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El blog no pretende ser únicamente una página personal sino tambien un espacio común en la que el autor quiere compartir sus reflexiones. Hay una apuesta por la profundidad en horizontal, no en vertical. Es decir, que es un proyecto de enlazar y ligar temas más que especializarse en cualquiera de ellos. Pero detrás de todos ellos quiero hay un hilo conductor, una mirada singular. Los comentarios de los lectores, otras miradas singulares, son siempre un aprendizaje y un estímulo para continuar



lunes 12 de diciembre de 2011

LA IDENTIDAD : UN PARALELISMO ENTRE RICHARD SENNET Y JACQUES LACAN

 Escrito por Luis Roca Jusmet

Lacan formula en un texto de sus Escritos llamado “Observación sobre el informe de Daniel Lagache” una interesante diferencia (ya anticipada en su primer seminario) entre el Ideal de Yo y el Yo Ideal

El primero tiene que ver con el sujeto y su función es servir de guía, de punto de referencia sobre el lugar que regula nuestra relación con los otros. Es el resultado de un proceso de interiorización, ya que es el Ideal el que hacemos nuestro y a partir de él adquirimos un lugar simbólico en el mundo y que posibilita una identidad social, en el campo del lenguaje y de la ley. El Yo ideal, en cambio, pertenece al registro imaginario y tiene que ver con una imagen idealizada de nuestro yo, aquella que proyectamos hacia los otros y a partir de la cual queremos reconocernos y ser reconocidos. Es la base de la vanidad y de la envidia en la medida en que éste último sentimiento implica un querer ser como el otro, a quién atribuimos lo que nos falta.
Los registros del narcisismo, del enamoramiento y el de la psicología de masas se basan en una identificación con una imagen idealizada (sea de uno mismo, del objeto amado o del líder) y siempre es tramposo, uno obstáculo en el campo del imaginario. En esta idealización hay siempre una ilusión, un engaño que pretende que somos tal como aparecemos a nuestra mirada o a la del otro. Nos esclaviza en la medida en que estamos sujetos a la mirada del otro y aquí sí que podemos recoger la lapidaria frase de Sartre de que el infierno son los otros. Precisamente las psicosis no declaradas pueden ser compensadas por identificaciones imaginarias absolutas, que son como una especie de esparadrapo que tapa el agujero que tiene el psicótico por ausencia de identificación simbólica (El Nombre del Padre.). En este caso el sujeto permanece prisionero de la relación especular y su identidad depende totalmente de la identificación narcisista con su Yo Ideal. Es una identificación masiva, integral, absoluta (no de un rasgo como la histeria) que nos lleva a una identificación mimética con la imagen con la que nos identificamos, que intentamos reproducir íntegramente. Hay una insuficiencia estructural del Ideal del Yo, que es el único que nos puede dar una consistencia y una identidad permanente en la que anclarnos. Podemos recordar aquí la película Zelig de Woody Allen como la escenificación más gráfica de lo que es esta compensación imaginaria que lleva al sujeto a adaptarse totalmente a aquellos con los que está, hasta el punto de una transformación física espontánea.
Muchas de las reflexiones que plantea Richard Sennett, un sociólogo contemporáneo muy interesante, me parecen totalmente complementarias con estos análisis. Sennett se refiere a la personalidad como un espejismo que resulta de un fenómeno social que empieza a manifestarse a partir de la sociedad moderna y la aparición del capitalismo. En este proceso la sociedad va perdiendo su carácter público, valga decir simbólico, para se ir trasladándose progresivamente hacia lo privado, que es el del dominio propio del narcisismo.. Richard Sennett ha insistido mucho en sus primeros escritos sobre el carácter mortífero de este narcisismo contemporáneo, que considera que por su dimensión masiva es específico de la cultura moderna. En escritos posteriores ha teorizado a partir de aquí sobre lo que él llama la corrosión del carácter, que se da en la mal llamada sociedad del riesgo y que es en realidad la sociedad la de la inconsistencia del tardocapitalismo globalizador. Esta identidad simbólica tal como la entiende Sennett a partir del carácter se forja sobre todo en las sociedades tradicionales, donde los papeles están claramente determinados y establecen un vínculo social basado en la función, el compromiso y la lealtad. La personalidad se basa en la relación con uno mismo pero a través del otro, que es quien finalmente nos reconoce y a merced de cuya imagen estamos. No podemos soportar la degradación de esta imagen porque nos identificamos totalmente con ella. El carácter, en cambio, se estructura como algo sólido que tiene consistencia propia. Es el Ideal como encarnación de la Ley, el que lo sostiene. El esfuerzo, la constancia, la autodisciplina adquieren un valor ético que nos hace responsables de nuestra vida pero dentro de la comunidad. Consiste en tener una serie de propiedades que se identifican con roles sociales bien delimitados: ser hombre o ser mujer, ser padre o ser madre, ser médico o ser conserje. En la sociedad postmoderna se va constituyendo una subjetividad que hemos de inventarnos para darnos una identidad propia que cada cual ha de crear. Richard Sennett es muy certero en los dardos que tira contra esta personalidad narcisista pero hay en su planteamiento una posible idealización de la comunidad y la tradición. Aunque no es el caso de Sennett, que centra muy correctamente los lazos sociales en lo simbólico a través de su idea de carácter, puede haber una deriva comunitarista como la que nos conduce al nacionalismo moderno. Éste no podemos dejar de considerarlo como una ilusión identitaria basado en una identificación imaginario y no en un lazo simbólico real. Así los ideólogos nacionalistas se inventar una historia imaginaria con la que identificarse y de la que autores como el filósofo y economista indio Amartya Sen nos ofrece una potente lectura crítica cuando nos avisa que cualquier identidad comunitaria se basa en la identificación total con un rasgo parcial y esto conduce en muchos casos al sectarismo y a la violencia.
Fijémonos en el paralelismo que podemos establecer entre el Yo ideal (imaginario)/ Ideal de Yo (simbólico) que plantea Jacques Lacan y la Personalidad/Carácter que plantea Sennett. El Yo ideal/ Personalidad tiene en ambos un carácter narcisista y busca el reconocimiento en la mirada del otro . El Ideal de Yo/ Carácter es normativo y busca el reconocimiento en el Ideal, en la Ley, en el Otro simbólico. La primera es una identidad imaginaria y la segunda una identidad simbólica.
Un sociólogo complementario de Sennett es el gran Zygmunt Bauman, que también ha trabajado el tema de la identidad. Para Baumann la idea de identidad surge de la crisis de la idea de pertenencia i del esfuerzo por llenar este vacío. El sentimiento de pertenencia sería la consecuencia de la identidad que surge de forman parten de un orden simbólico. El anhelo de identidad surge del deseo de seguridad personal y en la modernidad líquida la identidad simbólica, que es la única que puede ofrecerla, cada vez está más diluida. La identidad hoy es más algo que tiene que ser inventado que no descubierto. Y crea angustia.Es decir que lo que hemos llamado identidad simbólica es la que nos proporciona una identidad social. Pero la pregunta es la de si queda una identidad singular más allà de esta identidad simbólica que no sea el espejismo de la identidad imaginaria.
La diferencia entre Sennett y Lacan está en que si el primero es un incondicional defensor del carácter, que se corresponde con lo que hemos llamado la identidad simbólica el segundo acaba cuestionando el carácter completo de este registro porque considera que siempre hay una falta y que a partir de ella se genera lo más propio y genuino de cada cual, que es lo que llama el objeto a. Aunque no sepamos exactamente de lo que habla Lacan cuando utiliza este término, si lo podemos recoger en la medida que plantea el enigma de la falta y que aquí es donde podemos encontrar lo más singular de cada sujeto. Para Lacan el imaginario significa que a través de la imagen queremos tapar nuestra escisión como sujetos divididos (por una parte la que corresponde al yo y por otra la que corresponde al inconsciente) y lo simbólico, en cambio, podemos entenderlo también como otra ilusión, en la medida en que niega esta escisión, pero también la condición que posibilita que la aceptemos; puesto que nos permite explicarla y si no lo hacemos volvemos a caer en la trampa del imaginario.

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El autor de esta bitácora es Luis Roca Jusmet. Catedrático de filosofía de secundaria y profesor asociado del Departamento de Filosofía de la UAB. Colabora habitualmente en la revista El Viejo Topo y en sitios web ( Rebelión, Tlaxcala, Cartlllacanià). Libros publicados : Redes y obstáculos Ed.Club Universitario, 2010 Como colaboraciones : "Slavoj Zizek.La filosofia com espai radical ( en Els marges de la filosofia) "Crítica del multiculturalisme" ( en Globalització i interculturalitat) "L'actualitat de Schopenahauer" ( en Schopenahauer avui), "Una mirada filosòfica a la narrativa cinematogràfica de David Lynch" ( en Art i filosofia ) ( todos estos en catalán,de La Busca edicions ) " Filosofía y ciudadania " ( en Filosofía.Complementos de formación disciplinar) Ed. Graó