¿ Hay que
preguntarse por el sentido de la vida ? Es una pregunta muy occidental,
griega inicialmente y europea después. Parece que en otras culturas,
como la China, nunca se ha planteado la cuestión. La pregunta es
ambigua, porque sentido quiere decir a la vez finalidad y valor, que son
dos cuestiones diferentes. La segunda no supone la primera, como ya
denunció Nietzsche : "La muerte de Dios" no tiene porque conducir al
nihilismo.Que la vida no tenga un sentido dado no quiere decir que no tenga un valor.
.
Nietzsche dice que la pregunta por la finalidad surge de nuestra
incapacidad para soportar el sufrimiento. Necesitamos darle un sentido
para aceptarlo, no somos capaces de aceptar su carácter gratuito.. La
finalidad está en función de la trascendencia, de un Otro absoluto que
determina nuestras vidas y las orienta. Es una ilusión muy humana, pero
no por ello deja de ser un autoengaño. No, la vida no tiene finalidad. ¿
Pero tendría que tenerla ? Quizás el error está en la pregunta, que nos
lleva a considerar que la vida puede ser absurda. Freud comenta en "El
malestar de la cultura" que la vida humana tiene el mismo sentido que el
de una hormiga, que es ninguno. ¿ porque habría de tenerlo ? ¿ Es
absurda la vida de una hormiga ? No lo es, la hormiga nace, vive y
perece.
Por nuestra singularidad, como especie y como individuos,
podemos darle un valor pero es nuestra creación. Los humanos, que aparte
de conscientes y reflexivos somos más sensibles y más vulnerables,
quizás no seamos capaces de vivir sin más una vez resuelta la
supervivencia. Quizás no podemos generalizar. Pero en todo caso mi
opción es la de crear, la propia vida, trasnsformarla en algo ética y
estéticamente aceptable. Aceptable quiere decir que la captamos porque
la queremos. Es el "Amor fati" del que hablaba Nietzsche pero expresada
en términos más humildes. Hay que querer la propia vida porque no hay otra. La vida real, la vida posible y la vida ncesaria no son sino la misma cosa.
Pero me parece importante no caer en la ilusión liberal de que es una empresa individual. Lo hacemos nosotros pero con los otros y lo hacemos además en una sociedad concreta en la que estamos inmersos. Esto quiere decir que este trabajo ético tiene también una dimensión moral y, como no, política. Pero no se diluye en la política, no todo es política.
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