero que hay que saber su carácter ilusorio y no caer en la trampa narcisista de buscar la satisfacción a través del amor a la imagen que refleja.


Fenomenología de la libertad



Luis Roca Jusmet


 La libertad se dice de muchas maneras y el resultado es hoy la confusión. Hace falta un trabajo conceptual riguroso para delimitar los diferentes sentidos y posicionarse al respecto. La primera diferencia es entre la dimensión interna y externa, que Isaiah Berlín denominó libertad positiva y libertad negativa.

 La idea de libertad negativa ( o externa) es la más fácil de tratar. Hace referencia a los límites que pone el grupo a la acción del sujeto). Depende sobre todo del margen que dan las instituciones. Más libertad contra más margen de decisión tienes. Todos estamos de acuerdo en que hay que poner límites a esta libertad. La cuestión es el criterio para ponerlos.

 El mejor criterio para establecer lo que Isaiah Berlin llamada la libertad negativa lo teorizó tiempo antes otro liberal, John Stuart Mill en su ensayo "Sobre la libertad". El único  limite legítimo a la libertad individual son los derechos de los otros. Es un sistema de reconocimiento mutuo de derechos y libertades. Me parece un punto de partida ética y políticamente adecuado. Tiene que ver con lo que los demás nos permiten.

 Más problemático es exponer lo que es la libertad positiva. Hay un planteamiento político, otro ético y un tercero metafísico de la cuestión. Empecemos por el político, que es la defensa republicana de la libertad como participación en la vida pública. Es lo que se llama la libertad de los antiguos, cuyo ejemplo más claro es la polis griega. Pero aplicado a la modernidad y a sus sociedades complejas y masificadas es difícil que se concrete más allá de lo que ofrecen las democracias liberales, aunque como ideal utópico ( entendiendo aquí la utopía cómo aspiración es válido el planteamiento de sociedad autogestionaria de ciudadanos autónomos de Cornelius Castoriadis.

 Desde un punto de vista ético interesante la libertad positiva, propia del sujeto, se encuentra en la capacidad que tiene para llevar a cabo sus decisiones. Esta idea viene de Aristóteles cuando afirma que libre es el que no está dominado por sus pasiones. Se radicaliza con el estoicismo : libre es que acepta el curso de las cosas y actúa siguiendo su deber. La distinción es entre libres/no libres. Libre es el que elige y no libre el que no puede elegir. Llegaremos a Spinoza y Nietzsche a la idea de libertad como potencia. O al propio Kant, desde otra perspectiva, para el que la libertad es autodeterminación.

  Tenemos finalmente la idea de la libertad como libre albedrío, es decir que cada sujeto elige en cada momento y es totalmente responsable de su decisión, que siempre podía ser la contraria. Seguramente es Agustín de Hipona el primero que lo formula con claridad. Picco della Mirandola plantea que la dignidad del ser humano está en esta libertad que le permite ser "un ángel o un demonio". Sartre lo plantea en términos de que cada uno es necesariamente libre, está "condenado a serlo". 

 El problema metafísico de fondo es si tenemos realmente la capacidad de elegir o si nuestras decisiones están determinada por eo conjunto de condicionamientos internos y externos que actúan en cada momento. La libertad como libre albedrío me parece una ficción, cómo plantean Spinoza o  Nietzsche y, desde otra tradición, el Vedanta advaita.

 Mis conclusiones. La libertad externa o negativa hay que defenderla con los límites que marcan los derechos de los otros. La libertad positiva la entiendo desde los dos niveles que plantea, entre otros, Spinoza. No desde la ficción del libre albedrío sino desde una doble posibilidad. Desde el trabajo horizonal de entender los propios condicionamientos y modificarlos desde la propia necesidad, que nos da una libertad relativa. Queda la propuesta más radical de la libertad absoluta de quien puede elegarse del nivel fenoménico en un estado de beatitud ( Spinoza) o iluminación ( espiritualidad oriental) que queda abierto cómo un interrogante.